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EL TÚNEL

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Portada de EL TÚNEL

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Autor: ERNESTO SABATO
ISBN/ASIN: 9788432217531
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: SEIX BARRAL
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Juan Pablo Castel es un pintor recluido en prisión por el asesinato de María Iribarne. Durante su encierro rememora la cadena de acontecimientos que le llevaron a perder el control, a convertirse en un hombre con el interior oscuro, un hombre poseído por una insalvable soledad, la de la ausencia de la mujer amada hasta el límite, la del engaño que ha convertido su corazón en un pedazo duro y frío de hielo y ha colocado entre sus manos el cuchillo que pone fin al sufrimiento.

Etiquetas: Literatura hispánica, argentina, S XX, existencialismo, asesinato

 
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HISTORIA DE UNA OBSESIÓN
5 con 2 votos

Otra relectura, aunque no en el sentido estricto. Ni recordaba el argumento ni apenas las sensaciones que me produjo su lectura más allá de guardar una buena opinión de él, por lo que no me debió impresionar mucho. Tanto es así que no me vino a la mente en ningún momento mientras leía, hace relativamente poco, un par de libros con los que guarda una clara relación: “Memorias del subsuelo” y “Una confesión póstuma”, que forman parte de la trilogía clásica de la confesión que pronto completaré con la lectura de “Indigno de ser humano”.

Y no tengo dudas. Castel se puede sentar cómodamente a la derecha del personaje de Dostoievski y no lejos del de Emants. Todos ellos representan a su modo el fracaso, son personas que no saben vivir: egocéntricos, atormentados, contradictorios, hipersensibles, mezquinos, propensos a idealizar un mundo que únicamente les ofrece frustraciones.

No obstante sus similitudes, cada uno de estos tres personajes personifican tipos muy distintos. Si la debilidad del personaje del Subsuelo nos inspira compasión, y la desesperación de Emants le lleva a suplicárnosla, el soberbio y despectivo Castel solo nos produce rechazo. Si el primero desdeña el mundo que anhela porque le es imposible adaptarse a él y el segundo lo rehúsa por la mera posibilidad del fracaso, Castel desprecia esa “vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad”. Si a la creación del autor ruso le atormenta la culpa y la responsabilidad, y a la del autor holandés le mortifica la injusticia de la lotería de dones y circunstancias, Castel se desespera por la estúpida incapacidad del mundo de entenderle, de alzarse hasta su cumbre, de lograr la íntima comunicación con él. Si al primero le mueve a confesarse el oscuro placer de la mortificación y al segundo gritar al mundo la injusticia de su desventura, el tercero trata únicamente de defender lo indefendible por su "maldita costumbre de querer justificar cada uno de mis actos". Pero aun así, los tres coinciden en la necesidad de amor, de sentirse semejante entre semejantes, de no estar solos, así como en el intento de que estas confesiones les sirvan para ser exonerados de algo de lo que ellos sienten que no tienen el control.

En este retrato de Castel que es esta novela, quiero destacar la magnífica descripción que Sabato hace del funcionamiento demencial del cerebro de un agresor de género: como retuerce la realidad hasta conformarla con las sospechas previas, como lleva hasta el ridículo unas absurdas “deducciones lógicas”, como exige del otro lo irrazonable. Castel, que encuentra en María por primera vez la posibilidad de ser comprendido, necesita poseerla completamente, que viva para él, es más, que sea uno con él, pero no un uno cualquiera ni una combinación de ambos, no, de que sea él mismo.

“Era una mujer diferente de la que yo había conocido hasta ese momento, Y lejos de producirme alegría, me entristecía y desesperanzaba, porque intuía que esa forma de María me era casi totalmente ajena y que, en cambio, de algún modo debía pertenecer a Hunter o a algún otro.”

Queda brillantemente descrito como el agresor se va envolviendo a sí mismo en sus propios desatinos, encerrándose en un túnel cuya luz final, lo único capaz de terminar con el tormento, es la desaparición de quien, en su delirante lógica, es su causa.
“mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera… entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.”

Y el desenlace que nos ofrece es doble. Por un lado, nos presenta el súbito cambio que se produce en la mente de un agresor una vez ejercida la violencia. Como, una vez aplicado “el castigo”, el túnel en el que ellos mismos se han enterrado vuela en pedazos y la luz les golpea con todo su fuerza mostrándoles la magnitud de lo perpetrado, como entonces y solo entonces, reconocen la crueldad y la irracionalidad del propio comportamiento y aparece la necesidad de perdón, de reparación de lo hecho, incluso de humillación ante la víctima. Un perdón cuya imposibilidad en caso de muerte a menudo no deja otro camino al agresor que el suicidio.

Pero aunque Castel muestra este tipo de comportamiento en el momento de una cruel y gratuita ofensa a María, no es el caso cuando le da muerte, cuyo arrepentimiento solo aparece débil más tarde al darse cuenta de lo que él ha perdido con su acto (no es un dato gratuito el que Castel haga toda su confesión desde un manicomio).

“Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.”

“estoy pagando la insensatez de no haberme conformado con la parte de María que me salvó (momentáneamente) de la soledad.”

Para terminar, comentar que otro gran acierto de Sabato es la indefinición de María, la víctima, de la que no sabemos apenas nada concreto, de la que solo hay insinuaciones, suposiciones, sospechas, pero casi nada concluyente, porque de hecho todo ello es irrelevante para el juicio que debemos hacernos de Castel y sus actos.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 8

MANUAL DE AUTODESTRUCCIÓN
4.83 con 6 votos

Hay sucesos en la vida de cada uno de nosotros que formarán parte eterna de nuestra materia gris desde el preciso instante en el que tuvieron lugar. Suelen ser aquellas cosas primerizas y poco importa si fueron desastrosas o de indescriptible disfrute, simplemente sucedieron en aquel irrepetible momento, por vez primera y por suerte o por desgracia se hicieron a sí mismas imborrables por encima del propio deseo de que así fuera: el primer beso, la primera vivienda, el primer trabajo, el primer... bueno, el primer coche, por ejemplo.

“El túnel”, del polifacético y controvertido Ernesto Sábato, ha entrado de pleno en esa indescifrable categoría (u Olimpo), de manera particular mientras regurgitaba las seis páginas de las que se compone el capítulo XIX. Es el primer libro con el que a punto he estado de abandonar su lectura gracias al mal trago que estaba pasando. Tan sólo de manera anecdótica pero igualmente intensa pude experimentar una sensación de angustia similar con las desagradables percepciones de Roquentin en “La náusea”, otra obra eminentemente filosófica con la que mucho tiene que ver esta de Sábato. Pero la crueldad deliberada y exquisita -perdón por el vocablo- de Juan Pablo Castel, asesino confeso de María Iribarne, se lleva la palma. Su mente enferma, disruptiva, bipolar y angustiosa conduce a los personajes principales de la trama a una tensión dialéctica de la que es inviable salir airoso en virtud de la recurrente estupidez celotípica y abstracta, de los insanos pensamientos de un ser que cree amarse tanto a sí mismo que en realidad se aborrece. Tan poca justificación es capaz de encontrar en sus actos a pesar de sus esfuerzos a lo largo de la novela que, de forma análoga aunque en sentido inverso a aquella puñalada que Dorian asesta al cuadro que lo ha destruido y que lo libera del mundo, Castel opta por la aniquilación de la obra que considera responsable de su mal, la declara chivo expiatorio y con lágrimas en los ojos le conduce a residir en el túnel del que jamás quiso salir: “sentí que una caverna negra se iba agrandando dentro de mi cuerpo”.

El existencialismo más radical y extremo del autor argentino, tan ausente de esperanza como rebosante de desconfianza en el género humano se puede resumir en una de las primeras impresiones que con fingida sinceridad comparte Juan Pablo con el lector: “que el mundo es horrible es una verdad que no necesita demostración” y el único método que ha ideado la humanidad para sobrevivir a este supuesto dogma es la desmemoria histórica, algo que no consigue ni por asomo Castel, condenado desde la primera línea, sobre todo por sí mismo, al ostracismo y a la incomprensión de los que tanto huye.

La contradicción concienzuda del personaje es de igual forma la punzante e ideológica que persiguió a su creador a lo largo de su existencia. Autodefinido como anarquista, presidente de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) tras el fin de la dictadura, pero acusado a su vez por otros intelectuales de apoyar a Videla... Imposible es conocer si Sábato fue feliz o si recibió con implacable deseo el abrazo de la muerte, pero agradezcámosle al menos que nos haya donado las sentencias descorazonadas de “El túnel” y su descarnado nihilismo, porque a través de los pensamientos de Castel y su retorcida y sospechosa percepción de la vida (“me elogió los cuadros de tal manera que comprendí que los detestaba”) se llega a discernir con nitidez inaudita aquello que no nos hace mejores.

Curioso como dos personajes diametralmente opuestos en carácter, credo y maneras de relacionarse: Juan Pablo Castel y la desconocida de Zweig, me pueden resultar tan próximos y autodestructivos, y ambos consideran, absurdamente, que aman demasiado como si el amor sin complejos, alguna vez, pudiera ser excesivo.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 8

EL TÚNEL
4 con 3 votos

Hoy, uno de esos eternos pendientes que por fin ha dejado de serlo.
Se trata de la obra con la que Sábato logró el reconocimiento mundial, su primera novela.

Tenemos una novela en cierto modo policíaca, de estructura y tintes psicológicos, contada en primera persona por Juan Pablo Castel, un pintor reconocido que y en la frase que da comienzo a la historia, nos informa de que ha asesinado a la mujer que ama: María Iribarne.
Del tirón.

Nos cuenta desde su celda todo con pelos y señales, desde el comienzo, cuando conoce a la tal María en una de sus exposiciones y la observa de lejos, pues se queda mirando uno de sus cuadros aparentemente fascinada.
Y aquí entramos en una espiral de celos, obsesiones y negatividad a partes iguales que, debo decir, me ha puesto de bastante mala leche. ¡¡¡Qué hombre más insoportable!!!

El caso es que Castel va narrando en primera persona como hace lo indecible para acercarse a ella y meterse en su vida, enamorarse e intentar enamorarla, metiéndonos en sus pensamientos sin llegar a comprenderle en prácticamente ninguno de los momentos expuestos. A mí me ha pasado eso, básicamente quería golpearlo.

Debo decir que aquí lo importante no es la historia en sí, si no la forma de narrarla, seca y lacónica, donde el lector puede sentir esa tensión y obsesión que va en aumento según las páginas avanzan, aún conociendo el final de ese túnel al que irremediablemente sabemos que llegará… a pasos agigantados.
La narración va de menos a más, comenzado por los leves detalles que dan paso a un obsesión 100% destructiva que cada vez va más encaminada a la locura.

Me ha gustado, aunque debo confesar que estaba deseando terminarlo porque el protagonista me ponía de los nervios.

En esta ocasión, son varias las adaptaciones cinematográficas, todas homónimas:
1952, por León Kilmovsky.
1977, por José Luis Cuerda.
1987, por Antonio Drove.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 6

DESEO FERVOROSO DE SER UN BRUTO ILETRADO
3 con 4 votos

Nunca he deseado más, estar confundido que tras mi apreciación de este libro. Todo el mundo opina que es una obra maestra y a mí me ha parecido malo per se y además deleznable y reprobable. Es decir, supongo que debo ser yo el que no se ha enterado de nada y no ha interpretado correctamente lo leído.

Primero expondré la crítica, (mi crítica), lo más asépticamente posible. Después indicaré por qué he aborrecido el libro.

El texto es básicamente la narración autobiográfica de un perturbado, obsesivo, posesivo, hiperceloso y machista, en una historia de "antirrazonamiento" en que acaba justificando el asesinato de su pareja porque no consigue llegar a apreciar que sea totalmente "suya". Vamos, la quintaesencia de la tan manida violencia de género actualmente tan en boga. Perfecto, hasta aquí ningún problema, el libro es desagradable pero tratando de este tema no tiene por qué ser un camino de rosas. El problema que yo he encontrado en este aspecto es que, salvo la descripción de sus razonamientos, los sucesos y personajes que sustentan la trama son absolutamente increíbles. Lo bueno, simplemente lo corto que es el libro…

Y ahora la parte personal que me lleva a calificar el libro de deleznable y de apología de lo injustificable.

El problema es que toda la narración tiene un tufo insoportable a "Es que yo soy artista y son mis demonios personales los que me hacen ser así. El ARTE es así, nos atrapa y nos hace hipersensibles y desequilibrados. Es el precio a pagar por ser tan grandioso". Esto es simplemente intragable e injustificable. Me dan ganas de vomitar. Lo siento, por ahí no paso. Además todo narrado de forma extremadamente pedante repitiendo una y otra vez el típico lugar común de "Belleza-tan-Sublime-que-Duele". Dos simples ejemplos: 1º) al inicio, el personaje, que es pintor, se enamora de su víctima porque es la única que se ha fijado en una ventana en una esquina de un cuadro que para él es lo único importante del mismo… y 2º) transcripción literal de un pasaje (y como este hay varios): "¡Dios mío, si era para desconsolarse por la naturaleza humana, al pensar que entre ciertos instantes de Brahms y una cloaca hay ocultos y tenebrosos pasajes subterráneos!"

Lo dicho me reafirmo en que ojalá lo que ha ocurrido es que no me he enterado de nada…

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 1