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EN EL CAMINO

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Portada de EN EL CAMINO

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Autor: JACK KEROUAC
Título original: On the Road
ISBN/ASIN: 9788433920140
Género: Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha de publicación: 1957
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 320

Sinopsis:
Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty, el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alcohol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo establishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.

 
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ANCHA ES AMERICA
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Hace mucho que no tardaba tanto en terminar un libro, casi un mes, y con dos agravantes; uno, el de haberme saltado las páginas que he querido, cuando me ha apetecido, y otro, el hecho de que sólo tiene cuatrocientas páginas, que es una extensión muy normal y, por tanto, no justifica la tardanza. También añadiré en mi descargo que, mientras lo leí, mi situación personal pasó por un momento especialmente complicado que también hubiera afectado a la lectura de cualquier otro libro que hubiera podido tener entre manos. Ahora bien, si no me ha gustado, ¿para qué lo reseño? ¿Para ponerlo a parir, saltándome así mí código habitual? No, para eso no, la novela no me ha entusiasmado y no lo niego; pero también es verdad que en su lectura he encontrado aspectos reseñables, algunos incluso, muy interesantes, y siendo así, me apetece explicarlo pese a la dificultad que comportan los muchos matices de la cuestión.
La novela, en lo relativo a su planteamiento, carece totalmente de profundidad y de argumento, seguro que hay otros aspectos que puedan añadirle trascendencia, pero no su planteamiento, su arquitectura es básica y se resume con facilidad en pocas palabras: es un libro de viajes. Apenas empezamos a conocer a los personajes, estos ya se están poniendo en marcha en su afán por cambiar de escenario, abandonando el frío del este, en busca de los cálidos valles de California, con el ímpetu propio de quien busca el arca perdida, o el tiempo perdido, o cualquier otra cosa perdida. ¿Y qué es lo que han perdido Dean Moriarty y Sal Paradise para tener tanta prisa? Algo, sin duda, pero no algo tangible, sino algo espiritual, como una actitud, o un talante, y una de las misiones de la lectura es descubrirlo. A partir de ahí, se avanza en sus páginas, a la vez que se avanza en los grados de meridiano, y el lector va descubriendo que el libro se compone de una sucesión de incidentes, peripecias, lances de pequeña o no tan pequeña monta, que van acompañando al paso de su vehículo por los paisajes de América, como dicen con terca convicción, sucediéndose llanuras y montañas hasta la llegada a alguna parada de enjundia, como Chicago, Nueva Orleans, o sobre todo Denver, donde se permiten parar durante días. Así, hasta que retoman el viaje, que vuelve a lo mismo, para llegar a su final que suele ser Frisco (San Francisco), o LA (Los Ángeles). Allí la parada es más larga y buscan centrarse durante una temporada, pero como eso es más que difícil por su peculiar carácter de culos de mal asiento, al final acaban liándose la manta a la cabeza y volviendo otra vez a la carretera.
¿En qué consisten las actividades que practican durante sus paradas, sean cortas o largas? Pues hay un poco de todo, tienen una curiosidad innata que les hace ser un poco fisgones y observadores, pero en lo que más se fijan, con diferencia, es en las mujeres, que, en general, se les dan bien y colaboran sin demasiadas pegas, en practicar sexo, que es su entretenimiento favorito y como tal lo practican hasta aburrir, sobre todo Dean Moriarty, aunque también hay que decir que éste viaja, en ocasiones, con su mujer, si bien luego se la pasa a su compañero para juntarse él con otras y, como se ve, ni a ellos, ni a ellas, les asusta tampoco la promiscuidad. Aparte del sexo, otro motivo frecuente de inspiración es la música, me estoy refiriendo, claro, a la que por aquel entonces funcionaba, que era, fundamentalmente, jazz, blues, música country, ritmos latinos, etc…, o una fusión de todas ellas, es decir, todo lo que entonces, entre 1947 y 1950, ocupaba el lugar que todavía no había ocupado el rock and roll. Esa afición musical les lleva a tener un contacto frecuente con negros (lo que les incluía directamente en cierta marginalidad) en Chicago, en Nueva Orleans, y en otros sitios; con ellos se enrollan con toda facilidad y con ellos disfrutan como enanos con la música. Otra de las cosas que hay que reseñar, es que tienen una dificultad permanente para disponer de dinero, de manera que se dedican a buscarlo de múltiples maneras de lo más extrañas e imaginativas, sin desdeñar trabajos ocasionales, sablazos, robos, u otras prácticas ilegales. Casi no hay que decirlo, porque esta historia es paradigmática en ello: la bebida y las drogas están a la orden del día, y uno se pregunta con auténtica curiosidad como sus organismos pueden aguantar las cantidades que se meten de alcohol y tabaco, así como marijuana, tila, o hierba, que de todas esas formas le llaman.
Todo esto, es lo que hacen en sus descansos, por llamarles de alguna manera. Hacen muchas más cosas pero yo lo dejo aquí porque, a mí particularmente, me interesa mucho más lo que hacen en los trayectos propiamente dichos. En primer lugar hay que decir que pisan el acelerador como poseídos, sobre todo Moriarty, que tiene una obsesión suicida por devorar millas sin prácticamente descansar; también, que admiran y valoran los paisajes por los que circulan, ya sean urbanos, como pueblos y ciudades, u obras de la naturaleza, poniéndolos en su adecuado contexto cultural o paisajístico. El relato de este tipo de actividades se lee con absoluta facilidad, se hace ameno y hasta instructivo, por un lado, por utilizar una prosa de extrema simplicidad, y por otro, por contar los hitos del camino como lo haría un auténtico libro de viajes.
Después de explicar todo esto, quizá se podría empezar a entender mejor por qué me costó tanto leer el libro, las historias personales de los protagonistas y de sus acompañantes, resultan banales y repetitivas; su sucesión termina por aburrir al no encontrar, ni un hilo que enlace unas con otras, ni un trasfondo que las haga trascender. La tentación constante es pensar: ¿Qué saco yo con seguir leyendo las tribulaciones personales de estos chicos?, y entran ganas de cerrar el libro y de no volverlo a abrir y en alguno de esos casos me salté páginas enteras, pero, lo cierto es que vuelves a abrir el libro, y es entonces cuando te das cuenta de que te reintegras a la lectura con tan absoluta facilidad que recuperas ipso facto las ganas de seguir con ella. Conclusión: gusta el proceso de su lectura, pero carece del gancho necesario que anime a retomarlo, por lo que igual pasan dos o tres días sin deseos de volverlo a coger; y claro, así poco a poco, se alarga el tiempo, invirtiendo al final cuatro semanas, es decir, cien páginas por semana, o sea, ¡una desesperación!
Hasta aquí he explicado mí manera de leer la novela, pero no he dicho aún que los interesantes motivos que me llevaron a escribir sobre ella, fueron los especiales caracteres de sus dos protagonistas, y principalmente de Dean Moriarty. Es evidente que no es un personaje investido de valores edificantes, más bien al revés, es un individuo egoísta, que conduce automóviles sin respetar la vida de los demás, que tampoco respeta a las mujeres, que no se para ante nada que le atraiga, que es un descarado y un irresponsable con los demás y con su propio cuerpo, al que no deja de suministrar productos que minan su salud…; es decir, que es un auténtico transgresor de todo tipo de normas o códigos establecidos. Recuerdo que hablando de “La conjura de los necios”, trataba yo, de explicar por qué me cayó mal Ignatius Reilly, y negaba que fuera por su personalidad transgresora y tenía yo claro que, pese a no ser capaz de identificar la causa, esa no era la razón por la que me desagradaba. De haber sido así, un tipo tan rebelde como Dean Moriarty también me habría caído mal y no es el caso, al contrario, creo que su presencia es el mayor atractivo de la novela, es uno de esos personajes de fuerza arrebatadora que a veces llenan por si solos las páginas de cualquier libro. Es verdad que el personaje es real y que Kerouac se limitó a dar forma literaria a su amigo Neal Cassady. El propio protagonista cuenta la historia de ambos con ciertos toques de sensatez, con los que en muchos momentos critica la locura y la irresponsabilidad de su compañero que no para de hacer disparates, en un relato en el que su voz de narrador no es suficiente para tapar el protagonismo brutal que supone la figura de Moriarty que se erige en el principal protagonista de “En el camino” muy por encima del propio narrador.
Todo lo que se ha dicho hasta aquí, su desprecio por la vida conduciendo, su consumo de sustancias, o de sexo sin freno, su despreocupación por saber que ocurrirá mañana estando sin blanca; son cosas que reflejan la parte más evidente de la personalidad de Dean Moriarty, la que está más expuesta al lector, la más obvia…, pero hay que saber que no es la única, su personalidad es poliédrica y habría que darle al futuro lector las pistas necesarias para entender que hay aspectos en los que este tipo llega a ser atractivo. Esa faceta agraciada de su personalidad se percibe a través de su talante y de la actitud ciertamente cándida con que afronta sus excesos, sin malicia, sin picardía, no es un tipo retorcido, simplemente tiene una visión del mundo condicionada por una búsqueda directa de lo que desea, sin sopesar unos inconvenientes que desprecia; es algo así como un abandono a un hedonismo en el que él confía en encontrar la felicidad, ¿a qué lector en el fondo de su alma no le da envidia un tipo que es capaz de vivir con esa despreocupación?, la mayoría seguro que no lo haríamos, pero hay que reconocer que produce cierta envidia y/o admiración. En todo caso esta actitud del personaje es mucho menos negativa que la anterior, sobre todo, cuando con ella afloran aspectos sensibles o entrañables que lo humanizan y lo convierten en algo así como un sentimental recalcitrante aunque alocado. En la última parte de la novela se cuenta su viaje por carretera a Ciudad de México, siendo este quizá el viaje más sorprendente de todos y el que mejor refleja esa sensibilidad, habitualmente dormida, del personaje. En otros pasajes de la totalidad de la novela, aparecen también páginas en las que el narrador y su compañero se dejan llevar por arranques de su propia filosofía vital en los que, con un tono medio poético, medio místico, exponen su particular visión de las cosas. Pero ya en México, explotan con un asombro brutal ante la realidad de ese otro mundo, tan diferente al anglosajón, ante el que reaccionan con absoluta veneración. Se da el detalle curioso de que el narrador no sale de su asombro cuando ve que Moriarty conduce su vehículo ¡a diez por hora!, y todo para no perderse ni un ápice de lo que ve; o también, cómo se sienten ambos abrumados por la sensibilidad, o por las costumbres impregnadas de sabiduría antigua de los mexicanos, mundo arcaico de herencia mitad indígena, mitad mediterránea, ante la que ellos quedan deslumbrados con una fascinación muy distinta a la que hubieran adoptado el 90% de los gringos que hubieran pasado por allí. Hasta la policía es amable en este país, dicen mientras le dan el óbolo pactado a los despreocupados guardias que vigilan el prostíbulo en el que pasan la tarde.
Tanto me ha impresionado el personaje de Moriarty que me quedé un buen rato barajando los posibles actores que habrían dado bien en el papel. El que participó en la película de 2012 no sé si encajaba o no porque no lo conozco. Parece que Kerouac pensó en Brando y Cópola en Brad Pitt aunque ni uno ni otro lo lograron. Pero creo que Brando excedía en dureza y Brad Pitt en chulería y a mí no se me ocurrió ningún otro.
A pesar de la época de los viajes, la novela se publicó en 1957 y ya sabemos lo que significó como influencia en toda una generación, no sólo desde el punto de vista literario sino también en la estética, en la música, y en definitiva en una forma diferente de vivir, en un cambio de costumbres que la sociedad, pasando los años, acabó por absorber y por mimetizar hasta casi confundirse con ella.
Podría resumir bien la sensación que me ha causado esta novela con la siguiente frase:
"Nunca, me gustó tanto un libro que me estuviera interesando tan poco".

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 7

EL VÉRTIGO DEL CAMINO
3.67 con 3 votos

Esta reseña contiene spoiler
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Escrito por Jr85 hace mas de un año, Su votacion: 10