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EL PLANTADOR DE TABACO

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Autor: JOHN BARTH
Título original: The Sot-Weed Factor
ISBN/ASIN: 9788415601302
Género: Literatura contemporánea
Editorial: Sexto Piso
Fecha de publicación: 1960
Fecha de edición: 2013
Número de páginas: 1176

Sinopsis:
A veces hay autores que, en medio de estos tiempos de prisa y urgente caducidad, se lanzan a la osadía de emplear su tiempo en la construcción de una epopeya. Y puede que tengan razón, pues nada necesitamos más que nuevos héroes, o antihéroes, en los que reflejar nuevas y viejas frustraciones.

Siguiendo la vieja línea de la tradición europea, con obras como Tom Jones, de Fielding, o el Lazarillo de Tormes, John Barth se adentra en un desternillante culebrón sobre los pioneros que construyeron los Estados Unidos, gente que no sabía que iba a construir una patria, y mucho menos un imperio y que acaso por eso acabaron consiguiéndolo.

John Ebenezer Cook es el prototipo de ellos, aventurero, pícaro, buscavidas, y un poco o un mucho pobre hombre, que se ve enfrentado a las circunstancias y las tribulaciones a que lo someten la pobreza, la falsa valoración de su propio talento y sus posibilidades, y la incuria de los que le rodean. Ebenezer, con sus propias dudas sobre lo que de veras quisiera lograr, representa un poco a todos los que huyen hacia adelante, a los que primero se marcan un objetivo y luego se convierten en héroes, pero no por coraje, sino pro simple necesidad. Una necesidad que crearon ellos mismos a fuerza de querer sobreponerse a su falta de coraje. Así, nos encontramos ante la paradoja de que el héroe no es el superhombre, sino el cobarde que se avergüenza de serlo.

Ficha creada por Faulkneriano

 
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PURA NARRACIÓN DE HISTORIAS
5 con 3 votos

Según se puede leer en la red, la unanimidad con este libro es prácticamente total (o totalmente total). Yo me uno a esa mayoría, aunque mi adhesión sea algo menos entusiasta: es una novela muy alejada de lo que suelo leer y de la literatura que me sulibeya (pero ya tiene mérito, de la leche, si se tiene en cuenta que el librito goza de 1.173 páginas, prólogo incluido y que un buen puñado de ellas puede que le sobren).

La novela es un homenaje a la pura narración de historias, muchas veces enlazadas en una espiral cuyo fin es el disparate, el absurdo, el desbarre total; con sus buenas cuestiones morales, amorales e inmorales, parodiadas pero no demonizadas; muy cervantina también, con su quijote virgen y su dulcinea puta (sí, el sexo es importantísimo... también en este libro, tanto que, si le damos algún grado de verosimilitud a la historia, está en el propio nacimiento de la nación americana; y lo hay de todo tipo y no siempre con humanos) y, cómo no, su sancho, preocupado siempre por su amo, una vez conseguido su propio bienestar aun a costa de su amo, y hasta codicioso de su propia ínsula Barataria.

Todas esas historias estás llenas de grandes y pequeñas barbaridades, de crueldades, de estupideces, algunas incluso bienintencionadas, de todas esas acciones de las que somos capaces los humanos desde que echamos la vista encima a aquella apetecible manzana, contadas todas ellas con una ligereza cómplice propia de aquel al que nada humano le es ajeno y ahondando en aquella eterna disputa Rousseau/Hobbes, salvaje/civilizado, la esencia del hombre y si se puede o es conveniente ir en contra de ella.

“...no se puede menos de recordar lo empinada y espinosa que es la senda que lleva a las alturas de la cortesía y el refinamiento, hasta el punto que con distraerse una sola vez para tomar aliento, por decirlo así, puede bastar para hacer que el escalador se despeñe y vuelva a su estado originario.

¿son los hombres unos seres salvajes recubiertos por un pátina de cortesía? ¿O es la condición salvaje una débil mancha que contamina la cortesía natural del hombre y que una y otra vez se manifiesta en forma de erupción, como si a un ángel le salieran granos en el trasero? “

Su lectura es muy fácil, aunque el lenguaje también juegue a ponernos en el contexto histórico en el que transcurre la obra (felicito efusivamente al traductor por el trabajo realizado). La sátira e incluso la parodia de ciertos personajes e historias nos puedan recordar a otros personajes y narraciones clásicas, desde las historias de piratas, pasando por la de náufragos o las epopeyas clásicas, hasta las picarescas propias del XVII.

Entotá, que si es usted del tipo de lector que piensa que...

“un cuento bien urdido es chismorreo de dioses, a quienes les es dado ver el corazón y la médula de la vida que hay en la Tierra; es la telaraña del mundo; la urdimbre y la trama... ¡Vive Dios, lo que me gustan las historias, señores! “

... entonces este es su libro.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 7

UNA OBRA MAESTRA (CASI) INVISIBLE
4.63 con 8 votos

[…] es preciso estar muy embotado por la cantidad y el corto plazo para no advertir que hay libros necesarios de los que sin embargo sólo se venden 700 u 800 ejemplares. Aunque no son negocio para nadie, el mundo sería peor sin ellos (Juan José Millás).

Con esta cita comienza la entrada del blog La medicina de Tongoy donde me encontré por vez primera con el nombre de John Barth y su El plantador de tabaco. En ella, Carlos González Peón narraba su periplo infructuoso intentando encontrar un ejemplar del libro, y cómo Cátedra se negaba a reeditar, incluso en ahorrativo formato digital, esta obra en su opinión maestra.

Encendida la mecha de mi curiosidad, fue en otro blog (para más señas, en Bolmangani) cuando al leer cómo se interrelacionaba a John Barth con William Gaddis supe que tarde o temprano debía leerlo. Pues, todavía no lo he contado, tengo la curiosa manía de leer a todo autor asociado a la (¿imaginaria?) línea William Faulkner-William Gaddis-Thomas Pynchon-David Foster Wallace. También diré que la mayor parte de estos "asociados" resultan ser decepciones, para qué mentir (la última, Barthelme y El padre muerto -aunque tengo ganas de darle otra oportunidad con Paraíso-), pero me puede la obsesión.

Como también se decía en Bolmangani, "hay que leer a Gass [Nota del reseñista: él es mi próximo objetivo], como a Gaddis, como a Pynchon, como a Barth, siquiera sea para poder aborrecerlos con conocimiento de causa y no vicariamente, con odios prestados".

La búsqueda, tal y como se me anunciaba, no fue fácil. Pero es algo a lo que estoy acostumbrado. Pues encontrar alguna de las obras de estos Escritores, que en mi opinión deberían ser obligatoriamente conocidos por cualquier aficionado a la lectura mínimamente inmerso en el universo literario, a veces resulta una verdadera odisea. Incluso pensando en David Foster Wallace, quien más éxito de ventas tiene, no deja de ser una vergüenza que hasta 2013 no nos haya llegado traducida su primera novela. Y no hablemos de Gaddis, autor del que aún se pueden encontrar ciertas cosas, sí, pero leer su obra magna, Los reconocimientos, me costó dios y ayuda. Respecto a El plantador de tabaco mejor ni hablar. Tras una ardua búsqueda, tras desechar "ofertas" en la red que rondaban los 300 euros, la obra acabó en mis manos gracias a la biblioteca pública de mi ciudad donde, con la ayuda de un montacargas que lo rescató de las catatumbas, me lo prestaron unos días.

Y la búsqueda ha merecido la pena, pues el tesoro es muy profuso. No entiendo no obstante por qué se le emparenta tanto con Gaddis, o con Pynchon y demás sucesores (quizá en obras que no he leído, como La ópera flotante, existan más puntos de encuentro...); quizá me falta nivel, no sé (soy de los que sólo pueden leer el Ulises ayudados por una guía de lectura). Pero desde luego no importa mucho a quien se parezca Barth en el fondo porque El plantador de tabaco es una obra absolutamente genial.
Puestos a comparar, ¿quién no encuentra en Ebenezer Cooke una personalidad tremendamente quijotesca? ¿Y la ironía que la obra esconde entre líneas, no retrotrae a Los viajes de Gulliver (obra que adoro)? ¿Qué hay de las peripecias al límite de los protagonistas, tan en la línea del Cándido de Voltaire? ¿Y la picaresca de muchos de los personajes, no recuerda a nuestro Lazarillo o al Decamerón de Boccaccio?

Poco más que añadir. Busquen bien por las catatumbas de sus bibliotecas, rastreen por la red, hagan lo que sea pero léanlo, les recuerde a lo que les recuerde la obra. Es una larga travesía, pero merece y mucho la pena. El mundo sería un poco peor sin El plantador de tabaco...

... y nunca volverán a ver Pocahontas con los mismos ojos.

Escrito por Tylercito hace mas de un año, Su votacion: 9