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FORTUNATA Y JACINTA

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Autor: BENITO PÉREZ GALDÓS
ISBN/ASIN: 9788420673431
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: ALIANZA
Fecha de edición: 2002

Sinopsis:
Publicada en cuatro volúmenes entre enero y junio de 1887, FORTUNATA Y JACINTA es la obra de mayor aliento de Benito Pérez Galdós (1843-1920). Sobre el trasfondo de la Primera República, el golpe de Pavía y el inicio de la Restauración, el gran narrador construye un vasto universo de ficción que se mueve entre esos dos polos que son las mujeres que dan título al relato y los mundos que representan. Ellas son los hilos conductores de esta «selva de novelas entrecruzadas», animada por secundarios inolvidables y muchas otras figuras de la más variada condición y mentalidad. El talento de Galdós para la caracterización psicológica de los personajes y su poderosa imaginación para concebir tramas argumentales sitúan esta prodigiosa novela, junto con «La Regenta» de Clarín, en la cima de la narrativa española del siglo XIX.

 
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MADRID 1875
4.75 con 8 votos

Pérez Galdós, autor de escritura dulce, entrañable y respetuosa con el lector mima al lector. Y lo digo, después de haber leído ya varias novelas suyas y ver que en todas actúa de la misma manera. Don Benito introduce los personajes uno a uno, hace lo que podríamos decir, una presentación formal. No es un autor que se meta profundamente en la mente de sus personajes, pero es un gran creador de tipos y por ello gusta de darles forma describiéndolos prolijamente; explicándonos quienes son, donde y como viven, que rasgos de personalidad tienen, cuales son sus amistades, sus aficiones, sus vicios y muchas otras cosas en las que invierte varias páginas para cada uno, colocando esa descripción al inicio del libro si el personaje arranca desde el principio o bien más tarde si aparece después, facilitando al lector cuando la narración propiamente dicha comienza el conocimiento perfecto de quien es quien. Maneja un lenguaje cortés, amable, un poco adornado quizá, compensando cierto atisbo de afectación con unas maneras directas y cordiales que acercan mucho a la persona del escritor, como si se le conociera personalmente de toda la vida. Utiliza mucho también los diálogos, reproduciendo con frecuencia en ellos el habla de la calle incluso la más popular y castiza, aunque sin caer nunca en la vulgaridad.

Todas estas características son las de un hombre de finales del siglo XIX, un momento histórico en que se hablaba y se escribía de una manera que, aún se entiende perfectamente, pero que ya no se utiliza; quiero decir con esto que su estilo, modismos, vocabulario, etc. corren el riesgo de ser vistos hoy día con esa pátina que dan los años, el polvo, la herrumbre o las telarañas a las cosas que encontramos en un desván y que sabemos viejas. Pero no es mi caso, al contrario, me entusiasman esas formas expresivas, tenían encanto y me fastidia que no se conserven. Creo además que a los escritores del siglo XIX les perjudica ser leídos, por lectores de su mismo idioma porque ese estilo aparentemente envejecido, se identifica por algunos como rancio o vetusto, mientras que en un escritor ingles o francés del siglo XIX, ese efecto se diluye en la traducción.

Todo lo dicho hasta aquí se podría aplicar a cualquiera de sus novelas, es por así decir el sello de identidad de su autor. Sin embargo en lo que respecta a extensión, complejidad argumental y aspiraciones en todos los sentidos, FORTUNATA Y JACINTA se convierte en su obra más lograda. Su autor centró en ella todos sus esfuerzos para dotarla de un ejército de personajes variados, que tejen sus historias paralelas a la principal. Son pequeñas y no tan pequeñas tramas que paulatinamente se alejan y separan primero de Jacinta y luego de Fortunata y van creando el marco que sirve de fondo para exponer la trama de las dos mujeres, que a su vez se desarrolla en paralelo, convergiendo hasta juntarse en muy pocos momentos. Ambas son la representación de dos mundos opuestos y enfrentados, el de los que tienen de todo, contra el de los que nada tienen; el de los que quieren una sociedad de orden, contra el de los habituados a vivir en un desorden miserable; el de las gentes cultas y educadas, contra el del analfabetismo y la ignorancia; y por fin, el mundo del amor en el matrimonio, contra el de la pasión ciega.

El contacto entre Jacinta y Fortunata, da lugar al enfrentamiento entre ambos mundos produciendo un choque de trenes que acaba por derivar poco a poco la historia hacia ese segundo mundo pobre y desgarrado, y la novela puede decirse que se convierte paulatinamente en la historia de la desfavorecida de la fortuna, que es Fortunata (paradójicamente), y que acaba acaparando casi todo el protagonismo de la narración.

Quedé fascinado cuando leí la novela por la descripción, costumbrista y magnífica, que nos hace el autor de ese Madrid de 1.875 en el que aparecen retratados, múltiples tipos sociales: familias de prósperos comerciantes que disfrutan de todo el bienestar posible de aquella época, la pequeña burguesía que vive de sus aspiraciones de ascenso en la escala social sin lograr salir de la mediocridad, las clases más desfavorecidas carentes de educación y medios que van malviviendo en la miseria, un clérigo gorrón, una pintoresca beata de incombustible dedicación a los pobres, un hijo de papá incomprensiblemente ocioso que despilfarra su vida holgazaneando, caraduras que eligen vivir de los demás sin trabajar, una viuda de clase media a la que le falta un pecho (así como suena), la multitud de criadas que viven de trabajar en casas de otros (Papitos, la criadita). De manera que esta historia nos cuenta la trama de Jacinta y Fortunata como leitmotiv, pero rodeada de un abundante acompañamiento coral. El libro es el retrato global de aquella sociedad; es decir, no es un conflicto aislado en su pequeño mundo. Al revés, es una historia principal imbricada con otras muchas historias alrededor, que la acompañan y le dan brillo.

Galdós era un escritor inscrito en el realismo y como tal nos describe las cosas, con cierta imparcialidad, sin desarrollar él mismo la moraleja aunque ésta parezca obvia, nosotros mismos como lectores juzgamos quien es bueno o malo, quien actúa bien o mal. Sólo hay una excepción al sistema de novela realista de exponer los hechos fríamente evitando el punto de vista del autor; es el caso de la entrada en escena de Evaristo Feijoo, personaje que semeja un alter ego del autor, cuyo discurso parece colocado en el texto para exponer sus teorías sobre la sociedad de su época: es un hombre razonable, de cierto anticlericalismo, reformista, discreto, liberal, célibe, partidario de adaptarse a los convencionalismos sociales (el retrato de Don Benito). Con este artificio el escritor aprovecha para enseñar sus opiniones sin decir que son suyas, pues el que habla es su personaje.

Me gustaría recalcar como uno de sus puntos fuertes, su sentido del humor, o mejor su optimismo, su modo de narrar con talante positivo, incluso en los momentos más tensos que se dan en la novela; allí siempre aparece la frase irónica o burlona, que te hace leer con un optimismo y una sonrisa siempre preparada porque sabes que al cabo de poco, vendrá al caso. En este sentido, creo que hizo daño a su fama de novela para disfrutar, la serie de televisión que en 1.980 hizo TVE, que indudablemente fue un trabajo de buena calidad y que la popularizó en su momento, pero a la vez dio de ella una imagen de tristeza, melancolía y acerado dramatismo, que cualquiera que haya leído la novela sabe que no está implícita en el texto, pero que lo estuvo en su adaptación televisiva. Una música lánguida, unos decorados tristes, unos actores permanentemente cariacontecidos, y Ana Belén que no daba bien el tipo de Fortunata, mujer arrebatadoramente guapa y a la vez inculta y pasional (Ana Belén, daba un tipo de niña fina, casi opuesto al de la novela). Todo ese conjunto creó esa aura depresiva, que a muchas personas que recordaban aquella serie, les ha echado para atrás a la hora de decidirse a leer la novela. DOÑA PERFECTA por ejemplo, es una novela que efectivamente encierra un enorme pesimismo, pero en FORTUNATA Y JACINTA por el contrario pesa más la pasión de Fortunata por Juanito Santa Cruz, que es la pasión y la alegría de vivir que todas las desgracias que ocurren; además de que Galdós reviste todo el tiempo la historia de ironía y del buen humor de los personajes que en el día a día ponen al mal tiempo buena cara. En esta dirección se puede ver esto que estoy diciendo sobre la serie de TV de 1.980: http://www.rtve.es/television/fortunata-jacinta.

Por tanto resumo, como decía al principio la lectura de FORTUNATA Y JACINTA, y por extensión la lectura de toda la obra de Galdós, es dulce y deja ese buen sabor en la boca; habrá a quienes les empalague y la menosprecien, quizá porque sus formas no son muy actuales, quizá por su compleja trama que se acerca al folletín, o tal vez por su regusto zarzuelero, pero a mi me agrada y mucho su lectura y sobre todo me entusiasma, al retrotraerme a maneras y gustos literarios, arraigados en lo más profundo de mi subconsciente y que me recuerdan detalles, textos, objetos, escenarios urbanos, gentes de mi calle (Huertas) incluso olores y sabores capturados a lo largo de mis propias idas y venidas por la ciudad que él describió con tanto acierto; es verdad que esa ciudad en buena parte ya no existe, ¿dónde quedaron las tertulias de los cafés?, pero su espíritu no ha desaparecido del todo, se conserva en las esquinas de esas calles, Pontejos, la plaza Mayor, Arenal, Raimundo Lulio, Ave Maria, Mira el Río, Toledo, … y en el ambiente de aquellos barrios. Todavía.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9