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ORGULLO Y PREJUICIO

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Portada de ORGULLO Y PREJUICIO

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Autor: JANE AUSTEN
Título original: Pride and Prejudice
ISBN/ASIN: 9788484284888
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: ALBA
Fecha de publicación: 1813
Fecha de edición: 2009
Número de páginas: 424

Sinopsis:
Con la llegada del rico y apuesto Mr. Darcy a su región, las vidas de los Bennet y sus cinco hijas se vuelven del revés. El orgullo y la distancia social, la astucia y la hipocresía, los malentendidos y los juicios apresurados abocan a sus personajes al escándalo y al dolor, pero también a la comprensión, el conocimiento y el amor verdadero. Esta edición presenta al lector una nueva traducción al castellano que devuelve todo su esplendor al ingenio y la finísima ironía de la prosa de Austen. Satírica, antirromántica, profunda y mordaz a un tiempo, la obra de Jane Austen nace de la observación de la vida doméstica y de un profundo conocimiento de la condición humana.

 
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JANE AUSTEN SE LUCE
5 con 4 votos

He terminado «Orgullo y prejuicio» con un balance claramente favorable, sorprendente, habida cuenta de la poca fe que había puesto en la tarea. La razón de tal falta de expectativas, era la sospecha de que sus doscientos años le podrían pesar demasiado a alguien que, como yo, lee la novela por el puro placer de leer, más que por un afán didáctico de conocimiento. En mi caso, tal temor venía avalado por la lectura de «Sentido y sensibilidad», novela en la que encontré virtudes —que no niego—, pero con una trama ligera, quizá, más propia de épocas anteriores, que me dejó frío y que no fui capaz de tomar en serio por más que intenté ponerme en situación; es decir, me pareció un enredo superficial e intrascendente. Esa es la razón que explica que me haya sorprendido mi propio éxito leyendo «Orgullo y prejuicio».
Cuando se trata de situar la obra de Jane Austen, hay que fijar bien las características de la sociedad en la que vivió y en la que están inmersas sus novelas. Se trata de los primeros años del siglo XIX, en los que Napoleón intentaba dominar Europa y la estética neoclásica aún estaba de moda. La sociedad inglesa, como cualquier otra, venía de una economía agrícola y ganadera, pero empezaba ya a ponerse en marcha el proceso de industrialización, que, en pocos años y gracias, entre otras cosas, a la ventaja que suponía el dominio del mar y la ampliación de su imperio, cambiaría radicalmente la economía productiva del Reino Unido. Era por tanto, una sociedad próspera, por más que la mayor parte de su población sufriese por la injusta distribución de la riqueza, y consecuentemente, por una radical división en clases. En esquema, podríamos decir que la aristocracia, en lo alto de la pirámide poblacional, se enriquecía al amparo de la corona; que la burguesía, formada por propietarios, profesionales, oficiales de la milicia, clérigos y comerciantes, se situaba en un nivel intermedio; y que en el estrato más bajo y más numeroso, trabajadores del campo, obreros de la incipiente industria y sirvientes formaban la clase que cargaba con el peso del trabajo más duro, a cambio de una remuneración que apenas permitía subsistir. Los miembros de la burguesía tenían rango de caballeros, si bien con pocas expectativas de trasvase social hacia una aristocracia a la que, comprensiblemente, aspiraban, y a su vez, con el mínimo contacto posible con una clase trabajadora con la que procuraban no mezclarse más allá de lo imprescindible. Ahí, en el seno de esa burguesía es donde vivió Jane Austen y ahí es donde ambientó sus novelas, con algunas apariciones de miembros de la sociedad aristocrática, pero, en la que jamás aparecen como personajes, sirvientes o miembros de las clases bajas.
Para asimilar correctamente las novelas de Jane Austen, conviene conocer el papel que ocupaba la mujer en aquella sociedad. En los estratos más bajos, las mujeres estaban obligadas a trabajar como el que más, sin apenas privilegios derivados de su condición femenina. En cambio, en la burguesía y la aristocracia, ostentaban la condición de damas y su papel, aparte de la perpetuación de la especie, era el de hacer grata la existencia a sus familiares varones en el ámbito doméstico, dedicándose al dibujo, al piano, a ciertas manualidades, a aprender francés, y por supuesto, a la organización doméstica y social de la casa, dejando en manos de los hombres cualquier otra actividad exterior, donde su presencia no se consideraba pertinente. Obviamente la posición fundamental era la de esposa, lo que implicaba que pescar marido fuera el objetivo prioritario en la vida de cualquier mujer. Una vez cumplido ese objetivo, tenía la felicidad a su alcance y obtenerla sólo dependía ya del cónyuge y de la salud. Naturalmente, hoy nos preguntamos cómo podía llegar a influir el sentimiento amoroso en este proceso de búsqueda de un buen consorte que condujese a la felicidad posterior, y la sensación que queda, tras leer este libro, es que era un objetivo deseable, pero muy difícil de cumplir, dadas las numerosas trabas que se interponían en una relación entre sexos coartada por la restrictiva moral imperante. En las dos novelas mencionadas, los personajes se mueven por impulso de la racionalidad y las convenciones sociales, el amor sólo es un extra a conseguir en casos especialmente favorables, deseables pero extraordinarios, en los que los demás factores, posición social, medios de vida etc., se hubieran conseguido conjugar sin mayor problema.
El lector de la novela pensará inicialmente al leerla, que la obra es un producto propio e inseparable de su momento y de su escenario histórico y que si aquella sociedad no hubiese sido como era, la novela no podría haber sido, como es. Sin embargo, creo que esto siendo en parte cierto, no lo es del todo; y lo digo, porque el acierto de su trama le posibilita trascender del entorno que antes he descrito y adquirir una dimensión casi intemporal, que igual podría haber dado lugar a una comedia de Shakespeare, como a una novela de Henry James. Su armazón argumental tiene tanto sentido que se presta óptimamente al análisis de la psicología de los personajes según las costumbres y criterios propios de cada sociedad, lo mismo se trate de la época de la reina Isabel I, que de los años del psicoanálisis freudiano. Esa es, según yo veo, la principal virtud de esta novela, un argumento tan equilibrado que se adapta a cualquier escenario temporal, a pesar de que su carácter, en apariencia, es el genuinamente propio de la época de Jane Austen.
Donde veo la mayor diferencia entre las dos novelas mencionadas de Jane Austen, es en la composición del argumento; en «Sentido y sensibilidad», la notoria trivialidad de los enredos hacía que las facultades de la escritora quedaran limitadas al ámbito de las farragosas e intrascendentes relaciones sociales que, a mi modo de ver, no iban más allá de un tono de comedia ligera y superficial. En cambio, en «Orgullo y prejuicio», una construcción argumental sólida y equilibrada, y la apoyatura del enredo en valores universales e intemporales, son los factores definitivos que abren el campo a un óptimo lucimiento de la escritora aguda, sutil y analítica, que aquí sí puede sacar provecho a su reconocida destreza en el tratamiento de los personajes.
Se observa claramente en ambas novelas, la absoluta transposición de costumbres y modos de ser de su mundo particular sobre la mentalidad de sus heroínas de ficción; no cabe duda de que sus personajes están inspirados en ejemplos muy próximos en su vida, y su propia familia debía tener bastantes puntos en común con los Bennet de la novela. Lizzy, la protagonista, es una joven con múltiples cualidades que podríamos sintetizar en dos fundamentales: inteligencia y carácter. La inteligencia, le permite tener una idea clara de su papel en la vida y así ser capaz de dilucidar lo que le conviene con sensatez y buen juicio; el carácter, le facilita la tenacidad necesaria para conseguir su objetivo sin dejarse enredar en cuestiones accesorias. Ambas características otorgan un atractivo especial a su personalidad que le permite, sin ser guapa, atraer y enamorar. Sabedora de sus cualidades, tiene muy claro que no se va a casar con el primer cretino que se lo proponga, por más que pueda considerarse un buen partido, y comprende perfectamente que el logro de la felicidad a la que aspira pasa por conseguir, si no el amor, sí al menos, una cierta comunidad de sentimientos con el candidato a marido.
Otra cualidad de la autora, es la habilidad con que conduce la transformación de la mente de Lizzy, de su prejuicioso arrebato inicial en adelante; no cabe duda de que el personaje femenino es el que tiene más fuerza y es el que realmente está sometido a las tensiones que definen el título de la novela, es decir a los prejuicios suyos y al orgullo de él. El personaje de Darcy, es más pasivo, en el sentido de que se limita a sentir y actuar al dictado de los arrebatos de ella, dejando el leitmotiv principal, que es, detestar el orgullo y protagonizar los prejuicios, en manos de Lizzy, lo que, de alguna manera, hace notar que está ahí la influencia femenina a los mandos del proceso creador. Su habilidad para resaltar los deseos y las inquietudes íntimas de sus personajes, es especialmente atractiva, en una época en la que la novela aún no había adquirido su mayoría de edad como género. Cualquiera que lea, como casualmente estoy haciendo yo ahora, «Moll Flanders», una novela noventa años anterior a ésta, apreciará la diferencia, abismal, que hay entre ambas, entre la sencillez básica, aunque excelente, de la narración de los hechos que hace Defoe, y la atractiva complejidad del discurrir de las mentes que Jane Austen desvela, desarrolla y analiza, de una manera que anticipa claramente lo que daría de si, en materia de creación novelística, el incipiente siglo XIX.
La escritura de Jane Austen se absorbe con suma facilidad; su texto es sencillo a pesar de que se entrega en sus diálogos a la elaboración de razonamientos encadenados, propios del lenguaje educado de aquella época. Quizá su rasgo más singular sea el humor sutil, con el que se ejercitan algunos de sus personajes en un acertado equilibrio entre la ironía que gastan y la seriedad de los asuntos que suelen tratar. Destaca en ese sentido Mr. Bennet, el padre, que es un hombre de escaso carácter, al contrario que su hija Lizzy, que quizá por eso, es su preferida y es con la que mejor relación mantiene. Se trata de un hombre abrumado por su doble condición de esposo de una mujer ridícula y de mente vacua, y de padre de cinco hijas casaderas, que pone muy poco entusiasmo en acometer las obligaciones que tal condición le exige (casarlas) y que gusta de expresar su desencanto con frases plenas de sarcasmo, de ironía, y en definitiva, de un delicioso humor inglés.
No quiero terminar la reseña, sin tocar el tema de un posible aliento feminista en la novela. Ni en «Sentido y sensibilidad», ni en «Orgullo y prejuicio», observé una actitud especialmente activa en dicha materia; tal vez aquel momento histórico no fuera aún el propicio, o tal vez el temperamento de Austen no era el adecuado para promover esas actitudes; lo cierto es, que el mensaje que se desprende de su lectura es más bien conservador y los atisbos de regeneración que alguien pueda apreciar en su obra son, en mi opinión, de elemental sentido común y no afectan exclusivamente a la mujer, sino a cualquier persona a la que una sociedad injusta y clasista, como aquella, pudiera poner en aprietos.
La estética del momento, aunque ya por poco tiempo, era absolutamente neoclásica, y por lo tanto, dominada por el equilibrio y la sensatez; el romanticismo estaba cerca, pero aún no había irrumpido y cuando lo hiciera las modas cambiaron y la novela también, y cuando, a su vez, el sarampión romántico desapareció, casi con tanta fuerza como había venido, la novela se adentró por los caminos de un realismo que nos proponía la auténtica faz de las cosas, descarnada y sin tapujos, y es entonces, cuando la sensibilidad del lector estalla ante el ímpetu de los sentimientos desbocados. Quiero decir con esto, que las historias de Jane Austen, por mucho que entusiasmen, como ha sido aquí mi caso, no dejan de ser historias amables, ubicadas en la tranquilidad y el sosiego de la campiña inglesa, con personajes preocupados por su futuro, que actúan con la mayor racionalidad que sus caracteres les permiten, y que generalmente suelen acabar bien. O sea, parece faltarles como ingrediente que redondearía (para mí gusto) el producto literario, un punto, o dos más de intensidad y desgarro de los sentimientos. Pero bueno, eso sería adelantarse a los tiempos y aún faltaban unos cuantos años para la llegada de las hermanas Bronté y de Mr. Dickens.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

ORGULLO Y PREJUICIO
4 con 2 votos

Hoy traigo un clasicazo que ya tocaba leer… al menos a mí, hacía mucho que lo tenía pendiente. Más vale tarde que nunca.
Es el segundo libro de Austen que leo y debo decir que me ha encantado, iba con un poco de miedo porque el otro no me hizo mucho tilín (lo siento, pero Persuasión no me caló, y mira que me habría gustado). ¡Pero este sí que sí!

Así, tenemos una de las obras más famosas de la literatura, publicada en 1813 nada menos, de esas que todo el mundo debería leer, aún sin ser fan del género.

En esta novela, como su propio nombre indica, se tratan los prejuicios de la época… entre otras cosas. Y es que toda la historia está llena de ellos, en pleno cambio de siglo, donde lo más importante es encontrar un marido rico y ser la mujer florero que le ayude a sacar partido a su fortuna.

Austen perfila con maestría todos y cada uno de los personajes que danzan por su libro, sin embargo tenemos claros y complejos protagonistas en los que centrarnos.
Se nos presenta a las hermanas Bennet, cinco jóvenes solteras, casi todas bellas y de buen porte; la rebelde Elizabeth es la que más importancia tiene en nuestra obra, inteligente, un tanto descarada y sin pelos en la lengua, con más carácter que el bien visto por entonces. No es otro que Fitzwilliam Darcy el que ha puesto los ojos en ella -amigo de su nuevo vecino, el señor Bingley-, tan forrado como atractivo… y tan impertinente y arrogante también.

En una narración plagada de lo que su propio título indica, tenemos el peligro de elegir mal al hombre con el que casarse, la importancia de la estabilidad económica, entre vueltas, secretos y malentendidos que hacen la trama realmente interesante; la autora nos deja intensos diálogos que desde luego no tienen desperdicio, con un peculiar sentido del humor y pinceladas de ironía que me han gustado mucho.

Además de ser un retrato al dedillo de la sociedad inglesa de entonces, Orgullo y prejuicio es toda una joya de la literatura, con decir que es una historia de amor preciosa me quedo realmente corta.
Un libro imprescindible que te conquista desde la primera página.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 9

GRATO DESCUBRIMIENTO.
4 con 2 votos

Para ser el primer libro de Austen y de este género que leo debo decir que estuvo bien, me esperaba algo completamente diferente pero más que desanimarme el modo en que se exponían los hechos y demás la narrativa de Austen me gustó, si bien no para morirme y leerme todos sus libros de un tajo, si para considerar hacerme con los demás y darles una oportunidad cuando llegue el momento.

La novela fue reveladora en todo sentido, lo que me esperaba eran escenas parecidas a la película, actitudes similares y demás. Lo que me encontré fue una grata sorpresa. Los escenarios están poco retratados con lo que la lectura se hace ágil y llevadera, lo malo es que no te puedes imaginar un escenario completo al leer, la imaginación debe tomar su propio rumbo, así que me guié más que nada por los escenarios y personajes escogidos para la adaptación.

Me agrado que se la autora se concentrara en describir un poco las costumbres sin ahondar demasiado, algunas las entendí, otras no tanto, pero creo que se debe a que ya estamos en una época donde hacer una reverencia sólo está reservada para burla o para los reyes.

Es obvio que el orgullo, la petulancia y la vanidad tanto de Darcy como de Lizzie se hacen más palpables en el libro, incluso más racionales. Por su parte Darcy me pareció un hombre más frío, arrogante y petulante; combinación un poco extraña pero no por ello menos atrayente, y el cambió que surgió hacia la última parte del libro fue mucho más apreciable y mucho más razonable, se vio el trabajo que requirió la construcción de su personalidad y la evolución de la misma. En cuanto a Lizzie, la chica tiene una lengua afilada que debe cuidar de vez en cuando, su orgullo es igual de grande que el de Darcy y su inteligencia es digna de admirar; no me esperaba algunos de sus comentarios pero fue interesante leer una crítica a la sociedad de la época.

Los personajes de Austen están trabajados impecablemente, cada uno tiene su propia personalidad y evolución a lo largo de la novela. Hay para amar, hay para odiar, hay para encontrarlos molestos y demás.

Escrito por Lunatica hace mas de un año, Su votacion: 8

TODO UNA SORPRESA
3.25 con 8 votos

Toda una sorpresa y un descubrimiento. Como en el título, tenía algún prejuicio y reserva sobre la historia. El argumento que se basa en buscar marido y las relaciones sociales de la burguesía con la aristocracia, no me llamaban especialmente la atención. Pero la novela es mucho más, es una obra de notable calidad literaria y una gran descripción de los caracteres de personajes y de la sociedad de su época.
Es de destacar los excelentes diálogos, que para mí destacan sobre toda la narración. Los diálogos son ágiles y dicen mucho de cada personaje, definiéndolos perfectamente, mejor que las acciones narrativas. De igual manera se pueden considerar las numerosas cartas que se envían los protagonistas.
La únicas notas negativas, o lo que menos me ha gustado, son varios pasajes donde la narración se hace algo larga, un poco redundante, y el final que me parece almibarado.
Pero en general, una gran obra, con una trama interesante con algo de intriga, excelentes retratos psicológicos, y con sus pinceladas de crítica social, sin llegar a ser demasiado dura.
Muy recomendable.

Escrito por FAUSTO hace mas de un año, Su votacion: 8

¡ESTÁ TODO INVENTADO!
1 con 3 votos

Un libro delicioso, divertido e intranscendente como, … dejadme pensar, …, a ver si me acuerdo, …, ¡ah sí!, lo tenía en la punta de la lengua: "Cuando Harry encontró a Sally", "Tienes un e-mail" o cualquier otra comedia romántica chispeante.

El mérito: algo me dice que esta escritorcilla lleva muerta al menos 10 o 20 años…

Al menos a mí, que reconozco que soy un bruto integral, no deja de sorprenderme averiguar cuantas cosas que consideramos "modernas" llevan inventadas un poquito de tiempo nada más… Totalmente recomendable para pasar un rato agradable sin más (y lo que es más importante, SIN menos). (Lo he leído en inglés).

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 7