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JUEGO Y DISTRACCIÓN

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Autor: JAMES SALTER
Título original: A Sport and a Pastime
ISBN/ASIN: 978-84-9838-731
Género: Narrativa
Editorial: SALAMANDRA
Fecha de publicación: 1967
Fecha de edición: 2013
Número de páginas: 224

Sinopsis:
La publicación de Juego y distracción, que toma prestado su título de un versículo del Corán sobre la esencia de la vida terrenal, supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Salter y dio la medida de su ambición y maestría literarias. En la actualidad se la considera una lectura insoslayable que, sin duda, contribuirá a engrosar la legión de admiradores que James Salter sigue cosechando en todo el mundo.

La novela narra la historia de amor entre Phillip Dean, un universitario norteamericano que deambula por Europa, y Anne-Marie Costallat, una joven francesa de provincias. Evocada en todo su esplendor erótico, la fogosa aventura de los dos amantes nos llega a través de la imaginación de un solitario compatriota de Phillip. El desdén hacia las convenciones sociales, la entrega incondicional al placer y la indolencia aparecen aquí delineados con un lenguaje de elocuente concisión, que convierte el cúmulo de impresiones y la mirada reflexiva y sensible del narrador en un himno a la sensualidad.

 
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UN RELATO TRISTE Y DECADENTE
5 con 4 votos

Leí este libro meciéndome con su música sincopada y jugando con el pie a marcar el ritmo. Distraerme no me distraía, no quería perderme el gusto, ya dulce ya amargo, de ni una sola palabra.

Si nos atenemos a la literalidad de lo leído, la historia es trivial y simple: un joven rico americano juega y se distrae en Francia antes de empezar su vida adulta, antes de regresar al sitio del que proviene. Allí, en Francia, conoce a una linda muchacha con la que compartirá una gran historia de deseo y pasión que…

Pero claro, esto no es todo. Está el lenguaje, la forma, el gran poder evocador de la prosa de este hombre y que motiva eso que no está al alcance de muchos, que el libro sea uno distinto para cada lector, que el libro sea lo suficientemente sugestivo como para que se amolde a eso que nos conmueve a cada uno. En ese sentido, lo que intentó el escritor me interesa solo relativamente; lo que consiguió para otros me produce curiosidad; pero lo que de verdad importa es el libro que yo he leído. Y en el libro que yo he leído este párrafo tiene especial relevancia:

(No creo destripar nada: este párrafo aparece a poco de empezar la novela)
"NADA DE ESTO ES CIERTO... Me limito a anotar detalles que absorbí, fragmentos capaces de desgarrarme el cuerpo. Es la historia de cosas que nunca existieron, aunque el menor asomo de duda al respecto, la mínima posibilidad, lo sume todo en tinieblas. Solo quiero que quien lea esto esté tan resignado como yo."

Nada es real, pero todo es verdad, la verdad del narrador, esa que él construye quizás a través de detalles sobre personas en verdad reales; y la verdad, por último, que nosotros construimos a partir de este relato confuso, disipado en esa niebla que rodea toda la novela y que nos obliga a poner, en igual medida que el narrador, fragmentos que son capaces de desgarrarnos a nosotros mismos.

La sensación que todo el relato me transmitía era como la de estar atravesando la sala principal donde acaba de celebrarse una gran fiesta, al final de la noche, ya con todas las luces encendidas, mirando a las parejas antiguas o recién estrenadas besuqueándose por los rincones e idealizadas en un “y comieron perdices” eterno, con todas las esperanzas del inicio de la noche rotas, dando puntapiés a los confetis e indignado por el destino que me hurta lo que me merezco tanto o más que todos esos.

Y durante toda la novela, el narrador va dando puntapiés al confeti y, si no era suficientemente patética su situación en esa noche a punto de acabar, se mortifica imaginando la vida de aquellos que disfrutan en los rincones o quizás volviendo a encarnar por enésima vez en unos desconocidos (o no) una historia que parece haber marcado su vida.

“... oigo el sonido de los tacones de Annie, lentos, finos, cuando finalmente se encamina hacia la puerta, se detiene... El llega después de pagar la cuenta y salen juntos a la calle. Solo en mi mesa (siempre imagino esta escena), observo cómo se vuelven, cruzan la sala abovedada y por fin se marchan. Amantes desconocidos. Se pierden en la ciudad. No volveré a verlos nunca. Estoy aquí sentado. Tardarán por lo menos diez minutos en servirme el postre. El camarero tendrá que venir, retirar el plato principal, tomar nota de mi pedido. “

Y qué bien sabe transmitir todo esto Salter... sobretodo si tenemos en cuenta que yo nunca he sentido algo ni parecido: siempre era de los que estaba por los rincones (por cierto, si eres aquella hermosísima chiquilla, con aquel mohín tan encantador, por favor, ponte en contacto conmigo a la mayor brevedad).

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 8