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LOS JEFES - LOS CACHORROS

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Portada de LOS JEFES - LOS CACHORROS

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Autor: MARIO VARGAS LLOSA
ISBN/ASIN: 9788466320832
Género: Literatura contemporánea
Editorial: PUNTO DE LECTURA
Fecha de edición: 2008
Número de páginas: 151

Sinopsis:
Los jefes (1959) fue el primer libro publicado por Mario Vargas Llosa, con el cual obtuvo su primer reconocimiento literario, el Premio Leopoldo Alas. Según su autor, "Los jefes es un pequeño microcosmos de lo que vendría a ser el resto de mis libros". Cuando escribió Los cachorros (1967), el escritor peruano era ya dueño de todas sus facultades narrativas, por lo que es un muestrario de la diversidad de las pasiones personales y colectivas. Tal y como afirma Vargas Llosa, "de todas las obras que he escrito es la que ha tenido interpretaciones más diversas". A través de los adolescentes protagonistas de las dos obras, Vargas Llosa reflexiona sobre la tiranía y la violencia que marcan una sociedad y frustran las expectativas de sus habitantes.

 
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DENTELLADAS DE BARRIO
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Se me ocurren varios puntos en común entre “Los jefes” y “Los cachorros”: las comunidades cerradas de hombres, Lima, la fascinación por el mar y los bares, las excelentes atmósferas, la habilidad para narrar la violencia y el orgullo en estas comunidades, y más; pero “Los jefes” me parece un pobre apetito para el brutal bocado que le sigue.

Me gustó la atmosfera “machista” (?) y violenta de los cuentos, en un par de ocasiones enriquecidas con destellos de western. Disfrute especialmente con “El desafío” y con “Hermano menor”. Me agradaron también “Día de domingo”, muy similar, demasiado, a “El desafío”, y “El visitante”; pero no me gustaron tanto “Los jefes”, que aún tiene su aquel, ni “El abuelo”, aburridísimo. A la colección le pondría un 6’5.


Dice Vargas Llosa, en los nostálgicos reproches a sus primeros pasos como escritor (muy interesante el prólogo), que le gustaba Faulkner pero imitaba a Hemingway. Bien, “Los cachorros” tienen poco que envidiar al escritor de “El ruido y la furia”.
Ya había leído esta “novelilla” hace tiempo. Nos la prescribió el profesor de lengua allá en secundaría (ay, Jose Ángel, con tus ropas de pastor de cabras, qué bien lo hiciste) y recuerdo que ya me impresionó. No es para menos, acabo de releerlo y sigo impresionado. Es bestial, como una dentellada en las pelotas. De corbata se me han quedado con la historia de Pichulita Cuéllar, un muchacho que, herido en la infancia, no puede crecer (e)recto. Condenado por una muerte de efecto retardado, una herida que en lugar de curar se abre con los años, sufre cómo sus amigos continúan inevitablemente sus vidas, dejándole, inevitablemente, atrás.

Apenas han pasado 10 años desde “Los jefes” pero Vargas Llosa está en plena madurez, con un dominio total de sus técnicas narrativas. La estructura es formidable: un monólogo colectivo por el barrio en que las voces individuales se deslizan como gotas de rocío, con suavidad sonora y brillantez; una capacidad para sugerir e insinuar imprescindible para reflejar las relaciones estrechas de camaradería, donde los afectos se mueven profundamente y los destilamos entre cervezas, billares, mujeres, mentiras compartidas e implícitos (el episodio de las putas es sobrecogedor); un control total de la tensión, dejando al lector compadecerse por el sufrimiento inminente aun cuando los chavales lo desconocen o se engañan… Vargas Llosa ha logrado una obra maestra de 50 páginas. Jamás en tan pocas páginas había sentido tanta compasión por una criatura tan compleja. Mario logró todo lo que se propuso:

“Soñaba con un relato sobre esa curiosa herida que, a diferencia de las otras, el tiempo iría abriendo en vez de cerrar”, “le daba vueltas a una novela corta sobre un ‘barrio’: su personalidad, sus mitos, su liturgia”, “¿cómo conseguir que el narrador colectivo no borrara a las diversas bocas que hablaban por la suya? A fuerza de romper papeles, poco a poco fue perfilándose esa voz plural que se deshace en voces individuales y rehace de nuevo en una que expresa a todo el grupo”, “quería que ‘Los cachorros’ fuese una historia más cantada que contada y, por eso, cada sílaba está elegida tanto por razones musicales como narrativas”. Felicidades Mario, no fallaste ni una.

En cuanto a las interpretaciones, también las desvela Mario en el prólogo: “parábola sobre la impotencia de una clase social, castración del artista en el mundo subdesarrollado, paráfrasis de la afasia provocada en los jóvenes por la cultura de la tira cómica, metáfora de mi propia ineptitud como narrador”. Yo soy muy simple, y cada vez menos amigo de las grandes parábolas; para mí, la historia de Pichulita Cuellar es la de un triunfador en la infancia que, incapaz de sobreponerse a sus heridas, es incapaz de crecer con el resto; la historia de un muchacho convertido emasculado por no poder relacionarse ¿por miedo, incapacidad, ? con el sexo opuesto. Un chaval consciente de que se queda atrás, que emprende una huida errática y desesperada hacia delante por un camino que no existe para él; y aun así, sigue conectado, aunque cada vez menos, a la sociedad por la matriz de la camaradería.

La pregunta es, ¿hace falta que un perro desgarre la virilidad de un mordisco para ser un inadaptado Pichulita?, ¿la historia está planteada como una tragedia popular pero, tenía Pichulita Cuellar escapatoria?, ¿existía fuera de ese entorno: esa cultura “machista” (?), esos amigos, esa familia?

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 10