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LA DAMA DEL LAGO

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Portada de LA DAMA DEL LAGO

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Autor: RAYMOND CHANDLER
ISBN/ASIN: 9788420672304
Género: Novela negra, intriga
Editorial: ALIANZA
Fecha de edición: 2001

Sinopsis:
Cuarta novela publicada por Raymond Chandler (1888-1959), LA DAMA DEL LAGO (1943) fue una de las obras más largamente gestadas por su autor, así como una de las de mayor éxito de público. Situada, de forma estrictamente contemporánea, durante la Segunda Guerra Mundial, la acción, que desencadena la desaparición de una mujer, se desarrolla a caballo entre Los Ángeles y las montañas próximas a la ciudad. A diferencia de lo que ocurre en otras novelas de Chandler, como «El sueño eterno» (BA 0700) o «Adiós muñeca» (BA 0702), en esta ocasión Marlowe no se ve mezclado con millonarios, mujeres explosivas o individuos de ocupaciones sospechosas, sino con personajes corrientes cuya condición, sin embargo, no los exime de la sujeción a las pasiones, la corrupción y el crimen.

 
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DAMAS DE ARMAS TOMAR
4.75 con 8 votos

Fue la primera novela que leí de este escritor norteamericano, que apenas recordaba. Seguramente la primera lectura no la he disfrutado tanto y tampoco me he cerciorado de su gran categoría como ahora. Se puede decir que esta relectura ha sido una nueva historia para mí, y bastante agradable.
“La dama del lago”, título con reminiscencias de la leyenda artúrica, es la 4ª novela y el ecuador de la serie de relatos protagonizados por Philip Marlowe. Además del marco natural de Los Ángeles, el detective se desenvuelve, como pez en el agua, en parajes lacustres rodeados por la naturaleza salvaje, y ambientes urbanos, no menos peligrosos, de ciudades más pequeñas como Bay City (topónimo que disfraza a Santa Mónica).

Novela escrita en 1943, posee la misma fecha la acción narrada. En el texto hay diseminadas varias alusiones que hacen referencia a la coetánea 2ª Guerra Mundial; presente en forma indefinida, como algo tan amenazador como espectral.
Un relato donde es incontestable el protagonismo femenino en la trama. Deambulan varias mujeres de variado “calado”: la clásica femme fatale tan seductora como manipuladora y mortífera; secretarias atractivas e inteligentes que son eficientes en varias facetas; esposas celosas e impertinentes; o aquellas que son independientes, promiscuas, frívolas y caprichosas, y que, ante un posible escándalo, son el quebradero de cabeza de sus ocupados y temerosos maridos.
Otra peculiaridad de “La dama del lago”, son sus personajes normales y corrientes. Esta vez no se pasean por el argumento gánsteres, traficantes de drogas o políticos corruptos; habituales especímenes en sus primeros libros.

Del mismo modo que en las obras anteriores, Marlowe hace gala de cinismo, desconfianza y un ingenioso sarcasmo en sus diálogos. Tiene como objetivo encontrar la verdad, que permanece oculta entre apariencias, pasados oscuros, enredos y personas sin esperanzas. Con humor acido, desapego, psicología sobre la condición humana y su larga experiencia, intentará seguir una actitud recta y honesta en un camino lleno de recovecos.

Como toda buena novela negra, y como las antecesoras de Chandler, la intriga tiene (y debe) como principal intención el análisis de la sociedad, y poder cristalizarlo mediante la narración en forma de denuncia. Al igual que en “La ventana alta”, intenta sacudir conciencias mostrando los métodos abusivos que utiliza la policía de una población pequeña y “tranquila”. Sin embargo, Chandler no cae en el error (y poco real) del maniqueísmo absoluto, además muestra la honestidad y la profesionalidad (tan acorde a Marlowe) de algunos de estos “denostados” agentes de la ley.

El misterio, la búsqueda de una mujer desaparecida y el hallazgo de un cadáver, no solamente cumple el requisito de introducirnos y describirnos la corrupción, la degeneración moral y la ambición de una comunidad o personas, si no que juega un papel importante el resolver el enigma. En la mayoría de este tipo de novelas la trama detectivesca del caso queda relegada a un segundo plano, pero, esta vez, Chandler acentúa y da más énfasis a la intriga. El escritor cuida más las pistas, los indicios y los detalles puramente manejados por el detective de pipa y lupa. Y mezclado con las características habituales de cinismo, mordacidad, violencia, sexo, alcohol, drogas, etc. da un resultado con doble satisfacción para los amantes de ambos géneros consanguíneos.
Aunque, para ser sincero, uno de los misterios principales parece bastante obvio y es fácil descubrirlo.

Trama elaborada con varias ramificaciones, con toques de casualidad y causalidad, que la hacen aún más interesante. Con un estilo habitual en Chandler (directo y conciso) confecciona una intriga compleja y adictiva; todo un goce para esta clase de lectura. Hasta ahora (me faltan 3), y junto con “Adiós, muñeca”, son los mejores casos de este procaz y solitario detective.
Libros que dejan huella, como varias de sus frases. Y para terminar mi comentario, copio una de ellas:
“No me gustan sus modales…" "No importa -le respondí - no están en venta.”

Escrito por FAUSTO hace mas de un año, Su votacion: 7

EL DETECTIVE TRISTE
4.71 con 7 votos

Guardo buenas sensaciones tras leer esta novela, pero de todas ellas, la fundamental, es la sensación de haber acertado en su elección lo que me llevará a leer, antes o después, el resto de la serie o al menos de las que disponen en mi biblioteca. La dama del lago, es lo que yo entiendo por una novela entretenida; es una de esas lecturas a las que cualquiera se acoplará cómodamente sin preocuparse de otra cosa que no sea la trama y su desarrollo; y eso, que se podría uno preguntar cual es la razón de ese agrado, por que la trama, los personajes, y el ambiente en que esta se desarrolla, están permanentemente metidos en una atmósfera llena de malhumor, depresión, y pesimismo, que le añade un tinte gris, tirando a negro azabache, que explicaría perfectamente la denominación del género en que se encuadra.
Bueno, pues a pesar de todo eso, la lectura no es amarga sino, al contrario, es atractiva; enseguida nos acomodamos y disfrutamos metidos en el pellejo de este tipo. El detective Philip Marlowe (el protagonista), además de explicarnos los líos de la trama, nos muestra a través de su narración en primera persona cómo es él, y cómo es todo lo que le rodea, sus pequeñas inquietudes del día a día, algunos detalles de su apartamento, sus dificultades económicas, su trato con su cliente, con las personas a las que entrevista, o con los policías; y en todo ello, flota siempre una sensación de desesperanza tal, que, al principio, te convences de que éste es un pobre hombre al que le ha ido mal en la vida para, enseguida, comprobar que no, quiero decir, que no le pasa a él sólo, que los otros personajes que pululan a su alrededor están también afectados de su mismo mal, todos, y sin excepción; y el lector, a todo esto, tan fresco leyendo encantado. Podría pensarse entonces: ¿Es que no se da cuenta el que lee, de la mala situación afectiva de estas personas y no se compadece un poco de ella? ¡Hombre, pues si!, comprendes enseguida que tienen el ánimo por los suelos, pero también percibes como un hecho incontrovertible, que eso a ti que lees no te afecta, pero que nada de nada, ni lo más mínimo. Y cuando menos lo esperas, de repente, ¡Zas! aparece un cadáver; y no mucho después (al día siguiente), ¡Zas! aparece otro; y el asunto, en vez de producir la desazón o la tristeza propia de la trascendencia ética y moral que tiene la muerte, ¡es al revés!, te sube la adrenalina, y se pone mucho más interesante.
Yo creo que una de las claves del éxito de la novela negra, está en la controlada intención del escritor de poner distancia entre los seres humanos que se pasean por sus novelas, y los personajes que representan en la trama. A fin de que no se aprecie mucho ese distanciamiento, el autor nos da unos cuantos detalles de esas vidas privadas; así, puede trazar bien su personalidad y así puede también aparentar que desvela sus sentimientos más íntimos; con el aporte de esos detalles, el relato denota cercanía a las personas, cuando no es verdad, la realidad es que es distante por que nada se nos dice (ni hay ánimo de hacerlo) de su auténtica forma de ser, o de sus sentimientos más íntimos. Así que, palpamos relaciones que tienen alguna apariencia de proximidad afectiva aún cuando no la tienen, la realidad es que esos personajes son distantes, muy distantes, y es deseable e intencionado que así sea si lo que se busca es que cuando a alguien le peguen un tiro, nos quedemos tan frescos, y nuestra mente, a partir del hecho terrible de la muerte, sólo sea capaz de dirigirse a especular sobre quien pudo haber disparado.
Las razones que habitualmente se aducen como explicación del pesimismo vigente en estas novelas, son reales, nadie las pone en duda; pero son, puramente circunstanciales. Hay que suponer que la Gran Depresión del 29, o el gansterismo generado por la Ley seca, serían los responsables de una situación de corrupción y pesimismo agravada por estar en plena Guerra Mundial. Son hechos, que están ahí y que dieron lugar (parece ser) a un malhumor colectivo; pero para lo que ahora nos sirven, es para atestiguar cómo influyeron en la atmósfera presente en estas novelas; un ambiente que por triste y oscuro, era el que más interesaba a los lectores al propiciar historias con garra y con personalidad, que se convirtieron en éxitos de ventas y en el modelo a seguir.
Decía al principio que una de las sensaciones que deja La dama del lago, es el fácil acoplamiento del lector en la historia. No tengo ninguna duda de que una de las razones de esa facilidad es el lenguaje con que está escrita. Es un texto en el que se aprecia el deseo de ir directamente al grano; por tanto, huye de circunloquios y expone las cosas con claridad y sencillez. Sin embargo, tampoco peca por eso de ser un texto excesivamente simple, desde el momento en que está afectado por el ambiente de pesimismo y violencia, de la misma manera que lo está el resto de la novela. Quiero decir, que la claridad y la sencillez están contrapesadas por un despiadado baño de mala leche que afecta a todos los diálogos, casi sin excepción. El tono en que Marlowe pregunta cosas a la gente, empieza ya por ser seco y descarado, pero los interpelados son, como mínimo, antipáticos, con frecuencia impertinentes, y a veces violentos. Claro, da la sensación de que con tan sombrío panorama, o tira un poco del sentido del humor, o el tiro se lo pega él mismo, o se larga a las Chimbambas como última opción; así que no tiene más remedio que echar mano del humor, y aplicarlo con grandísimas dosis de ironía y sarcasmo, a pesar del riesgo de que la gracia no le haga ninguna gracia a aquel al que va dirigida, y más si es un policía (son muy susceptibles). Y lo cierto es que el resultado de todo eso, es un texto ingenioso, muy directo en la explicación de la trama por el narrador, y muy atractivo por sus diálogos cargados de frases inteligentes, de cáusticas metáforas, y de arriesgados envites, que tiene la virtud de permitir una lectura ágil y apasionante, siempre, claro está, dentro de las coordenadas de una novela policíaca que no pretende tener mucha más trascendencia, pero que sorprendentemente, se acepta por el lector como una lectura de calidad.
Debe ser el tono general depresivo el que lleva a Marlowe y a otros que enseguida se suman a la propuesta, a darse unas duchas interiores a base de güisqui, que resultan sorprendentes para un lector que ya empezaba a sudar contagiado por el tremendo calor del mes de Julio californiano, y que hubiera entendido mucho mejor que se hubieran hecho con unas cervecitas bien frías, por no hablar del atranco de cigarrillos a que se someten el detective y la compaña; pero bueno, tampoco hay que cebarse con estas cosas que solo indican que los tiempos cambian y que ya nada es como era antes.
En principio no me parece que Marlowe, como personaje, sea difícil de encajar físicamente en cualquier actor de los años cuarenta; como he dicho antes, su auténtica personalidad individual no está reflejada en la novela, lo que aparece en ella es, más bien, el detective-tipo en que lo ha convertido la complicada sociedad en la que vive, algo así como un estereotipo de lo que la desesperanza puede hacer con una persona (sobre todo si es detective); y para encarnar un personaje así de esquematizado, cualquiera de aquellos actores con cara de palo, tristeza impostada en el rostro, y sonrisa cínica, valían perfectamente. Robert Mongomery, actor hoy casi desconocido, representó al personaje en la versión fílmica del año 47, Humphrey Bogart, y Robert Mitchum, lo encarnaron en otras adaptaciones de la serie, y otros varios actores, como Dana Andrews (Laura), por ejemplo, también podían haberlo hecho bien; pero hay uno en particular, que yo creo que los hubiera superado a todos por que a su imagen física unía también una magnifica capacidad para haberle insuflado vida a Marlowe, mucho más allá de su representación del modelo de detective desengañado que aparecía en la novela. Me estoy refiriendo a Joseph Cotten, cuyo perfil en El tercer hombre, podría haber tenido algunos puntos en común con el protagonista de La dama del lago, tal vez, un poco más inseguro, pero igual de desesperanzado, y Cotten era un extraordinario actor que hubiera sabido dar ese punto extra al personaje.
Tengo muy claro, que el mayor interés de esta novela reside en el magnifico lenguaje que su autor utilizó para escribirla, mucho más adaptado a la novela policíaca que el de Dashiell Hammett en El halcón maltés, que encontré pasado de rosca con una dureza y una chulería en sus personajes que llegaba a perjudicar su lectura como novela eminentemente policíaca. Por otro lado, no hay que desdeñar la propia trama de la investigación de los crímenes, que es muy interesante y que tiene un ritmo creciente a lo largo de la novela, que ayuda mucho a mantener en alto la tensión de principio a fin. Lo cierto, es que el balance de la lectura de La dama del lago, es muy satisfactorio en sus dos vertientes; como novela policíaca tiene una de las tramas mejor montadas que haya leído nunca; y también como simple novela, por su argumento bien estructurado y por un texto de gran calidad.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 8