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EL MITO DEL ETERNO RETORNO

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Autor: MIRCEA ELIADE
ISBN/ASIN: 8420653365
Género: Religión, Mitología
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Fecha de edición: 2011

Sinopsis:
El conocimiento de la espiritualidad oriental y de las formas más arcaicas de enfrentamiento humano con lo sagrado, que ha permitido ampliar considerablemente el campo de investigación de las religiones comparadas, debe a Mircea Eliade contribuciones fundamentales. "El mito del eterno retorno" es una original introducción a la Filosofía de la Historia cuyo objeto de estudio son los mitos y creencias de las sociedades tradicionales, movidas por la nostalgia del regreso a los orígenes y rebeldes contra el tiempo concreto. Las categorías en que se expresa esa negación de la historia son los arquetipos y la repetición, instrumentos necesarios para rechazar las secuencias lineales y la idea de progreso. Un rechazo en el que subyace, no obstante, una valoración metafísica de la existencia humana, una ontología arcaica que la antropología filosófica debe incluir en sus reflexiones en pie de igualdad con las concepciones de la cultura occidental.

Ficha creada por Hesslerimedes

 
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FILOSOFANDO SOBRE LA HISTORIA
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A partir de la Teoría de la Relatividad de Einstein, la física empezó a hablar de la elasticidad espaciotemporal y de la posibilidad hipotética de viajes en el tiempo, eso es verdad, pero mal que nos pese, los seres humanos no podemos -al menos todavía- viajar al pasado para corregir errores cometidos. La Historia fluye siempre hacia el futuro, tal como el curso de un río; y a lo largo de la misma se han perpetrado horrores que uno quisiera y no puede modificar o eliminar, como los genocidios provocados por los conquistadores entre los nativos de América o por los nazis entre los judíos, gitanos y demás. Partiendo de esa base, hemos de llegar a la conclusión de que existen razones de peso para temerle a la Historia; de que, quizás, al género humano le habría sido más saludable quedarse vagando eternamente bajo formas simiescas por las planicies africanas que, supuestamente, lo vieron nacer. Las culturas primitivas lo intuyeron por instinto y optaron por interpretaciones de la realidad que, de algún modo, les infundieran sensaciones protectoras contra el flujo de la Historia humana.

De esto nos habla en el libro que comentamos Mircea Eliade (1907-1986), él mismo practicamente una leyenda cuya obra ha sido citada por antropólogos, mitólogos, psicólogos, etnólogos y quién sabe qué otros especialistas. Este filósofo e historiador de las religiones rumano hablaba ocho idiomas y fue toda una autoridad en mitología y chamanismo. EL MITO DEL ETERNO RETORNO, la obra que ahora comentamos, es un libro muy breve, tiene sólo ciento cincuenta y seis páginas si excluimos las reservadas a las notas, bibliografía e índice; por lo que resulta todavía más sorprendente la frondosa cantidad de datos novedosos que aporta al lector no especializado, referidos en su mayoría a culturas sobre las que no se suele ahondar demasiado, como la babilónica o la yugoslava. Gracias a este libro me enteré, por ejemplo, de que la jornada del falso rey que describe Mika Waltari en SINUHÉ EL EGIPCIO no es fantasía de novelista, y adquirí más conocimientos sobre las veelas (Eliade las llama"vilas") que a su manera presentó Joan K. Rowling en la saga de Harry Potter.

No obstante, volvamos al tema central de este ensayo. Decíamos antes que existen razones para temerle a la Historia. Las sociedades primitivas, tradicionalistas, forjaron peculiares cosmovisiones en las que todo era cíclico. Cada héroe era una mera repetición de otro más antiguo y convertido en arquetipo; cada proeza era un remedo de otra pretérita y arquetípica. La lucha del bien contra el mal, la enfermedad, las catástrofes naturales, todo era cíclico y una especie de proyección de hechos previos. Como se ve, no podía aspirarse a ser muy innovador. Todo era una variación del eterno retorno:. siempre acaecería un acontecimiento nefasto que sería una especie de regreso al caos primigenio, previo al restablecimiento del orden que a su vez repetía la Creación. El ser humano dejaba así de ser un artífice de la Historia y, por lo tanto, no podía ser responsable por la misma; estaba en manos de los dioses y del inevitable proceso cíclico decretado por éstos. Más o menos es esto lo que postula Eliade, y suena bastante lógico si reflexionamos en la lentitud con que se desarrolló el progreso en los primeros siglos de la Historia humana: no había forma de innovar porque todo era una repetición de un pasado arquetípico, conveniente en la medida en que permitía al ser humano lavarse las manos por cualquier suceso nefasto, pero que a la vez se traducía en un estancamiento.

La mentalidad moderna, que excluye el proceso cíclico -aunque la religión lo preserve, por ejemplo, en la creencia en el Fin del Mundo apocalíptico y la segunda venida de Cristo- tiene no obstante sus propios inconvenientes, y Eliade los expone casi sobre el final de la obra en una especie de crítica mutua entre el hombre arcaico y el moderno. Porque mal que nos pese, cada vez son menos los hombres que hacen la Historia, los que tienen acceso al poder, al dinero y, en fin, a los medios que terminan decidiendo el destino de la Humanidad; los demás terminamos relegados al papel de meros espectadores que nos vemos arrastrados hacia circunstancias históricas a las que preferiríamos no llegar.

Tal la temática de este libro, cuya elevada calidad está fuera de duda -no por nada tantos autores se remiten a él- pero que, debemos admitirlo, no es para todo el mundo. Algunos pasajes he tenido que leerlos y releerlos una y otra vez para entenderlos bien; otros no los entendí ni aun así, aunque avanzando en el texto se hacían comprensibles. Y algunas palabras decididamente precisan traducción para el hombre de la calle; por ejemplo, "soteriológico". De alguna manera, el autor adelanta estas dificultades en el prólogo, aclarando que escribe sobre todo para el hombre culto, al no especializado. Señor Eliade: me consideraba bastante instruido, pero debo admitir que este libro suyo, por momentos, me hizo sentir un soberano asno.

Escrito por EKELEDUDU hace mas de un año, Su votacion: 10