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PLATERO Y YO

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Autor: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
ISBN/ASIN: 9788467022254
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: ESPASA-CALPE
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Narración lírica de Juan Ramón Jiménez que recrea poéticamente la vida y muerte del burro Platero y formada por breves capítulos que pueden considerarse poemas en prosa. Este fragmento es el comienzo del libro: ?Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.? El nombre de Juan Ramón Jiménez (1881-1958) está indisolublemente ligado al título de Platero y yo, que no sólo es su obra más conocida, sino una de las más universales de las letras hispánicas. Y, a pesar de ello, cabe afirmar que Platero y yo ha sido víctima de su éxito popular. El propio Juan Ramón protestaba en vida contra tanta lectura superficial aferrada al sentimentalismo fácil de la anécdota. Richard Cardwell, uno de los primeros especialistas en el gran andaluz universal, autor de una obra decisiva sobre la formación modernista de Juan Ramón Jiménez, explica en la Introducción cuál ha sido la intención básica de aquél y el objetivo que perseguía: la propagación de los grandes ideales de la pedagogía cultural del krausismo. La prosecución de esta guía, sin disminuir el encanto, amplía el interés de la lectura. Porque a la vez que se señalan todos los recursos del arte literario, se nos descubren las verdaderas raíces de la universalidad de un libro tan conmovedor y, en apariencia, tan sencillo.

 
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SENSIBILIDAD
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Esporádicamente las editoriales deciden acompañar a un clásico indiscutible con una contraportada que no resuma el argumento sobradamente conocido por todos, o en este caso carente de importancia. Entonces, a veces, el azar quiere que la contraportada caiga en manos de algún admirador de la obra y trate de hacerla justicia. Es, en parte, el caso de mi edición de “Platero y Yo”.
“La obra de Juan Ramón Jiménez (1881-1958), inseparable de su vida, no conoce fronteras rígidas entre el verso y la prosa, nacidos de esa única fuente de inspiración “que mana y corre”. PLATERO Y YO, escrita durante el segundo ciclo madrileño del poeta, manifiesta esa indiferenciación básica a lo largo de las ciento treinta y ocho estampas del texto, un clásico de la literatura castellana desde su primera edición completa en 1917. La realidad cotidiana, desnuda de todo prosaísmo, queda elevada a su pura esencia lírica en estas pinceladas, breves y cuidadosamente depuradas.”
Poco más hay que añadir. En efecto, PLATERO Y YO, es inseparable de la vida del autor, es un poema en prosa, pero sobretodo es una ventana. Una ventana en forma de elegía hacia Moguer, y por extensión a Andalucía en general. A través de esa ventana mediante los más bellos cristales de colores vemos el espíritu de Moguer, Andalucía, de principios del XX. Ahora ese espíritu, como dijo J.R.Jiménez, se encuentra en el cielo con Platero. Al ver la vida en Moguer a través de los ojos y palabras del autor, es difícil no pensar que es ahí, en el campo, en lo rural, lo bucólico donde se encuentra la fuente de inspiración, que “mana y corre”, de la poesía. Ahí es donde se encuentra la fuente de lo lírico, la belleza, esa edad de oro “que es como una isla espiritual caída del cielo, donde anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca.” Decía Novalis, y J.R.J estaba de acuerdo con él, que donde haya niños hay una edad de oro. No es casualidad que en nuestra sociedad urbana cada vez nazcan menos. Gracias a Juan Ramón Jiménez quienes no hemos tenido la suerte de vivirla nos asomamos por esa ventana a esa Edad de Oro, a nuestra infancia y a la poesía que vive en el campo. Todo esto gracias a que este gran autor es capaz de cantar al oído de Platero todo, desde el vuelo de una mariposa hasta lo más cotidiano o el horror de “Los Toros”, desde un intimismo y una sensibilidad pura, sencilla y sobrecogedora.

En cuanto a sí es o no un libro para niños, J.R.Jiménez lo aclaró de sobra cuando decía: “Yo, (como el grande Cervantes a los hombres) creía y creo que a los niños no hay que darles disparates (libros de caballerías) para interesarles y emocionarles, sino historias y trasuntos de seres y cosas reales tratados con sentimiento profundo, sencillo y claro. Y esquisito.”
Esto no quita, sin duda, que el libro no tenga varios niveles de lectura y mucho más jugo que la dulce miel que deja en una primera lectura al alcance de un niño o un adulto. Yo en mi lectura, por suerte o por desgracia es ahí donde me quedé, en leer los no versos del autor como si fuera un niño que se maravilla con su sensibilidad. Primero me preguntaba, debido a la frase del autor \\\\\\\"La poesía es un intento de aproximación a lo absoluto por medio de los símbolos.\\\\\\\", ¿Quién es Platero? ¿Su infancia, su recuerdo? ¿Es él de niño cuando vagaba por los campos andaluces? ¿Su alter ego? ¿El idílico lector al que se dirige? ¿El ingenuo pueblo o la bondadosa alma andaluza? ¿Es Platero su poesía, dulce por fuera y dura por dentro? ¿Su forma de ver la vida? Bastan leer –que en este caso es sinónimo de sentir- unas pocas de sus estampas, para olvidar estas preguntas y disfrutarlas y sentirlas sin más como si fueras un niño. Si alguien, probablemente mucho más hábil que yo leyendo poesía, sabe la respuesta a estas preguntas, le ruego que se las calle, me basta con la explicación del autor:

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva hueso. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
` Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que ser ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
' Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
' Es tierno, mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
' -Tien’asero…
' Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.”

Para quienes vayan a imbuirse en estas sencillas “naderías” cantadas con una sensibilidad que las eleva a clásico, solo un consejo: Léanlas con calma, disfrutándolas y al ser posible en el campo o el huerto. Y si os es posible, tras finalizar la lectura, olvidad que han sido naderías.

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 7