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LOS MISERABLES

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Portada de LOS MISERABLES

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Autor: VÍCTOR HUGO
Título original: Les Misérables
ISBN/ASIN: 9788497937078
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1862
Fecha de edición: 2005
Número de páginas: 1632

Sinopsis:
La más extensa y famosa obra del célebre autor francés (1802-1885), un retrato social a través de personajes maltratados por la justicia, por la prisión o la pobreza. Una obra monumental, de gran valor histórico, que ilumina un periodo decisivo en la historia de Francia, desde la batalla de Waterloo. Y todo un monumento del romanticismo literario. Personajes tratados a fondo, en su interioridad, hombres enfrentados a los grandes temas, entre ellos la esperanza de la misericordia de Dios.

Etiquetas: Literatura francesa, S XIX, Clásico, Romanticismo

 
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NO ENCUENTRO EN ESTE LIBRO NI VERDAD NI GRANDEZA (GUSTAVE FLAUBERT)
5 con 6 votos

He podido constatar que esta obra levanta a su alrededor grandes pasiones, exaltados elogios y encendidas defensas. Que me disculpen pues todos aquellos que aman esta novela por la dureza con la que aquí trato el libro. Mi intención es únicamente contribuir con mi opinión que, aunque no humilde, aporta otro punto de vista que aquí expongo sin más dilación: el valor de esta obra radica en haberse erigido en un símbolo social y político y en un paradigma del movimiento romántico en las letras; lamentablemente su calidad literaria, así como gran parte de su ideario, deja mucho que desear.

Desde luego, algo debe atesorar esta novela para que después de más de 150 años transcurridos desde su publicación siga teniendo tal pléyade de lectores postrados ante ella (*). Quizás fue Flaubert quién dio con la clave para explicar su éxito al afirmar que “en cuanto al estilo me parece intencionadamente incorrecto y vulgar. Es una manera de halagar lo popular”; quizás fue Vargas Llosa al considerar que “es una de esas obras que han hecho desear a más hombres y mujeres un mundo más justo, más racional y más bello”.

Creo que ambos apuntan dos aspectos claves del éxito. No estoy totalmente de acuerdo con Flaubert en cuanto a la calificación del estilo. La prosa de Victor Hugo me ha parecido lírica, apasionada, potente, derrochadora y rica, que en ocasiones, no pocas, alcanza una gran altura. ¡Qué gran estilo si hubiera gran novela! No es el caso. De hecho, Los miserables no es una novela; encierra una o, mejor dicho, hay una historia que envuelve en colores brillantes un maremágnum de opiniones, ideas y divagaciones filosóficas, morales, religiosas, sociales, políticas e históricas, a menudo pesadas y desafortunadas, con el fin de hacerlas llegar al mayor número de lectores.

Por ello, la obra tenía que conmover, llegar al corazón como el mejor atajo posible hacia la mente. ¡Y vaya si lo consiguió! Su gran mérito consiste en haber escrito una obra que ha llegado a convertirse en un símbolo, en el gran símbolo literario en favor de los más desfavorecidos, de aquellos santos Jobs con los que no es difícil identificarse y que no solo sufren una situación social intolerable e injusta sino que además tienen que hacer frente a las tristísimas desdichas que les ha deparado el inmisericorde destino; y, como su acertado complementario, la obra anuncia la llegada de un hombre nuevo que traerá una época ininterrumpida de progreso, prosperidad y felicidad para todos. Tragedia, denuncia y esperanza reunidas en la misma obra. Qué puede ser más hermoso que conmoverse ante tanta desgracia; qué más estimulante que enfurecerse ante tanta injusticia; qué más tentador que soñar con un mundo nuevo y mejor. Y sin embargo, sigue siendo inexplicable para mí como el libro puede ser tan alabado y calificado como obra cumbre de la literatura universal.

Los miserables es una obra necesitadísima de una cuidadosa labor editorial, en la que Victor Hugo da rienda suelta a su portentosa necesidad de comunicarnos sus vastos conocimientos sobre los temas más variopintos; donde se explica hasta el detalle más peregrino de la trama porque nada puede dejarse a la imaginación del lector; una obra en la que carga las tintas de la forma más descarada en favor de las ideas y planteamientos que son de su agrado y en ridiculizar sin argumento alguno las que no lo son; una obra en la que la historia contada se retuerce hasta límites paródicos con el fin de interesar primero, sulfurar después y, finalmente, conmover hasta la lágrima mediante un melodrama folletinesco, repleto de sorpresas, coincidencias inexplicables, encuentros inverosímiles y efectistas, amores castos y desgarradores, odios desaforados, intolerables miserias, de pobre e improbable armazón argumental y repleta de situaciones que se resuelven en el último segundo de la forma más emotiva; con unos personajes que son encarnaciones puras, simples y asexuadas, símbolos de lo más excelso y lo más bajo del ser humano y siempre bajo el prisma romántico que sitúa lo emocional muy por encima de lo racional y en el que la lucha de unos contra otros se plantea de una forma que no puedo calificar sino de demagógica.

Algunas de las ideas expresadas e ilustradas en el texto pudieran ser revolucionarias en su momento. No tengo nada que objetar a la justa petición de una más cabal proporcionalidad entre las penas y los delitos, ni a la denuncia sobre las terribles condiciones sociales en las que muchos vivían (y viven aun), ni a su exigencia de una educación gratuita y universal. Sin embargo, actualmente no creo que fueran razones suficientes para encumbrar obra alguna. Tampoco voy a criticar sus ideas sobre la mujer ni la descarga de responsabilidad que Victor Hugo les regala a ellas y a los criados, junto a niños, débiles e ignorantes (“De las culpas de las mujeres, de los niños, de los criados, de los débiles, y de los ignorantes, tienen la culpa los maridos, los padres, los amos, los fuertes, los ricos y los sabios”); tampoco lo haré con ese concepto siempre escurridizo del destino o la fatalidad (“Por mucho que labremos lo mejor que podamos el bloque misterioso de que está hecha nuestra vida, la veta negra del destino vuelve a aparecer siempre”); ni, por supuesto, diré nada acerca de su propósito moralizante ni de su apostolado político. Pero hay cosas que ni siquiera la época en la que fue pensada ni la buena intención le puede servir de atenuante... al menos, ante mí.

Una es su defensa de la religiosidad y su misterio (“Adorar lo incomprensible y rechazar lo absurdo; no admitir sino lo indispensable en el ámbito de lo inexplicable”; “La negación de lo infinito conduce en derechura al nihilismo”) y el efecto benéfico que según el autor tiene sobre los seres humanos (“La naturaleza sólo hizo de ella una oveja. La religión la convirtió en un ángel”) y las graves y malísimas consecuencias que tiene su contrario ("¡Qué excelente, qué estupendo es ese materialismo! No está al alcance de cualquiera. ¡Ay, a quien lo tiene, nadie lo engaña! ¡No se deja desterrar tontamente como Catón, ni lapidar como Esteban, ni quemar vivo como Juana de Arco! Quienes han conseguido hacerse con ese materialismo admirable tienen la alegría de sentirse libres de responsabilidades y de pensar que pueden zampárselo todo sin preocupaciones").

La segunda es LA GRAN IDEA que vertebra toda la novela: la bondad innata del hombre. Esa bondad que permitirá, gracias a la educación universal, alcanzar el paraíso en la tierra (“La más terrible y la más homicida de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible” dijo Lamantine a este respecto), esa bondad innata que permite al gran héroe de esta novela, Jean Valjean, superar las injusticias y el lodo en el que se ve inmerso para llegar a ese lugar que se encuentra “más cerca del ángel que del hombre”. Victor Hugo quiere dejar todo atado y bien atado y no tiene ningún empacho en comunicarnos expresamente ese tema central de su novela: "el camino del mal al bien, de lo injusto hacia lo justo, de lo falso hacia lo cierto, de la noche hacia el día, del apetito hacia la conciencia, de la podredumbre hacia la vida, de la bestialidad hacia el deber, del infierno hacia el cielo, de la nada hacia Dios." En definitiva, el progreso, tanto en lo individual como en lo colectivo.

En este camino, dos personajes se enfrentan, Valjean y Javert, dos extremos, como extremista es todo el libro, dos representaciones de ideas dispares sobre la naturaleza del ser humano. Por un lado, un hombre de bondad innata que solo las condiciones sociales pueden separar del camino recto; por el otro, alguien cuya idea del ser humano es la de un ser incapaz de salirse de sus coordenadas, buenas o malas, independientes de sus circunstancias. No es la lucha del bien y del mal, aunque los esfuerzos del autor por emparejar ambas visiones del hombre con esas calificaciones morales no son baladíes. Y esto es lo más inaceptable de Los miserables, la presentación simplista y demagógica de los problemas, de los dilemas, de cualquiera de las cuestiones que plantea, y el enfrentamiento entre Valjean y Javert es el mayor y más claro ejemplo de ello.

En la esquina derecha del ring, poseedor de una luz interior, de una magnificencia sobrehumana, blanco de las mayores injusticias y de las más despiadadas tragedias, engalanado con un abrigo entallado, amarillento, raído y con sombrero algo abollado: “ex presidiario angustiado“ Jean Valjean, el éxito del hombre, la encarnación del perdón. Al otro lado, portador de enormes patillas, vistiendo un levitón largo y esgrimiendo un garrote, con la mirada oscura, la boca fruncida y temible, y un gesto feroz de mando: “perro de presa” Javert, representante de la ley ciega, de la imposibilidad de la redención y, por tanto, del castigo implacable y terrible como única respuesta al delito. El combate se resuelve, como no podía ser de otra manera, por K.O en la quinta parte, libro tercero... aunque algunos piensan que en realidad no hubo golpe que consiguiera tal proeza y que Javert se dejó caer a la lona o incluso que lo empujaron a ello…

…que no fue un combate limpio, vaya. Yo soy de los que así piensan. La gran trampa del autor es presentarnos a Javert como una especie de doctor Jekyll y señor Hyde en la que este último contamina con su perversidad todo lo que el doctor representa. Así, Jekyll encarna, además de esa concepción fatalista del hombre, la justicia ciega e implacable que parece concentrar todos los males de la administración de justicia. Sin embargo, de lo esgrimido por Victor Hugo solo se saca en claro su denuncia de la desproporción entre penas y delitos, aunque esto sea responsabilidad de otro negociado y nada tenga que ver con la labor de un inspector de policía. Es más, no se sabe muy bien en qué consistiría esa especie de justicia compasiva que parece defender en su obra, y mal vamos si nos atenemos a esa declaración que pone en boca de otro de esos santos inocentes que pueblan la obra:

“Si fuera un ladrón, ¿lo salvaría? Pues sí. Si fuera un asesino, ¿lo salvaría? Pues sí.” (el tío Fauchelevent, jardinero del convento, al especular acerca de lo que Jean Valjean pudiera esconder).

¿De qué otro modo se debe administrar la justicia, de qué otro modo se deben hacer cumplir las leyes que no sea de forma imparcial y estricta? (otro tema son las leyes que hay que hacer respetar y cumplir, pero esa es otra historia). Pero es que realmente Javert no solo representa esa justicia sin sentimientos, ni mucho menos. Hyde, quiero decir Javert, está descrito como un ser fanático, obsesivo, cruel, que disfruta humillando a delincuentes tan “terribles y malvados” como Fantine o Valjean. Un ser que da pie a Victor Hugo para dictarnos esa, por otra parte, gran sentencia:

“Ningún sentimiento humano consigue ser tan espantoso como la alegría”.



(*) Yo mismo he dedicado unas cuantas horas a leer sus más de 1.800 páginas a pesar de todas mis críticas. Bien es cierto que una parte no despreciable de esas casi dos mil páginas han sido ojeadas en diagonal. También es cierto que me empujaba a avanzar la posibilidad de encontrar esa magnificencia que tantos proclaman y que una vez superado un cierto umbral de páginas se te va haciendo más difícil renunciar a la empresa y darla por perdida. Tampoco es razón menor esa inclinación por el melodrama que me he redescubierto tantos años después de aquellas abrasadoras e interminables tardes de verano pasadas en un pueblecito pacense sentado a la camilla junto a mi abuela y oyendo las maravillosas y apasionantes radionovelas escritas por Guillermo Sautier Casaseca.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 5

JEAN VALJEAN, EL HÉROE
4.86 con 7 votos

Aun me duele; aun siento el peso, el dolor de haber terminado las 1788 páginas que componen "Los miserables". Hugo crea, da vida, ilumina, dibuja unos personajes que a medida que transcurre el libro, van tomando cuerpo, las formas, imprecisas se van solididicando, van dejando de ser meros personajes bosquejados, dejan de ser palabras, símbolos escritos en papel, para transformarse en personas. Religión, fé, desigualdad, pobreza, vileza, historia, humor, horror, todo lo contiene este libro. Romanticismo no es solo amor, es también compromiso intelectual, no se limita a meras descripciones de paisajes, ni historias almibaradas de amor, es también revolución, es también filosofía, es psicología, es historia. No puedo, no me siento capaz de describir lo que sentí al terminar de leer esta novela. Solo un agradecimiento eterno, y una alegría, y una tristeza enormes. Bendito seas Hugo por cada palabra, por cada pensamiento, por los personajes, tan bien delineados, que me cuesta creer que son de ficción. Y al héroe, al gran héroe Jean Valjean, superior a todos los héroes de fantasía, le dedico todas mis plegarias, todo mi afecto. He aquí al primer héroe de la literatura, al luchador incansable, el que combate a su propio demonio, el que combate contra la injusticia, el que "pudo cambiar", el que resucita como el fenix, de las cenizas del oprobio, de la humillación, de la máquina que aplasta al hombre que quiere cambiar el rumbo de su vida, y no lo dejan. Jean Valjean, el más maravilloso personaje de la historia de la ficción. Las últimas páginas (la cien últimas) me han destrozado; pero el final, el final, ah, ¡¡que maravilla!!

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10

LA HUMILDAD DE LA BONDAD
4.8 con 10 votos

Me suele dar escalofríos descubrir un reloj de pulsera en la muñeca de algún que otro figurante en un péplum (excepto si lo han dirigido los Monty Python, en cuyo caso acepto hasta naves extraterrestres; véase “La vida de Brian”). Lo que puede resultar una verdad de Perogrullo tiene también sus vertientes, y es que lo más chocante en mi caso no es el evidente anacronismo, sino que uno no se lo espera porque para que esas cosas no sucedan existe un responsable, y chirría. Mucho. Sin embargo, para una criatura de tres años y medio el asunto pasa absolutamente desapercibido y puede que tan sólo se dedique, con la mirada fija en la pantalla, a disfrutar de los gladiadores. Yo mismo reconozco que a pesar de mis soberanos esfuerzos por ver esa sombra de avión que la leyenda urbana asegura que aparece en la carrera de cuadrigas del “Ben-Hur” de Wyler he sido incapaz de centrarme y descubrirla, pues al final acabo metiéndome de pleno en la escena por mucho que pueda considerarla en muchos aspectos una película sobrevalorada. El caso es que las evidencias que consideramos que lo son pueden no serlo para todo el mundo y, en el ángulo inverso, aquello que nos arrogamos el derecho de exigir puede ser un contrasentido al contemplar verdades de perogrullo que somos incapaces de saber que lo son esperando lo que sería anacrónico esperar.

¿Y a qué esta parrafada hablando de la obra inmortal de Hugo? “Los miserables” es una novela enmarcada dentro del movimiento romántico francés de la segunda mitad del siglo XIX, ya con algunos pasos aventurados hacia el realismo, y del mismo modo que no me imagino a Beethoven componiendo el “I want it all” de Queen (y disfruto lo mismo de uno como de otro) no he de exigirle a Hugo, ni a ningún autor, un imposible; menos aún si dentro de las características tipo de la literatura romántica y habida cuenta de que olvidar de que todos somos hijos de nuestro momento histórico es como insultar al tiempo, “Los miserables” es una novela inmensa, sublime. Hablar de la obra de Hugo es hacerlo sobre todo de Jean Valjean, el personaje al que el escritor y poeta francés decide otorgarle el protagonismo de la novela. Todos las criaturas que surgen en la literatura obedecen a un fin determinado de su autor y Hugo deja cristalina su idea desde la predilección empleada en el propio título, desde las primeras páginas de “Los miserables”: “las faltas de las mujeres, de los hijos, de los criados, de los débiles, de los pobres y de los ignorantes, son las faltas de los maridos, de los padres, de los amos, de los fuertes, de los ricos y de los sabios. [...] Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpado no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas.” ¿Se puede ver esto como puro maniqueísmo o es en buena parte verdad y hacer patente esa realidad -entre otras muchas realidades- es el fin al que tiende Hugo en el desarrollo de su novela y del personaje principal alrededor del que fluye la trama?

Decía Boff, uno de los teólogos fundamentales en el desarrollo de la teología de la liberación que la justa es la causa de los pobres no los pobres en sí, que de todo hay, como en botica. Se habla con determinada asiduidad de Valjean, y usando una terminología no exactamente empleada por E. M. Forster, como un personaje unidimensional, sin matices, digamos. En realidad, el ensayista inglés hablaba más concretamente de personajes redondos y planos, y yo me siento incapaz de considerar a Valjean como un personaje plano, ateniéndome tanto a las propias consideraciones de Forster como a los apuntes posteriores de Gaasland en base a los grados de complejidad, profundidad psicológica, transmisión de sentimientos individuales del personaje... ¿Acaso es menos creíble la bondad de Jean Valjean que el cáustico nihilismo del Ferdinald de “Viaje al fin de la noche”, la desesperanza insoportable de Rimbaud en “Una temporada en el infierno”, el caos vital de Chinaski en “La senda del perdedor”, la esperpéntica existencia de Ignatius en “La conjura de los necios”? Por mi parte debo pronunciar una rotunda negación, otra cosa es lo que más nos guste o en lo que más decidamos creer. Todos son personajes redondos, redondísimos, más allá de que conozcamos a personas con su particular idiosincrasia, porque lo que les da credibilidad son las páginas por las que discurre su existencia y en definitiva el amor que ha de sentir un autor por su criatura y que es capaz de transmitir al lector haciéndole comprender el por qué de sus actos por inusuales que al principio nos puedan resultar. Hugo ama a Valjean, por supuesto que sí, como Dostoiveski a Aliosha, Hawthorne a Hepzibah o Dickens de Pip, pero no más de lo que Ferdinald ama al otro Ferdinald, de lo que Rimbaud se comprende a sí mismo, de lo que Bukowski abraza en su alter ego Hank, de lo que Kennedy Toole siente por Ignatius. Amo a Valjean, porque Hugo consigue que lo ame y este logro requiere un cierto análisis.

“Los miserables” es en buena medida una novela dicotómica que a través de numerosos modelos e imágenes nos muestra la lucha eterna entre el bien y el mal representada de manera extraordinaria en la conciencia de Valjean y en la extrema diferenciación entre el héroe y su deseoso verdugo, Javert, símbolos del choque muchas veces insalvable entre el espíritu y el mundo. Javert representa el concepto humano de justicia, Valjean la idea sobrehumana del perdón. Cabría preguntarse tras cerrar la última página del libro, ¿quién de ambos es más miserable? Tal vez dependa exclusivamente de la acepción de la RAE a la que decidamos acogernos: desdichado o abyecto. Desde mi subjetiva visión más desgraciado que ser un condenado como Valjean es aquel que se siente incapaz de asumir sus propias miserias, y Javert es tan “justo” que no puede ni perdonarse a sí mismo una bondad. Pedro y Judas. Hugo es un conocedor excelso del espíritu humano y así lo muestra en dos aspectos fundamentales del carácter de Jean Valjean: quien se siente perdonado de manera inmerecida (convertido desde lo profundo, que es lo que le sucede al protagonista), ¿puede seguir odiando y no amar? Quien se siente indigno y el más pecador de los seres humanos, ¿puede no perdonas las debilidades de sus congéneres, polvo y barro al igual que él? Estos dos hechos, de profundidad insondable, son fundamentales para llegar a entender y aceptar las decisiones que acaba tomando a lo largo de la novela. Jean Valjean, como el George Bailey de Capra, excepto cuando de forma voluntaria toma el papel de Madeleine no quisiera actuar de la forma en que lo hace, de ahí sus profundas crisis, desgarros y autojustificaciones ante al injustamente condenado, ante sus celos por Cosette, ante su última confesión... En situaciones extremas decide con equidad y responsabilidad aunque no quiera hacerlo (conciencia, libertad de elección, libre albedrío...), simplemente porque no puede actuar de otra manera, se siente incapaz de no hacer lo correcto.

Y la parte menos ágil y dúctil de lectura también existe, no seamos lerdos. Esa miríada de datos históricos, políticos y sociales tan presentes, recurrentes y hasta comprensiblemente odiosos para algunos a lo largo de la novela, a los que Hugo dedica capítulos enteros y que, cuanto menos, pueden conseguir que nos crispemos al desviarse metódicamente de la trama principal. Pero el escritor sabe por qué lo hace, precisamente porque es escrupulosamente metódico, tanto en lo expuesto como en la pulcra descripción de la historia de cada uno de los personajes que pululan y confluyen de alguna manera en la vida de Jean Valjean: los Thénardier, Fantine, Marius, Éponine, Gavroche, Enjolras... No es sólo el objetivo de acercar la sociedad francesa de la época, sus cambios drásticos y profundos a los posibles lectores, es un ir mucho más allá, algo necesario, imprescindible para entender la forma de actuar de cada una de las criaturas que expurgan sus penas a lo largo de las páginas de la novela: ¿es posible entender la conversión de Jean Valjean sin conocer la personalidad de Monseñor Bienvenieu tan magistralmente dispuesta en los primeros capítulos? ¿Sería viable captar la esencia del perdón que es capaz de otorgar Valjean sin conocer profusamente la realidad de los barrios bajos y la forma de vivir e incluso de hablar y relacionarse de los grupos marginales de París? ¿Entenderíamos las decisiones sociales de Marius, Enjolras o del propio Valjean en las barricadas, en su intrincado deambular si Hugo no se hubiera detenido de manera radical en la evolución socio-política de la Francia de la primera mitad del siglo XIX? El lector llora con Valjean porque comprende a Valjean, sabe por lo que ha tenido que pasar y más valor aún se le otorga por intentar salir del fango en medio del mismo fango.

Las mismas páginas de las que consta la obra serían necesarias tal vez para alcanzar a aprehender todos sus significados, pero seremos humildes, a pesar de la inusitada extensión -para mi habitual deseo- de esta parcial reseña, y tan sólo pido ser capaz de asumir mis miserias, las más crueles y estrambóticas, desde la realidad de sentirme amado tantas veces de manera inmerecida y casi injusta, al igual que Valjean, como el modo único de perdonar y elegir la bondad más allá de toda lógica.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 10

PACIENCIA RECOMPENSADA
4.33 con 3 votos

Como a casi todo el mundo, me sobran las partes de ensayo que te sacan de la historia de personajes. Creo que juega en contra de la propia obra porque habrá un grupo de lectores que no tendrán la paciencia suficiente y se perderán la maravillosa historia que se cuenta en ella. Eso sí, la paciencia del que consiga empaparse de todas sus páginas se verá mpliamente recompensada.

Escrito por JaneEyre hace mas de un año, Su votacion: 8

PERSONAJES VIVOS
4.2 con 5 votos

Pocas veces un texto me provoca lágrimas... Esta novela ha derrumbado por completo todo lo que he sentido leyendo un libro. Me ha emocionado profundamente. El final es esplendoroso, el monólogo de Jean exquisito, es una mezcla de sentimientos sin igual, pena, alegría, emoción... Las humildad de las últimas líneas alcancé a leerlas entre las nubes que las lágrimas provocaban en mis ojos. Es la culminación de unos personajes, unas vidas que había hecho propias. No he cerrado la tapa y he pensado que ahí terminaba la historia, he sentido que la historia seguía, que la vida de los personajes continuaba pero que simplemente ya no me estaba permitido observarles.
La historia no es nada del otro mundo, pero esta exquisita construcción de personajes, salpicados por toques históricos de la Revolución Francesa y de los cambios políticos y sociales de la Francia de comienzos del siglo XIX, hace de la novela un texto interesante y de gran valor incluso para aquellos en quien no provoque más que una lectura agradable. La estructura de la novela, en partes y capítulos de duración corta, hacen que a pesar del volumen de la obra, su lectura sea ágil y sencilla.
Poco más puedo decir que no se haya dicho ya. Así que prefiero no hacer perder más tiempo a aquellos que todavía tengan la suerte de poder acometer su lectura por primera vez.

Escrito por Mayte hace mas de un año, Su votacion: 9

BANDERA DEL ROMANTICISMO
4.13 con 8 votos

Sin duda la novela romántica por excelencia. En ella cada personajae encarna una de las distintas características que hay en las personas: el eterno antihéroe, Valjean, representa la redención a través del ejercicio del bien; el justo e incansable Javert, la justicia más intransigente unida a una perseverancia enfermiza; el malhechor Thénardier; la maldad y depravación sin término medio; la prostituta Fantine, la inocencia y el sacrificio por los demás; el estudiante Marius, los ideales de la juventud, etc. Pero Victor Hugo a la vez comienza a dar pinceladas de lo que será el gran movimiento literario que sucederá al Romanticismo: el Realismo. Porque en la novela no sólo repasa hechos históricos como la batalla de Waterloo y la Revolución de 1830 en Parías sino que muestra las condiciones de vida de los parisinos más desfavorecidos, así como las de los presos y otros proscritos. Finalizando con la derrota de los ideales revolucionarios y con una reflexión sobre la aplicación de la justicia.

Escrito por Aliomo hace mas de un año, Su votacion: 10

GRAN VALJEAN
3.89 con 9 votos

No se muy bien por donde empezar a expresar las sensaciones que me ha hecho sentir Don. Hugo… Han pasado algunos meses desde que lo terminé y aunque han entrado en mi mente otras historias y otros personajes en este tiempo, pero de vez en cuando, y sin ninguna razón, me viene a la memoria un pasaje, diálogo o escena del libro y sonrio.

Al principio me costó un poco meterme en la historia, empieza con la presentación del Obispo y hasta que no apareció Jean Valjean la lectura no parece que arranque. Lo malo es que de vez en cuando vuelven a intercalarse en medio de la historia estas especies de “ensayos” de unas 50 páginas o más hablando sobre la batalla de Waterloo, la religión etc… Me han parecido muy densas, nombrando personas que a lo mejor en su día estaban en boca de todo el mundo pero que actualmente se han olvidado y que hace que la lectura se ralentice y que dejes de acompañar a los personajes en sus vidas y penalidades. Más que nada porque no veo que aporte nada a la historia de los personajes, solo es la expresión de su propia opinión sobre el tema y lo veo un poco fuera de lugar. En cambio cuando narra la historia de Jean Valjean la percepción del tiempo cambia, las horas se convierten en minutos y las hojas se van pasando y sin darte cuenta te conviertes en una sombra más y pasas a formar parte de Francia.

Los soliloquios que tiene Jean Valjean sobre el bien y el mal. La culpabilidad o la inocencia, me han encantado, me han recordado mucho a los de Raskolnikov en "Crimen y Castigo", maravillosos. Él es el protagonista indudable de la novela, el que más fuerza tiene y al que se agarran todos los demás personajes

Escrito por marbe hace mas de un año, Su votacion: 9

LOS MISERABLES
3.2 con 5 votos

Todo un clásico, lo leí hace muchos años, la historia es muy intersante aunque a veces se hace tediosa.

Escrito por Enrique2011 hace mas de un año, Su votacion: 6

LECTURA OBLIGATORIA
2.75 con 8 votos

Este libro tendría que ser de lectura obligatoria. No se, que se puede decir, me ha encantado. Te ha hecho reir, llorar, soñar,... ¿quíén no se ha conmovido con la descripción de las penurias de la pequeña alodra?

Otra de las cosas que me ha gustado es el modo que ha tenido el eescritor de unir todas las historias. Las primeras veces te creias que eran personajes nuevos y luego decías "anda!". Luego, la ser recurrente esta herramienta se vuelve mas predecible.

Me quede con ganas de mas. öjala hubiese habido mas miserablses :)

Escrito por tazguy00 hace mas de un año, Su votacion: 9