En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

LA HORA DE LA ESTRELLA

Tendencia a subir 8.2
5 votos
Portada de LA HORA DE LA ESTRELLA

Comprar LA HORA DE LA ESTRELLA en Amazon.es

Autor: CLARICE LISPECTOR
ISBN/ASIN: 9788478445103
Género: Narrativa
Editorial: SIRUELA
Fecha de edición: 2006

Sinopsis:
Esta es la historia de una inocencia herida, de una miseria anónima, una breve e intensa visión del absurdo que supone una existencia anodina, una rutina vacía tanto de pensamientos como de afectos, como la de la insignificante y escuálida joven del Noreste permanentemente anonadada, una muchacha que no sabía que ella era lo que era y que por ello no se sentía infeliz. En las páginas de La hora de la estrella aparece con toda su fuerza el personalísimo estilo de Clarice Lispector: su peculiar forma de transformar las palabras en imágenes vigorosas y puras se une aquí a una compleja estructura formal.

 
Ordenar reseñas:

NO SABÍA MÁS QUE LLOVER
5 con 3 votos

Como me ha gustado este relato sobre esta Amelie nordestina sin encanto alguno llamada Macabea. ¿Ninguno? Ninguno; bueno, digamos que uno raro. ¿Será sencilla… limpia, al menos? Ni eso:

“¿Debo decir que ella se volvía loca por los soldados? Así era. Cuando veía a uno, pensaba con un estremecimiento de placer: ¿será él quien me mate?”

“Toda ella era un poco sucia, porque raro era que se lavase.”

Y es que "Hay los que tienen. Y hay los que no tienen. Es muy simple: la muchacha no tenía."

Una historia melodramática-romántica-paródica, acerca de una víctima de todos, de alguien que…

“Se defendía de la muerte viviendo menos, gastando poco de su vida para que no se le acabara. Esa economía le daba alguna seguridad, porque el que cae al suelo, de allí no pasa.”

“tan insignificante como una idiota. Sólo que no lo era.”

…a la que el narrador, tercer protagonista de la novela y obligado a escribir la historia, quiere satisfacer con “el derecho al grito” (uno de los trece títulos que tiene la novela, incluido el de La hora de la estrella) que la propia antiheroína se queda muy lejos de ejercer. Y este dejar constancia de una de esas personas que nunca dejan constancia y de las que nunca nadie se preocupa de dejar constancia está escrito con un particularísimo estilo que hace grande a esta novela.

“capté el espíritu de la lengua y así, a veces, la forma forja un contenido.”

Este narrador que escribe porque “no tengo nada que hacer en el mundo” y “ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.” consigue que me deleite, e incluso que me emocione, ante párrafos que no entiendo (aunque permanece en mí la pequeñita sospecha de que quizás sí los entiendo, prefiero la emoción sentida y el poder decir con el narrador aquello de que “Lo definible ya me cansa. Prefiero la verdad que hay en el presagio.”). Un narrador que envidia el vacío que representa Macabea porque ““El vacío tiene el valor de lo pleno y se asemeja a ello.” y que, sin embargo, se incomoda y hasta se enfurece ante la falta de reacción de ella, “dulce y obediente”, que quizás le recuerde a sí mismo.

Y qué decir de esa Macabea, con ese nombre que parece de “enfermedad de la piel”, esa Amelie que sabe por otros de la desdicha de su propia vida, “tan tonta que a veces sonríe a los demás en la calle”, maltratada, ridiculizada, invisible, sin voz, sin grito, mecanógrafa y virgen, ella “que debería haberse quedado en el sertão de Alagoas con su vestido de algodón y sin nada de mecanografía”… un maravilloso personaje que “no sabe más que llover”, como un día le suelta a bocajarro en uno de esos diálogos crueles, vacíos, tristes y esperpénticos que mantenía con su único amante, el que ni siquiera llegó a serlo: Olímpico de Jesús, otro nordestino, otro hijo del lumpen pero con una estrategia de supervivencia muy distinta a la de nuestra querida Macabea, con alma de trepa y diente de oro.

Que más decirte, querida Clarice, que para ser alguien que desconfía tanto de las palabras, no puedo sino rendirme a tu portentosa sabiduría al mezclarlas y conseguir un novelón de tan solo 88 páginas y sin “lagrimear tonterías” (ah, y gracias por querer compartir conmigo la escritura de esta reseña).

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 9