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IVANHOE

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Portada de IVANHOE

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Autor: WALTER SCOTT
ISBN/ASIN: 9789706437518
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: EDHASA
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Ivanhoe narra la enconada lucha de un hombre para restablecer su buen nombre y de paso el de la corona. La acción transcurre en una época convulsa, en tiempos de cruzadas, de encarnizadas luchas entre dos pueblos antaño hermanados, el sajón y el normando, y el príncipe Juan sin Tierra planea coronarse rey, aprovechando que Ricardo Corazón de León se halla luchando en las Cruzadas. Ricardo necesitará la ayuda de un caballero valeroso y ducho en el campo de batalla, y ese será Wilfred de Ivanhoe. Desheredado por su padre, desposeído de sus tierras y deshonrado, Ivanhoe tendrá ocasión de reparar las muchas injusticias de que ha sido víctima. Pero para ello deberá luchar a muerte en combate singular, escalar los muros de un castillo, caer herido, ser apresado, liberado por el vil Robin Hood..., y todo ello al tiempo que tiene que lidiar con dos mujeres que se disputan su amor, la judía Rebecca de York y la aristócrata lady Rowena. Todo un clásico de la literatura que ahora se ofrece con las ilustraciones fantásticas de Jordi Vila.

 
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LA NOVELA
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Leer a Walter Scott es como volver a la infancia, a aquella infancia tardía o primera adolescencia, llámese como se quiera, en que las capacidades lectoras disponibles, permitían ya afrontar retos de este calibre.
Mientras tanto, nos asomábamos al mundo de las aventuras a través de un cine que, sin duda, adelantaba a los libros en esa carrera por conquistar adeptos. Eran tiempos aquellos, en que la espada, el escudo y la flecha, eran, tan fascinantes o más que el Colt, el Winchester, o el tomahawk. Tiempos, en que se disfrutaban las excursiones domingueras a que nos llevaban nuestros padres, corriendo a las órdenes de Errol Flynn o Robert Taylor, a través de unos bosques que imaginábamos de Sherwood, aunque fueran de las sierras carpetovetónicas.
No había leído IVANHOE, aunque parezca mentira viniendo de alguien que disfrutó de chico con las novelas de aventuras, pero sí leí otras muchas cosas que me lo recuerdan, y de todas ellas hace mucho tiempo, demasiado quizá. Desde que leí EUGENIE GRANDET, hace ya un par de años años, tenía ganas de volver sobre algo que me remitiese a otros tiempos y que me emocionase tan profundamente.
Debo reconocer ante todo, que la calidad literaria de IVANHOE no es la causa de mi conmovido ánimo, aún pareciéndome excelente. La causa es de índole afectiva o anímica; son muchos los elementos que me hacen disfrutar con su lectura, y casi todos ellos se basan en antecedentes de tipo personal. Los más objetivos, pueden hacer referencia a su estilo, que es indudablemente romántico; aquí, no hay duda, la expresión es vehemente; los detalles abundantes, como su indumentaria colorista, o como el terreno boscoso que pisan; el lenguaje es claro, sublime, y vigoroso cuando se precisa; no falta en el texto información sobre aquella Historia inglesa, sin que abrume, pero sin que se eche en falta.
Otros elementos se refieren a la época que trata, que no es, sino la Inglaterra medieval; quedó atrás ya Hastings, y la entronización normanda. Es aquella época, en que la Historia se abre al conocimiento tras los oscuros siglos de una sola cifra en que los pequeños reinos y las leyendas artúricas, se funden como en una nebulosa.
En un ambiente de tensión entre normandos y sajones, se desarrollan las reyertas intestinas con la siempre presente referencia a las Cruzadas y a la cuestión sucesoria, y todo, dentro de una sociedad de un medievalismo primitivo, en el que a todo lo anterior se añade el escaso valor de la vida, la pobreza generalizada, la inseguridad de los caminos, y un desarrollo urbano que todavía no ha empezado a despuntar.
Esto suponía para los ciudadanos del Imperio Británico en 1819, el mejor paradigma posible para satisfacer los anhelos de construcción de un pasado histórico glorioso. Era un pasado propicio para ser mitificado por el imperialismo británico, por su atractiva y pintoresca ambientación y por que dibujaba el origen racial de Albión; no olvidemos, que los sajones procedían de Germania, que los normandos eran una suma de daneses y francos y, retrocediendo más aún en el tiempo, que hubo anglos (también germanos), y celtas. Este pasado ario, constituía un buen punto de apoyo para enlazar las antiguas glorias medievales, con la progresiva influencia británica en el mundo contemporáneo de Walter Scout, restando así importancia, de paso, a los convulsos siglos que vieron las guerras de religión, los procesos revolucionarios de la época de Cromwell, y la experiencia republicana.
Es en ese contexto de sublimación histórica medievalista, que el romanticismo imperante propiciaba, cuando salió a la luz esta novela. Su autor, en contra de lo que podría deducirse de lo dicho, no era inglés, sino escocés, y antes de contar estas historias de anglos y normandos, había escrito exclusivamente sobre su Escocia natal. Lo cierto es, que sus historias, medievales o no, tuvieron un insospechado éxito comercial, hasta el punto de que se le considera el creador de la novela histórica, extendiéndose su reputación, no sólo por las islas sino también por el continente y el mundo de influencia anglosajona. Fue el auténtico creador de “best sellers” de su época; hablar de Walter Scott, era hablar de la máxima expansión de la novela por el mundo.
Como todo en la vida, tuvo su auge y su decadencia; la suya vino con el advenimiento y consolidación del realismo, que al imponerse, arrasó su obra dejando impresa en la memoria colectiva de los lectores una imagen de cosa anticuada o pasada de moda. Supongo que esa imagen negativa, se habrá suavizado en alguna medida, pero de eso no estoy muy seguro. Yo, por mi parte, lo que puedo afirmar es que, para mí, leer IVANHOE ha sido una experiencia inolvidable.
Debo reconocer sin embargo, que las exageraciones con una cierta dosis de ingenuidad, que poblaban las novelas históricas del romanticismo, están aquí también presentes. En si mismas no me parecen mal; sólo diré, que creo que deberían tener una cierta justificación histórica. Las que hay en esta novela, me parecen totalmente pertinentes y justificadas. Obviamente, la época medieval que se retrata en la novela, no era tal como aquí aparece. El mismo cine nos ha mostrado claramente, como aquellos tipos románticamente vestidos, de las películas de los años cuarenta o cincuenta, no se correspondían con la realidad medieval y eran, en años muy posteriores, sustituidos por otros, quizá más genuinos, aunque vestidos como auténticos haraganes, y este ejemplo que pongo de la indumentaria, se podría extender a casi todo lo demás.
Yo particularmente no tengo duda; todos los excesos argumentales o estéticos que Walter Scott, o Richard Thorpe, o Michael Curtiz, llevados por su entusiasmo romántico y medievalista, pusieron sobre el tapete en esta historia, en mi opinión, están muy bien puestos; podría decirse que estas cosas, si no ocurrieron así, bien podrían haberlo hecho, y se asumen con fe ciega y sin distorsión aparente (aunque objetivamente sepamos que alguna existe).
Llama la atención en este sentido, el tratamiento que se hace a lo largo de todo el libro sobre la caballería andante; los lectores españoles, conocedores del Quijote, enseguida detectan la endeble base histórica, en que se apoya la idea de un rey que adopta el rol de impenitente caballero andante.
Pero lo cierto es, que el que lee el libro no está leyendo Historia de Inglaterra sino una novela. No sé si a los historiadores les puedan molestar estas distorsiones, supongo que sí; pero como lector de novelas el resultado es formidable, la historia es tremendamente entretenida y está escrita con un lenguaje de una extraordinaria fuerza.
Los personajes, adoptan en algunos momentos, un discurso soberbio y trascendente perfectamente imbricado en el tono medieval de exaltación del honor y la religión (léase la agonía de Front de Boeuf con la bruja), mientras que en otros, se percibe un intento por demostrar que ahí estaban ya, los sustratos de una aún lejanísima democracia; me refiero sobre todo a esos amagos de igualitarismo surgido en las asambleas forestales que se gastan Locksley, el fraile y el Caballero Negro, con las gentes del pueblo llano.
Conviene mencionar que este Locksley que aquí aparece es el legendario Robin Hood, que con sus compinches de Sherwood también participaba ya de ese romántico deseo de repartición justa de la riqueza, quitando al rico, para darle al pobre.
En 1.819, en el Reino Unido y en Europa en general, esos destellos igualitarios, muy propios también del Romanticismo, venían a ser un motivo más de disfrute y de emoción, para aquellos entusiastas lectores del siglo XIX.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9