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EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

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Portada de EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

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Autor: JOSEPH CONRAD
ISBN/ASIN: 9788466633048
Género: Literatura contemporánea
Editorial: EDICIONES B
Fecha de publicación: 1902
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Marlow, agente comercial británico, se ve obligado a remontar el río Congo en busca de su compañero Kurtz. A medida que el barco avance por territorios cada vez más inhóspitos, Marlow se irá construyendo una imagen mitificada de Kurtz. En realidad, encontrará un mundo apocalíptico y tenebroso, gobernado por un cínico que simboliza la degradación moral y las contradicciones de un hombre ante la fuerza indómita de la naturaleza. En el argumento de esta novela está basada la película Apocalipsis Now dirigida por Francis Ford Coppola en 1979 con Marlon Brando, Martin Sheen y Robert Duval como protagonistas principales.

 
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LAS TINIEBLAS DE LA MENTE II
5 con 5 votos

Escribo esta reseña en enero de 2018, una vez de terminada mi segunda lectura de este libro. Escribí la primera en septiembre de 2011, y ahora la reescribo para fundirla con mis impresiones actuales y juntar en una sola reseña, la visión del 2011 y la de ahora, y así poder analizar la forma en que, sus respectivas lecturas, han repercutido en mi criterio por el simple hecho de haber transcurrido siete años entre una y otra. Todo lo escrito, lo está a fecha de hoy, aunque sin ocultar mi opinión de entonces, tamizada, eso sí, por el filtro del paso del tiempo.

Hace siete años no tenía una idea previa de su contenido, me sonaba, sí, pero muy poco; mis referencias provenían de las citas con las que algunos autores habían intentado propalar la afición por Conrad; y por no saber, no sabía siquiera que Coppola se había basado en ella para crear su película “Apocalipse now”. Así que cuando empecé a leer, esperaba encontrarme con una entretenida novela de aventuras, que era exactamente lo que yo andaba buscando por aquel entonces; sí que es cierto que me había mosqueado un poco el desconocimiento del autor y su obra en mí entorno, porque cuando yo le comentaba a alguien mi deseo de leer a Conrad, me ponían cara de no saber de quién les hablaba, sospechando ya entonces que era un escritor de reconocido prestigio en círculos de lectores entendidos, pero un completo desconocido entre la masa de lectores que lee las novelas de moda de cada temporada.

Pero ese temor no me echó para atrás, un buen día di el paso y lo empecé. Y me sentí fastidiado al comprobar que no se cumplía lo prometido, o al menos, lo que yo creí entender que me habían prometido. ¿Dónde están, pensé yo, las supuestas aventuras en este galimatías incomprensible? Quienes me lo recomendaron (recuerdo que Manu Leguineche, fue uno de ellos), pensarían que siendo de su gusto también lo sería del de sus lectores, pero conmigo las cosas no funcionaron así (creo que con muchos otros tampoco), me vendieron algo basado en acción, viajes, y aventuras, y allí no encontré nada de eso, y si algo había, quedaba más que camuflado entre una prosa difícil, introspectiva, amarga, y centrada en el análisis crítico de una situación casi surrealista. Esto, claro, no era lo que yo esperaba y me sentó mal; y me sirvió para aprender que cuando se afronta una nueva lectura, conviene enterarse bien de qué va; claro que en la ignorancia, la sorpresa puede ser para bien, lo que sería estupendo, pero si es para mal te llevas un chasco. Obviamente, confirmé también que la variedad de gustos literarios es infinita y nunca puedes estar seguro al cien por cien de una recomendación; pero eso, hacía ya tiempo que lo había aprendido.

Cuando, hace ya casi siete años escribí lo que expresan los párrafos anteriores, fue para intentar explicar el chasco que me llevé con esta novela; recibí una recomendación que no supe interpretar, o que no se ajustaba a mis deseos, y mi lectura fue un desastre. Pasó el tiempo y seguí leyendo otras cosas, unas me gustaron, otras no tanto, pero mis gustos no se quedaron estancados, sino que fueron evolucionando; hasta que, hace poco, vi entera por primera vez “Apocalipse now”, la película de Coppola sobre Vietnam, y me acordé del “Corazón de las tinieblas”, y decidí volver a leerla. Y hoy, tras haberlo hecho, ni me he llevado disgusto, ni puedo argumentar nada parecido a lo que dije entonces, porque lo que he encontrado es exactamente lo que buscaba; que es, ni más ni menos que, un sentimiento de fascinación por el ambiente, por la situación histórica, por su significación, y por la manera en que el protagonista queda subyugado por todo lo que le rodea, y todo eso como consecuencia del visionado de la película.

Pensé en 2011 que mi problema estaba claro, y creí adivinar la razón por la que otros lectores no tenían el mismo problema: captaban el sentido a la primera, o casi, lo suficiente como para entender el mensaje de Conrad, de sus dudas, de sus reflexiones, de sus temores, de la finura lingüística de su texto, de la tenebrosidad de los paisajes, de ese universo suyo, oscuro y tenebroso. Pensé también entonces, que todos los que disfrutaban leyéndolo, escritores, críticos, o reseñadores, deberían haber dejado más clara la causa de su admiración, cuando lo recomendaron, porque hacer apología directa de Conrad, sin explicar los pormenores de su texto, es hundir al autor en el gueto de los autores minoritarios. A quién lo lee y queda confuso, no se le puede reclamar que se adhiera sin más, en nombre de la ortodoxia, sería un masoquista, o un incondicional de la ortodoxia, y yo, como no soy ninguna de las dos cosas, me quejé, que es algo que no hubiera hecho, de haber sabido de que estábamos hablando. Pero es verdad que yo también me equivocaba, cuando decía que otros captan el sentido que a mí se me escapaba, no, los demás leían lo mismo que yo, y lo captaban de forma parecida, con la diferencia de que yo esperaba entenderlo todo (es necesario en una novela de entretenimiento), mientras que los demás entendían la acción relativamente poco (Conrad es difícil para todo el mundo), pero disfrutaban con su prosa intensa, oscura, enigmática, poética y corrosiva, que todos esos calificativos pueden atribuírsele, y que yo, hoy, también encuentro y valoro, precisamente ahora que es eso lo que busco.

En 2011, quise convertir esta reseña de “El corazón de las tinieblas” en un exponente del estado de ánimo con el que convivimos algunos lectores, cuando nos enfrentamos a cierta literatura que, por lo que sea, nos resulta difícil, incomprensible, se escapa de nuestros esquemas, y como no la procesamos se nos atraviesa; ¿podríamos afirmar, por ello, que no nos gusta?, en sentido estricto no, puesto que no la hemos asimilado; y por tanto no hay desacuerdo estético, se trata de un sencillo problema de ocultación, de invisibilidad; no podemos decir que no nos gusta la decoración de una habitación si su puerta cerrada nos oculta el interior, si no se asimila es como si no se viera, ¿cómo podemos decir que nos gusta o que nos disgusta lo que no vemos? “El corazón de las tinieblas” me sirvió para avalar ese razonamiento, y para utilizarlo como exponente máximo de un problema que me surgió también con las obras de otros autores, con las que aflora un conflicto parecido, y de las que podría redactar reseñas con parecidos argumentos, como ya hice en algún caso. No sé si el cambio, a mejor, que se ha dado al leerla por segunda vez, podría reproducirse de forma parecida en alguna de esas otras obras. El caso es que con “El corazón de las tinieblas” esto hoy ha cambiado, y además lo ha hecho con la novela más difícil de las suyas, al haber encontrado, en esta segunda lectura, la intensidad del lenguaje y la extraña obcecación o aturdimiento, que Conrad sufrió, en su deambular por ese espacio salvaje y terrorífico del río Congo. Hoy, aquí, sin ninguna duda, he encontrado esa intensidad y la he valorado muy positivamente.

No quiero dejar de repetir lo que dije en 2011 de “El espejo del mar”, libro de Conrad, traducido por Javier Marías, que trata de la navegación y de la mar, y del que ya entonces hablé favorablemente; es un Conrad distinto, inteligible y sin alardes lingüísticos, aunque también hay que decir que no es una novela, sino una sucesión de relatos extraídos de sus experiencias marineras. Yo creo que son muy interesantes para cualquiera, pero especialmente para todo aquel que disfrute del mar.

Escrito por sedacala hace 6 meses, Su votacion: 8

¡EL HORROR! ¡EL HORROR!
4.8 con 5 votos

Imagino a Conrad escribiendo. Solo, encerrado en su estudio, rememorando el tiempo en que era marino antes del vapor, y reviviendo su personal descenso a los infiernos en el Estado Independiente del Congo. Desquiciado, pensando en francés y maldiciendo en polaco mientras trata de agarrar las brumas de un idioma extranjero. En busca de la palabra exacta, la sintaxis precisa. Es impresionante el distanciamiento que ofrece escribir en una lengua extranjera. Hay algo denso y oscuro en el inglés de Conrad, una fuerza primitiva.

Escucho silencioso el relato de Marlow -ese buda de cartón piedra- y me sumerjo en sus palabras. Poco a poco, hasta el corazón de las tinieblas. Es un viaje cada vez más denso y pegajoso, se pega a mi carne como la asfixiante tela de una camiseta sudada. Cada vez más oscuro. Pero sigo leyendo. Leo con la avidez y la religiosidad de un ritual caníbal. En dos días lo habré devorado. Hay algo atrayente en el Congo, algo al final de la noche que me atrae irremisiblemente. Una verdad primitiva que palpita al ritmo de los tambores desde las profundidades de la selva y me arrastra adelante por esa sierpe que vigila y penetra un Edén invertido y salvaje donde se ha de esconder el fruto de la Verdad. Me arrastro con Marlow por esta atmósfera monstruosa con ojos de marfil capaz de vencer con su sol abrazador y la humedad del sudor y la inmovilidad de la enfermedad y el zumbar de los mosquitos, hasta al titán del acero. Nos arrastramos en busca de la verdad siguiendo la brillante estela de Kurtz, como hará Robinson después, y Ferdinand tras él. Entre la enfermedad y la mezquindad, el embarrado río y la maleza, trato de penetrar en las palabras de Conrad, pero no logro una percepción clara en su exuberancia, tan solo impresiones poderosas que me penetran como flechas lanzadas desde las profundidades de la selva. Cuando llegamos a la estación, cuando alcanzamos a Kurtz y al borde de la enfermedad, Marlow se retira, y yo con él, antes de alcanzar ese centro primigenio de una inmensa oscuridad.

Pero Kurtz sí estuvo ahí. Se adentró hasta su mismo corazón en busca de marfil. Y ¿quién es Kurtz? No lo sé. Es tan insondable y distante como todo en la selva tenebrosa y palpitante de Conrad. No está ni encima, ni debajo, sino flotando, inaccesible, sin nada que lo ligue a la tierra. Coppola lo relacionó con Vietnam, Orson Welles quería equipararlo a Hitler en un guión sin rodar, y yo… yo no sé, ni comprendo, a Kurtz; pero en el pillaje a su memoria, no me extrañaría encontrar las “Bagatelas para una masacre”.

Las palabras de Marlow están más allá del colonialismo y la denuncia, incluso más allá de la mera descomposición del hombre civilizado ante la naturaleza salvaje; sus palabras se sitúan en el abrupto abismo de la locura. Lo suficiente como para poder regresar medianamente ileso al mundo de la moral y el progreso antes de tener tiempo para formar una imagen definida de lo que hay al otro lado, tan solo algunas impresiones que no logro comprender, el legado de Kurtz: “¡El horror!, ¡El horror!

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 10

¿QUIÉN ENTIENDE A KURTZ?
4 con 2 votos

Esta reseña contiene spoiler
Leer

Escrito por Aliomo hace mas de un año, Su votacion: 9

LAS TINIEBLAS DE LA MENTE
4 con 5 votos

Cuando leí este libro (hace quizá cinco años) no tenía una idea preconcebida de su contenido, apenas me sonaba; mis referencias sobre su autor eran consecuencia de las reseñas, sumamente elogiosas, con las que los autores de anteriores lecturas mías, habían salpicado sus páginas intentando propagar el gusto por la obra de Joseph Conrad. Por no saber, no sabía siquiera que esta novela en concreto, había servido de inspiración a Coppola para crear su APOCALIPSIS NOW. Así que mis expectativas eran buenas, los escritores que me lo habían recomendado me resultaban fiables, me prometieron un entretenido libro de aventuras, y yo me lo creí. Me sorprendió, no obstante, el desconocimiento generalizado de su obra en el mundo de los lectores corrientes; cuando en ese grupo de personas yo comentaba mi interés por leer a Conrad, invariablemente ponían cara de desconocimiento; constaté así, que no es un escritor realmente popular, si no que encajaría mejor en eso que se viene denominando “autor de culto”.

Y un buen día di el paso, y lo leí. Y comprobé que no se cumplía lo prometido o al menos lo que yo había entendido que me prometían ¿Dónde estarán las supuestas aventuras en este galimatías incomprensible? Pensé yo. Los que me lo recomendaron (Manu Leguineche recuerdo que era uno de ellos) pensarían que siendo de su gusto también lo sería del de sus lectores. Pero, conmigo se equivocaron, me vendieron el producto por el interés en historias de acción o viajes, y a mi me pareció que el carácter aventurero de estas historias, pasaba prácticamente desapercibo al ser contadas con esta prosa difícil, introspectiva, llena de puntos de vista sobre el mundo y cargada también de análisis sobre el carácter de los personajes. Eso no era lo que yo esperaba y me cayó como una bofetada; ahí aprendí que cuando se afronta una nueva lectura, es conveniente saber de que va. Si no, el impacto puede ser brutal, si es para bien, perfecto, pero como sea para mal, te llevas un chasco. Aprendí también, que la variedad de gustos literarios es infinita y nunca puedes estar seguro al cien por cien de una recomendación.

El caso es, que ahora, años después, al plantearme escribir una reseña sobre el libro, pruebo a releer primero algunos párrafos de éste para rememorar mis impresiones de entonces (extraigo el párrafo de www.epdp.com):


“La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto”. (EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS Joseph Conrad)


Bueno, pues ahí está lo que yo quería decir. Lo he leído, y no he entendido nada. No es que no recuerde lo que acabo de leer, eso es normal, lo que quiero decir es que según leía no iba entendiendo casi nada. Leo otra vez, ahora más despacio. Sí, puedo extraer algo; son reflexiones; crea imágenes, “la tierra parecía algo no terrenal” es un contrasentido pero puede ser interesante como imagen (paradoja: tierra/no-terrenal). “Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado” introduce para referirse a la tierra lo del monstruo, otra imagen; para continuar con que, “allí podías ver algo monstruoso y libre” ahora en vez del monstruo, califica lo que allí había de monstruoso, pero ¿Por qué libre?, pues porque ya no está encadenado. Es cierto, si te paras le ves el sentido, pero cuesta. Reflexiona después, “tenía la sospecha de que no fueran inhumanos” ¿Porqué una frase de sentido tan retorcido? ¿Eran humanos o inhumanos? Desde luego, lo acabo cogiendo, pero no a la primera. “Brotaba en uno lentamente” ¿Qué es lo que brotaba? No lo aclara, deduzco que se refiere a la “sospecha” de la frase anterior. Conclusión: procedo a enunciar mi particular resumen en el que extracto lo que yo he creído entender:


“Era un espacio confuso, como de otro mundo. Los que allí estaban no parecían hombres, se comportaban de manera salvaje y yo me preguntaba estremecido si ese comportamiento podría tener alguna conexión, más o menos lejana, con el mío propio”.


Eso es lo que Conrad quiso expresar en esos seis renglones. Para obtener ese resultado, he tenido que leerlo varias veces; y claro, así no se puede leer un libro. Es decir, en la práctica, me quedaría con el resultado de una sola lectura, lo cual supondría un saldo muy pobre; apenas obtendría el significado aislado de algunas frases sueltas, que no se acercarían, ni por aproximación, al sentido del conjunto del texto que yo he simplificado mas arriba.

No sigo, creo que mi problema para disfrutar de este libro, está claramente expuesto. Y creo saber también, por que satisface a otros. Es sencillo; ellos le cogen el sentido a la primera, si no al cien por cien, se aproximan a ese porcentaje; lo suficiente, como para gustar del mensaje de Conrad, de sus dudas, de sus reflexiones, de sus temores, de la poesía que encierran sus enunciados, de la tenebrosidad de sus paisajes, de ese universo suyo, oscuro, tenebroso. Debo decir, que si yo estuviese en ese caso entendería la admiración que se le profesa, yo también la tendría; pero, procuraría quedarme en el simple enunciado de dicha admiración y propagarla moderadamente. Por que tratar de hacer abiertamente apología de su obra, más allá de aquellos que la admiran “de forma natural”, no es que sea una labor ardua, es que es misión imposible. Al que lee algo de corrido y termina confuso, no se le puede exigir adhesión, sería masoquismo de su parte y al final se acabaría produciendo, por puro efecto de rebote, una reacción contraria, que desde luego en mí se produjo y que no se hubiera producido de haber sabido bien desde el principio de que estábamos hablando. Se corre siempre el riesgo de que ese lector pueda creer, que se le está intentando tomar el pelo, no tanto por el autor, como por los que lo jalean.

Esta reseña, se centra en EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS a manera de muestra, y su sentido es reflejar una realidad con la que convivimos algunos lectores. Cuando nos enfrentamos a cierta literatura, que, por la razón que sea, nos resulta difícil e incomprensible; ésta se sale de nuestros esquemas mentales, no la procesamos como es debido y se nos atraviesa completamente. ¿Podríamos afirmar por ello que no nos gusta? No, en sentido estricto si no la hemos comprendido bien; no se trata de un problema de desacuerdo estético (aquel sinsentido de que para gustos los colores) se trata de un sencillo problema de ceguera. Aquello que no se ve ¿Cómo puede gustar o disgustar?

En mi caso, EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS de Joseph Conrad sirve de referente para explicar ese conflicto, pero podría hablar en términos parecidos, de Alessandro Baricco, Jean Paul Sartre, Samuel Becket, Juan Rulfo, Juan Carlos Somoza, Rosa Chacel, Arturo Bioy Casares o Jorge Luís Borges; en mi percepción, en todas estas lecturas late el mismo problema descrito aquí con el autor polaco. Podría redactar una reseña similar de cada uno de ellos y colgarla en las fichas de TIERRAS DE CRISTAL, LA NAUSEA, MOLLOY, PEDRO PARAMO, LA VENTANA PINTADA, BARRIO DE MARAVILLAS, LA INVENCIÓN DE MOREL Y EL ALEPH repitiendo los mismos argumentos, como de hecho ya hice en los dos últimos casos; pero ésta de The Heart of darkness, es en mi opinión, la más representativa del conflicto aquí expuesto.

De todas formas y sin renegar para nada de lo dicho hasta aquí; hace unos meses leí EL ESPEJO DEL MAR, libro de Conrad en el que habla de la navegación y de la mar y del cual escribí en SdL la reseña con el significativo título de “Patrones de yate, leedlo” y que yo creo que es la única reseña que he escrito con solo dos líneas, ya que al final me pareció tan temático, que pensé que sólo podría interesar a aficionados a la náutica y para remitirles al libro bastaban dos renglones. Bueno, pues EL ESPEJO DEL MAR sí que me gustó, aquí leí a un Conrad inteligible, pero debo decir que no es una novela sino una sucesión de relatos sacados de sus experiencias marineras. Son jugosos e interesantes para cualquiera, pero especialmente divertidos para los que hemos navegado a vela.

P.D. perdón por el rollo.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 8

TINIEBLAS, MUCHAS TINIEBLAS
4 con 1 votos

Hasta que he entrado a leer alguna reseña tenía serias dudas de si realmente mi impresión final de la obra era fruto de que soy obtuso y por ello no me había enterado de bastantes fragmentos del libro.

La prosa me ha resultado farragosa y muy confusa, sobre todo para el tipo de lectura que he hecho, muy espaciada en el tiempo y con el añadido de no realizarla en el mejor entorno para concentrarme (viajando en metro). También he llegado a dudar si mi edición, versión electrónica, estaba correctamente puntuada y traducida.

Leyendo las opiniones y debate de otros usuarios creo que me posiciono en aquellos que no consideran la obra una joya especialmente, y que no aplauden este tipo de narración "tenebrosa", como siempre desde el prisma del lector aficionado y casual que soy.

Como punto a favor, no sé si relacionado todo lo anterior, si me he llevado la imagen y atmósfera de las omnipresentes tinieblas en el tortuoso viaje en el río.

Saludos

Escrito por paco_elflaco hace mas de un año, Su votacion: 4

INMERECIDAMENTE PRESTIGIOSA
3.29 con 7 votos

No me ha gustado nada; es irritantemente malo y aburrido. Creo que su "prestigio" deriva de motivos extraliterarios (utilización de la idea principal por Coppola para su famoso film). De hecho, lo deje a 50 paginas del final. No me gusta no entender "quien esta contando qué", cosa que sucede con exasperante frecuencia. Hay contradicciones descriptivas en un mismo párrafo. Es posible que una mala traducción sea también causante del sopor que me ha provocado. Para mi, interés cero. Al final me importaba una higa la suerte del tal Kurtz

Escrito por Alvaro03 hace mas de un año, Su votacion: 2