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LOS SANTOS INOCENTES

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Autor: MIGUEL DELIBES
ISBN/ASIN: 9788484325659
Género: Literatura contemporánea
Editorial: CRÍTICA
Fecha de publicación: 1981
Fecha de edición: 2005
Número de páginas: 192

Sinopsis:
Retrato de las precarias condiciones de vida de una familia de campesinos extremeños, aplastada por la miseria y el yugo que imponen los señores, Los santos inocentes se publicó en 1981 como una alegoría de la España de poseedores y desposeídos, pero más vastamente como una obra sobre la violación de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. El éxito de la novela fue extraordinario: además de las reediciones que se sucedieron en pocos meses, en 1983 Mario Camus llevó a cabo una adaptación cinematográfica que conserva todo el aire poético y el intenso humanismo del relato. Domingo Ródenas ha realizado la primera edición crítica y anotada de este texto, comparando el manuscrito autógrafo con la primera edición, lo que le ha permitido corregir algunas lecturas. En el apéndice se recogen las versiones primitivas de una pieza esbozada ya en 1962 como narración de denuncia social.

 
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TÚ ERES EL AMO DE LA BURRA
5 con 6 votos

Miguel Delibes, hombre de continente adusto y reseco, se integra fácilmente en la tierra áspera y quebrada de las zonas interiores de la península, donde su personalidad y su lenguaje, se confunden con el paisaje físico y humano, camuflados entre piedras, matorrales y hombres de campo.
Todo un personaje, pero nunca me entusiasmó. Con la excepción de «Mi idolatrado hijo Sisí», sus novelas me parecieron siempre demasiado frías. Encontraba que le faltaba algo para conectar con el lector (éste que escribe). En «Cinco horas con Mario», admiré su hábil utilización del léxico propio de aquella mujer, y también, su manejo del monólogo cómo mecanismo de transmisión de un determinado mensaje. Aun así, me resultó penoso leerlo, porque conseguía transmitir, tan bien, un ideario tan rancio, que se me hizo incómodo transitar por la novela, oyendo ineludiblemente lo que decía aquella mema.
Aquí, en «Los santos inocentes», vuelve a su afición por estos mecanismos particulares del relato, y se atreve a escribir la novela entera a base de usar la coma, y el punto y coma, pero no el punto final, que sólo está detrás de la última palabra de cada capítulo. Creo que con ello busca captar un tono de fluidez en los diálogos, una linealidad propia del habla recia de la gente del campo. La historia, además, viene transmitida por una voz narradora, externa al relato, pero integrada en el lugar, como si fuese uno más que habla como nacido orilla el pueblo. De manera, que el lector de «Los santos inocentes», aviado está, si no es capaz de asimilar la novela escuchando en su mente mientras lee, el idioma tosco, pero rico en modismos, con incorrecciones gramaticales, pero también con un extenso vocabulario de allí, ese castellano propio de las zonas rurales de la España arraigada a la tierra, en aquellos años sesenta, en que los medios de comunicación no se habían conjurado aún en sacar a los hombres del campo, de su incultura secular.
Aquella manera de comunicarse, yo personalmente, la conozco desde hace muchos años; al jovencito que yo era, le produjo rechazo, el altivo rechazo del que sabe que ha aprendido unas cuantas cosas que le sitúan por encima de aquellos a los que desprecia, pese a que intuya, en algún rincón de su mente, la idea de que quizá en ellos esté la esencia de sus propios orígenes; y, por encima de las incorrecciones que puedan cometer, esa habla contiene la sabiduría de lo viejo, de lo mil veces repetido, de lo asentado en los hábitos de cada uno y de todos, hasta convertirse en ley sancionada por la costumbre. Algunos la escucharán como si oyesen arameo y les costará asimilarla. Pero, para los que lo logren, esa habla es la vía que lleva a la inmersión en el mundo particular del cortijo, a aislarse de todo lo extemporáneo, y a sentir la dehesa extremeña alrededor, junto a una tropa de rústicos especializados en atraer la perdiz con cimbel, y otras tareas por el estilo.
Carmen, la mujer de Mario, me pareció, en su día, una mujer cargante e insoportable; en cambio, leyendo «Los santos inocentes», encontré que Paco, el Bajo, Azarías, la Régula, sus hijos y hasta el señorito Iván, eran la compañía más congruente y más acorde con el entorno campestre y cinegético de la dehesa que uno pudiera encontrar; ¿quiénes sino ellos, u otros como ellos, habrían de estar allí con más motivo y razón? Así que he leído esta historia con una comodidad y una adaptación al medio, que jamás hubiera sospechado en alguien de tan escasa vocación cinegética. Claro que luego viene la historia en sí misma, pero, esa es ya otra cuestión.
La trama no es un asunto agradable. Me llamó mucho la atención, la relación entre los rústicos y su explotador, y me trajo a la mente la situación de aquellos esclavos negros de Georgia, tal como la veía Margaret Mitchell, en «Lo que el viento se llevó». Para los blancos del Sur, era algo incontrovertible que los negros estaban divinamente bajo su manto: «pobrecillos, ¿dónde iban a estar mejor que con nosotros?» razonaban ellos con su lógica aplastante. Y el caso es, que los tíos se lo creían de buena fe, porque, sí que algunos propietarios de esclavos, les daban a éstos un trato bastante razonable.
Bueno pues aquí, dando el salto a Extremadura siglo XX, la situación era más o menos la misma, pero, con una diferencia, que es, que el señorito Iván era un bicho malo, muy malo, que pisoteaba a su gente porque para eso eran suyos, —tú haces lo que te dé la gana, tú eres el amo de la burra— le dice el médico del pueblo al Ivancito, cuando le lleva a Paco, el Bajo, con el Land Rover y una pierna rota, y trata de convencerle de la conveniencia de enyesar. ¡Pachasco! Que son los inconvenientes de estar así de bien protegidos, que como el amo sea un cabrón, la hemos fastidiado. Pero el tono amargo era previsible, me lo esperaba y no me sorprendió; y lo leí muy a gusto. Hasta al señorito Iván, hablando con éstos, se le mudaba el habla y se ponía a tono con el lenguaje rústico popular, que no es lo mismo hablar con la señora marquesa, o con el señor Ministro, que con Paco, el Bajo, o con Azarías, y el señorito sería malvado pero no tonto, y sabía adaptarse bien a las circunstancias.
Resumiendo, un libro muy cortito; extraordinariamente bien contado, con un texto que está inmerso, hasta el colodrillo, en el ámbito lingüístico del cortijo extremeño; con un desarrollo en el que se habla de caza, de la trocha, del cárabo y de cobrar las pitorras, y en el que los cazadores se encontrarán cómodos, porque entienden esas cosas. Los personajes son sencillamente perfectos, Paco, el Bajo, la Régula, el señorito Iván, y Azarías, parecen tener vida y carácter propios, el matrimonio con su prudente resignación, el señorito con su descarado y cínico egoísmo, y el subnormal, encerrado en su felicidad (milana bonita…), porque no es ninguna tontería pensar, que el tonto es, realmente, el más listo, porque es el que mejor se lo pasa.
Cuando leí «Mi idolatrado hijo Sisí», pensé: Delibes en esta novela sabe de qué habla, porque habla de la clase media acomodada de la ciudad de Valladolid, que es su mundo y de eso, sabe. En «Los santos inocentes», habla de lo que le gusta: la caza y el campo; de eso, también sabe y por eso, crea un texto que tiene la virtud de posibilitar la inmersión (¿lingüística?) en un mundo de un verismo increíble, contemplando una trama básica y elemental, a la vez que uno se recrea en la tremenda autenticidad de los personajes y de sus diálogos.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

LA INOCENCIA DE AZARÍAS
4.25 con 4 votos

Una magnífica visión de la España que alguien, algún día, bautizó como profunda. Un retrato crudo de una época no muy lejana, del egoísmo del poder y de la resignada sumisión a ese poder.
Gotas de humor, de tristeza, de tragedia, de vanidad y de furia. Un desarrollo real como la vida misma y unos personajes que reflejan sus inquietudes a cada golpe de hoja. Los Santos Inocentes es tan aterradora y visceral como su reflejo en nuestro mundo real. Miguel Delibes no sólo exalta la caza sino toda la capa de putrefacción social que la rodea de forma admirable. Mención especial para las réplicas en carne y hueso de los personajes, que aparecen en la película (más que decente), y muy fiel a la novela.
Lo más esencial del libro es su desenlace, ya que una persona con sus facultades mentales mermadas, es la única que da arreglo a esa situación de abuso.

(Siempre odiaré al señorito Iván, me estremecerán los quejidos de La Niña... Siempre querré para mi una Milana Bonita)

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 7

MILANA BONITA!!!
3.5 con 4 votos

Qué grande es Delibes. Su característica prosa y la amplitud de la temática utilizada en sus obras, le hacen uno de los maestros de la literatura nacional. Este hombre fue nada menos que merecedor del Premio Cervantes, entre otros de los principales galardones literarios.

En este caso, la historia es de trama muy básica, pero no pierde el buen lenguaje. Se divide en seis partes cronológicas, cada una con su personaje principal. Diálogos directos, en los que también se expresa la jerarquía social y a los que no precede ningún guión, que se entienden a la perfección, pues son bastante simples.
Es un relato sobre la vida rural en la España de la postguerra, donde se nos muestra la convivencia entre clases sociales, la explotación del hombre por el hombre, personajes sometidos y humillados durante generaciones. Encabezando a los de clase más alta, está el señorito Iván, el patrón e insoportable triunfador en la caza, ruin y egoísta. Por el otro bando, está Paco el bajo, el guarda del Cortijo; la Régula, su mujer, destinada a la servidumbre y cuyo hermano, el Azarías, retrasado mental que comparte cierta ternura con una de las hijas de ella, Charito (la “niña chica”), se pasea por el libro con su milana al hombro.
Se trata el día a día en la vida de todos ellos, que subsisten en el mismo espacio, enganchando al lector sin ser una trama especialmente enrevesada.

Diría que el mejor momento es el giro final, un drama devastador y por completo inesperado, que en parte nos sorprende y en parte nos da cierta satisfacción (que, he de decir, no debería darnos…quien lo haya leído sabrá por qué).

Comentar y recomendar también, su adaptación cinematográfica homónima, protagonizada por el actor Juan Diego.

Por último, ya sólo queda repetir la frase del libro, la que con tanto cariño repite una y otra vez el Azarías. ¡Milana bonita!

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 6

MILANA BONITA, MILANA BONITA
2.33 con 3 votos

Historia costumbrista ambientada en España hace unas décadas, con un entrañable inocente y un milano llenando un libro calmoso al estilo de Delibes. No es santo de mi devoción, pero se puede leer sin aburrirse.

Escrito por Minaith hace mas de un año, Su votacion: 6