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FICCIONES

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Portada de FICCIONES

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Autor: JORGE LUIS BORGES
ISBN/ASIN: 9788420666563
Género: Ficción literaria
Editorial: ALIANZA
Fecha de edición: 2006

Sinopsis:
Se reúnen en FICCIONES dos libros de Jorge Luis Borges fechados en 1941 y 1944. «El jardín de senderos que se bifurcan» incluye ocho relatos, entre los que cabe destacar dos breves narraciones de excepcional calidad: «Pierre Menard, autor del Quijote» y «La Biblioteca de Babel». «Artificios» lo forman nueve cuentos, entre ellos «La muerte y la brújula» (historia de una tortuosa venganza), «Funes el memorioso» (una larga metáfora del insomnio) y «El Sur» («acaso mi mejor cuento», en palabras del autor).

 
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INFINITAS IDEAS, EN FINITAS LÍNEAS
5 con 5 votos

Este libro comprende dos partes: La primera, "El jardín de senderos que se bifurcan". La segunda: "Artificios". Creo notar que la primera parte, la más difícil y posiblemente por esta misma razón, la más impresionante, digamos, la que posee una cuota mayor de genialidad, contiene de alguna manera el resumen de todas las obsesiones de Borges, ya conocidas hasta por sus más furiosos detractores, a saber, el tiempo, los laberintos, los espejos, el ajedrez, la teología, la muerte, la memoria, los libros, la historia; en cada relato, repleto de nombres, de citas, de referencias históricas y literarias, borda una pequeña obra maestra y si digo pequeña es por la extensión de cada cuento, que no pasa de las seis páginas, creo, y no por la gigantesca calidad y complejidad de los temas y estilo. En Borges, todo es importante. La forma y el fondo; todo es maravilloso.
A veces, al leer una sola página, creemos haber leído diez; esto se debe a la sobrenatural carga y fabulosa capacidad de resumir, en pocas- muy pocas- líneas, todo un orbe de ideas; es como una exquista esencia concentrada, que no requiere grandes cantidades para desplegar su maravilla.

Recuerdo que nunca pasaba del primer relato (una manía personal, un capricho algo idiota; sabía que cada relato era independiente, por eso no entiendo como no seguí con un segundo o tercer cuento), Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Una vez leído ese cuento, en donde aparecen como dije anteriormente, muchos de sus temas predilectos, pude comprobar que mi "audacia" iba a tener su premio.

Quiero detenerme en los relatos que más me gustaron, que me han parecido más perfectos - casi todos o todos lo son-, o tal vez, los que más me han impresionado o he sentido identificado.

Si bien tanto "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" como "Pierre Menard, autor del Quijote" son admirables por lo genuino de su ejecución y argumento (en el primer caso, luego de una conversación de Borges con Bioy, y que surge luego de sentir ese desagrado que causan los espejos muchas veces, se da una investigación a raiz de un párrafo que Casares había leído en una enciclopedia sobre un país desconocido; lo fantástico se adentra lentamente en la realidad (?) en un relato hábilmente escrito; el segundo caso, un hombre, un escritor, Menard, quiere escribir, en el siglo veinte y escribe parcialmente, el Quijote, siendo Pierre Menard, con toda la carga del siglo, y las inevitables diferencias que los años provocan en nosotros; aun así, cada línea del Quijote de Menard, es más sutil, más perfecta que la de Cervantes) me ha gustado particularmente "Las ruinas circulares". El tema de los sueños, la identidad, la realidad son elementos con que dibuja, magistralmente, la pregunta más importante, de más peso en nuestras vidas. ¿Seremos un sueño de otro? ¿Somos una frágil imagen; todo, nuestras tristezas y alegrías, nuestra carne que goza sufre, nuestro corazón palpitante, nuestra sangre caliente, que fluye y fluye sin sonido, es una fina película, una proyección, una irrealidad?. Particularmente me gusta esta idea; me afirma más y exacerba mis pasiones: alegrías y tristezas pasan a ser relativas. Se vive el momento, entonces. Somos un sueño, seguro, el sueño de Dios, a quién no veo o no puedo ver (ningún durmiente ha podido ver jamás a quién lo sueña; otro gran consuelo), y cuando despierte, nos esfumaremos. Tal vez la muerte sea eso; Dios, poseedor de infinitos cerebros, infinitos centros nerviosos, que nos sueña a todos al mismo tiempo, deje de soñar de a uno; a mi viejo lo dejó de soñar el 23 de octubre del 2012, entonces. Dios estaría perdonado. No lo mató. Lo dejó de soñar.

En el metafísico relato "La lotería en Babilonia", otro cuento absolutamente genial, cabe decir que La Compañía, con sus sugerentes y variables juegos con premios y castigos, no es otra cosa que el mismo Dios y sus incomprensibles azares (destino) otorgados misteriosamente a sus criaturas. Esa tenebrosa y mística Compañía, "que ha existido, posiblemente desde siempre", hacedora de suertes positivas y adversas, es el Creador. Quién, sino Borges, pudo escribir algo semejante. En pocos párrafos, hace que la máquina ronronée y conjeture estas divinas imaginaciones, para el deleite de la inteligencia y ese hábito hermoso de leer e intentar comprender.

En "La biblioteca de Babel", ensaya, mediante imágenes fantásticas y arquitecturas imposibles (Escher y Piranesi tendrán mucho que ver en esto) un mundo infinito que es una biblioteca finita. El eterno retorno y su premisa (el tiempo una vez más) son el centro del relato. Si las combinaciones (que imaginamos, no, mejor dicho no podemos imaginar; tan tremenda es la cifra) de todos los alfabetos en todos los idiomas posibles, y aunque fueran estas increíblemente enormes, estuvieran plasmadas en libros, tendríamos entonces, esa biblioteca imaginada por Borges. Ahora bien; el tiempo es infinito, es decir, no tuvo comienzo, no tendrá final. Pero las combinaciones de esas letras, de todas esa letras, aunque siderales, tienen un "límite". Entonces, ¿como puede ser infinita la Biblioteca sin en algún punto no debería haber más libros?: La respuesta es la misma y la premisa es la misma que la de "El eterno retorno". Ese tiempo circular, que crucifica a Cristo eternamente (pensamiento intolerable) se da según este postulado: En un tiempo infinito y con un número de átomos que componen el universo (aunque desmesurados) finitos, el número de permutaciones posibles de esos átomos deberán repetirse. Es decir, de nuevo viviremos toda nuestra vida, desde el más pequeño detalle, todos nosotros, hasta el fin de las posiblidades y de nuevo otra vez...
Termina el relato:
"...no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)..."

Me extendí demasiado en estos relatos. Abundan policiales, locales, fantásticos y teológicos.

"El Sur", es efectivamente, un relato hermoso. Y mucho más sencillo para quiénes odien a Borges. Tiene color, y pasión, y menos laberintos (que tanto nos gustan). Es redondo. Suguiendo la locura del pensamiento de Borges lo acabo de decir. Es perfecto, porque es redondo. El círculo es la forma más perfecta porque cada punto de su centro equidista con su circunferencia. Dios es o sería, además de un hipotético durmiente - como Mana-Yood-Sushai, el Dios de Pegana imaginado por Dunsany que sueña a Dioses menores- una gran esfera, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna.

Sueños, esferas, laberintos, bibliotecas infinitas; linda noche me espera...

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10

LA NOVELA DE BORGES
5 con 4 votos

Bajo este oxímoron borgiano quisiera reunir algunas notas a propósito del rendimiento literario y las limitaciones de Borges, que sabía todo lo que puede aprenderse en los libros, y algunas sugerencias sobre por qué gusta tanto o tan poco a los lectores de novelas.

En su ensayo sobre Borges o el futuro o final de la novela, John Barth esgrime los cuentos de «Ficciones» contra textos-happenings como “Anecdoted Typography Chance (Tipografía anecdótica del azar), de Daniel Spoerri: «aparentemente» una descripción de todos los objetos que se encontraban sobre el escritorio del autor «pero en realidad... una cosmología de la existencia de Spoerri»”, y que promulgan la muerte de la novela y aun de la literatura. Se tratan de gestos estéticos, a veces interesantes, que abordan cuestiones técnicas y teóricas sobre «lo literario» -como al publicar «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» bajo el nombre de un simbolista contemporáneo de William James-; pero la etiqueta de «literatura» o «arte» tal vez les quede grande. (Más de uno, sospecho, gustaría del feo neologismo de «posliteratura»). De este modo, Barth halaga al escritor de «Pierre Menard, autor del Quijote» por reintroducir dichos gestos en la literatura (y aun en la narrativa) explorándolos desde ella y abriéndola nuevas posibilidades. Borges, sin duda, fue más radical que esta precipitada vanguardia de posliteratos, y rescató de paso la literatura de su agotamiento.

Borges escribió siempre el mismo cuento; excelente. En «Ficciones» recogió algunas de entre las infinitas formas, apariencias y reflejos de la misma idea eterna: un simulacro que suplanta la supuesta realidad; inspirado por el idealismo de Berkeley y universos virtuales libres de los límites del espacio y el tiempo, es decir, de la materia. Como buen demiurgo, Borges era experto en crear universos y estructuras pero (para algunos) se le resistían sus criaturas. Por ello, en ocasiones Borges prefería introducir a “Borges” en el relato, u otras referencias a personas más o menos reales que confundían la ficción con la realidad. Pero aun si soñar otros mundos es posible con las categorías del nuestro -afirman los blasfemos seguidores del materialismo dialéctico y otras doctrinas, como la de Wittgenstein, no menos infames-, la subjetividad que le sería propia es impensable desde nuestro lenguaje. Sin embargo, en sus mejores cuentos, Borges logró caracterizar a las criaturas de sus mundos con unos pocos adjetivos certeros y gran condensación. La palabra más frecuente entonces es “soledad”: la soledad de estar atrapado en el centro de un laberinto eterno, tal vez creado por nosotros, más allá de los límites del espacio y del tiempo. La subjetividad de Asterión, esa criatura imposible y solitaria que ansía la muerte definitiva y la redención: la liberación del laberinto. Es posible, no obstante, que muchos lectores de novelas perciban esta ruda subjetividad como insuficiente y echen en falta una mayor dialéctica entre los personajes y su mundo. Borges era, además, flagrantemente antipsicologicista.

Por la sencillez de su escritura, por su sentido del humor, por su ironía, por su sabiduría, Borges es universal (y eterno); su gusto por los espejos, los laberintos y los simulacros, le singularizan, y, junto con sus universos de bibliotecas y enciclopedias sin límites, le vuelven de terrorífica actualidad en estos tiempos de internet y la técnica por la técnica. Cuando la “ficticia” Orbis Tertius se vuelve “realidad” y la subjetividad de Asterion insuficiente o insoportable, es posible y necesario pensar el impacto de los universos que Borges soñó y cómo seguir siendo humanos en ellos, dentro del laberinto.

Así tiene lugar la novela de Borges.

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: No ha votado

UN LIBRO ETERNO
4.14 con 7 votos

Resulta odiosamente difícil reseñar un libro escrito por un hombre capaz de resumir todo lo que es, fue, pudo haber sido o podría ser en unas cuantas páginas. No puedo evitar comenzar diciendo que Jorge Luis Borges era un genio, quizás el último gran genio que la literatura ha conocido. Su escritura, simplificada hasta el extremo, es a la vez increíblemente compleja. Con una precisión fría, casi matemática, Borges escribió muchos de los mejores cuentos de la historia, algunos de los cuales se publican en 1944 como parte del libro “Ficciones”.
En el primero de los volúmenes que componen este libro, titulado “El jardín de senderos que se bifurcan”, destacan sobre todos los demás dos relatos: el que da nombre al libro y “La biblioteca de Babel”. El primero es una gran metáfora del tiempo, enmarcada dentro de una historia policiaca, y el segundo, como tantos otros cuentos de Borges, trata sobre libros ficticios. Pero este no es un cuento cualquiera. En él Borges nos habla de una gran biblioteca, inmensa, infinita, eterna, que contiene, básicamente, todo. “Basta con que un libro sea posible para que exista” –sentencia Borges, quien, al igual que le ocurría a Edgar Allan Poe con la muerte o a García Márquez con las prostitutas, siempre tuvo una obsesión: la eternidad, el todo.
Otros relatos destacables de este volumen son “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius”, que trata sobre la enciclopedia ficticia de una civilización inventada; “Pierre Menard, autor del Quijote”, que describe la obsesión de un poeta por ser Miguel de Cervantes; o “La lotería en Babilonia”, que presenta un mundo lleno de aleatoriedades.
En el segundo volumen, titulado “Artificios”, nos encontramos con “Funes, el memorioso”, en palabras del propio escritor, “una larga metáfora del insomnio”; “El sur”, del que decía que era su mejor cuento; “La muerte y la brújula”, una historia policíaca; o “Tres versiones sobre Judas”, que discute las posibles razones que tuvo Judas para entregar a Jesucristo.
Hay quienes dicen de la obra de Borges que es excesivamente compleja, fría y que está desposeída de toda emoción. Lo primero es verdad; lo demás muy subjetivo. Es cierto que escribe muy frío, casi sin emoción, y esto ocurre porque él no le dice al lector lo que tiene que sentir… se lo sugiere, levemente, como sin quererlo. Pero como he dicho, esto es muy subjetivo, y depende muchísimo de la capacidad empática del lector, que tan solo si logra adentrarse en la lectura, mezclarse con las palabras y compensar la falta de emoción invirtiendo la suya propia podrá disfrutar de Borges. (Y si tiene la paciencia suficiente como para intentar asimilar todas esas complejidades, sin que estas le emboten a uno el cerebro). Pero hay otros a los que simplemente no les llega. Tal vez solo sea cuestión de gustos. Yo, al menos, puedo decir que forma parte de mi Santísima Trinidad particular: Poe-Wilde-Borges (con permiso de The Beatles y Woody Allen).

El remordimiento.
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.
-Jorge Luis Borges

Escrito por _926_ hace mas de un año, Su votacion: No ha votado