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GRANDES ESPERANZAS

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Autor: CHARLES DICKENS
Título original: Great Expectations
ISBN/ASIN: 9788483460139
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1860
Fecha de edición: 2006
Número de páginas: 664

Sinopsis:
Grandes esperanzas es uno de los títulos más célebres del gran autor inglés. Publicado originalmente en 1860, narra la historia de Pip, un joven huérfano y miedoso, cuyo humilde destino se ve agraciado por un benefactor inesperado que cambiará el sino de su vida y hará de él un caballero. Una maravillosa novela de aprendizaje y una magistral galería de protagonistas que trazan un acabado retrato de época, al mismo tiempo que una honda reflexión sobre las constantes de la condición humana. La realidad de la vida cotidiana en Inglaterra y la fantasía se dan la mano, mostrándonos un mundo extraordinariamente humano y detallista y una peculiar psicología de los personajes.

 
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DIOS ME HA HABLADO
4.83 con 12 votos

“Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros” (San Agustín).

Dios me ha hablado, a través del don gratuito reservado a uno de sus hijos: Charles Dickens. Comentar que estoy mudo y ahogado de emoción es quedarse muy corto, pues diría -de la manera quizá menos objetiva posible- que jamás gocé algo semejante; sólo sería capaz de acercarse un poco a este sentimiento desgarrador que me invade aquello que experimenté tras leer la visceral \'Cumbres borrascosas\'. Mas ni de la forma ahora más subjetiva posible osarían mis labios comparar ambas. Y eso que no fue un inicio fácil: edición menuda y letra aun más; casi sin ganas. Pero merece la pena el riesgo de quedarse ciego leyendo (y hasta sordo y mudo) con tal de gozar lo inconmensurable de la narración y la prosa del buen Charles. Por momentos me contemplaba a mí mismo y no me era sencillo distinguir si lloraba de turbada emoción o de forzar hasta tal extremo la vista. No exagero un ápice.

De Dickens sólo había tenido la oportunidad de leer y recordar varios de sus cuentos navideños (\'Historia de dos ciudades\' me pilló demasiado púber y en una de esas edición... cutres, digamos, con viñetas añadidas cada ciertas páginas); esos relatitos que escribió para sacarse unas \'pelillas\' en época tan propicia a la buena voluntad y a la mejor fe. \'Si por el mero hecho de embolsarse unas libras escribe así, como sin demasiado esfuerzo -me decía-, y construye a bote pronto algunos personajes tan entrañables como Trotty (\'Las Campanas\'), ¿qué será cuando se ponga en serio?\'. Cuando le da por meterle interés le sale \'Grandes Esperanzas\'. La prosa y el estilo narrativo de Dickens -ese don por el que ningún pago a cuenta hubo de hacer- da hasta rabia y desesperada envidia. Su cadencia natural, espontánea, fluida y esa innata capacidad para amarrar al potencial lector entre las dos emociones más alejadas de rango (la risa más abierta y el llanto más ahogado) en apenas dos párrafos supera toda humana posibilidad. Obra cumbre del movimiento romántico, el escritor depura hasta el cúlmen en \'Grandes esperanzas\' su poderoso estilo narrativo, reteniendo lo mejor, obviando lo menos realista y resulta casi infructuosa la búsqueda de esos personajes unidimensionales tan enjuiciados como protagonistas de sus historias. Los hay tremendamente bondadosos (Joe, Biddy...) y rematadamente perversos (Compeyson, Plumblechook...), pero los actores principales de la trama, Pip, Estella, la señorita Havisham..., son tan comprensiblemente humanos que has de repetir una y otra vez con Pip que “yo mismo necesito demasiado que me perdonen y me orienten como para mostrarme severo con usted”. Claroscuros.

La necesidad de perdón planea a lo largo de esta renovada historia de hijo pródigo, pues eso es sobre todo Pip. Que nuestro querido muchacho sea pobre y aspire a revertir su situación económica es lo de menos, lo crucial es que cuando trabajaba en la fragua, compartiendo sus males y nulos remedios con gente tan \'vulgar\' como él mismo, era feliz aun sin ser siquiera consciente de ello. El divertido sarcasmo de Pip a través de su vigorosa narración en primera persona desaparece de cuajo tras el primer acto (excepto gloriosos detalles como la caótica y divertidísima representación de Hamlet del capítulo XXXI); justo cuando nuestro héroe decide coronarse de majestuosidad. ¡Cuán dolorosas y humildes las palabras de Joe que opacan con lágrimas la mirada agridulce de Pip!: “no me encontrarás tantas faltas si piensas en mí vestido como para trabajar en la fragua (…). Ni la mitad de faltas si, suponiendo que quieras verme alguna vez, vienes y asomas la cabeza por la ventana de la fragua”. No importan las grandes esperanzas de Pip, la bondad o la maldad de sus fines, como no debieran importar aquellas que nos mueven a cada uno de nosotros si al hallarlas perdemos a la vez la absoluta certeza de que la felicidad no la da el vil metal sino la seguridad de no estafarse a uno mismo (“todos los estafadores del mundo no son nada en comparación con los que falsean consigo mismos”) y el descubrir que no hay oro en el mundo que pueda servir de crédito frente a las ingratitudes cometidas (“nunca, nunca, nunca podría deshacer lo que había hecho”). Dickens -saltando más allá de sus propias incongruencias- no nos invita a la resignación, sino a la bondad y a la justicia que nos elevan por encima de la imagen social, de las apariencias o de ese engañoso elitismo que pretende, a base de esfuerzo inútil, otorgar dignidad a las personas por lo que tienen o visten en lugar de por lo que son. Esa digna invitación, en su siglo y en el nuestro... es mucho.

Tal vez termino exagerando, antes pido disculpas por mi ineptitud pues “una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento” (Voltaire) y soy consciente de que mis letras hacen escasa justicia a la obra de Dickens, pero me queda el maravilloso consuelo que avanzó Thoreau: “lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos”. Sin duda, mi reposo será ya más calmo.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 10

ESPERANZAS CUMPLIDAS
3.75 con 4 votos

A parte de los personajes (típicos de Dickens, muy tiernos y humanos, algunos rozando lo cómico o la caricatura), de esta novela me ha fascinado como liga las historias. Es algo que ya vi en "Historia de dos ciudades" pero que en esta novela, el escritor explota aún más. No da puntada sin hilo. Como me pasó con el anterior que leí de él, el comienzo es duro. Muchos datos, muchos detalles que, en principio, no tienen importancia. Y luego, poco a poco, va uniendo todos esos hilos sueltos y va creando el tapiz. Es genial, un ejercicio de estructura impresionante.
Está narrado en primera persona, y, en esta narración, hay algo muy significativo también. La novela recorre la vida de Pip desde que tiene 8 años hasta la madurez, no concreta la edad pero unos 40. Al pasar de la infancia a la juventud, hay un cambio de perspectiva lógico, y también un modo de expresarse distinto. Un niño de 8 años no habla ni piensa igual que un chico de 20, por ejemplo. Pero la transición es lenta y, creo, muy cuidada. Es como cuando ves a un niño todos los días, no notas la diferencia pero, si te pones a ver fotos, es evidente que ha crecido. Muy, muy conseguido. Del mismo modo, el libro refleja a la perfección otra trayectoria de Pip. Pasa de ser un niño pobre a un joven caballero muy rico. Sus modales, sus expresiones... cambian del mismo modo natural que el empleado para reflejar su crecimiento.
No puedo decir nada más salvo que lo recomiendo. Es reconfortante, aunque no es especialmente alegre.

Escrito por Maria hace mas de un año, Su votacion: 8