En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

LA REGENTA

Tendencia a subir 8.07
41 votos
Portada de LA REGENTA

Comprar LA REGENTA en Amazon.es

Autor: LEOPOLDO ALAS CLARÍN
ISBN/ASIN: 9788484326977
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: CRÍTICA
Fecha de edición: 2005

Sinopsis:
En La Regenta, sin lugar a dudas una de las cumbres de la novela realista, Leopoldo Alas alcanzó a cifrar de forma inolvidable uno de los motivos que obsesionaron a la narrativa europea de la segunda mitad del siglo XIX: el retrato de un carácter femenino que se debate entre el deseo y su represión , y que sufre, en este caso, las asechanzas de un galán y de un cura. La peripecia tiene como trasfondo la magistraly despiadada descripción del entorno de Ana Ozores, esa Vetusta murmuradora y provinciana en la que toda vanidad e hipocresía tiene su asiento. José Luis Gómez, tras un minucioso análisis de las primeras ediciones de la obra, sigue el texto de la tercera (1901), revisada por Clarín y publicada poco antes de su muerte. El prólogo de S. Beser al autor y su novela en el contexto de la creación europea y española de la época, mientras que la anotación facilita la comprensión de cada uno de los pormenores del rico universo clariniano.

 
Ordenar reseñas:

OVIEDO 1885
4.67 con 9 votos

Madrid, 1.875 titulé hace poco la reseña que escribí sobre la novela de Benito Pérez Galdós FORTUNATA Y JACINTA, y este mismo título serviría también para indicar la ciudad y el año en que Leopoldo Alas Minguez, pasó a ser por primera vez Leopoldo Alas, CLARÍN, firmando con ese apodo, su primer artículo en un periódico madrileño llamado El Solfeo. Pero Oviedo tiene una importancia capital en su obra y 1.885 fue el año en que se publicó LA REGENTA, de ahí el título de la reseña como remedo también de la anterior sobre el libro de Galdós.

LA REGENTA y FORTUNATA Y JACINTA, se consideran las novelas españolas más importantes de su época. Solo se llevan diez años, ambas son obras del realismo predominante y quizás haya otros nexos, pero a mi me parece que predominan las diferencias. La obra de Galdós reflejaba el mundo urbano de Madrid, ciudad grande; la de Clarín refleja el mundo de Vetusta, ciudad pequeña incluso con salidas fuera de ella al escenario rural circundante. Otra diferencia es el temperamento de sus autores, Galdós entrañable y simpático, Clarín adusto y severo (para sus alumnos era “un hueso”). El buen humor y la ironía que impregna todo lo que escribe Galdós, en Clarín es, a lo sumo, un humor ácido que surge solo de vez en cuando.

Pero, centrémonos en LA REGENTA; la trama principal de la novela, plantea el problema que sufre Ana Ozores cuando ha de enfrentarse a las asechanzas de dos hombres que se enamoran de ella. Ana es joven, guapa y educada, refinada incluso, y tras ciertos conflictos entre morales y religiosos muy propios de la sociedad pacata de la época, toma la decisión de concertar un buen matrimonio con el ya jubilado regente de la Audiencia de Vetusta, Víctor Quintanar, hombre cariñoso y cordial pero del que, obviamente, no está enamorada. La diferencia de edad entre ambos y la actitud de él para con ella haciéndola poco caso y tratándola más como padre que como esposo, da lugar a que se plantee el conflicto central de la novela. Y aquí intervienen los dos papeles masculinos importantes. Uno de ellos, Álvaro Messía, seductor recalcitrante y habitual de los salones y el casino, tipo gallardo y gentil, aunque carente ya del lustre de sus mejores años. El otro, Fermín de Pas, el Magistral de la Catedral, hombre más joven, de escasa vocación y enorme afán por medrar en la jerarquía de la Iglesia, afán atizado aviesamente por su madre, viuda de armas tomar con la que vive. Este es el triangulo que se dibuja en LA REGENTA. Alrededor de él se tejen una serie de historias de personajes secundarios, en las que se cuenta con rigor propio del naturalismo (Clarín admiraba a Zola) las penurias o el tedio en que vivía una buena parte de la sociedad. La novela está escrita con una prosa muy propia de la época, de fácil seguimiento y comprensión, que a mí, no me ha suscitado una especial admiración, aunque tampoco el más mínimo inconveniente.

¿Cuál es, se preguntará el lector que no esté en antecedentes, el conflicto que se plantea en la novela? ¿Cómo se enfoca la pugna entre esos tres personajes? Hay desde luego un caldo de cultivo principal que aviva esa conflagración, que es el formado por los estratos descollantes de la sociedad local, véase aristócratas de medio pelo que no se han ido a Madrid, acomodados propietarios, funcionarios de mayor o menor categoría, profesionales y algún otro estamento que sin duda me dejo. Uno de los objetivos de fondo de Clarín al escribir la novela, era reprobar la actitud de ese colectivo social que podríamos llamar: la buena sociedad de Vetusta, afeándole sus defectos y sus lacras y exhibiéndolos públicamente. Esa sociedad ovetense que no se lo perdonó fácilmente, le tachaba de hombrecillo raro, republicano y ateo, a pesar de que una de las obsesiones de Clarín fue siempre su hondo sentimiento religioso. Entre las lacras que crítica, la principal es la querencia por el chisme, las habladurías y los infundios, como forma entretenida de pasar las tardes del casino, creándose así un ambiente social opresor y asfixiante que cauterizaba los sentimientos y desembocaba con frecuencia en la desidia y el aburrimiento. Una mujer joven y guapa con un marido entretenido en otras cosas y dejada caer en esa sociedad lastrada por el aburrimiento, lógicamente se aburría. El papel de Álvaro Messía en esa situación es obvio, Anita era carne de cañón y el papel del seductor, de tan predecible se resiente. Aquí el autentico desafío es con el cura. Un prelado ambicioso, aparentemente devoto, pero de poca vocación auténtica, ¿a quien recuerda este hombre? ¿Pensaría alguna vez Clarín en la obra de Sthendal? Evidentemente sí, Clarín tenía un conocimiento grande de los movimientos literarios europeos y tenía que conocer el personaje de Julién Sorel. Pasemos a ella, ¿podrían, sus conflictos existenciales, su situación matrimonial, y su aburrimiento, ser una evocación de Emma Bovary? O tal vez, de aquella tocaya, universalmente conocida como esposa de Alekséi Aleksándrovich Karenin. No, el caso de esta última no parece tener casi puntos en común con la regenta, creo yo, pero con la Bovary, ya no estoy tan seguro. En cualquier caso los cito por ser de recurrente debate estas comparaciones. Sea como fuere, el lío de ella con Messía tiene cierta lógica, es previsible y su mayor interés es que funciona como contrapunto del otro amorío; pero la auténtica pugna trascendente de la novela es la que sostiene con Fermín de Pas, el sacerdote. La sutil manera en que Clarín va conduciendo la transmutación de este hombre, de virtuoso representante de la Iglesia en desquiciado varón de mente atormentada y dividida entre la pasión amorosa y la ambición por el poder eclesiástico, es el leitmotiv fundamental del libro. Al fondo del escenario está su crónica social de intencionalidad mucho más mordaz o reprobatoria que costumbrista (otra diferencia con el realismo galdosiano) y creo yo, adscrita al naturalismo

Todo esto, forma parte de un simple análisis de la significación de LA REGENTA, pero falta por decir como acoge el lector un texto largo y denso como éste. Mí apreciación es la de haber leído una especie de paradigma de novela clásica, con una trama compleja y atrayente de fondo y con una historia central que hace recapacitar y pensar lo que era aquella España de fin del siglo XIX, sabiendo que el problema planteado es intenso y difícil de resolver, pero que ya no va a plantearse más en el futuro, es un conflicto propio de su tiempo y de la estrecha moral de aquel pasado. En ese sentido, lo más interesante para mí, es ese paisaje de fondo de carácter naturalista que recrea los problemas de aquellas gentes, narradas con el sentido común y la seriedad de persona integra que siempre tuvo su autor, en el que resalta también la fotografía del decorado que compone la ciudad pequeña, húmeda, que mezcla el color pardo del gótico con el verde de los prados, quizá demasiado tranquila para algunos, pero deliciosa al fin y al cabo, llamada… Vetusta.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

DEMASIADO
1 con 1 votos

Interesante, un clásico no digo que no, pero tengo que admitir que fue demasiado para mí. El error de las lecturas obligadas.

Escrito por Laurita hace mas de un año, Su votacion: 4