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SERVIDUMBRE HUMANA

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Autor: W. SOMERSET MAUGHAM
Título original: Of Human Bondage
ISBN/ASIN: 9788498677539
Género: Literatura contemporánea
Editorial: RBA
Fecha de publicación: 1915
Fecha de edición: 2010
Número de páginas: 752

Sinopsis:
Huérfano, con un pie deforme y educado por unos tíos muy religiosos, Philip Carey parecía destinado a una anodina vida provinciana, Pero su pasión por la vida, sus ansias de aventura y libertad le llevan a viajar por Europa con el sueño de convertirse en artista. Pero sus esperanzas no se cumplen y de regreso a Inglaterra, mientras estudia medicina, conoce a Mildred, una mujer vulgar pero seductora que despertará en él una desaforada pasión que le cambiará la vida. Considerada como la más autobiográfica de Maugham, esta novela de iniciación es uno de los libros más leídos del siglo XX.

 
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HUÉRFANO Y LISIADO
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Es sabido que Somerset Maugham fue el auténtico prototipo del escritor de éxito, sus libros se vendieron en abundancia y sus historias se propagaron por el mundo del cine y el teatro. Consecuentemente, ganó mucho dinero y vivió muy bien; pero la pregunta es: ¿cómo reciben los lectores de hoy sus obras, sigue presente aquella fascinación con que se acogían sus novelas en la primera mitad del siglo XX? El recuerdo que tengo de “Al filo de la navaja” no me sirve para dar contestación a esa pregunta porque hace ya bastantes años que lo leí, y aunque recuerdo perfectamente la buena impresión que me causó, no me planteaba yo entonces estos juicios de manera tan decidida como me los planteo hoy. Lo que sí recuerdo claramente es que esas buenas sensaciones me llevaron después a leer otras cosas suyas, en las que la impresión ya no fue tan buena. Me refiero a “El velo pintado” y a un libro de viajes por Andalucía, lecturas ambas que me decepcionaron completamente.

Empezaré diciendo que “Servidumbre humana” es una novela en la que su autor narra las vicisitudes que vive su protagonista desde su infancia hasta llegar a la edad de treinta años. Ese es el asunto central de una historia que se utiliza solo a modo de armazón con el que soportar el auténtico leitmotiv de la novela —el mundo interior del personaje—, para exponerlo y analizarlo en la medida de sus posibilidades. La historia se presta a ello porque su vida es cambiante pero no especialmente novelesca lo que, unido a una narración absolutamente lineal, le permite concentrarse en su auténtico objetivo que es la disección de la esencia de ese ser humano, objetivo que concentra mucho más peso del que tendría con la simple narración de los hechos novelados. Y lo que ya termina por poner en valor la obra, es la constatación de su carácter autobiográfico, porque muchas —aunque no todas— de las cosas que le suceden al protagonista, tienen un paralelismo con circunstancias personales de la vida de su autor, siendo la más importante de todas ellas su defecto físico, que en la vida real era la tartamudez, y que en la novela cambió por un pie deforme de nacimiento.

Cuando uno aborda la lectura de esta novela, lo primero que detecta es que el lenguaje que utiliza su autor en ella es extremadamente simple. Cuenta lo que ocurre, en una narración muy directa y muy sucinta, y cuando refleja los diálogos que se dan entre los personajes, éstos son escuetos y de una sencillez rayana con la vacuidad. Por otro lado, los personajes van surgiendo paulatinamente, apareciendo y desapareciendo según el protagonista va a Heidelberg o a París, pero no tienen demasiado carácter ni personalidad y no terminan de dejar huella en el lector. No sé si es porque son personajes planos y carentes de fuerza o flojean por su endeble construcción, pero tengo la sensación de que influye también en ello la difícil credibilidad de los problemas planteados, y quizá también la homosexualidad del autor, porque varios de los extraños vínculos personales que aparecen en la trama, o son raros o son poco entendibles. Tengo claro que ese no es el punto fuerte de esta historia y por lo tanto pasaré por él mencionándolo pero sin detenerme, porque al margen de estas debilidades de los personajes y de sus actitudes, la narración es extraordinariamente fluida; por alguna razón, que uno no llega a poder concretar, se lee con una facilidad que, quizá, peque incluso por excesiva, si es que tal cosa es posible.

De todo ello podría deducirse que casi setecientas páginas en este plan, pueden llegar a ser un poco pesadas pero, sobre todo, a carecer de la garra que se le supondría al escritor de éxito. De hecho me consta que algunos lectores lo considerarán así, porque se tarda un poco en adaptarse a la dinámica de la narración, pero lo cierto es que en algún momento dado se le coge el aire, y a partir de ahí se impone sobre la historia una especie de sesgo sentimental que se abate sobre sus páginas, y las impregna profundamente hasta adueñarse de la narración. En mi opinión, no hablamos ni de sentimentalismo melodramático, ni de ñoñería folletinesca, y ello gracias a dos características principales: una, que mantiene un tono de cruda crítica social, que no esperaba encontrar en un escritor como Somerset Maugham, exponiendo los hechos de una manera bastante ácida, dura y descarnada; y dos, que el objeto fundamental de la historia termina por centrarse claramente en la búsqueda del sentido último de la vida, sobre todo para aquellas personas que parten de circunstancias difíciles, agravadas además por la penalización que supone su tara física. Y ello sorprende, porque cuando empezamos la novela, no podíamos fácilmente imaginar que fuese a derivar hacia ese tipo de planteamientos, ciertamente ásperos, pero de mayor enjundia de lo que hacían presagiar las limitaciones que demuestra manejando el lenguaje y cierta falta de garra en la creación de personajes, defectos ambos que evidencia a lo largo de los primeros capítulos.

Por tanto, mi resumen es que son sus circunstancias particulares (las autobiográficas), las que dan como resultado una de las mejores novelas de un escritor cuya calidad es hoy cuestionada y cuyo prestigio se sitúa actualmente en horas bajas sin ningún parecido con el que tuvo en su momento álgido, pero que, pese a ello, se sigue leyendo con agrado, especialmente cuando su narración aborda las fases más dramáticas, en las que la vida somete a duras pruebas a su protagonista; ahí es donde sale la vena del novelista sensible que tiene los recursos necesarios para emocionar y hacer vibrar al lector un poco a la manera en que lo hacía Charles Dickens cuarenta o cincuenta años antes de que se escribiera esta novela, con sus peculiarísimos personajes desenvolviéndose por las sórdidas calles londinenses, siempre, obviamente, salvando las abultadas distancias que hay entre la categoría de ambos escritores. Quizá esa sea la razón por la que tengo tan buen recuerdo de “Al filo de la navaja”, que es una novela con un argumento más elaborado y más novelesco que la más autobiográfica “Servidumbre humana”. En aquel momento aún no había adquirido el gusto por analizar tanto los libros que leo, y simplemente me dejé seducir por aquella fascinación que mencionaba al principio, que encandilaba a los lectores de la primera mitad del siglo XX, y que estaría formada en buena parte por las grandes dosis de emotividad y sentimentalismo que transmitían sus historias, y en otra buena parte por la casi extraña simplicidad de un texto que hace que sus novelas se digieran con una extraordinaria facilidad. Lo primero, me parece que sigue vigente, si bien es más apreciable en sus novelas más elaboradas o más conseguidas. Lo segundo, ayuda en el sentido de que facilita su lectura, pero ayuda menos en el sentido de que resta el atractivo esperable en una escritura más personal y definida.

No quería dejar de mencionar la afición un poco enciclopédica que exhibe Somerset Maugham en esta novela en todo lo relacionado con la literatura y al arte de su tiempo, y en general con cualquier asunto cultural, religioso, médico, filosófico, o viajero. Son materias todas ellas con las que su protagonista tiene relación en algunos pasajes de la narración, en los que aprovecha para explayarse en sus comentarios sobre cada asunto. De tal manera que la lectura de esta novela aporta el aliciente añadido de poder comprobar cómo era el perfil cultural de aquel escritor, que tendría veintitantos años cuando la escribió en el cambio del siglo XIX al XX (menciona en la novela la coetánea guerra de los Boers), y que sentía un obvio interés por cualquier asunto cultural de los vigentes en el mundo europeo de la época. Llama la atención de manera muy concreta el entusiasmo que suscitaba en él la obra de un pintor tan especial como El Greco, que lleva al protagonista a pasarse media novela soñando con poder viajar a Toledo.

Escrito por sedacala hace 5 meses, Su votacion: 8