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EL REY LEAR

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Portada de EL REY LEAR

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Autor: WILLIAM SHAKESPEARE
Título original: King Lear
ISBN/ASIN: 9788467022384
Género: Teatro
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Fecha de publicación: 1606
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 208

Sinopsis:
El rey Lear, de William Shakespeare, se basa en un cuento popular que aparece incorporado a la historia antigua de Inglaterra desde el siglo xii. Cuentan las crónicas que el viejo Lear quiso conocer el grado de afecto de sus tres hijas para designar sucesora a quien más le quisiera. Dos se deshicieron en halagos y la menor le contestó que le quería como padre y nada más. Le pareció poco al rey, que la castigó. El tiempo vendría a demostrar más tarde que era la única digna del trono que, por fin, tras una guerra con las hermanas, consiguió. Shakespeare amplía la trama e infunde a la historia una visión muy personal. Lo que en definitiva presenta es una experiencia extrema de dolor, locura y destrucción expresada crudamente y sin reservas. Logra así con El rey Lear la tragedia tal vez más intensa y ambiciosa de su teatro y del teatro universal. Frente a las traducciones modernas que combinan los dos textos originales de la obra, la que aquí ofrecemos de Ángel-Luis Pujante, catedrático de la Universidad de Murcia, se atiene al texto de 1623, que agiliza la acción sin alterar el espíritu de la tragedia, presentando una edición anotada con gran erudición y sensibilidad literaria.

 
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DESAPROVECHADA LECTURA
5 con 4 votos

Me encanta Shakespeare. Admiro la pasión de sus personajes, la habilidad con que maneja todos los elementos de la tragedia; su magnífico estilo, sus estupendos monólogos, su ingenio a menudo mordaz, irónico y cómico; sus formidables monólogos y reflexiones, y, por supuesto, el candor y la belleza de sus personajes femeninos. No me importa que sus personajes -en especial las protagonistas- pertenezcan más a la esfera de lo ideal que de lo real, ni se me hace artificial su expresión, es más, todo esto contribuye al tono trágico de sus obras que tanto me gusta, siempre con un formidable clímax final. Y aun así, El Rey Lear pudo conmigo.

El acto I me resultó maravilloso. El monólogo de Gloucester sobre la naturaleza, en el que los astros predicen penosas desgracias, me encantó. También lo hizo el otro soliloquio de Edmund, cuando reflexiona sobre la injusticia de la naturaleza y reivindica sus derechos decidiendo rebelarse y ser primogénito por méritos y no por azar de nacimiento. Magnífico alegato contra la ley natural. El capricho de Lear, la nobleza de Kent y la honestidad y pureza de Cordelia… Creí que tenía en mis manos la mejor obra del autor (con permiso de “Hamlet”, mi favorita).

Luego vienen el acto II y el III y es una locura. Admito que me los leí del tirón en unas horas tontas que tenía que rellenar y no tenía nada que hacer, admito que los leí en un momento de agotamiento mental, pero… por Dios, qué locura. En la tormenta -momento que intuyo fundamental-, por ejemplo, se juntan tres locos entre fingidos y reales decididos a desvariar. Mi corto entendimiento apenas fue capaz de discernir qué demonios querían insinuar el bufón, y Edgar, por bien que sonaran sus delirios y por importante que conciba sus crípticas palabras. Pero a mí, me dio dolor de cabeza. A Lear le entendía a ratos, Gloucester me embotaba y cansaba y en fin… que yo quería leer a gusto para descansar y solo conseguí saturar y embotar mi mente. Por otro lado, aunque ya no recuerdo bien la lectura, recuerdo por la reseña que escribí en su momento y publico ahora, cierta genialidad en el personaje de Albany, y también recuerdo que no fui capaz de pillarlo hasta el final.

Luego llega el acto IV y sobretodo el V y recupera enormemente, aunque tras lo sucedido en la lectura de los actos anteriores, el clímax de la tragedia no logró implicarme y hacerme llegar a la deseada catarsis. Lástima.


Otro tema es el de las traducciones… qué aberraciones se comenten! Eso sí que es trágico. En mi edición todos los diálogos estaban en prosa. Al darme cuenta le pedí la suya a un amigo me prestó la de Alianza Editorial. La traducción era teatral, no literal, basada en el ritmo de la obra más que en los versos, sin preocuparse en exceso en el vocabulario, sino en el sentido de la idea… Y además sin apenas acotaciones. Yo no me enteraba de si han herido o no a alguien, ni de si luchan, quién era herido o qué ocurría. Y tampoco sabía a quién dirige quien (fundamental entre tanta locura). Vamos que dificulta la imagen visual y estropea la comprensión. Por ejemplo, hasta pasadas varías páginas y que fuera comentado por los personajes yo no me entere de que el criado hirió al marido de Regan, así como de tantas otras cosas.


Es una lástima, porque veo la fuerza de la obra, su intensidad y su genio. Y sería un placer verla representada, pero no pude disfrutar de la lectura. Ahora, un año después apenas recuerdo gran cosa, y lo que recuerdo sospecho que se debe más a la magnífica adaptación de Kurosawa (Ran, 1985) que a mi lectura. A propósito de la adaptación, su portentosa potencia visual no quita que peque de la misma confusión y locura que el texto, lo que pueden hacer algo cargantes algunos de sus elementos.

El libro va directo a mi lista de “segundas oportunidades”. Tal vez en unos años…

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 6

EL DESASTRE DE LA VEJEZ
4.5 con 4 votos

EL REY LEAR es, antes que nada, teatro en estado puro. No soy aficionado al teatro, me refiero al de verdad, es decir, al representado en un escenario, pero esta obra, como otras de Shakespeare, marcan tan bien la pureza del género teatral, que gustan al que se acerca, simplemente con ánimo de ampliar sus conocimientos sobre el tema.

Es cierto, que, no estando habituado a leer teatro, y menos clásico, algunos aspectos de la obra me resultan un poco disonantes, y me precipitan a esbozar una leve sonrisa de escepticismo. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al maniqueísmo permanente; podríamos dividir desde el principio a los personajes en dos grupos, buenos y malos. Estoy pensando también, en el tono altisonante y trascendente del texto, en ese lenguaje cargado de frases, de sentencias y de multitud de citas y alusiones a mitos, o a leyendas ancestrales. También me choca la reacción primera, demasiado elemental de Lear, dejándose engañar, de manera absurda, por discursos, obviamente cínicos, y no reconociendo en cambio al sincero; o esas situaciones en que un personaje cualquiera, simula ser otra persona, sin que sus amigos o allegados perciban el engaño.

Pero, pronto comprendes, con el progreso de la lectura, que son aspectos que forman parte de las reglas del juego, que no perturban, una vez aceptados, el discurso permanente del autor, con el que nos va haciendo ver, la perplejidad de este hombre ante un mundo que, en parte transformado por sus propias decisiones y en parte por el devenir del tiempo, ya no identifica como suyo. Es más, se puede uno recrear en ese lenguaje profundo, cargado de mensajes y a la vez retórico y solemne. Y, a partir de ese momento, disfrutarlo. Sin darte cuenta apenas, el maniqueísmo, las frases sentenciosas, las alusiones mitológicas, la retórica, la credulidad ante sus hijas y ante algunas suplantaciones; todo ese mundo ha sido asimilado, fundiéndose en un discurrir, dramático pero fluido, hacia su desenlace final.

Pero, no deja de ser una lectura, y el teatro, como decía al principio, hay que verlo y escucharlo, más que leerlo. En ese sentido, me pregunto si la contemplación escénica hará perder o ganar. Sin duda, para la mayoría supondrá mejora, pero, no siendo yo aficionado al teatro, me conformo sobradamente con su interesante lectura.

Puede dar la sensación, leyendo esta reseña, que su lectura me ha gustado, a pesar de los siguientes defectos:

- Un maniqueísmo casi infantil
- Un lenguaje excesivo
- Un exceso de cándida credulidad (ante sus hijas, o ante la suplantación de algunos personajes)

Pues, esa sería una impresión errónea. Lo que he querido expresar, es que esos aspectos, inicialmente, se pueden percibir como defectos u obstáculos por algunos lectores. Pero, no lo son. Estos elementos son parte integrante, de manera consustancial, de la obra de Shakespeare, y por extensión, del teatro de entonces y no deben ser percibidos como defectos, entre otras cosas por que no van contra la eficacia que produce su lectura, o su representación; más bien, son elementos indisociables de su obra y acordes a los usos propios de su época.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 7

LA INGRATITUD DE LOS HIJOS
2.4 con 5 votos

Esta obra nos deja personajes y frases impagables, como Edgar y Goneril. Ágil y visionaria respecto a la situación real de su siglo, que requería vocabulario más reposado, nos sitúa en un escenario entre soñado y real que sólo toma forma total en la interpretación.

Escrito por Kementari hace mas de un año, Su votacion: 8

EL REY LEAR
2 con 1 votos

Hoy traigo un clasicazo de uno de los grandes, un autor que me encanta: William Shakespeare.

En esta ocasión, es una tragedia de cinco actos; en ella, el Rey Lear, de Bretaña, reparte sus tierras entre sus hijas, pues ha decidido abandonar la corona al llegar a la vejez y ceder todo su patrimonio a las mismas a partes iguales… entre comillas.
Así es que Goneril, Regan y Cordelia deben describir cuánto amor procesan a su padre, quién le quiere más.
Mientras las dos primeras ofrecen grandes y excesivamente aduladores discursos, Cordelia decide tirarse por la sencillez… y es desheredada. Tras esto, contrae matrimonio con el Rey de Francia.

Nos adentramos a partir de aquí en una trama en la que reina la ingratitud, llena de traiciones, engaños, bañada de hipocresía, pinceladas de locura (bastante considerables), que no puede desembocar en otra cosa que en tragedia, con mayúsculas.
Shakespeare nos mete de lleno en una obra en la que se enfrentan el bien y el mal, con cantidad de personajes a los que podemos etiquetar sin problema en uno u otro bando, los cuales nos dejan momentos realmente buenos durante la lectura.

Destacable sobre todo la escena de la lucha, impactante ya sólo al leerla, no me quiero imaginar lo que debe ser verla representada (que me encantaría). Muy buena.

No cuento mucho más, ya que de verdad merece la pena leerla y sentirla, pues el lector se mete de lleno en la historia, queriendo saber más a medida que pasa páginas.
La tragedia por excelencia –una de mis favoritas-. Leedla.


Para finalizar y no perder costumbres, tenemos unas cuantas adaptaciones –sobra decir que ha sido llevada al teatro en innumerables ocasiones-, de lo más variadito, así que vamos a ello:
En cuanto a óperas, hay dos, por Verdi y por Littolf.
Hay varias TV-Movies (1974, 1982, 1997, 2002)
En cine hay unas pocas:
-1953, donde tenemos a Orson Wells en el papel de Lear.
-1969, dirigida por Grigori Kózintsev.
-1971, una adaptación un poco libre, por Peter Brook.
-1984, con Lawrence Olivier de protagonista.
-1985, Ran, la obra maestra de Kurosawa.
-1987, ambientada en un mundo post apocalíptico donde aparece Woody Allen.
-1999, dirigida y protagonizada por Brian Blessed.
-2001, My Kingdom, la versión moderna.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 8