En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

EL LOBO DE MAR

8.33
3 votos
Portada de EL LOBO DE MAR

Comprar EL LOBO DE MAR en Amazon.es

Autor: JACK LONDON
Título original: The sea wolf
ISBN/ASIN: 9788420649429
Género: Aventuras
Editorial: ALIANZA
Fecha de publicación: 1904
Fecha de edición: 1988
Número de páginas: 325

Sinopsis:
Tras el choque del transbordador Martínez con un vapor en la bahía de San Francisco el crítico literario Humphrey Van Weyden sube a bordo de la fragata Fantasma, capitaneada por Lobo Larsen. Se le impide el regreso a la costa y se ve obligado a formar parte de la tripulación del barco, que se dirige a cazar focas. Muy pronto Van Weyden descubre un mundo brutal en ese microcosmos en el que gobierna y domina Lobo Larsen. Un hombre dominado por los instintos animales más brutales, que basa sus actos en el poder de la fuerza, para quien la vida de un semejante no tiene valor, pero que no obstante posee una inteligencia que le permite filosofar sobre ella y tener conciencia de la vida.

Etiquetas:

 
Ordenar reseñas:

LOBO LONDON
4.75 con 4 votos

Todo comienza cuando nuestro protagonista navega por la bahía de San Francisco; hay niebla espesa, hace frío y la visibilidad es casi nula, Humphrey va en la cubierta de proa intentando ver algo; de repente oye un rumor y se intuye una sombra entre la espesura… y ocurre la catástrofe. Otro barco les ha envestido provocando una vía de agua, se oyen los gritos de las mujeres, su embarcación se va rápidamente a pique, y cuando se quiere dar cuenta está en el mar, el agua está helada, siente que no le han visto, está entumecido de frío, y comprende aterrado lo rápido que ha pasado de feliz pasajero a náufrago cuasi desahuciado. Entonces y con igual rapidez, aprecia que una masa enorme se dirige hacia él, le es imposible reaccionar, pero siente que le izan y le depositan en algún lugar de una cubierta, está salvado.
Todo esto que acabo de contar sucede en las primeras veinte páginas de un libro que tiene cuatrocientas, por tanto, no es nada más que su comienzo y por eso lo cuento. Pero a partir de aquí, ya no voy a contar nada más, porque hacerlo supondría perder gran parte del interés que genera su lectura. Sí diré que, a partir de ese punto, las cosas discurren de manera rápida e intensa. Humphrey es narrador y protagonista pero no el único, el otro es el patrón de la goleta que le ha salvado al que conoceremos en la novela como “Lobo Larsen”.
Un vistazo rápido en Internet me permite averiguar, que en 1941 se rodó una película basada en esta novela, dirigida por Michael Cúrtiz y con Edward G. Robinson en el papel de Lobo Larsen, pero la desaconsejo por dos razones: la primera, porque distorsiona radicalmente los personajes principales del libro, la segunda, y no es una cuestión menor, porque el perfil humano de Lobo Larsen es absolutamente incompatible con la imagen y con la personalidad del actor; ambos rasgos son básicos para el desarrollo de esta historia y que Edward G. Robinson no tenga nada del lobo de mar a que se refiere el título, modifica drásticamente la historia.
En la novela concurren dos circunstancias que actúan en paralelo pero convergen en sus resultados; una, es el lenguaje utilizado; la otra, la manera de organizar la historia. Su texto es apasionado, con garra, con frases cortas, contundentes, claras y directas, con todo lo necesario y prescindiendo de todo lo superfluo, lo que, en conjunto lleva a leer con cierto frenesí. Esto en lo referido a su estilo. Y en cuanto a su organización, los episodios se suceden a ritmo frenético en una secuencia incansable que lleva directamente al grano, sin dar descanso a la imaginación y pasando a lo siguiente antes de sospecharlo. Así que, un texto muy directo y una rápida secuencia narrativa, convergen y conducen a sentir el avance por sus páginas como una carrera al sprint en la que los datos pasan vertiginosamente por la mente de un lector que quiere siempre saber lo que viene a continuación, sin duda, una de las mejores cosas que se pueden decir de la clásica novela de aventuras. “Lobo de mar” es pues, un formidable exponente de dicho género.
Pero matizo, también hay que señalar que no es una sencilla e intrascendente novela de aventuras. Cuando se lee, no se percibe como algo ligero, salpicado de intrigas, engaños, carreras y peleas, al estilo de las novelas de Dumas, Verne, o Salgari, en las que lo importante es que el héroe salga finalmente victorioso de sus estresantes contratiempos. Con esto no quiero decir que estos autores sean endebles, porque no lo son, los admiro y nada más lejos de mi intención que criticarlos; si los menciono, es para precisar que “Lobo de mar” no pertenece a ese tipo de novelas más bien sencillas, sino que es otra cosa completamente diferente. Aquí, la percepción que se tiene es la de leer algo serio y trascendente, porque, a pesar de que el medio en que se desenvuelve la historia es el mar, con sus abrumadores espacios y con la permanente confrontación con los elementos, los problemas que van afectando a nuestros personajes no son sólo los logísticos, que los hay y muchos, sino que también están los psicológicos, muy en la línea de las novelas de Conrad que tanto se fijaron en los problemas humanos de convivencia que se dan dentro de los limitados espacios de los barcos. Con dos diferencias; una, que el texto de London es notablemente más accesible que el de Conrad, y otra, que la dosis de acción contenida en sus narraciones es mayor, lo que, en conjunto, las convierte en más agradecidas y menos ásperas que las del polaco.
El tema de la relación entre personajes en su faceta más humana y social, tiene también su tiempo en las páginas de “Lobo de mar”, sin que ello entre en contradicción con el énfasis que he puesto en resaltar el carácter dinámico de su lectura, porque es tal el ritmo con que se desarrolla la novela que los personajes, por duros que sean, hacen de vez en cuando unas pausas, en las que se dan a intercambios reflexivos, a encuentros dialécticos tensos o relajados según el momento, de carácter intelectual, filosófico, o a veces, incluso literario, que parecen necesitar como el bálsamo que protege su salud mental en tan duras circunstancias y en las que hablan de lo divino y lo humano con un sentido y lucidez excelente que no ralentizan lo más mínimo el ritmo de la novela.
Me resta hablar del ambiente marino, de ese gigantesco océano Pacífico en que se sitúa, para decir a quien guste del tema, que pocas novelas como esta habrán reflejado con tal brillantez la época en que los marinos habían de trazar su derrota ante un viento contrario e impredecible; o recoger precipitadamente el trapo al refrescar el viento; o jugarse el tipo, trepando por los obenques, haciendo arriesgados equilibrios en la jarcia y moviéndose por cubiertas barridas por las olas en los temporales; actividades arriesgadísimas, a las que los marinos se acababan por acostumbrar y que, llegado el tiempo del vapor y de la hélice, ellos mismos empezaron a ver con un aura de romanticismo que muchos escritores, como London o Conrad, supieron trasladar a las páginas de sus libros para satisfacción de aquellos lectores a los que todo esto nos entusiasma.
Prácticamente no he dicho nada sobre la propia trama de la novela, es obvio que se desarrolla en el mar y que el título destaca el carácter curtido de un capitán de barco, pero no he dicho casi nada más y es así como debe ser para disfrutarla. Sin embargo creo conveniente difundir algunos de los grandes o pequeños temas que están en el trasfondo del argumento de esta novela, para poder captar bien la amplitud que abarca. Así que enumero algunos de ellos:

1. El romántico atractivo de los libros de viajes
2. La dureza de la vida en el mar
3. La magia y la técnica de la navegación a vela
4. La cruel explotación del ser humano por sus semejantes
5. La despiadada aplicación de la ley del más fuerte
6. El sentido profundo de la vida
7. Los problemas de convivencia en espacios reducidos
8. El ínfimo valor que, para algunos, tiene la vida humana
9. La puesta en valor real del lujo y las comodidades
10. El sentido de la escala jerárquica de mando en un barco
11. La lucha robinsoniana por la supervivencia
12. La ética de los marinos en relación con los derechos de los náufragos

Y así, tantos y tantos debates humanos, psicológicos, personales y sociales, que se pueden suscitar en el mar. Son temas que van mucho más allá de lo que yo esperaba encontrar en una genuina novela de aventuras, pero he de resaltar que no modifican ni su esencia dinámica, ni el aliento romántico que tiene para muchos, entre los que me cuento, sino que, bien al contrario, las enriquecen y les aportan un valor añadido del que otras novelas más sencillas, de autores como los antes citados, carecen. En fin, un placer.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9