En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

CINCO HORAS CON MARIO

Tendencia a subir 7.02
41 votos
Portada de CINCO HORAS CON MARIO

Comprar CINCO HORAS CON MARIO en Amazon.es

Autor: MIGUEL DELIBES
ISBN/ASIN: 9788467024845 /
Género: Literatura contemporánea
Editorial: ESPASA-CALPE (2007) / DESTINO (2010)
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Nueva edición de un gran clásico de las letras españolas en el año del 90 aniversario de Delibes.
Una mujer acaba de perder a su marido y vela el cadáver durante la noche. Sobre la mesilla hay un libro ?la Biblia? que la esposa hojea. Va leyendo los párrafos subrayados por el hombre que se ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos le viene a la mente y empieza un lento, desordenado monólogo en el que la vida pugna por hacerse real otra vez. La pobre vida llena de errores y torpezas, de pequeños goces e incomprensiones. ¿Ha conocido Carmen alguna vez a Mario? Escuchemos el irritante discurrir de la pequeña y estrecha mentalidad de la esposa. Otro hombre irá poco a poco descubriéndose, para todos menos para ella, con toda su desesperanza y su fe en la vida. Cinco horas con Mario es una novela de gran penetración psicológica que, a través de un alma femenina puesta al descubierto, llega hasta el fondo de la sociedad española de su tiempo. Sólo un escritor de la categoría de Miguel Delibes podía enfrentarse con este difícil tema y resolverlo tan brillantemente.

 
Ordenar reseñas:

“CASI, M.D., CASI… ROMPO UNA LANZA POR CARMEN”
5 con 5 votos

El 24 de marzo de 1966 moría D. Mario Diez Collado (de mismas iniciales que su autor) para desconsuelo de su esposa, familia y amigos, y para alivio de poderosos y corruptos. Con su muerte comienza una de las obras más emblemáticas de la literatura española de post-guerra, una obra difícil de comentar pues contiene dos lecturas que no terminan de enlazarse como debieran.
Por un lado, es la crónica de un ahogado, un réquiem a un hombre de moral rígida, integra y justa, preocupado en hacer el bien según valores de lo que podría ser un socialismo cristiano postconciliar, un hombre que muere ahogado por la incomprensión de la sociedad que le rodea, la sociedad rural burguesa del franquismo; pobre Mario, su matrimonio no es más que otro reflejo de la incomprensión que recibe en una sociedad tradicional, ignorante, intolerante e irritante. Esta visión es una clara e inteligente crítica a la mentalidad tradicional franquista capaz de sortear su censura, gracias al filtro de los ojos de su heroína.
Por otro lado, es la historia de la incomunicación de dos mentalidades, la de Mario: una mentalidad compleja, liberal, ilustrada y cristiana y la de Carmen, una mentalidad tradicional. Las mentalidades características de las dos Españas. Esta historia busca la empatía con las dos mentalidades, busca la comprensión y casi la reconciliación; Delibes quiere que comprendamos a Menchu, luego que cada cual elija si la perdona o no. La comprensión es difícil, pero tal vez, nosotros, los hijos de las dos Españas, podamos sentarnos a hablar y perdonarnos, y tomar un café, que si bien no llevé a la persuasión –no veo porque debiera - sí a la comprensión y la tolerancia.
Yo prefiero la segunda, me parece menos caduca, más contemporánea y más humana. Por desgracia la intención principal del autor fue la primera: mostrar sus frustraciones como intelectual, inspirándose principalmente en la personalidad de un amigo íntimo al que dedica el libro; mostrar una despiadada crítica a la incomprensión y maniqueísmo franquista. La segunda lectura es un accidente inevitable teniendo en cuenta la empatía del escritor hacia la humanidad de sus personajes, lo que le llevará a decir que comprende a su heroína aunque ideológicamente le parezca detestable. Esta superposición del primer objetivo sobre el otro hace que la segunda lectura esté casi, sea casi redonda, pero algo le falta. Por ello me atrevo a decir que si bien la primera lectura (la crítica) es una obra maestra como tal, la segunda solo lo roce y con ello la obra en su conjunto, para mi, no llega a la Obra Maestra de la Literatura en mayúsculas que afirman otros, esta demasiado ligada a una situación concreta, a un tema.

Me gustaría que esta percepción fuera lo único que menciono del contenido, pues cualquier dato es un enorme spoiler –o sino no lo es ninguno-, pues lo más formidable de la obra es ver como con su estructura va abriendo gradualmente un universo limitado tan solo por el frío hueco en la cama entre los dos cuerpos protagonistas.
Inicialmente la estructura iba a ser lineal con los dos personajes vivos, pero tras muchas cuartillas el autor descubrió que los personajes se mostraban demasiado irreales y además sería incapaz de pasar la censura franquista. Decidió matar a su protagonista –curioso eso de un protagonista muerto en todo momento- y cambiar la estructura de la obra a lo que se ha denominado un “monodiálogo” con una estructura en ondas, como cuando tiras un cadáver al lago y el choque produce ondas cada vez más y más amplias. Esta es la forma en que crece la narración y se presenta el universo de este matrimonio, de esta España dividida. Este cambio, para muchos el principal acierto, es responsable del accidente que da lugar a la segunda lectura: al humanizar hasta tal punto a sus personajes Delibes permite empatizar y comprender a ambos, incluso a la insoportable Menchu. Pero va mucho más allá.
Yo esperaba –había oído que la obra estaba influenciada por MIENTRAS AGONIZO de Faulkner- un monólogo interior, una escritura enormemente condensada, como todo pensamiento, y como tal un texto complicado que requiriera un esfuerzo por el lector que sería enormemente recompensado; pues bien, en absoluto, lo que encontramos es un lenguaje enormemente sencillo, como la mentalidad de su heroína, un léxico magníficamente recreado y un estilo que pone de manifiesto la maestría de su autor; pero, de lectura enormemente ágil, no demasiado atenta y con mucho relleno: el diálogo de dos amantes está condensado y requiere muchas inferencias, pero jamás tantas como un pensamiento. A esto me refiero cuando hablo de un monodiálogo pues es un diálogo con un receptor concreto (y por ello supone unos conocimientos previos comunes), pero muerto y por tanto sin respuesta. No es un monólogo común precisamente por eso, porque en los monólogos clásicos el personaje se dirige al lector, al espectador, lo que hace una lectura más sencilla.
También esperaba una estructura en espiral, donde a cada vuelta se ampliara por un lado el universo y por otro se fuera profundizando mediante un cambio en el discurso según se penetra más en la psicología de los personajes, en las temáticas de la obra. ERROR! A la mitad de la novela, tras disfrutar enormemente, emocionado, de la forma en que se ampliaba el universo: con sumo cuidado, con delicadeza, fluidez y maestría, descubrí que la espiral era plana, era la estructura en ondas a la que se refiere el autor. ¡Y lo que es peor! Pasadas la mitad de las páginas el universo crece demasiado lentamente, las ondas están tan pegadas entre sí que poco distan de la repetición; es entonces cuando se desinfló mi entusiasmo por la obra. Por ello recomiendo a todo lector no enterarse de nada de este matrimonio, sus amigos y anécdotas, si lo hacen desperdiciaran lo mejor del libro, el efecto de la estructura en la primera mitad, tras un formidable prólogo. Esta es la primera causa de que prime la lectura crítica sobre la comprensiva, se centra en la absoluta incomprensión entre los personajes sin proporcionar evolución alguna, simple estancamiento. Delibes, cuando tú mismo afirmas “podría haber acabado la novela en cualquier momento” es que algo estás haciendo mal, estás introduciendo paja innecesaria, debiste acabarla en ese momento.
Todo esto hace que la obra sea enormemente amena, y sencilla, capaz de gustar a todos los públicos gracias, además, a su irónico humor capaz de sacar sonrisas y alguna leve carcajada, la enorme sencillez y agilidad de su estilo y la repetición. Todo ello, sin descuidar la calidad, claro. Entiendo porque lo recomiendan en muchos institutos.

Como estamos viendo, Delibes es un escritor de personajes. Aquí está el otro gran acierto y a la vez defecto de la novela. Delibes logra crear personajes “típicamente humanos” extraordinariamente coherentes, tal vez demasiado. Digo humanos, porque parecen realmente de carne y hueso, parecen existir más allá de las páginas, respiran a través de ellas. Pero digo también típicamente porque no son personajes reales, son arquetipos a los que Delibes a dado alma mostrando su genio creador. Por ello son tan coherentes, por ello son mentalidades tan independientes, a pesar de que en la realidad las creencias no sean categorías, sino formadas por continuos de valores y actitudes que pueden solaparse en ocasiones, abriendo la posibilidad a la comprensión mutua; ojalá fuera posible semejante coherencia de pensamiento, más quisiéramos muchos, aunque no le falte razón a Wilde cuando afirma: “La fidelidad es a la vida de las emociones lo que la coherencia a la vida del intelecto: simplemente una confesión de fracaso”. El arquetipo de Carmen es el más sencillo: buena persona, fiel a sus principios, de mentalidad tradicional y clasista, dogmática en sus creencias e incapaz de comprender a Mario a raíz de ellas. Mario, tres cuartos de lo mismo, pero de mentalidad contraria y de un arquetipo más complejo (¿maniqueísmo?): es más o menos un liberal cristiano postconciliar, tan dogmático en sus creencias que desprecia a Menchu, hasta ser incapaz de darla no ya sexo, sino cariño y amor, es tan rígido en su moral (mucho más que Carmen), tan intolerante, que condena a su pareja a la infelicidad, no tiene jamás en cuenta sus ideas, ni su forma de pensar y no le importa. Ambos sufrirán las consecuencias de su dogmatismo y comprensión, el uno con la depresión y la otra con la represión sexual. Esto da la posibilidad de empatizar y comprender a ambos, pero por desgracia, aun con alguna ridiculización a la rigidez moral de Mario, el autor lo ensalza tanto que acaba resultando un mártir cristiano a manos de la intolerancia farisea franquista. El resultado no son dos mentalidades tan coherentes que permitan comprender cada una desde su racionalidad, igual de válidas si nos abstraemos de la nuestra, sino que la comprensión es devorada en parte por el juicio. Menchu es una víctima de la educación recibida, ahí está toda la comprensión hacia este personaje; me pregunto si acaso Delibes cree que Mario no es víctima a su vez de la educación recibida por sus padres… Pues bien, jamás sabremos el porqué de la mentalidad de Mario, total, lo suyo es lo normal, no necesita explicación…
Ante esta situación surge la pregunta de cómo llegaron a casarse seres tan dispares, pues una vez más sabremos el porqué de Menchu, pero por desgracia jamás el de Mario, sea como sea, quiero pensar que fue el amor lo que les unió y la incomprensión e intolerancia de ambos lo que les separó en matrimonio.

Para terminar, decir que existe una adaptación teatral en cartel ahora mismo en Madrid que por lo visto es muy recomendable; tal vez sea una gran opción para quien se quiera acercar a la obra sin pasar por su lectura. Yo, espero ir de aquí a no mucho.

Tal vez Carmen sea insoportable pero también es penosa y cómica, mucho, gracias a la simultanea impiedad y compasión con que Delibes carga las tintas en ella. Yo por mi parte rompo una lanza por Menchu, y si pudiera la regalaría un 600; por algo los llaman ombligos, los tiene todo el mundo. Joder, Mario, ¿tanto te costaba leerle tus versos?

Nota: 7.5

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 7

NECESITABA UNA PODA
5 con 1 votos

Vaya, vaya con Dª Carmen...

Lo primero una anécdota: el sorpresón que ha sido el libro. Este era uno de mis pendientes y (afortunada/desgraciadamente, escoja usted) no sabía nada más sobre él, salvo la frase inicial de la sinopsis, "Carmen vela a Mario", y que Lola Herrera la representó en teatro ni se sabe cuanto tiempo.

Bueno pues con esta mínima información, y sin querer leer nada más aposta, para no perder la virginidad antes de tiempo, ¿qué creéis que me podía esperar?, pues lógicamente una novela intimista entre los dos personajes, probablemente aderezada con las agudas descripciones de Delibes de su entorno social.

Y claro te encuentras con esto y cuando menos es una "novedad". Y es que si esta novela estuviera escrita hoy en día, me apuesto que incluso el más medido la tacharía probablemente de demagógica, panfletaria y "sociata". ¿Cómo va a ser posible pensar que ni siquiera Rouco Varela piense como Carmen?, ¡por favor!, ya están los rojos judeo-masónicos tramando contra la patria.

Pero hay un gran pero, valga la redundancia. Y es que este tal Miguel Delibes no se dedica a quemar contenedores y reventar escaparates, ¿no?. Es más, creo que tampoco está escrita hoy sino con dos c#|#¬€s en 1966, donde, hombre, la bicha mordía menos y el veneno se le estaba agotando, pero todavía le quedaba una década...

Con lo cual no deja de ser sorprendente asomarse a la mentalidad canónica de los "buenos". Sobre todo, y es lo que resulta increíble, en el regocijarse en el que como tú vives peor (y tus padres, y tus abuelos, y tus...), es porque eres peor, y además si no hubiera pobres ¿a quién voy yo a dar limosna? Joder, ¿y los libros de terror son aquellos en los que salen zombies? (Ahora que lo pienso Carmen es igual de zombi con su encefalograma plano y adoración de la ignorancia).

Y todo ello sin dejar de dar un poco de cera también al otro lado. A este revolucionarismo de salón que todos en menor o en mayor medida practicamos. ¡Qué fácil es hablar y qué difícil, (imposible), actuar de forma totalmente honesta y coherente! Mario, si tanto querías cambiar el mundo, ¿por qué no empezabas con un poco más de empatía, cariño y compresión a tu esposa? Que digo yo que en veintipico años de matrimonio, bien podías haber intentado comenzar la revolución en tu casa. Que si tanto empeño que tenías en instruir a los desfavorecidos, también podrías haber empleado un poco en instruir a tu esposa cuando aún podría ser permeable, (es decir a los veinte años), antes de convertirse, palabras textuales, en una pared de frontón. O, al menos, si aquello no era posible, haberte guardado un poco de afecto para ella, de todo ese que hay que dar al mundo en general.

No obstante lo anterior, (que si no parecería que el libro me ha encantado), he de decir que considero que no funciona demasiado bien por dos motivos. Primero porque, considerado en su vertiente realista, la pareja Carmen-Mario es incomprensible. No es creíble ni que Carmen se case solo por compasión con él, (cuando con todos sus prejuicios ya adquiridos, de hecho ya le aborrecía en su fuero interno e igualmente a su familia), y, en ningún momento, se llega ni siquiera a vislumbrar qué diablos pudo ver Mario en Carmen (dado que, como queda claro en el libro, ni siquiera fue un flechazo o una ceguera sexual/hormonal que le hubiera fundido los plomos al menos temporalmente).

Y segundo, (y mucho más grave), que, aun olvidándonos de lo anterior y si consideramos este absurdo matrimonio como una mera excusa para poder efectuar la contraposición entre sus dos opuestas visiones de la vida, entonces lo que sobra es paja. Vale que una descripción hiperrealista del monólogo de duelo de una persona pueda contener vueltas y más vueltas a temas que puedan ser espinas clavadas en su corazón. Cada uno, (o por lo menos yo), tiene los suyos y es verdad que muchas veces nuestras reflexiones personales son meras vueltas al mismo árbol una y otra vez, mareo incluido. Pero repetirlo una y otra vez, y otra, y otra, y otra... zzzz ... no aporta nada narrativamente hablando, y aburre hasta al más optimista. Todos los capítulos son del mismo percal: mil frases iguales a lo ya contado una y otra vez y uno o dos fogonazos nuevos iluminadores sobre algún aspecto de la vida de la pareja. Y, dado que la narración es fundamentalmente no lineal, bien está plantear las repeticiones necesarias para reencauzar al lector y evitar que se pierda, pero ¿mil millones de veces? Ya puestos, Delibes podía haber contado las veces que le latía el corazón a Carmen durante las cinco horas del velatorio y aún así a lo mejor eran menos que las apariciones de la palabra Seiscientos...

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 7

¡VAYA TÍA INSOPORTABLE!
4.5 con 2 votos

Leí hace poco “Cinco horas con Mario” y como me ha pasado con otras obras de su autor que he leído, no me entusiasmó. Y sin embargo, yo mismo estoy sumamente sorprendido, por que Delibes tiene todas las características formales que suelen tener mis autores favoritos. Si me gusta leer a Galdos, Baroja, James, Mann o Cervantes, me debería gustar también leer a Miguel Delibes.
Centrándonos en “Cinco horas con Mario” debo decir que fue todo un acierto de su autor, que con este libro creó un hito en el novela española. Estimo en lo que valen los valores de este libro que creo que son muchos y buenos. Pero, cuando terminé con la última hoja del libro, tuve una sensación de alivio, de haber finiquitado una labor desagradable, a más no poder. ¿Es posible valorar bien un libro y a la vez detestar su lectura? Ya he comentado en alguna ocasión, sobre una reseña de “SdL” que no se debe juzgar un libro por un comportamiento que no nos gusta de sus protagonistas, pero el caso es que en “Cinco horas con Mario” he sido yo el que ha incurrido en ese error.
Por que, si me ha desagradado, ha sido por el comportamiento, o en este caso por el discurso, de la mujer de Mario. Delibes escribe tan bien este libro, que te lleva a aborrecer sin remedio a esta imbécil.
Plantea algo totalmente creíble, se expresa, exactamente como lo haría ese tipo de mujer, y es tal la eficacia del discurso que te pone malo. A mi me puso malo. Y por tanto el libro me desagradó sin remedio. Pero es magnifico, lo reconozco. Por que no es el caso de un narrador que te esté contando los desatinos de esta mujer. No te la describe el escritor, es ella la narradora, no hay otro personaje con voz en la novela, y cuando cuenta ella, las opiniones o los puntos de vista de su marido, lo hace pasándolos por el tamiz de su propio criterio, con lo cual llegan sesgados al lector; es decir que, durante toda la lectura del libro, hay que aguantar a esta señora, que yo no se como la aguantó su marido, si no es que se murió de eso.
En resumen, que la eficacia narrativa, a veces tiene sus inconvenientes. En este caso el de hacerte pesada una lectura que es extraordinaria. Pero volviendo a lo de el principio, si que he detectado una cierta frialdad o distanciamiento del escritor en otros libros, por lo cual no me termina de entusiasmar. Pero en este caso concreto, más bien es al revés, su vehemencia expresada a través del discurso de ella hace su lectura apasionante, aunque antipática.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 6