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EL CONDE DE MONTECRISTO

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Portada de EL CONDE DE MONTECRISTO

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Autor: ALEJANDRO DUMAS, AUGUSTE MAQUET
Título original: Le Comte de Monte-Cristo
ISBN/ASIN: 9788497594714
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1844
Fecha de edición: 2003

Sinopsis:
Un clásico de enorme poder de sugestión, a través de la figura del hombre solitario que, luego de sobrevivir a la injusta condena y la miserable prisión, regresa para hacer justicia. Retrato de época, romántico, crítico y social, por un genio del siglo XIX.

Etiquetas: Literatura francesa, Romanticismo, Aventuras, S XIX, Clásico, Venganza,

 
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ERASE UNA VEZ
5 con 4 votos

Alejandro Dumas y EL CONDE DE MONTECRISTO. Nombres ilustres de la Historia de la Literatura. Después de haberlo leído, diría que los que ahora a estas alturas del siglo XXI se lancen a su lectura, se verán afectados por un sentimiento de viva emoción muy similar al que, sin duda, sintieron sus lectores del siglo XIX. Mi sensación es que Dumas, cuando concibió la novela, desechó la idea fácil de darle al lector directamente lo que éste deseaba: aventuras, intrigas, maquinaciones, equívocos; no, eso lo hacían muchos y por si solo no garantizaba el éxito; si Dumas lo tuvo fue, primero por que sacó el máximo partido de su extraordinaria calidad como narrador, segundo por que aportó una desbordada y formidable imaginación, y tercero por que creó una trama con personajes de sobrada entidad en busca de la consecución de un noble objetivo: hacer justicia, castigar el mal, y premiar el bien. Si todo esto además conlleva aventuras y peripecias tal como estaba de moda entonces, mejor. Pero el auténtico mérito, está en la confluencia de la idea generadora de la novela, con la calidad que Dumas atesoraba como constructor de historias y como escritor.

No obstante, la naturaleza y el carácter del folletín están muy presentes; se detectan sus inequívocos mecanismos que actúan como el armazón que soporta la historia. Necesariamente ha de ser así, siendo ésa la génesis ya desde su publicación. Esta condición folletinesca no hace desmerecer la novela, incluso en cierta medida es responsable de su éxito, también a día de hoy. Pero, eso es algo que cada lector juzgará según sus preferencias. Una de sus indudables cualidades, es el magnífico lenguaje con que está escrita. Une a su claridad, una brillantez envidiable, virtudes ambas que garantizan la diversión con su lectura. A eso hay que añadir, el ingenio y la perspicacia que maneja constantemente en los diálogos, cargados además de las sutilezas, los retruécanos, y los juegos de palabras, que la educación distinguida de la época exigía a las personas, sobre todo en el medio social en que se desarrolla gran parte de la novela. Otra de sus cualidades es la creación de una gigantesca trama de personajes con una extraordinaria fuerza dramática en la definición de sus caracteres. Recuerdo que cuando veía las series televisivas basadas en esta novela que se sucedieron a través del tiempo, me llamaba mucho la atención lo inconcebiblemente desmemoriados que parecían los protagonistas al no reconocer a la misma persona, por más que hubiesen pasado quince o veinte años y su condición fuese tan diferente. A mi modo de ver, aquel planteamiento tan optimista del autor no resultaba admisible. Ahora, al leer en la novela los detalles de la transformación de Edmond en conde, su tránsito me resulta absolutamente convincente, y ni por un instante lo puse en duda. Lo que me lleva a señalar el enorme mérito del texto y de la trama, que son los responsables de darle una apariencia creíble, a esa atrevida fabulación del argumento tan difícil de trasladar de manera creíble a una pantalla.

La novela, parte de la siguiente idea motriz: le cabe al protagonista, la posibilidad de impartir castigo para vengar el enorme daño sufrido urdiendo una gigantesca maquinación; tan milagrosa oportunidad, parece la manera con la que la Providencia sanciona a los distintos malhechores antes de que surja la duda final: ¿dónde están los límites de la mano ejecutora? Como planteamiento generador de la novela en su conjunto es perfecto, sobre todo por que tiene la virtud de desencadenar los sentimientos que anidan en el corazón de cualquier lector, revolverlos y zarandearlos llegando al límite máximo de conmoción que razonablemente puede soportar la persona que lee el libro.

Debo indicar también que algunas cosas no me gustan. Como decía más arriba, la transformación de Edmond me parece perfecta, tiene mala leche de sobra, y tiene la suerte necesaria (o el designio divino) para hacerse inmensamente rico. En cambio, ni Fernand Mondego, ni D´Anglars, tienen al principio del libro, un perfil humano que sea compatible con su perfil de veinte años después, en donde surgen como auténticas figuras de la vida social y económica del París de la época. Dumas lo justifica, enunciando (otra vez el designio divino) una especie de máxima fatalista que dice que Dios dirige el destino de los malvados por la senda del éxito, para antes o después acabar vertiendo sobre sus carnes con mayor fuerza aún, el auténtico poder de su justicia; aquí ya me parece un poco traído de los pelos el recurso a la Providencia, la verdad es que como justificación no me convence. También estorba un poco, visto desde nuestra perspectiva actual, la excesiva proliferación de tramas periféricas que giran alrededor de las principales; la mayor parte de los sucesos acaecidos en Roma, por ejemplo, me parecen desconectados o situados en otra novela diferente. En general, se puede decir que la parte central del libro está algo lastrada por esas historias demasiado desconectadas de la trama principal. La lectura de esta parte del libro, se hace hoy día un poco insustancial y asalta la duda de sí toda esta hipertrofia está inscrita dentro de la lógica de la novela y tiene en ella su legítima razón de ser, o acaso no será todo esto sino un obligado peaje, que el lector ha de pagar para satisfacer así la deuda contraída con esa especie de pecado original que es el folletín por entregas. Por que esta inflación de historias y personajes, en algunos casos sospechosamente superfluos, encajan a la perfección en el habitual mecanismo de funcionamiento del folletín. En fin, no sé sí estas cosas que menciono molestan a todo el mundo y suponen un lastre para la novela, o solamente me molestan a mí y resultan un motivo más de interés de ésta; en fin, cada lector resolverá a su conveniencia cuando lo lea. Lo que es claro, es que esa insipidez, si se da, es la consecuencia de un paginado excesivo y de un barullo de la trama superlativo, que hace que la parte central del libro sufra de una cierta pérdida de tensión.

Pero la posible relajación inducida en la parte central, acaba por dar sus frutos en el último tercio del libro. Allí, todo se desencadena en una apoteosis de sucesos que dejan al lector fascinado con lo que está leyendo; a partir de ahí la lectura se vuelve frenética y se comprende a la perfección por que tuvo tanto éxito el folletín, sobre todo constatando que aquí se roza la más alta calidad de creación, posible dentro del género. Es entonces cuando concluimos, que todos esos prejuicios acumulados durante años o siglos con relación al folletín como sistema, lo son a consecuencia de los excesos y desatinos a que llegó en su trayectoria, pero no tienen sentido, si el género se aborda con la categoría con que lo hace un escritor tan eficaz como Dumas. Hay que decir que EL CONDE DE MONTECRISTO, representó desde su nacimiento el paradigma de lo que puede llegar a ser una novela como icono del éxito popular en literatura. Por que lo que aquí estamos exaltando, son cualidades que están al alcance de cualquier lector, independientemente de su grado de exigencia. Seguramente fue ese, el único condicionante a que se obligó su creador: el intentar poner al alcance de todo el mundo su obra; para lograrlo, procuró dotar al libro de una calidad extraordinaria sin introducir elementos complicados que pudieran suponer un obstáculo para los integrantes del masivo y por entonces emergente sector de consumidores de novelas. Esa compaginación de intereses es la que ha convertido esta obra en un sofisticado ejercicio de equilibrismo entre calidad y popularidad, que pocas veces se habrá repetido tan eficazmente en la Historia de la Literatura.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

FORTALEZA ABANDONADA
5 con 6 votos

Admito que la culpa es mía. Comencé el libro sin haber saciado un hambre voraz. Ansiaba leer relatos reales de esos seres de ficción a quienes no importa su estatus pues bien podrían ser reales. Hay algo de lucha en toda lectura con el autor. En los clásicos más. Una lucha por hacerse con la propiedad del relato y de los personajes. Por poder arrebatarle a Dostoivsky sus derechos sobre “Crimen y Castigo”, imponer el propio y personal discurso al suyo y afirmar como aquel chico de “Cómo leer y por qué” en una pintada callejera: SVIDRIGÁILOV ESTÁ VIVO. Jódete moralista ruso. Buscamos los agujeros del relato con ojos de espadachín, nos agarramos a esas elipsis, las fecundamos con nuestra impronta y hacemos que el relato sea tan nuestro como el de su creador. Más si el cadáver no puede defenderse. Analizamos el discurso de nuestro enemigo, dialogamos con él, nos peleamos y tratamos de construir el nuestro desde sus deslices enriqueciéndonos con el suyo. Algunos bastardos disfrutan dejándonos ganar. Más placer para nosotros.

Eso quería hacer yo en mi próxima lectura, alimentarme de la vida y la humanidad de mi próxima víctima de ficción para fortalecer el discurso que da coherencia a mi persona. No es solo capital simbólico, es capital íntimo y humano. Sabía que Dumas y Auguste Maquet no eran los “autores” más apropiados, pero algo me seducía en entretenerme y relajarme con aquel miserable que resurgió de la mazmorra convertido en la mano de la providencia. El romanticismo francés nunca me falló antes. Adoro esos libros de mil páginas que a cambio de dedicarles unas semanas te acompañan toda la vida.


Admito que la culpa es mía, pero comencé “El Conde de Montecristo” como un lector impaciente, hambriento. No he sido capaz de terminarlo. Cuatrocientas cincuenta y una páginas lentas e interminables de paja y presunción; referencias, a menudo -chivatas notas-, erróneas; cincuenta capítulos carentes de toda elipsis que de agilidad a la historia y a los que agarrarme en mi lucha con el “autor”. Muy bien Dumas-Maquet, no hay forma, ni ganas, de arrebataros el relato. Todo vuestro.


Al final, lo más interesante, era dialogar con los artesanos. Único motivo por el que esta presunta “obra maestra” me parece realmente superior a “Los Pilares de la Tierra”. “El Conde de Montecristo” no solo tiene todos los ‘defectos’ del folletín -historias hipertrofiadas, café para todo tipo de lector (no se vaya a perder público), diálogos sosos de relleno, narrador intrusivo, narrativa convencional, personajes maniqueos, descripciones innecesarias meramente decorativas, el gusto por lo exótico, etc.-, ‘defectos’ que autores mucho más grandes que Dumas supieron convertir en virtudes y no solo en ventas; sino que además presenta todos los convencionalismos de la época. Hugo, Flaubert, Maupassant, Stendhal, estaban individualizados, separados de su tiempo por su genio y poderosa personalidad. Dumas no. Leer a Dumas es hacerse una idea de la mente convencional y vulgar de esos tiempos. La mentalidad que podría tener cualquier burgués al menos.

Al final, en lugar de disfrutar con las aventuras de Edmond Dantés, su encapuchada aura de pastiche, y sus ansias de justicia/venganza, disfrutaba en los momentos como los judiciales y penales contrastando los datos que Dumas me daba con lo que, por ejemplo, había leído hace unas horas en “Vigilar y Castigar”. Es triste cuando lo mejor que se puede decir de una obra de entretenimiento de más de 1000 páginas es que permite enlazar el momento que describe con lo que uno ya sabía.


Sí, sí, estoy exagerando. Estoy seguro de que todos los hilos que tan lentamente ha sabido tejer Dumas se encontrarán en las últimas 100/¿200? páginas en un excelente clímax final plagado de muerte, venganza, justicia y perdón. Tentado he estado de ir directo a ellas. Sí, sí, admito que aunque desaprovechan sacar más partido a los paralelismos, Dumas-Maquet reflejan en su protagonista el influjo y la fascinación que en la época dejó la estela de Napoleón. Un mediocre plagio a Julien Sorel. Edmond Dantés es la mayor criatura de Dumas y tal vez merecía haber pasado a la historia, pero no tanto como otros olvidados. Sea como sea, no es suficiente. Sí, sí, Dumas-Maquet han muerto de éxito, en una novela de aventuras y suspense tan, tan, lenta y predecible, saber de antemano lo que va a pasar en la página siguiente (aunque luego resulte que hay que esperar todo un capítulo de paja hasta ello) no le hace ningún favor. Sí, seguro que más adelante se profundiza con una mentalidad cristiana en la psicología del conde y los efectos que tiene el poder hacer justicia a capricho, pero ya ha habido medio libro para ello y hay demasiadas maravillas por leer. Sí, la culpa es mía, debí habérmelo leído en otro momento, tal vez en la adolescencia. Tal vez debí haberme dejado llevar por el lento e insustancial pero rápido y ligero transcurrir de las páginas. Dumas no es un gran estilista pero sí un astuto novelista. Sí, pero el caso es que son mil cincuenta y cinco páginas de un pesado volumen y m e a b u r r e n. Haría un esfuerzo, pero es que “El Conde de Montecristo” me resbala por completo. Dumas y Marquet han escrito un libro tan desquiciadamente detallado y blindado que el lector no tiene cabida en él más que como espectador pasivo.

Au revoir Dumas. ¡Qué bien se portó la providencia contigo!

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 4

¡¡¡¡LARGA VIDA AL CONDE DE MONTECRISTO!!!!
4.57 con 7 votos

Cuando empecé a leer este libro muchas eran las expectativas depositadas por mí en él. De hecho era una novela de la que había oido y leído cosas muy positivas y atractivas. Una vez acabado, no tengo más que decir que no sólo se han confirmado todas ellas, si no que incluso en muchos sentidos se han visto superadas. EL CONDE DE MONTECRISTO es una novela emotiva e inteligente, donde el entretenimiento no viene reñido con la reflexión, donde la acción no excluye la introspección y la hondura. EL CONDE DE MONTECRISTO es en definitiva una de esas obras mayúsculas, desprendedora de un encanto y fascinación tan grande y variopinta que atrapa a muchos tipos de lectores, sean cuales sean sus gustos, sea cual sea su época, su nacionalidad, y en resumen sus circunstancies concretas. Sencillamente, porque EL CONDE DE MONTECRISTO es, y quizás parezca pedante cuando no una perogrullada el decirlo, una obra universal de la literatura. Y lo digo con total rotundidad porque hay obras, como esta, que tras su lectura, nos dejan la intuición, en el sentido de certeza directa que nos embarga y ahuyenta cualquier atisbo de duda, de que acabamos de asistir a algo pocas veces logrado aunque tantas veces predicado: una obra maestra. Mucho se puede decir de ella, de sus fascinantes personajes, de sus ricas y absorventes tramas, de su barroco pero noble y alto lenguaje, de sus diálogos, de sus significados, etc,etc... pero no vale la pena hacerlo, porque esta es una obra que no necesita que nadie hable por ella, porque el hacerlo, aun cuando sea para bien, para ensalzar sus muchos atributos, siempre será un enflaquecimiento, una injusta reducción, de lo que en realidad ofrece.

Escrito por Hamlet hace mas de un año, Su votacion: 9

CONFIAR Y ESPERAR
2.33 con 3 votos

Monumental obra de Alejando Dumas que va más allá de la narración de una venganza. Nos habla de las relaciones, intrigas, amores e intereses de la sociedad del siglo XIX. Un prisma de personajes y de caracteres que se cruzan contantemente a lo largo de la novela y nos muestran que el ser humano es capaz de albergar en si mismo desde la ambición más terrible hasta el amor más puro.Obra maestra.

Escrito por TrancosSnape hace mas de un año, Su votacion: 10

NI FU NI FA
1.6 con 5 votos

El claro ejemplo del daño que pueden hacer algunas veces las buenas opiniones. Tanta gente diciendo "GENIAL" que después lo lees y tampoco es para tanto.

Aventurillas, algunas veces francamente entretenidas, otras bastante tostón, (el tramo en Roma es completamente prescindible). Situaciones totalmente simpáticas pero absolutamente increíbles y absurdas en cuanto se rasca un poco.

Vamos libro de verano total, para ir leyendo en la playa/piscina/autobús/tren o avión. Imposible no recomendarlo en este aspecto. Pero de ahí a que su nota sea de sobresaliente… Como diría cierto personaje televisivo, "un poquito de por favor".

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 6