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CASA DE MUÑECAS

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Portada de CASA DE MUÑECAS

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Autor: HENRIK IBSEN
Título original: Et dùkkehjem
ISBN/ASIN: 9789500305068
Género: Teatro
Editorial: LOSADA
Fecha de publicación: 1879
Fecha de edición: 1998
Número de páginas: 175

Sinopsis:
Nora se cree felizmente casada con Torvaldo. Llevan ocho años de casados y tienen tres hijos. Además, Torvaldo Helmer asumirá en el año nuevo el puesto de director de un banco. Todo parece perfecto, pero Nora guarda un secreto. Así se lo confiesa a su amiga Linde. Años atrás, su esposo estaba a punto de morir. Debía cambiar de clima, pero económicamente les era imposible pagar un viaje. Nora le hizo creer a Torvaldo, quien ignoraba su propia enfermedad, que su padre, agonizante, les había dado el dinero. En realidad, Nora lo tomó prestado de Krogstad, el procurador. Para hacerlo, Nora falsificó la firma de su padre muerto.

 
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NORA, LA ANTI-MÁRTIR, SUPERFICIAL HEROÍNA DE LA TIBIA MODERNIDAD
5 con 2 votos

Terminé “Casa de muñecas” ayer; me gustó algo, pero esperaba mucho más: y creo que me si me gustó ha sido más por las sensaciones que me provocó que por su calidad literaria (posiblemente sea este un síntoma de calidad) y profundidad psicológicas y hasta filosóficas que contiene. Creo que la sencillez de los diálogos, que es de agradecer, es de algún modo compatible con la casi inexplicable y facilista (disculpen si no existe el término) resolución del final, el cual me pareció un poco forzado y hasta como apurado. Me explico mejor. Creo que Ibsen tenía una idea formada, bien moldeada sobre la situación innegable que las mujeres padecieron durante casi toda la historia, salvo por los últimos años, donde las cosas comenzaron a cambiar bastante, aunque no todavía lo suficiente. Sin embargo, ese pensamiento (defendible desde ya, y que comparto totalmente) lo llevó a escribir una obra no totalmente sincera, y que peca, desde mi punto de vista, de ser excesivamente sectaria, tendenciosa y tremendamente proselitista.

Ibsen comete el mismo error que critica, en el fondo. Recuerdo, por ejemplo, la parte que Nora juega con los niños, y se esconde debajo de la mesa, y (y me da cierto dolor, como si esta historia hubiera sido cierta -posiblemente lo sea, lo haya sido, con otros nombres, en distintas partes del mundo) el grito de júbilo de los chicos cuando la madre sale de su escondite y la descubren, andando como un gato, para asustarlos y divertirlos; y es que me parece que la libertad, la independencia nada tiene que ver con el abandono de las únicos seres que no la traicionaron, (el egoísmo de Helmer es producto de una teórica superioridad del hombre sobre la mujer, teoría aprendida desde hace siglos), y que son los pequeños y encantadores hijos de Nora. Hasta se podría interpretar como que Nora (del mismo modo que el marido mientras su esposa obedecía a sus órdenes, expuestas y escondidas casi siempre bajo una máscara dulce y mediante palabras tiernas, siendo más reconvenciones que órdenes, se descubre como un ser enceguecido por salvar su propio prestigio, y nada más) estuvo, a su vez, utilizando una doble cara, aunque de manera inconsciente, es decir, la de la esposa sumisa, la de la muñeca dócil de su marido, como lo fue en su momento de su padre, por un lado y la de la mujer con ansias de liberarse de las cargas impuestas, milenariamente, por la sociedad, la religión, por el otro. Lo cuál me supone una suerte de excusa de Nora. Es decir, que en el fondo, y así como el marido, ciego ante los esfuerzos de Nora, ciego a causa de su estupidez, de su cobardía e ignorancia, esperaba el momento apropiado para abandonar una vida que en el fondo (como dijo al final, reconociendo que nunca había sido feliz) no la satisfizo jamás.

Espero que se entienda lo que para mi ha sido un punto flojo. Ibsen madura una idea. Luego, para poder volcar esa idea al papel, crea una historia, sencilla, para justificar sus pensamientos y elaborar su defensa. Ahora bien, dicha defensa, carece de profundidad a la hora de ser expuesta. El origen de la misma, el fin, es admirable, no así la forma, no los argumentos.

¿Qué gana una mujer abandonando a su marido y fundamentalmente a sus hijos, cuando estos (sus ángeles, como los llama frecuentemente) ningún dolor le infligieron? ¿No se puede ver, contrariamente a lo que hubiera querido Ibsen, que Nora, al realizar los esfuerzos a espaldas de su marido, no era sincera y que lo hacía no por amor o por cariño siquiera, sino por adjudicarse un laurel, un triunfo, más para sentirse útil, dentro de un sistema plano, de una vida que transcurre a media temperatura, plácida y cálida, relativamente confortable, sin excesos ni lujurias, pero sin demasiados apuros, sin notables miserias y aflicciones?. Creo que entiendo la defensa que Ibsen quiso realizar. No comparto los argumentos. Creo que el final, es decir la frialdad repentina de Nora, es mentiroso y muy ficticio y poco creíble. Y es que hasta para las decepciones se necesita madurar la pasión, el sentimiento, hasta que se fortalezca, hasta que se endurezca y se solidifique, hasta que se haga carne, hasta que se templen los nervios y fluya la sangre caliente por sus venas, ahí recién se puede tomar tan dramática decisión; Ibsen hace a Nora una persona voluble. En unos pocos minutos, decide abandonar a sus pequeños hijos, con quiénes el día anterior jugaba y a quiénes amaba, en aras de su independencia. Creo, más bien, que esa fue la intención escondida en su insatisfecha, en el fondo fría, e inútil vida y que dicha determinación no fue tomada por el planteo estúpido y corto y tremendamente egoísta y trivial de Helmer, sino por un deseo oculto detrás del bonito juego de “la familia feliz” de soltarse, de quemar las cuerdas que la sujetaban a las convenciones que la ahogaban, sin darse cuenta, mientras la comedia no se trocaba en drama. Y conste que no hablo de Helmer, porque es el prototipo del idiota miserable, que se cree un ser dominante, y nada domina en realidad. Prefiero, por esto, enfocarme en Nora, que es la heroína de la obra. Vamos a invertir el asunto. Claro que alguien podría decirme que no es justo invertir la historia, porque no hubo hombres cuestionados en sus actos, abrumados por la lupa de la sociedad moralista, a lo largo de la historia. Pero quisiera saber, si alguien define a un hombre como tal, cuando abandona a sus hijos, vamos a suponer por alguna gran decepción ocasionada por su esposa (como una excusa). Todos los días, mujeres con hijos, muchas veces solteras, tienen que trabajar por ellas y por sus pequeños, cuando los padres ausentes no parecieran existir, ni afectivamente con sus hijos, ni económicamente con ambas partes. Yo los llamo idiotas, y malparidos. No son hombres. Son miserables. Y ellas SI son heroínas. Fácilmente podrían hacer “la gran Nora” y abandonarlo todo en lugar de compensar las faltas de sus maridos o parejas, para realmente ser seres sacrificados, donde priman los sentimientos hacia sus propios hijos, en lugar de sus frustraciones y sueños irrealizados.

No me importa la razón; ya lo dijo Huxley: “Los métodos no justifican el fin, ya que los mismos determinan su naturaleza”. Nora emprende una secreta lucha por salvar la salud del hombre con quién hasta entonces era su adorado esposo (este tipo de acciones se hacen por amor y DESINTERESADAMENTE, y me parece que cuando uno hace algo que cree,”aunque sea en ese momento”, correcto, no debería estar al tanto de los aplausos y de las aprobaciones) pero luego pretende ser reconocida por dicha acción, cuando además de realizarla por él, debió hacerlo por los chicos, por “sus ángeles”.

Y es que en realidad, Nora sigue siendo una esclava, pero esta vez de su orgullo y de su pedantería solapada: no ha sido recompensada en sus actos. Sigue siendo una muñeca, de ella misma. Sigue esperando una palmadita de aprobación, de su marido, de la sociedad, de alguien, de quien sea. Si lo vemos así, Nora no se liberó, o bien se liberó del estúpido de su marido, para seguir dependiendo de un mimo ajeno. Esto quiere decir que no hubiera habido historia si nunca se hubiera descubierto la carta, ya que al mismo tiempo el esposo no se hubiera demostrado como un ser vil, egoísta y superficial y Nora jamás se hubiese dado cuenta del tipo de hombre que tenía a su lado.

Una acción justa no debería requerir una felicitación, ya que eso le quitaría toda pureza, todo lo GENUINO y diáfano de la misma. Nora no es para mi un ejemplo, ni una mártir, ni nada. Dejó a sus hijos, para comer almendras y respirar aire fresco, para sacar la cabeza fuera del agua un momento; esperando por el milagro que nunca llegaría, porque el deseo más sincero de Nora, fue siempre el de vivir livianamente, sin preocupaciones y la única vez (según la historia que nos presenta Ibsen, que nada dice del pasado de Nora, de alguna anterior muestra de madurez o de esfuerzos y sacrificios) que hizo algo por otro (su marido y sus hijos), buscó, POR MAS QUE NO LO HAYA RECONOCIDO, UNA FIESTA, UNA APROBACION.

...En cambio, se ven (si se quiere ver), calladamente, dulces heroínas confundidas entre las sombras de las ciudades, sufrientes, adorables, engañadas, solitarias, heridas, pero dispuestas a realizar SIN RECIBO a cambio, de sus hijos, todos los sacrificios que los hijos de puta de los padres no hacen. A esas madres (y a los buenos padres también, que los hay muchos, como lo fue mío y a mi madre mucho más que una Nora cómoda de fáciles y simplistas resoluciones) abnegadas, luchadoras, y verdaderamente independientes les dedico mis plegarias, mis bendiciones y les confieso mi más profunda admiración y les otorgo humildemente, la verdadera corona, de mujeres independientes, fuertes y maravillosas...

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 5

LA MAYORÍA MEMA
4.8 con 5 votos

Cuando terminé de leer “Casa de muñecas” recordé un dato, y falto de trivialidad y frivolidad os comparto que mientras termináis de leer esta reseña, en España una mujer habrá denunciado a su pareja por violencia de género. Una denuncia cada cuatro minutos, 367 al día en el año 2011. Se me ocurre pensar entonces en Nora, la exquisita protagonista de la obra de Ibsen, en la libertad frente al falso liberalismo, en la mentira complaciente creada desde la comodidad sin autocensura de la propia vida. Me gusta el noruego y leo compulsivamente “El pato silvestre” y “Un enemigo del pueblo”. Confirmo mis mejores sospechas, me quito el sombrero que casi siempre llevo y que me niego a entregar a cualquiera. Henrik Ibsen inventa el teatro moderno; el último acto de “Casa de muñecas”, no ya argumentalmente (tuvo que cambiar el final para su representación en Alemania por ser... excesivamente liberal e incomprensible para la época) sino estructuralmente es de una novedad e influencia pasmosa. No se produce aglomeración de personajes, ni ese punto de inflexión Shakespeariano donde todo confluye en un éxtasis. Ibsen nos ofrece un diálogo, ni más ni menos, pero también nos llega ese éxtasis, se te ponen los vellos de punta... y te cabreas, con el capullo de Torvaldo y su estúpida concepción del sacrificio y la dignidad: 'no hay nadie que sacrifique su honor por el ser amado'. 'Lo han hecho millares de mujeres', atiza Nora. Era 1884. Increíble, Nora se resiste a ser una muñeca de adorno, una mujer florero y eso es algo imperdonable para el varón que se cree su dueño.

Los protagonistas de estas tres obras teatrales de Ibsen son seres que nadan a contracorriente, embargados por decisiones más o menos desordenadas pero tomadas desde lo que consideran justo y honrado. Son personas normales, creíbles, conscientes de sus valores, pero sobre todo que luchan por la libertad en medio de variadas mentiras piadosas, aunque unas lo son más (Nora y Gina justificables en 'Casa de muñecas' y 'El pato silvestre') y otras bastante menos (absolutamente vergonzante la actitud del alcalde Stockmann en 'Un enemigo del pueblo'). Ibsen golpea la autocomplacencia, desprecia la sociedad tan pulcra, tan honrada... tan falsa y le horroriza el sentimiento del deber cumplido cuando esclaviza, obstruye y castiga la libertad del prójimo; lo hace a diestro y siniestro, desde el realismo social, sin piedad y en una escala ascendente de simbolismo que culmina en 'Un pato silvestre'.

“Estúpidos están en todas partes formando una mayoría aplastante”, reflexiona el Dr. Stockmann en 'Un enemigo del pueblo'. Aterrizan desde 'Una casa de muñecas', pues si algo deja claro Ibsen es que las convenciones sociales, aunque sean producto de una mayoría, son sólo memeces si esa mayoría es mema, como suele suceder en gravísimas ocasiones, y que la verdad y la libertad no han de imponerse sino descubrirse, pues el castigo a pagar suelen cobrárselo a inocentes como Hedvigia, y a intereses muy altos.

Empecé con un dato y termino con otro. Tres matrimonios conforman el fresco que construye Ibsen con esta teatral triada. De ellos, tan sólo en una ocasión el miembro culpado recibe el apoyo casi incondicional de su pareja; sucede cuando ésta es la mujer. Yo también odio a esos hombres del siglo XIX que esconden sus debilidades al amparo de unas faldas de “muñecas” a las que hacer culpables. Y lo reconozco, en incontables ocasiones, yo también soy un memo.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 8

CASA DE MUÑECAS
4 con 1 votos

Este es un libro que descubrí gracias a un club de lectura de un foro donde suelo participar; se propuso el autor en concreto y esta era una de las obras a leer, así que me animé, ya que la tenía pendiente en la estantería desde hace un montón,

Se trata de una obra de teatro publicada y estrenada hacia diciembre de 1879, ahí es nada, lo mejor es que leyéndola es de esas joyas que están, curiosamente, de rabiosa actualidad y podrían haberse publicado hoy día perfectamente. De hecho, en su día generó gran controversia; no es para menos.

Tenemos al matrimonio protagonista, felizmente casados, sobretodo ahora, que a Torvaldo le han ascendido y tiene un puesto bastante importante; por otro lado tenemos a Nora, tan derrochadora como hermosa, la típica mujer florero, agradable y encantada de cuidar a los niños. Sin embargo, no todo es tan de color rosa, pues Nora le guarda un secreto a su marido.
Hace unos años, la salud de Torvaldo peligraba, pero les era imposible costearse el viaje y los gastos para que se curara, así que ella ni corta ni perezosa, tiró de trapicheos.

Así, somos partícipes de una historia que se va entretejiendo, tomando forma poco a poco y sacando sustancia de lo que parecía una trama simple, sobretodo teniendo en cuenta lo cortita que es.

Hay más personajes, que aunque no tienen tanto protagonismo (bueno, alguno que otro sí lo tiene, pero no lo voy a citar, pues le quito la gracia a la lectura y no es plan) sí están muy bien perfilados, dando el contrapunto perfecto a la obra… en la que ocurre de todo.
Trata temas como el orgullo y la honra, incluso el amor propio y el crecimiento personal, puede citarse quizás la crítica a la élite y sociedad de entonces, pero vuelvo a decir que es una historia que puede darse perfectamente en nuestra época y los valores que trata serían exactamente igual de apropiados en la actualidad.

La obra me ha gustado mucho, se lee muy rápido y se disfruta igualmente, quizá el giro final viene demasiado de sopetón, pero creo que ese efecto “bofetón” que el lector no espera tiene gracia y sentido, pues la verdad es que te quedas con cara de “¿perdona?” para después de cerrar la novela, digerir lo que acaba de pasar. Y a mí esas cosas me encantan.

Así que poco más que añadir. Todo un descubrimiento… y mi recomendación.

Finalizo comentando que ha sido una obra estrenada en gran cantidad de países, desde la fecha de su estreno hasta hace bastante poquito (2011 aquí en Madrid).
También cuenta con adaptaciones cinematográficas:
-1945, Casa de muñecas, por Ernesto Arancibia.
-1947, Nora, por Pat Murphy.
-1972, Casa de muñecas, por Joseph Losey.
-1973, Nora Helmer, por Rainer Werner Fassbinder.
-1977, Casa de muñecas, por Patrick Garla.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 8