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EL INOCENTE

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Portada de EL INOCENTE

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Autor: GABRIELE D´ANNUNZIO
ISBN/ASIN: 9788493897284
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: DÉPOCA
Fecha de edición: 2014
Número de páginas: 336

Sinopsis:
El inocente narra la historia de un adulterio protagonizado por Tullio Hermil, un joven aristócrata italiano, refinado y libertino, que, abrumado por una carga sensual incontrolable, profesa continuas humillaciones y sufrimientos a su bella esposa Giuliana, traicionándola con hermosas mujeres, entre ellas, algunas de sus mejores amigas.

Tras un tardío intento de acercamiento a su esposa, Tullio comienza a sospechar que la sumisa Giuliana, tras soportar durante años tan dolorosas y repetidas infidelidades, se ha visto tal vez empujada a los brazos de otro hombre. Atormentado por los celos, Tullio enferma de un odio irrefrenable que le lleva a enloquecer con terribles e irreparables consecuencias.

El inocente (1892) nos muestra la sociedad aristocrática italiana de finales del siglo XIX, honorable y virtuosa en apariencia, que oculta una realidad de hipocresía y engaño, celos y venganzas. Pero por encima de todo, El inocente es la historia de una confesión: «Preciso es que me acuse, que me confiese. Debo revelar mi secreto a alguien. ¿A QUIÉN?»

Los temas centrales de la novela, la culpa, el remordimiento y la expiación, la encumbran junto a la gran literatura rusa del siglo XIX (Tolstóy y Dostoievsky en especial), entremezclándola con influencias de la escuela simbólica francesa: el resultado es una prosa muy hermosa y las páginas más trágicas, conmovedoras y apasionantes de D´Annunzio.

El inocente entusiasmó a escritores de la talla de Marcel Proust, James Joyce, y cineastas como Luchino Visconti, que llevó la novela a la gran pantalla con gran éxito en 1976.

Ficha creada por Guille

 
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UNA PENA
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Viene de antiguo esto de las crisis de pareja después de transcurridos entre cuatro y siete años, no por nada, desde que el mundo es mundo, en eso que denominamos amor entran en juego las mismas misteriosas sustancias de nombres tan curiosos como el de testosterona, serotonina, dopamina, oxitocina o vasopresina.

Lo que no ha sido, afortunadamente, siempre igual es la forma en la que expresamos estas (o cualesquiera) emociones. Y en este caso, debo decir que no puedo con la ampulosidad y empalagosidad de este exuberante sentimentalismo romántico que llena las páginas de esta novela, lo siento pero me supera.

Y es una pena, porque D’Annunzio escribe bien pero ese modo de expresarse tan almibarado tanto si nos relata los remordimientos del “inocente” Tullio, como cuando nos expresa su exaltación amorosa como cuando nos sumerge en sus insufribles tormentos -nunca está sereno este hombre exagerado pasando de la desdicha más desgarradora a la felicidad más embriagadora- me impide conectar con los sentimientos de este personaje que, tratado de otra forma, bien podría haber llegado a ser un nuevo Raskólnikov en una novela, por otra parte, muy Dostoyevskiana.

Pero, de la misma forma que digo esto, también creo que esta prosa será muy del agrado de otro tipo de lectores. Ya digo que D’Annunzio no escribe nada mal.

Para terminar, tres comentarios al margen. Me chocaba muchísimo la incontable utilización de la palabra orgasmo en situaciones que no son esas situaciones en las que yo utilizaría la palabra orgasmo. Me extrañó que la traductora utilizara una nota a pie para aclarar situaciones de la trama. Y, por último, me sorprendió muchísimo esta estupidez:

“Por dicha ley (la influencia de la herencia) un hijo en ocasiones no se parece ni a su padre ni a su madre, sino al hombre que ha tenido con la madre un contacto anterior a la fecundación. Una mujer casada en segundas nupcias, tres años después de la muerte de su primer marido, concibe hijos que tienen todos los rasgos del marido difunto y n se parecen en nada a aquel que los ha procreado.”

Para compensar (un poquito) un párrafo que sí me gustó (no fue el único pero sí son minoría):

“¿Quiénes somos? ¿Qué sabemos? ¿Qué queremos? Jamás nadie ha obtenido aquello que ha amado; jamás nadie obtendrá aquello que amará. Buscamos la bondad, la virtud, el entusiasmo, la pasión que colmará nuestras almas, la fe que calmará nuestras inquietudes, la idea que defenderemos con todo nuestro arrojo, la obra a la cual nos consagraremos, la causa por la cual daríamos la vida. Y el final de todos nuestros esfuerzos es simplemente un vacuo cansancio, el sentimiento de la fuerza que se disipa y del tiempo que se derrocha…Y la vida, me parecía en aquella hora, una visión lejana, confusa y vagamente monstruosa. La demencia, la estupidez, la pobreza, la ceguera, todas las enfermedades, todas las desgracias; la oscura agitación continua de fuerzas inconscientes, atávicas y bestiales en lo más íntimo de nuestra esencia; las más altas manifestaciones del espíritu, inestables, fugaces, siempre subordinadas a un estado físico, ligadas a las funciones de un órgano; las transfiguraciones espontáneas surgidas por una causa imperceptible, de la nada; la parte inevitable de egoísmo que existe incluso en los más nobles actos; la inutilidad, la futilidad de los amores supuestamente eternos, la fragilidad de las virtudes supuestamente inquebrantables, la debilidad de las más sanas voluntades, todas las vergüenzas, todas las miserias se me aparecieron en aquella hora. ¿Cómo se puede vivir? ¿Cómo se puede amar?

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 5