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SIN DESTINO

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Portada de SIN DESTINO

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Autor: IMRE KERTÉSZ
ISBN/ASIN: 9788496489431
Género: Literatura contemporánea
Editorial: EL ACANTILADO
Fecha de edición: 2006

Sinopsis:
Historia del año y medio de la vida de un adolescente en diversos campor de contración nazis (experiencia que el autor vivió en propia carne), Sin destino no es, sin embargo, ningún texto autobiográfico. Con la fría objetividad del entomólogo y desde una distancia irónica, Kertész nos muestra en su historia la hiriente realidad de los campos de exterminio en sus efectos más eficazmente perversos: aquellos que confunden justicia y humillación arbitraria, y la cotidianidad más inhumana con una forma aberrante de felicidad.

 
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NOTABLE ALTO
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Han pasado ya unos cuantos días desde que terminé esta novela y todavía me estoy preguntando por qué no me gustó más, por qué no le he otorgado ni siquiera un notable alto. Aunque la parte final de la novela, la estancia en el hospital, se me hizo algo pesada, pienso que la razón fundamental de ello es esa de la que ya hablé recientemente en otra reseña: el hartazgo que tengo sobre el tema del holocausto. Esta razón, que en aquella novela perdió peso en favor de otras más poderosas, parece superar aquí a los argumentos favorables que he encontrado, y no son pocos. Seguramente la explicación última es simplemente una cuestión de gusto sobre su estilo.

Y el caso es que pienso que uno de los grandes aciertos de la novela es precisamente ese, el estilo. El tono ligero, frío y distante llama mucho la atención en una novela testimonio como es esta (aunque el autor siempre ha mantenido que se trata de ficción, el fondo tiene un claro carácter autobiográfico). Imposible saber cuáles serían nuestras sensaciones ante la primera parte del relato, previo al campo de concentración, si no supiéramos en todo momento más que los personajes acerca de su propio destino. La lectura está marcado por ese conocimiento que dota de una especial fuerza dramática, un dramatismo triste y cruel, toda esa ligereza a la que antes me refería. Un efecto paralelo al horror que se desprende de, según nos cuenta Gyürgy Küves, el adolescente que nos relata en primera persona su experiencia, la relativa educación y amabilidad con la que los alemanes dirigían a los judíos a los horrores que les estaban destinados. Unos horrores que se iban produciendo e intensificando paso a paso y que eran asimilados e integrados en la vida cotidiana de los judíos mientras intentaban permanentemente dotar de lógica y normalidad todo aquello que les iba sucediendo con la esperanza, en contra de toda razón, de que cada cambio fuera para mejor o, en el peor de los casos, terminara pronto.

Esta es una de las grandes originalidades de la novela y la que da significado al título. Todo lo ocurrido no fue parte del destino que Dios tenía reservado al pueblo judío, como muchos de ellos pensaban. Ocurrió porque unos alemanes así lo quisieron y perpetraron y porque otros muchos, judíos y no judíos, permitieron o, al menos, no combatieron con la suficiente determinación. Es más, la admiración que en varias ocasiones siente el adolescente judío por el orden, la marcialidad, la educación de los nazis parece sugerir que los papeles podrían ser perfectamente intercambiables si otras hubieran sido las circunstancias.

Esto constituye una parte del sentimiento de culpa que, una vez terminado el conflicto, embargaba a muchos de los supervivientes y que incluso empujó a algunos de ellos al suicidio. Esa culpa por el “conformismo” con el que se enfrentaron a los horrores se une al hecho de haber sobrevivido. Como decía Primo Levi «Sobrevivían los peores, es decir, los más aptos; los mejores han muerto todos». El preso se convertía en una máquina de supervivencia que no respondía a ningún escrúpulo ético. Quizás esto explique otra de las cuestiones que llaman la atención en la novela: la nostalgia del campo que en ocasiones siente el protagonista tras su liberación y hasta el recuerdo de ciertos momentos felices. En aquellas circunstancias todo era más fácil: vivir o morir.

Una de las razones por las que me gusta escribir reseñas es que ello me obliga a pensar más las novelas, encontrando a veces detalles que me habían pasado desapercibidos o a los que no había dado la relevancia que tenían. Tanto es así que a veces esta discusión interna ha terminado con un cambio en mi valoración de la obra. Este es un ejemplo de ello: veo el 7 y subo a 8.

Escrito por Guille hace 6 meses, Su votacion: 8