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LA CONJURA DE LOS NECIOS

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Portada de LA CONJURA DE LOS NECIOS

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Autor: JOHN KENNEDY TOOLE
Título original: A Confederacy of Dunces
ISBN/ASIN: 9788496333604
Género: Literatura contemporánea
Editorial: QUINTETO
Fecha de publicación: 1980
Fecha de edición: 2005
Número de páginas: 365

Sinopsis:
Las aventuras de Ignatius Reilly, uno de los personajes más memorables de la literatura norteamericana, un ser inadaptado, un anacronismo que sueña con que la forma de vida medieval, y su moral, vuelva a reinar en el mundo. Para ello, para ser escuchado en un mundo en el que es incomprendido, rellena de su puño y letra cientos de cuadernos Gran Jefe, en los que plasma su visión del mundo, y desperdiga esos textos por su habitación. Algún día los ordenará y reunirá creando su obra maestra. Mientras tanto la diosa Fortuna, contra su voluntad, lo catapulta al mundo capitalista, viéndose obligado a someterse a la nueva forma de esclavitud que para él es el trabajo. Él se resigna, como Boecio se resignó a su ejecución, y sale a buscar trabajo. Su actividad laboral y vital es el hilo que une y da sentido a toda la obra, y que nos permite conocer a otros personajes tan reconocibles, tan humanos, como memorables. Lejos de las meras e hilarantes anécdotas que el carácter entrañable y especial de Ignatius va generando alrededor de sí, la novela trasciende a ello para convertirse, en su trasfondo, en un despiadado retrato del género humano.

 
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IGNATIUS I REX
5 con 6 votos

Empecé a leer LA CONJURA DE LOS NECIOS, y ciertamente, al comienzo el libro no fue de mi agrado; pero, después, poco a poco, fui entrando en él para progresivamente llegar a un final que leí con bastante interés. En un balance global, diría que me he debatido constantemente entre momentos pesados y momentos agradables. Está muy extendida la opinión, que yo comparto, de que el agrado o desagrado que genera este libro, radica en la forma de pensar y en la actitud de su personaje principal, conceptos ambos, muy coherentes entre sí, al seguir el protagonista a lo largo de todo el libro, un comportamiento bastante consecuente con sus ideas.

El discurso del protagonista, se puede dividir en dos grandes apartados. En primer lugar, aquellas partes del libro en las que se pronuncia, mediante diálogos contados por el narrador. En mi opinión, son muy irregulares, interesando en algunas partes y aburriendo en otras, aunque las que aburren no son excesivamente largas, resultando un tono medio aceptablemente entretenido. Después, en segundo lugar, están aquellas otras partes en que se expresa por escrito, en transcripciones de sus memorias y en la correspondencia que mantiene con su amiga neoyorquina; estos renglones que salen de su pluma, los leí con mucho más agrado, por estar escritos con agilidad y clarividencia, compartas o no lo que dice en ellos.

No creo que nadie justifique la forma de ser de este individuo; los que dicen que les entusiasma, también son conscientes de que el tipo es un vago, un caradura, un egoísta, y otras cosas peores; pero, le adoran, adoran su talante irreverente, librepensador reaccionario, ácrata, grosero, de un mal gusto insoportable; dominado por la gula y curiosamente desafecto al sexo. Todos estos atributos, le convierten en alguien con una imagen muy original, con cierta aureola insólita de tipo autoexcluido, bien visto por muchos, entre los cuales a priori me incluyo. Todo ello viene a convertirle en un transgresor, concepto que más que perjudicarle le favorece. La diferencia con los otros personajes del libro, es que Ignatius transgrede todas las normas, mientras que los demás personajes, por más disparatados que sean, o no transgreden nada, o si lo hacen, es dentro del orden, o más bien desorden, que determina la mediocridad de sus vidas. La que de verdad me ha enamorado desde el principio del libro es su madre, que se convirtió, con diferencia, en mi personaje favorito. Pero claro, ella me parece estupenda por que representa un tipo de mujer que puede existir perfectamente en la vida real; con garra, pero dentro de una relativa vulgaridad de viuda madura, de clase baja y ausente de cualquier atisbo de cultura, que no quiere enfrentarse demasiado al esperpento que tiene por hijo y que rumia su desesperanza con la bebida; vamos, que me parece que el autor crea con ella un tipo conmovedor de mujer, aunque así, las haya a montones. Con esto lo que quiero decir, es que estos otros personajes que acompañan a Ignatius Really en la novela, pueden ser tan disparatados como él, pero son tipos corrientes, mientras que él es un espécimen irrepetible.

Y todo esto nos conduce a analizar su papel. ¿Hasta que punto, esa aureola insólita que decía yo, está basada en unos valores reales del personaje, y no se trata de una simple pose extravagante? Sus escritos y la correspondencia con su amiga apuntan a lo primero, o al menos, lo parece por estar tan bien escritos. Pero, su comportamiento es pura pose. Y además en el fondo, da lo mismo, por que tampoco creo que la actitud vital de Ignatius Reilly (alter ego de John Kennedy Toole), fuese mucho más allá de la expresión de su decepción por la vida. Al final todo conduce a lo mismo, nos gusta el libro si nos gusta la actitud de su protagonista. Y en eso, creo que estamos ante un caso similar al de EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO; allí pasaba lo mismo, todo dependía de la empatía con el joven Caulfield. Claro está, que no tienen nada que ver ambos personajes. Holden Caulfield, es el prototipo de joven con arrestos, que se enfrenta desinhibidamente a la vida con una mezcla de descaro, estupor y desden. Por tanto, representa una variante más dentro de las muchas posibles que cada día se lanzan a apurar la vida en la calle. Ignatius Reilly, en cambio, se sale de cualquier esquema; no hay parangón posible; es un tipo único.

Irreverente y librepensador reaccionario (¿?) decía yo; también retrogrado (quiere volver a la Edad Media y quiere tener un rey), ácrata, grosero, de un mal gusto insoportable, pantagruélico, refractario al sexo, y físicamente abominable. Falta preguntarse, ¿puede tener auténtico atractivo un tipo así? La respuesta es: si; puede tenerlo, y hablo por mí; los personajes atravesados pueden ser fascinantes y éste, con sus características podría serlo. De hecho, tenía mucha confianza antes de leer el libro, en que iba a ser así. Pero… leo el libro y no, no me termina de gustar. Y planteo todo esto así, para que el que no lo ha leído, comprenda que la aceptación o la negación de este personaje, no tiene forzosamente que ver con su filosofía, sus ideas, o su comportamiento, al menos, a mí no me desagrada por todo eso. Son razones subliminales las que influyen en mí juicio; y este tipo de razones suelen escaparse de nuestro control. Reconozco que no sé explicar por que no me gustó; su talante es a priori perfectamente compatible con mi gusto. Pero hay algo por ahí que no sé definir, que me lo echa abajo. De la misma manera, que hubo algo en Holden Caulfield que me sedujo.

Otra expresión de estas paradojas, es la constatación de que el humor funciona como correa de transmisión en LA CONJURA DE LOS NECIOS. Para mucha gente, el carácter humorístico es fundamental; algunos, dicen haberse reído en voz alta sin control; otros, valoran simplemente la sonrisa; de cualquier forma, está comúnmente aceptado que se trata de un humor con un lado amargo. Yo le encontré gracia sobre todo a su madre, aunque también a su amiga, a la dueña y a la chica de la barra del club de alterne, al negro que barre y a los dos oficinistas de la fabrica, González y la vieja; pero, en todos estos casos, tampoco sabría decir porqué. Por el contrario, Ignatius no me hizo ni la más mínima gracia; e igualmente, desconozco la razón. En fin, son misterios de los libros; y también del cine (recuerdo que con Jerry Lewis, me pasaba igual; en algunas películas me partía de risa con él, y en otras me parecía un perfecto imbécil).

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 6

IGNATIUS REILLY, MEDICINA Y ENFERMEDAD
5 con 4 votos

El éxito de Ignatius es como para preocuparse. Habrá pasado los treinta e Ignatius Reilly no ha hecho nada con su vida. Lleva la existencia de un parásito en casa de su sobreprotectora madre, explotando a la desgraciada mientras finge ser un genio incomprendido, como Boecio; escribe libros que jamás verán las librerías; acude religiosamente a su cita con la televisión y el cine comercial decidido a enfadarse y despotricar contra ellos para alimentar su ego; se justifica en los fallos -¿psicosomáticos?- de su “válvula”, esconde sus miserias en la superficie de un pensamiento medieval cargado de “teología y geometría” y vive obsesionado con la única mujer -a excepción notable y freudiana de su madre- que le ha prestado atención: Myrna Minkoff, su reverso “progre”, otra descerebrada y parásito con quien mantiene una ridícula relación epistolar. Ignatius es un ser patético. Un imbécil, un inútil para la vida. En resumen, un necio. Y sin embargo, visto su éxito en el mundo de la novela y entre los lectores, parece ser un genio.

En verdad Ignatius no podía ser de otra manera. Es el producto de un mundo absurdo, esa Nueva Orleans del sinsentido, el capitalismo y la industria del vicio y el entretenimiento que él tanto critica y de una crianza sobreprotectora en un estado del bienestar. Es síntoma de algo que funciona mal en este mundo y, al mismo tiempo, su mayor enemigo: la medicina-reacción a sus propios males que produce una sociedad enferma. Ante este mundo loco, esta sociedad capitalista y la miseria moral, desde el sofá Ignatius dice NO. No está dispuesto a entrar al juego y trabajar. Ignatius, el héroe de la resistencia, la última barricada, el refugio en el cinismo y la ironía.

Pero el sistema es implacable y en forma de accidente automovilístico le obligará a trabajar. Aquel día que Ignatius salió de casa en busca de empleo, algo cambió para siempre. Con una estructura quijotesca, “La conjura de los necios” relata las sucesivas salidas de Ignatius y sus aventuras laborales y de quienes se cruzan en su camino. En ellas se desenmascaran todas las miserias y absurdos de este mundo, que es el nuestro con el disfraz de la sátira, condensado en la Nueva Orleans de la novela. Ignatius Reilly: síntoma, medicina y diagnóstico de un mundo enfermo.

Pero tal vez lo más sorprendente sea que un personaje aparentemente tan disfuncional y tan necio sea el único capaz de tener éxito en un mundo como este y su principal motor de cambio. Especialmente si atendemos que la causa primera de todas sus aventuras no es otra que la seducción de Ignatius hacia el lector y hacia sí mismo. Y en verdad lo consigue a base de cinismo e ironía. Quiere convencernos (y convencerse), igual que a Minkoff, de que en realidad no es el patético parásito que parece, sino un genio. Y, juzgando por cómo se resuelven las cosas, parece serlo. Accidentalmente Ignatius pone en marcha unos hilarantes mecanismos que resuelven la trama policial y conceden a cada personaje un final feliz a su medida: su madre, Marcuso, Robichaux, Miss Trixie, Minkoff, él mismo… Y lo más importante, todo sale de maravilla para las empresas para las que pasa. Así, tras su paso por Bermudas Levy y de su habitual vagancia, irresponsabilidad y locura, la empresa abandona su decadente modelo fordiano a favor del taylorismo y una estructura más afín al neoliberalismo. La medicina suele ser, al mismo tiempo, veneno; e Ignatius no es la excepción. En un mundo absurdo sólo un ser igual de absurdo sabe cómo moverse y salirse con la suya, aunque todo sea por accidente. Ignatius, el vago, el cínico, el revolucionario, es quien acaba haciendo avanzar el sistema y quien lo perpetúa con todos sus sinsentidos. No es que él sea un genio o lo contrario, es que cuando el mundo se ha convertido en una conjura de los necios, el más necio de todos es el rey.

He aquí mi propuesta de lectura: La conjura de los necios no es contra Ignatius, es, en realidad una conjura desquiciada e impersonal. Algo así como la conjura de la conjura, por parafrasear en clave afín a la novela aquello de “la voluntad de la voluntad”. Una estructura de la que nadie se beneficia y en la que lo único que funciona es el absurdo que se perpetúa a sí mismo a través de Ignatius: su síntoma, diagnóstico, medicina-reacción y enfermedad. Un diagnóstico lúcido de nuestro tiempo.

Tal vez parezca precipitado hacer coincidir hasta tal punto el mundo de una sátira, grotesco y exagerado por definición, con nuestro presente; pero me parece que el éxito que sigue cosechando Ignatius más allá de las páginas, entre los lectores, lo legitima por completo. Ignatius Reilly ha pasado a esa larga lista de personajes irónicos (Holly Golightly, Scarface, El lobo de Wall Street, etc.) que son leídos, admirados e imitados como héroes. En el papel, mientras lo lees, el personaje resulta cómico y aun simpático, ¿quién no ha soltado alguna carcajada con la novela?, pero al levantar la vista del libro y mirar alrededor no tiene ni puta gracia. Conozco demasiados Ignatius. Tal vez hay algo de él en todos nosotros, posmodernos. Productos del capitalismo de consumo, universitarios a quienes deberían haber graduado con una gorra de cazador verde. Productos de universidad incapacitados para el trabajo y la vida, adorando eufóricos la misma industria de consumo, aunque sea industria cultural, que critican y ante la que, como única respuesta y para sentirse mejores o, por lo menos, diferentes, adoptan una actitud cargada de ironía y cinismo. Cada uno suele ser el centésimo Bukowski del siglo XXI o el próximo Lenin, y si nadie edita sus textos es porque son demasiado “innovadores” o “provocativos” y el mercado demasiado “mainstream”. Y mientras en torno a unos vinos y una tabla de quesos pagadas con dinero de sus padres o de una beca de los contribuyentes se lamentan de su situación actual y critican la cultura de masas, todos brindamos por Ignatius Reilly, medicina y enfermedad de nuestro tiempo.

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: No ha votado

¿AUTOR VISIONARIO?
3.75 con 4 votos

Si alguien espera una reseña/opinión basada completamente en la novela, por favor, no sigan leyendo ya que pienso aprovechar esta reseña para comentar la relación entre el escritor y el personaje (en parte, porque la vida de John Kennedy Toole me ha llamado más la atención que la de Ignatius, y en parte porque el título La conjura de los necios puede aplicarse perfectamente al pobre escritor en cuestión).

Hecha esta aclaración, vamos al lío.
Aunque varios personajes (algunos demasiado exagerados y caricaturizados para mi gusto, ej: Jones, Dorian...) se nos presentan en la obra, y algunos de ellos componen principalmente los diferentes capítulos en que se estructura el libro (Mancuso, Levy, Irene, Jones...) damos por claro que el principal es Ignatius J. Reilly.
Iganatius; vago, maloliente, insolente, grosero, inadaptado, sobrado y con problemas de válvula... pero que si le preguntáramos jamás reconocería esas calificaciones, más bien el te contestaría: incomprendido. Como bien reza el título, Ignatius te diría que los necios de Nueva Orleans (que para él vendrían a ser todos los habitantes de Nueva Orleans y parte del extranjero) sólo hacen que ponerse en su contra para evitar que triunfe y su genio sea reconocido (ocurre así con su madre, sus escasos jefes, la polícía, o los "libertinos" con los que quiere crear un partido político).

Pues dicha conjura de necios para evitar el triunfo de Ignatius fue la que sufrió en sus carnes el autor J. K. Toole.
Si bien introduce en la historia hechos que podrían deberse a su biografía: trabajos previos, intento de escribir una gran obra, vida con su madre... lo curioso fue todo lo que rodeó a la vida de Toole tras escribir la obra.
Escrita hacia 1962, la novela fue publicada el año 1980. ¿Qué ocurrió entre medias? Que J.K. se suicidó en 1969 a los 31 años de edad, por lo que hablamos de una publicación póstuma.
Toole escribió La conjura de los necios con la idea de un gran éxito y de estar escribiendo una obra maestra. Tras varios contactos con editores (aquí jugarían el papel de los necios) ésta fue rechazada, sumiendo al autor en una depresión. Si bien se nombran más causas que llevaron a su suicidio, ésta se incluye entre ellas.
Tras su muerte, la madre de Toole (a la que llamaremos señora Toole) siguió con la fijación de su hijo de publicar la novela, y así lo consiguió en 1980, recibiendo inmediatamente un gran éxito de crítica y público, éxito tal, que en 1981 Toole recibió póstumamente el Pulitzer por dicha novela. Cuanto necio se encontraría Toole en vida que no supo apreciar una novela ganadora del Pulitzer. Debido al gran interés que Toole despertó, en 1989 se publicó La biblia de neón, título que escribió en su juventud y que él mismo no consideraba apta para ser publicada, doble neciada para el propio Toole: no vio publicada la que considereba su obra maestra y encima publicaron lo que él jamás hubiera publicado.
Nada, que me llamó la atención que tras narrar las peripecias de Ignatius rodeado de necios, luego Toole sufriera también (y con trágico final) a una serie de necios editores.

Escrito por Kodama hace mas de un año, Su votacion: 7

GRANDE IGNATIUS!
3.22 con 9 votos

Posiblemente leyendo este libro nos encontremos al ser mas antisocial, vago, egoísta, repelente...y a la vez, gracioso (a su manera) e inteligente de los últimos tiempos. Ignatius Reilly.

Yo creo que este libro...o te gusta mucho, o lo odias al instante....a mi particularmente me ha gustado mucho mucho mucho....reconozco que a ratos me ha resultado un tanto pesado leerlo, como se suele decir lo poco gusta y lo mucho cansa....y tanta repelencia destila su protagonista que a ratos te saca de tus casillas.

Ignatius es un personaje tan egocéntrico, que consigue que todos los demás personajes que pululan por el libro queden bajo su sombra y pasen practicamente desapercibidos, y precisamente por esta cosa el libro a ratos pierde fuerza....justo en esos ratos en los que Ignatius no aparece en escena o las cosas no giran a su alrededor, el libro aburre.

Pero después de todo lo lía, de su chaladura total y absoluta y del profundo amor-odio (más odio que amor la verdad) que he sentido hacia este ser, al final (un final que no me esperaba para nada) no he podido evitar mirarle con un poquito de ternura.

Escrito por debodebo hace mas de un año, Su votacion: 9

INQUIETANTE
3 con 4 votos

Sí, inquietante. Ignatius es despreciable, abominable, repulsivo y odioso. Y cuando termina el libro, surge la horrible duda: pues a lo mejor sí que es un genio...

Escrito por Minaith hace mas de un año, Su votacion: 8

DESENCAJAR EN LA SOCIEDAD ACTUAL
3 con 3 votos

Hay alguien que desencaja mejor con la sociedad actual que Ignatius Reilly? Si alguna vez te has sentido apartado o incomprendido sociálmente, verás tu reflejo en el protagonista de esta obra en cada página, la estridencia del carácter de Ignatius es la viva imágen de la psicótica realidad americana ante tanto vacío material, y ante tanta desigualdad entre las clases que componen la jerarquía de la ciudad de Nueva Orleans.

Escrito por MPATRICIO hace mas de un año, Su votacion: 7

IGNATIUS...¿QUÉ VAMOS A HACER CONTIGO?
2.75 con 4 votos

"Madre, yo sólo me la relaciono con mis iguales. Y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie".

Curioso libro...
A ratos me divertía..a ratos me aburría. Lo mejor, sin duda, el protagonista, Ignatius...absurdo, cómico, repelente, ingenioso...El resto de personajes, salvando alguno(Jones), me dejaron bastante indiferentes. La verdad, cada vez que Ignatius desaparecía de escena... mi opinión del libro perdía puntos.
No estoy diciendo que sea un mal libro, es fresco, original, divertido(a ratos), pero a pesar de ello a mi no me terminó de enganchar.
El final, distinto a lo que esperaba(yo), me pareció una buena conclusión a la historia.

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 6

SOBREVALORADO
2.63 con 8 votos

Pués leyendo este libro me he sentido como una persona con gusto raritos, bueno, eso ya lo sabía de antes, pero me ha sorprendido que este libro tenga una valoración tan alta y sea uno de los "míticos" que hay que leer, para mí ha resultado un auténtico co**zo leerlo. De hecho, creo que estuve un par de semanas sin leerlo.

La verdad es que lo cogí con ganas, siempre había querido leerlo por la fama que tenía y había llegado a leer que comparaban a Ignacius con el quijote americano. Pero después de leer el primer capítulo ya comenzo a no gustarme este personaje hasta el punto que he llegado a odiarle.

El libro nos describe las historias de varios personajes que en cierta manera han tenido relación o se han topado con el nombrado Ignacius. Un tio despreciable y prepotente al mas estilo Torrente.

El recurso que se utiliza es el de que las historias narradas independientemente finalizan en una unión apoteósica de todas ellas en las últimas páginas del libro. Si bien hay que decir que la forma que dio el escritor para finalizarla es lo mejor del libro, siendo esta parta la única que me dejó con la intriga suficiente como para empezar con ganas el siguiente capítulo.

El resto del libro viene a tener altibajos de calidad, las historias de todos los personajes avanzan en paralelo en el libro. A veces da resultado que, cuando la historia de un personaje se encontraba en un punto emocionante, el escritor cambia a otro personaje y te tengas que comer otras 40 hojas para volver al punto del personaje que te había dejado en vilo. Me explico, al transcurrir todas las hisotorias en paralelo y al ir cambiando simultaneamente entre ellas, el autor coincidia a veces uniendo una historia que estaba en su climax con otra que aún no te había situado en su nueva experiencia, eso hacía que no se obtuviese un ritmo incontinuo de emoción en el libro.

Poco mas que destacar, quizá el lenguaje que es usado para expresarse Ignacius es digno de mención, no es un lenguaje que es utilizado coloquialmente y reconozco que escribir varios capitulos utilizandolo puede resultar dificil.

Para finalizar, mencionar que estoy seguro que el odio que he sentido hacia el personaje principal ha condicionado a la visión global de la novela. Pero era superior a mí, realmente terminé el libro para ver el castigo que se le iba a suministrar a Ignatius. Pensaba en el cumplimiento del Karma y eso ;).

Escrito por tazguy00 hace mas de un año, Su votacion: 4

CREO QUE TODOS NOS HEMOS SENTIDO VÍCTIMAS DE ESTA CONJURA
2 con 3 votos

Y la verdad, al final te preguntas cómo es posible que Ignatius se salga siempre con la suya y en cambio cuando los necios se conjuran contra una parezcan favorecidos por las fortunas.

Escrito por Kementari hace mas de un año, Su votacion: 9

HIMNO AL ABSURDO
0 con 0 votos

Ignatius Reilly. La novela es él, uno de los personajes más inolvidables (para bien o para mal) que ha dado la literatura del s.XX. Es un libro entretenidísmo de principio a fin, en el que no puedes siquiera sospechar qué es lo que puede suceder con cada cambio en la trama, con unos personajes a cada cual más pintoresco, y con una narración que no decae en ningún momento. Me ha gustado bastante, aunque puede que al principio cueste un poco meterse en la historia debido a que las situaciones que se suceden no son en absoluto "normales" a causa de cómo las viven los personajes (¿dije antes que son pintorescos? me he quedado corto). Muy recomendable para pasar un buen rato, hay escenas realmente hilarantes; a quien le guste el humor de "Faemino y Cansado", por ejemplo, lo va a disfrutar.

Escrito por Ferluq hace mas de un año, Su votacion: 7

UN FRIKI EN NUEVA ORLEANS
0 con 0 votos

El término FRIKI se empleaba en Estados Unidos para referirse a las personas que tenían alguna malformación o anomalía física. Sin embargo en España, que empezó a usarse a primeros de este siglo, se utiliza para denominar a toda persona que consideramos extravagante en grado sumo. Pues bien este preámbulo me sirve para indicar que el libro trata sobre un FRIKI (Ignatius Reilly) en clave de humor.
En España hemos tenido y seguimos teniendo un montón de frikis, Carmen de Mairena, La Bruja Lola, El Cuñao, Carlos Jesús, y así podríamos estar un día entero y no pararíamos. Todos ellos, y también Ignatius Reilly, se caracterizan por ser unos personajes extrafalarios en sus formas de hablar, vestir, comportarse, pensar,… es decir son tipos raros. Y también les une otra característica, que a todos los que nos consideramos “normales” estos tipos tan peculiares nos hacen reir.
Dicen que La conjura de los necios es un libro que, o gusta mucho o no gusta nada. Yo no estoy de acuerdo. A mí personalmente hubo pasajes donde me lo pasé fenomenal con su lectura y otros no tanto. Tiene momentos delirantes, con unas situaciones increíbles que te llevan a la sonrisa sino a la carcajada, y por el contrario tiene otros momentos más anodinos.
Los libros póstumos suelen tener, en muchas ocasiones, un mayor reconocimiento que el que hubieran tenido en vida del autor. No sé si será el caso, pero no deja de ser sorprendente que en vida de John Kennedy Tool hubo varias editoriales que rechazaran su publicación. ¿Hubieran tenido el mismo éxito, caso de vivir sus autores cuando se publicaron, El diario de Ana Frank, La suite francesa y La conjura de los necios?

Escrito por Lorizar hace 6 días, Su votacion: 7