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CUENTOS, 1

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Portada de CUENTOS, 1

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Autor: EDGAR ALLAN POE
ISBN/ASIN: 9788420634159
Género: Terror
Editorial: ALIANZA
Fecha de edición: 2003

Sinopsis:
Esta edición en dos volúmenes ofrece la recopilación de los 67 relatos publicados a lo largo de su vida por Edgar Allan Poe (1809-1849), quien señaló que «al escribir esos Cuentos uno por uno, a largos intervalos, mantuve, sin embargo, la unidad de un libro». El primer volumen reúne las narraciones dominadas por el terror, la presencia de lo sobrenatural, la preocupación metafísica y el gusto por el análisis, mientras que el segundo recoge las exploraciones sobre el pasado y el futuro, los bellos relatos contemplativos que encierran la filosofía de Poe sobre el paisaje, la serie de estampas grotescas y los cuentos de carácter satírico.

 
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EL CREADOR DE ATMÓSFERAS
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Edgar Allan Poe es una persona fascinante, tanto como lo es de escritor. Durante toda su vida le acompañó la desgracia y desde muy temprano manifestó una sensibilidad y fuerza de voluntad fabulosas. Fue siempre un caballero sureño y un hombre cultivado. El final, todos lo sabemos. Doy estas breves pinceladas porque quiero evitar profundizar más en la interesante biografía del autor, pues se puede encontrar en todas las ediciones. Me remito por tanto a la concisa de Cortazar o la mitificadora de Baudelair.


Como escritor cuenta con varios recursos y habilidades intrínsecos a su obra y causa de su genio: una desbordante y morbosa imaginación -no confundir con fantasía-, la capacidad de crear atmósferas envolventes, cierto gusto en coquetear con la metafísica y el misticismo de la época, y una habilidad analítica sin igual. Estas habilidades se combinan de las más diversas formas en sus cuentos. Los cuales, como hace Cortazar en la edición, se pueden dividir -no sin problemas- por bloques y en cada uno de ellos reinaran unas combinaciones sobre otras. En lo que se refiere a este tomo: Cuentos de terror, de lo sobrenatural, metafísicos y analíticos. Vayamos por partes.


En los cuentos de terror -los que más fama han dado al autor- nos encontramos con la faceta más gótica e imaginativa de Poe. Sin embargo, es un gótico distinto al que yo asociaba a esa palabra: hay monstruos, formas retorcidas, y criaturas perversas, pero no pertenecen al reino de lo fantástico, sino de lo real, están dentro del personaje, parten del mismísimo sujeto. Poe interioriza absolutamente el gótico y el terror en sus personajes, quienes nos los muestran a modo de confesión. Para lograr este efecto, Poe combina en estos cuentos su imaginación con su capacidad de análisis logrando equilibrios de lo más diversos: p.e. en ‘La verdad del caso del señor Valdemar’ la forma analítica se impone al contenido sobrenatural; en ‘Manuscrito hallado en una botella’ el contenido sobrenatural se impone al personaje analítico. Gracias a esto, logra siempre la tensión necesaria para sostener esos climas sobrenaturales, y a menudo de locura, que le son propios sin caer jamás en la fantasía y la literatura de evasión, donde el escepticismo del lector se introduce entre el terror y su sentimiento incomunicándolos. Por ello es tan importante la distinción entre imaginación y fantasía: lo fantástico pertenece al mundo de lo irreal, la imaginación al de lo posible. He aquí el genio de Poe y lo escalofriante de sus mejores cuentos. Este tratamiento imagino que será padre del gótico sureño.

En estos cuentos explora temas de lo más variado dentro de un cierto tono, ya sea la venganza (p.e. ”El barril de amontillado”), las alucinaciones del opio (p.e. “La máscara de la muerte roja”), la claustrofobia (p.e. “El entierro prematura”), o la culpa (p.e. “El corazón delatador”).

Perteneciente a este bloque de relatos quiero resaltar “El pozo y el péndulo”, probablemente el más claustrofóbico del autor; “Manuscrito hallado en una botella”, el más intenso y de mis favoritos; “El gato negro”, el más famoso y de los más macabros; “El corazón delatador”, otro de mis favoritos; “El tonel del amontinado”, el más grotesco y de mis favoritos también por esa progresión y brillante final; “La máscara de la muerte roja”, donde el tono y el final son hipnóticos; “El demonio de la perversidad”, un breve ensayo sobre el tema que me impresionó; “Hop-Frog”, uno de los cuentos donde mejor lo pasé; y “El hombre de la multitud”, una rareza del autor y una prematura y fabulosa descripción de la fauna y flora de la gran ciudad. Si hubiera de poner una nota a este bloque por separado, sería un 8 sin dudarlo.


En los cuentos de lo sobrenatural -junto con los de terror- es donde observamos en mayor medida la habilidad atmosférica del autor. En estos cuentos, y siempre en términos generales, el contenido no pertenece tanto a lo gótico y lo macabro como a la metafísica y el misticismo de la época. Para lograr estas envolventes atmósferas junto a la tensión entre lo sobrenatural y lo analítico, es fundamental atender al narrador poetiano. Sus cuentos son relatados siempre por el protagonista: bien por el personaje en decadencia, siempre temperamental y con sensibilidad y la chispa del genio (rasgos de su persona que protagonizó una decadencia y final digno de estar en sus mejores cuentos), para los cuentos en que la locura es reina atmosférica; o bien, por un testigo -generalmente analítico- de lo sobrenatural. “William Wilson”, “El gato negro”, “Ligeia”, “El corazón delatador”, etc. contra “La caída de la casa Usher”, “El descenso al Maelstrom”, etc. Hay excepciones a esto, como “La máscara de la muerte roja”, donde el narrador es, para variar, omnisciente. En los primeros lo sobrenatural prima sobre lo analítico, en los segundos al revés. Prefiero los primeros. Quien aún no se halla cansado de leer estará comprobando la dificultad no solo de separar los relatos por bloques, sino los recursos del autor de que empecé hablando y que se encuentran intrínsecamente interrelacionados.

En estos cuentos es frecuente el tema del amor, pero un amor distinto a lo que solemos entender como tal y que -si hemos de fiarnos de Baudelaire- sí se encuentra presente en sus poemas. Nos encontramos pues con un amor viciado y aun así caballeresco, sin gota de lujuria, lo que no impide pinceladas de necrofilia. Es un amor fascinado, un amor adorador, donde emana de la mujer un aura sobrenatural y casi de superioridad divina. Este amor es capaz de, con la fuerza de la voluntad, levantar hasta a los muertos (p.e. “Ligeia” y “Morella”).

Aquí he de recomendar “Eleonora”, por ser una rareza de Poe donde la atmosfera no es enrarecida, sino pastoril y donde el autor juega -no sé hasta qué punto conscientemente- con las expectativas del lector que intuye la tragedia; “La familia de la casa Usher”, un clásico que nunca ha llegado a der de mis favoritos, y “Ligeia”, por ser el favorito del autor. Si hubiera de puntuar estos relatos lo haría con un 7-8.


Menos tiempo dedicaré a los cuentos metafísicos que considero más flojos. Aquí la imaginación sigue existiendo pero algo la falta, y los temas metafísicos devoran todo lo demás, disolviendo la atmósfera -el verdadero punto fuerte de Poe- en una producción que no sé cuánto tiene de ensayo y cuanto de broma.
Si hubiera de puntuarlos, tras rescatar la “Conversación de Eiros y Charmión” donde se especula con un fin del mundo que me recordó a “Melancolía” (Lars Von Trier, 2011), y a sabiendas de la dificultad de puntuar lo que en menos de un mes ya se me ha olvidado, le pondría un 6 generoso.


Por último están los cuentos analíticos: “El escarabajo de oro”, y la trilogía Dupin. En algunos de ellos el fervor analítico de Poe llega a tal extremo que es difícil reconocer su pluma. Y en ocasiones anula el resto de sus dones. Rescato “El escarabajo de oro”, por el inicio capaz de jugar con la idea de un misterio sobrenatural y porque me recordó a Tintín; y sobretodo “Los crímenes de la calle Morgue”, porque es aquí en el que sí notamos el toque macabro del autor en las descripciones del crimen por manos de una bestia, y por la introducción ensayística a los personajes y al análisis.
No me importa que fundara un género de la literatura -prefiero la que los transciende-, como tampoco me importa que atinara en sus deducciones sobre el crimen de Marie Roget, me parecen que son los cuentos más largos y flojos del autor. De tener que puntuar el bloque lo haría con un 6 más que generoso.


Antes de concluir quiero señalar algo bastante fácil de deducir con lo que llevo dicho: Poe apuesta por la subjetividad, y es una apuesta de todo o nada. Sus relatos parten de la subjetividad de los personajes, de sus demonios internos, de su visión de la realidad ‘objetiva’ a menudo más alocada y misteriosa que ellos, otras al contrario, y se dirige de lleno a la subjetividad del lector, a sus sensaciones, a sus temores, a envolverle en un clima determinado. El acierto o no de esta apuesta depende por tanto siempre de la lectura. El mismo cuento -y así lo he experimentado- puede dejar frío en una lectura y entusiasmar en la siguiente, lo mismo pasará entre uno y otro lector. El efecto de cada cuento -según el autor todos de la misma calidad y yo le creo, al menos en los dos primeros bloques- dependerá siempre del proceso de lectura, tan sensible a las circunstancias, del lector: de cómo de receptivo se encuentre en ese momento concreto. Por eso no extraña la variedad de puntuaciones.


Edgar Allan Poe escribió varios de los mejores cuentos de la literatura, hay quien dice que hasta invento el género de los cuentos -lo que explicaría su enraizamiento en América-, y aun así, él los consideraba su medio de sustento; era la poesía donde entregaba todo su ser, el medio de expresión ideal al que él aspiraba. Me pregunto qué maravillas deparará su poesía.


Un más que merecido 7.5
Eso es todo, y “¡Nada más!”

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 7