En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

EL DÍA DEL WATUSI

9
2 votos
Portada de EL DÍA DEL WATUSI

Comprar EL DÍA DEL WATUSI en Amazon.es

Autor: FRANCISCO CASAVELLA
ISBN/ASIN: 9788433998033
Género: Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha de publicación: 2002
Fecha de edición: 2016
Número de páginas: 896

Sinopsis:
Publicada por primera vez en tres volúmenes entre 2002 y 2003, El día del Watusi supuso la consagración de Francisco Casavella como uno de los talentos mayores de nuestras letras. Novela inagotable sobre «los cómos, los porqués, los para qués y los y qués» de la transición española, en palabras del autor, su relectura da por buena la imagen casavelliana del novelista como el guía mestizo de los westerns, aquel que se avanza a la tropa, se expresa en un lenguaje extraño y nos avisa de que las cosas no son lo que parecen.

Recapitulemos. Barcelona, enero de 1995: a Fernando Atienza, un arribista más bien cómico y en las últimas, le encargan un Informe Confidencial acerca de uno de esos personajes oscuros que frecuentan indistintamente las páginas de tribunales y los ecos de sociedad de los periódicos. En un contexto de disolución de la democracia a golpe de escándalos políticos y financieros y de pequeñas y grandes claudicaciones, Atienza se dispone a repasar la historia de su ciudad y de su país. Pero también la de su vida. Todo empezó el 15 de agosto de 1971, el día en que con su amigo Pepito el Yeyé corrió detrás del Watusi por toda Barcelona para avisarle de que lo buscaban por la violación y el asesinato de la hija del cabecilla del barrio.

Francisco Casavella murió repentinamente a los cuarenta y cinco años, en diciembre de 2008, mientras escribía una nueva novela que recuperaba el personaje de Fernando Atienza. Tampoco él había podido abandonar el mundo del Watusi. Y, como el propio Watusi, la gran novela de Francisco Casavella se ha convertido en un auténtico mito. La recuperamos en un volumen, con las últimas correcciones que incorporó el autor y con prólogos de Kiko Amat, Carlos Zanón y Miqui Otero. La edición definitiva de un clásico contemporáneo.

 
Ordenar reseñas:

¿TÚ SABES QUÉ SIGNIFICA LA W?
5 con 3 votos

Con mucho miedo y poca prudencia me atrevo a escribir algunas cositas sobre la novela para ver si así abrimos el apetito de alguno o alguna más (no seas muy severo conmigo, Krust, ya te comenté que me da pena que libros como este se queden sin comentarios). Ahí van:

Existen unas cuantas ideas recurrentes en torno a la novela de Casavella. La crítica, sobre todo la de la época en la que fue escrita, osciló entre “una novela de culto”, por aquellos unos que se enamoraron de ella de inmediato y tardaron na y menos en elevarla a la categoría de clásico, y “una novela fallida”, por aquellos otros que directamente la tiraron a la basura del quiero y no puedo, contenedor de excesos y desmesuras.

Desde entonces, la novela ha llegado a adquirir categoría de mito, siendo incluso venerada cada 15 de agosto, su día oficial en el que se saca al Watusi en procesión, icónico modelo de tatuajes y posters (fantásticas las diversas imágenes que han servido de portada a la obra jugando con esa figura que se contorsiona no se sabe muy bien si presa de un desenfrenado baile orgiástico o alcanzada por un balazo traicionero). Un mito que parece tener más seguidores que lectores (“novela maldita” es algo que también se lee a menudo) y que, mira tú por donde, ahí está incluida en esa lista que elaboró Babelia de las 25 mejores novelas de los últimos 25 años.

Mendoza y Marsé también son dos citas ineludibles en toda reseña del libro (yo también podría incluir al Bolaño de Los detectives salvajes). Casavella puede ser tan divertido y grotesco como el primero y tan lírico y enamorado de sus personajes como en sus retratos sociales llega a serlo el segundo, y de ahí otra idea recurrente de un Casavella siempre entre lo literario y lo popular, un equilibrio que en mi opinión alcanza con sobresaliente.

El día del Watusi es una novela política: “La gran novela de la transición” que dicen. No les falta razón. La novela es un gran retrato de aquella época y, grotescas conspiraciones aparte, una lúcida llamada a cuestionar algunas de las tesis oficiales. En las primeras páginas se encuentra una declaración de lo que aquello fue que no tiene desperdicio (aunque, por no alargarme demasiado, aquí haya tenido que desperdiciar bastante de lo dicho allí): “Durante el inicio de la época que nos llevó del miedo esperanzado al tedio se fomentó el olvido como un valor… Se fue frívolo en el comercio, en la propaganda, en la política, y por caminos abyectos la inconsciencia se resolvió una vez más en estupidez… Así mientras el gris claro y el gris oscuro se alternaban en el poder aparente y se adjudicaban el mérito de la inercia colonial como un idiota vocea que el flujo de las mareas es cosa suya, la mayoría del pueblo creía en el deporte en estadios, en amoríos famosos y en la economía doméstica como único talento social y baremo indiscutible de la dignidad ciudadana.” Vamos, lo que viene siendo aquello de que al final siempre ganan los malos, los mismos.

¿El día del Watusi es irregular? Sí. ¿El día del Watusi es desmesurada? Sí. La novela, de casi mil páginas, es un río con un enorme caudal y no pocos afluentes que dan cuenta de la colosal ambición que la concibió y la perpetró, pero también de la falta de freno a las ganas de decirlo todo. El argumento que la sostiene, la excusa que da pie al relato, tampoco es para tirar cohetes. Y aunque crea un buen puñado de grandes personajes (ains esa Elsa), tampoco faltan ocasiones en las que se desliza por el fácil tobogán del tópico.

Y pese a todo, es un auténtico gustazo zambullirse y chapotear sin mesura en ese río lleno de esas rarezas que les pasan a los raros, siempre ojo avizor a las posibles pozas o a los rápidos trepidantes que puedan dejarte patas arriba y desorientado. En una novela muy libre, a la que se le perdona muy fácil la cantidad de palabras, reunidas y ordenadas no pocas veces de forma soberbia para configurar ese río, por terminar de una forma antiheraclitana con la metáfora fluvial, en el que con frecuencia te bañarás dos (o más) veces, bien por la belleza de sus aguas, bien por la clarividencia de sus corrientes, o bien por el barroquismo de sus remolinos, que todo hay que decirlo.

El día del Watusi es un libro enigmático, seductor, paradójico, romántico, tramposo, amargo, juguetón, canalla. El día del Watusi es un libro que reivindica la creación de mitos, fábulas y monstruos propios, “sin los que no seríamos nada”, como defensa ante mitos ajenos. El día del Watusi es un libro que nos pide aceptar lo irracional, lo ambiguo, lo caótico, “el bailar por bailar”, el misterio, como “una búsqueda interminable de argumentos para seguir amando la vida”.

El día del Watusi no es un libro perfecto, puede que esté muy lejos de serlo, pero seguro que permanecerá en la memoria de los que lo lean (y entren en su juego) mucho más tiempo que otros más ortodoxos y, esto es refinitivo, es de esos libros que te dejan con la sensación de no haberlo abarcado todo y que, por tanto, uno está seguro que releerá algún día. Solo lamento una cosa: que la ciudad no hubiera sido Madrid.

"¿Tú sabes qué significa la W? -Y antes de que pudiera mentirle dijo-: Es nuestro aleph, nuestro punto de fuga. O a lo mejor la pizarra en blanco donde escribimos nuestro deseo. Nuestro deseo es una inexplicable W, por eso resulta un deseo insatisfecho. Un equilibrio entre el Cielo y el Infierno. El anhelo de simetría, de no estar solos, de repetir el placer, expresado con una letra doble".

Escrito por Guille hace 16 días, Su votacion: 8