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JANE EYRE

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Portada de JANE EYRE

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Autor: CHARLOTTE BRONTË
Título original: Jane Eyre
ISBN/ASIN: 9788420666419
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: ALIANZA
Fecha de publicación: 1847
Fecha de edición: 2006
Número de páginas: 656

Sinopsis:
Singular desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, JANE EYRE logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall, para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor irá tejiendo su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio.

 
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LA CIMA DE LA SAGA BRONTE
5 con 10 votos

Por fin, llegó la esperada oportunidad de leer JANE EYRE. En su momento, pensé que habiendo leído CUMBRES BORRASCOSAS, había cumplido ya por algún tiempo con mi cuota de lectura de la familia Bronté, pero de eso hace ya mucho, y faltando Charlotte y JANE EYRE la cuenta seguía pendiente. Puede resultar raro mi absoluto desconocimiento de una historia tan sabida como ésta, pero tal era el caso; no tenía ni la más mínima noción; nunca había visto ni siquiera un trozo de sus múltiples versiones para el cine; la he leído ahora partiendo absolutamente de cero, y a mi juicio es una novela más serena, más reflexiva y en general más trascendente que la de su hermana. CUMBRES BORRASCOSAS es una novela muy personal que marca, con su estilo romántico y batallador, pero sobre todo con sus personajes desgarrados, el terreno en que se mueve.

Pero dejemos las comparaciones y pasemos a analizarla aisladamente. Leyendo esta novela captamos en seguida ciertas peculiaridades; en ellas está la clave del atractivo de Jane Eyre. Por ejemplo, la estética gótica; no es un elemento suyo propio, está en muchas otras novelas de esa y de otras épocas. Aquí, lo atinado del goticismo, es ver como contrasta lo cerebral y analítico de la mente de Jane, con el escenario enigmático de las tinieblas del desván; este contraste hace que la novela fluctúe constantemente entre lo racional y lo misterioso. También nos atrapa enseguida la relación amorosa de la novela; no es un amor que se apoye en lo romántico o lo melodramático; siendo un amor en grado superlativo, cabía la posibilidad de caer en lo exageradamente sensible. La autora, define los sentimientos de los dos, conjugando el amor en grado sumo, con la importancia que le confiere a la sensatez de la relación. Otro factor reseñable, es el individualismo de la protagonista; Jane sabe desde pequeña que está sola en el mundo, sabe que no tiene nada, y por tanto, poco tiene que perder; así que apoyándose en sus fuertes convicciones religiosas, se lanza a una batalla por la vida en la que, tras durísimas penalidades, las cosas le empiezan a salir bien; y todo ello, fruto de su esfuerzo, es el triunfo del individualismo. Pero, es que, además de estar sola, tiene que cargar con su condición femenina, en una época en la que el destino casi único de las mujeres era la casa. Ella no tiene casa, familia, ni nada, pero tiene voluntad y tenacidad y las pone al servicio de su objetivo, que es simplemente, vivir su vida con dignidad. En esa lucha, se comporta como persona, no como mujer; no advierte la debilidad de su condición femenina; simplemente lucha. Y su esfuerzo, le aproxima al éxito, obviamente, siendo mujer; ¡sorprendentemente! pese a ser mujer. El corolario evidente es, que una mujer puede conseguir los mismos logros que un hombre sí existe igualdad de condiciones; esta conclusión que cualquiera extraería de la novela, no figura expresamente en su texto; pero flota en la mente de cualquier lector, a pesar de no estar escrita. Resumiendo; estas claves que hacen la novela tan atractiva, son además la evidencia de su inclusión en el movimiento romántico y su época es también la de eclosión de dicha tendencia; hemos de convenir pues, en que Jane Eyre es una novela que pertenece al romanticismo.

Ahora bien, no es solamente una obra romántica, hay en ella valores que sobrepasan los esquemas del movimiento; es de esas obras no clasificables en una tendencia determinada, que se significan por si mismas. Vemos, por ejemplo, como su entramado argumental es tremendamente sólido; como sus personajes tienen entidad, desde el más insignificante, hasta la pareja protagonista; como la prosa utilizada cumple la doble función de herramienta narrativa de la historia y de medio de expresión de las inquietudes más recónditas de su mente; podemos decir, que desnuda su alma sin ningún pudor, ante los ojos del lector que puede disfrutar de un paseo por sus sentimientos y valorar el lado psicológico del personaje de la protagonista-autora. En resumen, trama, personajes, exaltación de su psicología, y manifestación abierta de su pensamiento interior; son elementos que le confieren a la novela una importancia, que trasciende del romanticismo. No creo que sea una incursión en toda regla en el realismo, pero algunas características suyas, como la importancia de su lado psicológico, insinúan su próximo advenimiento.

JANE EYRE es además, la gran novela de esa época en que las mujeres empezaban a significarse en el mundo de la literatura y en el de la vida social en general. Ese es un campo, el de la promoción de la mujer, ---en la primera mitad del siglo XIX no cabe hablar aún de emancipación--- en el que también Charlotte Bronté irrumpió con su novela; quedaba muy claro que se consideraba con capacidad y con derecho propio como mujer a hacer cosas en el mundo, cosas que entonces les estaban vedadas a las mujeres. Sin embargo, en este terreno su irrupción me parece limitada. Cierto que algunas actitudes de su personaje en la novela, molestaron en aquella sociedad, no era fácil encontrar por aquel entonces, planteamientos tan explícitos, pero en general, desde la perspectiva actual, su exigencia de derechos femeninos es limitada y se refiere sólo a su persona; es excesivamente individualista; algo así como sí exigiese cosas para ella, en virtud de su excepcionalidad. Rochester, y el predicador, confirman su valía fuera de lo normal, pero sólo la consideran digna de ciertos logros, en función de esa excepcionalidad. Digo todo esto, porque Georges Eliot, contemporánea suya, tenía esos mismos rasgos, acentuados por un talante reivindicativo menos pasivo, no solo en lo feminista, sino también en lo social, campo éste, en el que la Bronté no se manifiesta, al menos en esta novela. También, desde ese punto de vista, podría considerarse un poco frustrante esa sumisión suya en el campo de las conveniencias sociales, en el que se pliega totalmente, considerando inviable una convivencia como la que se le propone. No llegan a tanto sus ideas innovadoras. Ella lucha contra las injusticias y la adversidad, pero admite como buenas las normas sociales y religiosas que la obligan a ella misma, en conciencia, a desestimar la felicidad que se le propone, sí ha de ir ligada a una inmoralidad. Esto, puede fastidiar al lector actual, que preferiría una protagonista más atrevida, pero lo cierto, es que ella actúa como la moral de la época exige y por tanto es una actitud muy coherente con la integridad moral del personaje. En general, está claro que ella, la Austen y sus hermanas, aspiraban a luchar contra la injusticia y la hipocresía vigentes en su época, inspirando un leve toque de progreso. Pero, sin salirse del tiesto; se trataba más de una regeneración moral, que una refundación de normas sociales. Las dos novelas de Eliot que he leído dejaban claramente entrever unas aspiraciones mucho más ambiciosas.

También, desde el punto de vista literario, hay un cierto paralelismo entre ambas escritoras, al incidir las dos, de manera incipiente, en ese campo de expresión que es el monologo interior; despertando de esta forma el interés de alguien tan significativo, en ese sentido, como lo fue Virginia Wolf.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

LA MUJER PERFECTA
4 con 1 votos

Esta reseña contiene spoiler
Leer

Escrito por marbe hace mas de un año, Su votacion: 8

JANE EYRE
3.75 con 4 votos

La novela inglesa clásica se caracteriza por esa sobriedad en sus tramas, esa ligera neblina que envuelve a la historia y sus personajes. A mí me encanta.
Esta en concreto, fue publicada bajo seudónimo en 1847 y ya entonces, consiguió alcanzar gran popularidad, siendo hoy en día un pedazo de clásico.

La historia nos la cuenta la propia Jane, que vive bajo tutela de su tía, la señora Reed, quien debería criarla como si fuese su hija en Gateshead Hall… sin embargo la niña crece siendo humillada y maltratada.
Más tarde es enviada a Lowood, una institución financiada para criar y educar a huérfanas, donde crecen pasando hambre y frío, conviertiéndose en mujeres “pacientes y abnegadas”, como allí se dicta. Jane pasa en Lowood gran parte de su vida, siendo alumna durante seis años y quedándose dos más, esta vez como maestra. Cuando no queda en el lugar nada que la ate al mismo, Jane decide anunciarse como institutriz privada, yendo a parar a Thornfield, donde se hará cargo de la educación de la pequeña Adèle.
La mansión, que pertenece al rancio y directo señor Rochester –al que conoce de manera atropellada, pero no menos curiosa-, es enorme y lóbrega e incluso llega a ocurrir algún suceso sobrenatural que Jane vive en primera persona.
Pese a que él es tosco con ella, ¡sorpresa!, se enamora de su patrón… y aquí aparece la tercera en discordia, la señorita Blanche Ingram, una noble adinerada que se promete con Rochester.

Así, tenemos una historia de tintes clásicos, con un triángulo amoroso por medio y apariciones de fantasmas (junto con otros que no lo son tanto) realmente interesantes, dejándonos escenas que no tienen desperdicio alguno.

En medio del drama, aparece el cochero de Gateshead Hall para informar a Jane de la muerte de su primo y de paso comunicar que su tía quiere verla, pues se encuentra muy enferma.
Aún recordando lo mala que fue con ella en su niñez, la institutriz vuelve a sus orígenes, sólo hasta la muerte de la señora Reed, que sigue siendo igual de engreída. Sin embargo, le cuenta su drama familiar, que deja a la chica bastante sorprendida.

Pero he de decir que lo que comento hasta aquí, es sólo una tercera parte de la trama de la novela, que transcurre de manera pausada, sin ser densa, haciendo al lector sumergirse poco a poco en la historia y dejando que camine por cada uno de los parajes descritos.
Personajes carismáticos, cada uno a su manera, nos acompañan a lo largo de nuestro paseo por tierras nubladas y frías… sin embargo la protagonista me parece algo falta de carácter, pues todo el que tiene de niña, se queda escondido cuando se convierte en una mujer adulta (o quizá me esperaba otra cosa, tras recomendaciones y un listón bastante alto).

Cuenta con varias adaptaciones cinematográficas e incluso miniseries.
Para finalizar, no puedo más que recomendar este clásico con mayúsculas.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 8

OBSOLETO Y PEDANTE
1.67 con 6 votos

Me llevo mal con los clásicos…

De nuevo este libro me ha parecido una verdadera castaña y simplemente porque ha envejecido muy mal. Quizá en su momento las disquisiciones religiosillas que contiene y su protagonista femenina con más o menos agallas fuesen muy interesantes y rompedoras con la época. Pero a día de hoy, es infumable.

Además la protagonista más pedante no puede ser, (la descripción de su infancia y "sus pensamientos" durante ella son un claro ejemplo). Y la verdad es que me importan un bledo todas sus angustias anglicanas y moralinas asociadas. Además el libro es chovinista a más no poder (dos ejemplos: los campesinos ingleses son los más educados en comparación con el resto, y una buena educación inglesa corrige los defectos franceses de nacimiento de la "ahijada" de Jane…).

Eso sí, la prosa es exquisita. (Leído en inglés).

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 3