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EL LIBRO Y LA HERMANDAD

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Portada de EL LIBRO Y LA HERMANDAD

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Autor: IRIS MURDOCH
Título original: THE BOOK AND THE BROTHERHOOD
ISBN/ASIN: 9788416542338
Género: Literatura contemporánea
Editorial: IMPEDIMENTA
Fecha de publicación: 1987
Fecha de edición: 2016
Número de páginas: 556

Sinopsis:
Como en la comedia de Shakespeare, con la excusa de una fiesta de antiguos alumnos de Oxford, un grupo de amigos se reúne bajo el cielo estrellado de una noche de verano. Allí se encuentran el carismático Gerard Hernshaw y Rose Curtland, enamorada en silencio de él desde hace años; Duncan Cambus y su infatigable esposa Jean; Tamar Hernshaw, la atormentada sobrina de Gerard; y, por último, David Crimond, el extravagante genio marxista. Hace años, todos ellos decidieron crear una hermandad con el único propósito de financiar un libro de filosofía en el que Crimond, su carismático líder, se encargaría de plasmar sus ideas políticas. Con el paso del tiempo las lealtades han cambiado y los vengativos fantasmas del pasado se presentan para sacudir el presente.

Ficha creada por Guille

 
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Este es de esos libros que se terminan con el sentimiento de triste satisfacción o de satisfecha tristeza al que alude Rodrigo Fresan en el fantástico postfacio que concluye la edición de Acantilado. Un libro que desde ya entra en mi lista de libros especiales, no siendo el menor de sus mérito haber sido aquel que me descubrió a Iris Murdoch.

Como casi todo libro especial, “El libro y la hermandad” no es un libro fácil de comentar e imposible de resumir en estas pocas líneas: carece de una trama como tal y abundan las disquisiciones socio-políticas, filosófico-morales y hasta religiosas. Es un libro sorprendente en muchos sentidos, con escenas de un dramatismo que llega a ser irrisorio o grotesco, giros extraordinarios, locuras fantásticas, actitudes inexplicables e incluso absurdas, situaciones y comportamientos algo cómicos y hasta ridículos …

Pero, como la propia autora dice en ”El príncipe Negro”, otra de sus novelas: “Somos infinitamente cómicos para los demás. Hasta la persona más adorada y amada le resulta cómica a su amante…“

La novela es, hasta cierto punto, caótica, torrencial. Un narrador omnisciente nos va guiando por la maraña de relaciones pasadas, presentes y posibles que se establece en el interior de un antiguo grupo de amigos y condiscípulos mientras explora minuciosamente los hilos de pensamiento y sentimiento de cada uno de ellos formando madejas que pecan a veces de excesivas. Un narrador preocupado por hacernos llegar los colores, las texturas, los olores; por la descripción puntillosa de los personajes, sus vestuarios y complementos, pelos y peinados, gestos y posturas, estancias que ocupan, paisajes que frecuentan y hasta de los alimentos y bebidas que acompañan sus encuentros y sus soledades.

Y pese a toda esa exuberancia de detalles, de discursos, de introspecciones psicológicas, nunca decae el ritmo de la narración, en ningún momento flaquea la tensión dramática ni el interés por el devenir de los personajes y sus disquisiciones. La autora es virtuosa en el arte del diálogo, profunda en su discurso y poseedora de una sobresaliente habilidad escénica para moverse y movernos entre los muchos personajes que conforman esta novela coral y aunque no se pueda decir que Murdoch ostente un estilo narrativo propio y característico, de esos fácilmente identificable desde las primeras líneas, como nos dice Fresán, su prosa es “tan funcional como hipnótica y de gran potencia visual”.

Siendo también una novela de ideas, es, sobre todo, una novela de emociones y sentimientos, es una novela sobre el amor. Amor romántico, fraternal, paterno-filial, filosófico, religioso, amor posesivo, no correspondido, imposible, destructivo, ocasional, salvador, platónico, y, como no, el imprescindible amor a nosotros mismos.

“El amor es más que sexo, es una profunda y apasionada energía que todas las personas llevan dentro y que puede ser buena o mala. Pienso que esa energía es la cosa más importante en la vida del hombre”.

El amor como único punto de agarre en esta vida sin sentido, llena de dolor, angustia y sujeta a los vaivenes del azar. Una vida en la que estamos obligados a elegir continuamente y, de responder sí a la gran pregunta shakesperiana, obligados a convivir con nosotros mismos, sin escapatoria posible, y a relacionarnos con los demás. Murdoch nos presenta a un grupo de personajes, cada uno con una elección de vida, que se equivocan continuamente: en las valoraciones que hacen de los otros y de ellos mismos, en la importancia y responsabilidad que se atribuyen en el desarrollo de la vida de los demás y las que atribuyen a los demás en la suya, en cómo y hasta qué punto pueden y deben involucrarse en la vida de otros y en cómo y hasta qué punto deben permitir o esperar que se involucren en la suya, en las interpretaciones de los actos ajenos y en las motivaciones propias y, en definitiva, en lo que son y quieren ellos y los que los rodean. En los libros, cuya importancia en nuestras vidas particulares y colectivas se ensalza profusamente en esta novela, podemos encontrar, si no la solución, al menos un satisfactorio paliativo.

En definitiva, la novela me ha gustado mucho y me ha dejado con ganas de más, de mucho más, un deseo que no va a ser fácil de satisfacer. Llama la atención como una autora tan relevante ha tenido y tiene tan poco éxito entre nosotros. Tras la fracasada biblioteca Iris Murdoch en Lumen y algunos intentos descatalogadísimos de Alfaguara o Alianza, hay que agradecer a Impedimenta, un agradecimiento más, su empeño en dar otra oportunidad a esta autora con la publicación en los últimos años de tres de sus novelas. Posiblemente, su clásico estilo narrativo, tan alejado de las tendencias y los experimentalismos de sus contemporáneos, haya sido la causa de este injusto olvido. Por mi parte, haré proselitismo de ella en cuanta ocasión se me presente, como es el caso.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 9

NOVELA CORAL
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El libro y la hermandad (Iris Murdoch, 1987)

INTRODUCCION: Iris Murdoch, novelista irlandesa nacida en 1919 y fallecida en 1999, fue y es poco conocida en España. Sus novelas, a menudo complejas, incluyen múltiples personajes que sufren situaciones personales sutilmente tormentosas y difíciles. Leí entre ellas “El sueño de Bruno” y “El unicornio”, que me dejaron sensaciones positivas por encima de la media de lo que se suele leer habitualmente. Sin embargo al terminar de leer ahora “El libro y la hermandad” puedo afirmar que las sensaciones aquí son aún superiores hasta el punto de considerarla como una de esas novelas con las que, cada cierto tiempo, uno alcanza ese nivel superior que raya con la conmoción.

ESTRUCTURA DE LA NOVELA: Para reseñar este libro, hay que empezar explicando la estructura que adopta. Comienza la trama con la entrada en escena más o menos simultanea de los personajes de la novela, que son llamados a participar en el baile conmemorativo que se celebra en un “college” de Oxford, en el verano de un año que no se cita, pero que debe corresponder con la época en que se escribió la novela (1987). Todos ellos son antiguos alumnos que han forjado su relación de amistad en su época universitaria, y que no solo la mantienen, sino que la han reforzado mediante el lazo de “hermandad” que se cita en el título. Cuando se empieza el libro, y no sin cierta dificultad, se ha de ir reconociendo la identidad de los personajes y los lazos parciales que los van ligando entre sí, continuando de esa forma hasta llegar a los últimos coletazos del baile (unos días después), que marcan el final de esa primera parte que toma el título de la estación en que transcurre: el verano. Se retoma la acción en el invierno, que es el título de la segunda parte, y lo mismo ocurre con la primavera, parte tercera y definitiva con la que se alcanza el final. En el tránsito entre la primera y la segunda parte, el lector conoce ya a los personajes y empieza a contextualizarlos dentro del círculo en el que se mueven; en ese momento aún no ocurren muchas cosas, por lo que podría parecer que no haya casi trama —en el sentido de enredo—, aunque sí se aprecie trama, y mucha, en el sentido de urdimbre, algo que el lector habrá observado ya perfectamente a estas alturas.

PERFIL DE LOS PERSONAJES: Las situaciones personales de los miembros del grupo son diversas, hay de todo pero en general actúan como los auténticos universitarios que fueron, sus actividades son difusas, alguno está en paro, otros tienen ocupaciones precarias, y otros se comportan como niños ricos y snobs que no necesiten preocuparse demasiado por sus labores profesionales, pero que, eso sí, están duchos en materias tales como literatura, ideario político, o conocimientos artísticos, tanto es así que se reúnen periódicamente para contrastar y poner al día sus aptitudes literarias, pasando unos días en la finca de campo de uno de ellos; son en definitiva y recuperando aquella vieja expresión de mediados del siglo XX, una especie de “pollos pera” (hoy pijos) a lo británico. Pero dicho esto, alguno se preguntará: ¿y dónde aparece la excepcionalidad de esta novela, en qué consiste su atractivo?

RECURSOS DE LA AUTORA: El hechizo que provoca —en mí lo hizo—, se basa en dos elementos, ambos fundamentales y necesarios. En primer lugar debemos valorar la creación de un auténtico TEJIDO DE SENTIMIENTOS, que se instala en las mentes de los personajes y que los liga mediante una multiplicidad creciente de relaciones, en las que se entremezclan el amor, la amistad, el interés personal, el hastío, la envidia, el orgullo, el sometimiento…; como son vínculos no estáticos, dicho TEJIDO es elástico y se modifica y evoluciona constantemente hasta extremos que dejan estupefacto a un lector que jamás creyó que aquello llegara tan lejos. Pero seguramente la extensión de esos sentimientos, no bastaría para entretener ni emocionar si la autora no hiciese, además, una exhibición constante de RECURSOS EXPRESIVOS —su otro gran atributo—, responsables de la intensa exteriorización de lo más íntimo, pero también de la fácil divulgación de lo externo, de mover convenientemente a los personajes en su círculo para que, además de vaciar su interior, puedan relacionarse con soltura. Esta facultad de exteriorizar lo íntimo para poder transmitirlo luego a los demás, es en definitiva un atributo emocional, más que gramatical, que debe mucho más al contenido de lo que se dice, que a la apariencia de su estilo literario, el cual por lo demás, aunque diáfano, no es especialmente significativo.

CLAVES DEL ARGUMENTO: Es sumamente probable que, cuando el lector entre en este grupo de entre doce y quince personas interrelacionadas, sea inmediatamente succionado por un torbellino de tensión creciente en el que todos parecen competir por sacar sus demonios al exterior. Puestos a extraer una conclusión o un balance de lo que se dirime en este grupo, podría pensarse que es el amor lo que impulsa los movimientos y las reflexiones de cada personaje, pero yo no lo veo así; yo creo que lo que aquí vemos se debe a que la autora inyecta un virus en el alma de este grupo, pero no un virus bueno, portador de amor o afecto, sino uno malo, inquieto y perturbador que, pese a su apariencia afectuosa, propaga desasosiego y negatividad, con la subsiguiente extensión al conjunto del colectivo. Aparecen entonces diferentes actitudes: algunos vacían su interior hacia el interlocutor en un ejercicio de desahogo personal; otros en forma de ofrecimiento desinteresado de afecto; a veces buscan receptividad en la propuesta y la encuentran, o no; mientras que en otros casos hay un deseo de comunión con el oponente que no siempre es reciproco; otras veces interviene el rencor, dándole a la comunicación un carácter envenenado; y a menudo surge la sorpresa, al tomar el asunto una dirección contraria a la que esperábamos. Pero, como norma general, es común en todos los casos un tono negativo que suele conducir a la insatisfacción, cómo si el hallazgo de la auténtica felicidad fuese muy improbable y todo quedase reducido a simples etapas de un camino (sus vidas) satisfecho solo a medias con la consecución de pequeñas parcelas de deseo. Se tiene la sensación de que los antes citados RECURSOS EXPRESIVOS de la autora, nos están permitiendo visualizar e interesarnos por unos vínculos personales que, a modo de red conductora del citado sentimiento autodestructivo, lo transmiten indiscriminadamente, sin distinguir entre sexos, capacidad económica, calidad humana, ideología…, ni siquiera edad; y ello con todos los personajes enredados en ese TEJIDO DE SENTIMIENTOS, generándose así, no solo un interés indeclinable sino, incluso, en momentos puntuales, unos grados de tensión o intriga más propios de novela de suspense o a veces, incluso, de terror.

JUSTIFICACIÓN DEL TÍTULO Y BALANCE FINAL; En todo caso, el título de la novela contiene dos elementos: uno es “la hermandad“ y el otro es “el libro”; consiste éste último en el compromiso formal que asume uno de los personajes, de redactar un libro que represente al grupo (la hermandad); es un asunto que, aun teniendo un papel central en la narración, no deja de ser una mera excusa introducida como soporte de la trama, sin que se le deba atribuir la importancia que pudiera aparentar inicialmente. Habrá quien leyendo la novela, opine que ambos, el libro y la hermandad, conforman un tema central un tanto inconsistente, traído de los pelos y con mucho sinsentido. Y esto, aun siendo cierto, en parte, no merma ni un ápice la calidad de “El libro y la hermandad”, ni su capacidad para interesar y emocionar, porque, como decía, tiene carácter de pretexto vertebrador de la historia, y lo importante es lo que resulta de ello, por lo que ese leitmotiv que da título a la novela tiene una importancia absolutamente menor.

Escrito por sedacala hace 2 meses, Su votacion: 9