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EL CRIMEN DEL PADRE AMARO

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Autor: JOSÉ MARÍA EÇA DE QUEIRÓS
Título original: O Crime do Padre Amaro
ISBN/ASIN: 9788497594066
Género: Literatura contemporánea
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1875
Fecha de edición: 2003

Sinopsis:
Amado Vieira es un joven sacerdote que consigue ser trasladado de la parroquia rural en que ejercía su ministerio a otra en la bella ciudad de Leiria. Una vez allí, imperceptiblemente, se ve arrastrado a un ambiente de libertinaje y desenfreno por un grupo de sacerdotes de la localidad; uno de ellos llega incluso a alojarle en la casa de su amante. Y en ella, Amaro conoce a Amélia, la muchacha más hermosa de la ciudad... y la causa de su perdición. La publicación de El crimen del padre Amaro en 1875 desató un escándalo en el Portugal de la época, no solo por el explícito deseo del autor de ridiculizar al clero, sino también por su denuncia de la hipocresía de la sociedad provinciana. Esta obra, cumbre de la literatura decimonónica portuguesa, consagró a Eça de Queiroz como una de las grandes figuras de la literatura universal.

 
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REALISMO PORTUGUÉS
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Constreñidas a sus respectivos marcos idiomáticos y con una gran incomunicación mutua, las literaturas española y portuguesa del siglo XIX no consiguieron tener en Europa la enorme repercusión que sí tuvieron las literaturas inglesa y francesa. Una de las consecuencias de ello es el desconocimiento generalizado que aún hay en España de la obra de José María Eça de Queirós, uno de los mejores escritores portugueses del siglo XIX; y eso pese a que su importancia fue parecida en muchos aspectos a la que aquí tuvo Benito Pérez Galdós; ambos escritores fueron prácticamente coetáneos, cultivaron un tipo de novela similar de corte realista, empezaron trabajando como periodistas, luego se relacionaron con las administraciones públicas de sus países, Galdós fue diputado y Eça de Queirós diplomático, y ambos, también, eran tenidos por personas de ideas progresistas.

La principal consecuencia del realismo que marca su estilo literario, es la eficacia con que “El crimen del padre Amaro” introduce al lector en la sociedad decimonónica de su época, una sociedad muy aferrada todavía a valores arcaicos y conservadores, en la que sin embargo comenzaba ya a aflorar tímidamente el germen de la modernidad. La Iglesia era una de las instituciones que más se oponía a esos esbozos de progreso tratando de mantener un férreo control social; además, la presión religiosa que muestra, no hubiera sido tanta en una ciudad mayor y más moderna, como Lisboa, pero era especialmente asfixiante en Leiria, una ciudad pequeña, de interior, en la que el clero, siempre vigilante de la moral y las costumbres, fomentaba sobre todo entre las mujeres de la burguesía local, un ambiente saturado de catolicismo rancio y anquilosado.

Leer “El crimen del padre Amaro”, permite exponerse a los efectos de aquella beatería como si nos sumergiéramos en el pasado, como si viajáramos en un túnel del tiempo que nos transportara de golpe a 1870; tanto es así que cualquier lector español de más de sesenta años (como es mi caso), encuentra el ambiente descrito como algo familiar, como algo que rememora inequívocos recuerdos de la infancia, lejanos sí pero no olvidados, en los que cierta presión social del entorno hacía temer un futuro cuajado de rosarios y jaculatorias, de lecciones de liturgia y de asistencias a ejercicios espirituales. Afortunadamente, hace sesenta años había ya también otras influencias alrededor que en seguida permitieron comprender con alivio que ese temor era injustificado. Esta novela, en cambio, nos retrotrae a la segunda mitad del siglo XIX y a un país, como Portugal, de gran tradición católica, por lo que la influencia de la Iglesia debía ser allí igual o seguramente mayor que la que pudo existir en la España de 1958; y hago tanto hincapié en el ambiente en que se mueven los personajes porque el realismo de este tipo de novela (recuerdo aquí una vez más el paralelismo con Galdós), permite palpar una con gran fidelidad ese entorno tan asfixiante.

Naturalmente, cuando se plantean los problemas que son centro del argumento, el lector de hoy toma partido y comparte absolutamente la visión inequívocamente crítica que ofrece el autor. Pero independientemente de ese enfoque moderno, natural en el lector actual, la lectura es atractiva por cuanto el método literario de Eça de Queirós facilita dos cosas: una, la perfecta comprensión del espacio moral en el que se mueven los personajes, y otra, la facilidad con que, una vez inmersos en dicho espacio, podemos seguir y entender los conflictos anímicos que les atenazan, pese a que éstos sean a veces tan imprevisibles como diferentes entre sí puedan ser las reacciones de distintos seres humanos; y así el autor nos va presentando a cada personaje cuando se le introduce en la narración, haciendo un retrato que le define perfectamente, para luego, según se va desarrollando la trama, observar cómo se desenvuelve y, por fin, cómo soporta los aprietos a que se ve sometido. En esta tarea, la prosa del autor es precisa en las descripciones, pero también imaginativa, envolvente y dotada de una enorme solvencia para explicar los conflictos morales que pasan por el interior de la mente de sus personajes en cada momento.

Nadie debe confundirse con el título de la novela y pensar que está leyendo algo así como una novela policiaca, porque la novela no trata de crímenes, tramas policiales, ni nada de ese estilo. La novela narra la trayectoria de Amaro, un cura joven destinado en la parroquia de Leiria; el narrador omnisciente empieza poniendo al lector en antecedentes de su vida desde pequeño hasta su llegada a esa población, y continúa con la explicación de los pequeños problemas domésticos que tiene que solucionar para organizar su hospedaje; a la vez va introduciendo paulatinamente al cura en la vida social de la ciudad, y va situando a los personajes que van a presidir la trama a lo largo de la novela, entre los que hay un canónigo amigo suyo, y varias personas más que frecuentan tertulia en la casa en la que se hospeda. La novela parte de una intención claramente crítica de Eça de Queirós en todo lo relacionado con la preeminencia de la Iglesia Católica en la vida social de la época, pero muy concretamente con el mantenimiento del celibato entre los miembros del clero y con los problemas que ello acarrea. Así la trama se dedica a analizar el comportamiento social de Amaro, y a mostrar cómo su personalidad particular llega a afectar a su ministerio y a su labor espiritual, a pesar de sus intentos por compaginarlo todo, y ello en una sociedad sujeta a prejuicios arraigadísimos alentados por el clero y mezclados con la creciente influencia de las ideas modernas que van tomando también posiciones, aunque tímidamente, en la pequeña burguesía rural del Portugal de 1870.

Escrito por sedacala hace 16 días, Su votacion: 7