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BATMAN EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO

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Portada de BATMAN EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO

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Autor: FRANK MILLER, Klaus Janson, Lynn Varley
ISBN/ASIN: 9788467433197
Género: Cómics, Novela Gráfica
Editorial: PLANETA DE AGOSTINI
Fecha de edición: 2007

Sinopsis:
Ambientada en un futuro lejano donde Bruce Wayne ha abandonado el manto del murciélago tras vivir varias desgracias personales. El regreso del Caballero Oscuro ahonda en los motivos que llevan a Bruce a volver a fundirse en el traje que tanto le costó dejar, ayudado por una nueva Robin que interrumpe en su vida. A su vuelta le sigue, de forma inevitable, el regreso de villanos como Joker y Dos Caras que sirven como antesala al enfrentamiento final contra el propio gobierno de Estados Unidos y hasta el mismísimo Superman. A esta historia épica se le suma una gran cantidad de extras que convierten a esta edición en la versión definitiva de El regreso del Caballero Oscuro.

 
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...HABEMUS PAPAM
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( Esta reseña con imágenes podréis encontrarla en: http://dentrodellaberinto-jareth.blogspot.com.es/2012/08/batman-el-regreso-del-caballero-oscuro.html)

Habemus Papam...

Algo parecido a lo que significa esta frase para un creyente debieron pensar muchos de los aficionados, y entendidos, del cómic de superhéroes de los años 80 con la rutilante irrupción de las obras de Frank Miller. Si para un creyente el "habemus papam" representa la confirmación del nuevo representante de Dios en la tierra, la superación de esa orfandad dejada tras la desaparición del anterior Papa, y el inicio de una nueva etapa, con un nuevo guía, que ha de traer la luz de lo divino a sus vidas, eso es, de manera profana, lo que significó Frank Miller para el cómic norteamericano en su más exitosa formula: la de los superhéroes. Pero a diferencia del líder religioso, Miller trajo para los suyos sombras y tinieblas. Unas sombras y tinieblas, maravillosas y fascinantes, seductoras e inquietantes, que vinieron a dinamitar los complacientes esquemas narrativos de un género que clamaba por un cambio hacia la madurez. Y, como toda madurez que se precie, vino acompañada de una rotunda perdida de la inocencia. Pero hagamos algo de memoria sobre la aparición de este memorable ángel oscuro del noveno arte...

Corría el año 79, cuando el poderoso Jim Shooter decidió dar una oportunidad a un joven y desgarbado veinteañero con ganas de labrarse un camino en el mundo del cómic. Ese joven eran Frank Miller y la oportunidad se llamaba Daredevil.
Por aquellos años la colección de Daredevil se encontraba en horas bajas, como confirmaba su cambio a periodicidad bimestral, habitualmente previo a la cancelación. Quizás por eso Shooter no vio ningún riesgo añadido en darle una oportunidad al novato. Lo que supongo no entraba ni en sus más enardecidos sueños era lo que sucedió después. El joven Miller no tan sólo consiguió hacerse en poco tiempo con el guión de la colección, cuando había entrado solo como dibujante, si no que inauguró la más brillante etapa del diablo rojo de la Marvel hasta la fecha.

El secreto de Miller fue dar una vuelta de tuerca más al concepto del personaje ideado en los 60 por Stan Lee, Bill Everett y Jack Kirby, añadiéndole algunos elementos propios que lo llevarían a convertirse en uno de los iconos mejor perfilados de la Marvel, lejos del eterno secundario, y tibio sucedáneo de Spiderman, en que se había convertido. Con Miller, Daredevil pasa a convertirse en un personaje con un cosmos e idiosincrasia propios. El de Maryland vierte ya en Daredevil, con acierto y coherencia, muchísimos de los elementos que le harían mundialmente conocido. Elementos como el marcado estilo noir de sus narraciones, su virtuoso recurso a la violencia, ya sea física como psicológica, su representación de la ciudad como nido de violencia, degradación y perversión ( su inolvidable visión de "Hell's Kitchen"), su desconfianza hacia el establishment y lo institucional, su fascinación tanto estética como filosófica por el bushido y "lo samurai", que eclosionaría en su obra "Ronin", etc.

El flamante camino inaugurado con el Daredevil de principios de los ochenta lo llevaría en poco tiempo a cimas inalcanzables para el común de los mortales. Cimas del medio como "Daredevil: Born Again (86)", "Daredevil: Love and War (86-87)", "Elektra Assasin (86-87)" u otras, fuera del sello Marvel, como "Ronin (84)", "Sin City (91-2000)" o "Give me Liberty (90)", por citar algunas. Y es en esos fecundos mediados de los ochenta donde se forjaría la que quizás sea su mayor obra, o una de las mayores, porque la verdad es que con este hombre es difícil pronunciarse definitivamente. Me refiero a "Batman: the Dark Knight returns", la obra que nos ocupa, que en breve tiempo sería seguida por el también imprescindible "Batman Año Uno (86-87)".

Cuando uno concluye "Batman: el regreso del caballero oscuro", por muchas veces que lo haya leído, desde que apareciera por vez primera en el año 86, es fácil soltar un incontenible y natural suspiro admirativo. Ya a las pocas páginas se tiene la clara conciencia de estar leyendo una obra que se encuentra de forma sólida e imperecedera en el Olimpo del Noveno Arte. A medida que vamos leyendo este regreso del caballero oscuro esa sensación se va afianzando e, increíblemente, nunca se ve defraudada, en lo que es, sin duda, un logro de principio a fin.

Pero una vez repartidos los laureles veamos donde se sustentan.

Para empezar, Miller consiguió con esta obra, inaugurar un nuevo canon dentro del género de super-héroes que ya no tendría fin, aunque en menos ocasiones de las que nos gustaría se hayan alcanzado cotas a la altura de ésta. En el 86 también se empezó a publicar otra de las más indiscutibles joyas del Noveno Arte, con la que Dark knight returns comparte muchas concomitancias, y no me refiero a otras obras del propio Miller de aquel año, también magistrales, sino a "Watchmen" de Alan Moore.

Estaba claro que una nueva era se estaba inaugurando en los cómics de superhéroes. Una etapa más oscura y crítica que la de doradas épocas anteriores, pero en absoluto menos meritoria desde el punto de vista creativo. Si antes estaban Jack Kirby, Stan Lee, Ditko, Neal Adams y tantos otras deidades del cómic, la nueva generación no prometía menos con la irrupción Miller, Moore, Sienkiewicz, Wolfman y otros, que venían a deconstruir los cimientos del panteón de un género de enorme éxito.

Al igual que, décadas antes, un género mítico como el western había dado en el cine un giro hacia tonos más crepusculares, el cómic con más motivos míticos y legendarios por antonomasia, el de super-héroes, también hizo lo propio. De forma similar a como los westerns totalmente clásicos fueron sucedidos por otros más desmitificadores y revisionistas, la hornada de nuevos talentos ( encabezada por Miller y Moore ) vinieron a ofrecer su equivalente en el mundo de los héroes con mallas. Curiosamente, uno de los temas más recurrentes del western crepuscular fue el que inauguró brillantemente esta nueva singladura en el cómic. Me refiero al tema de la vejez en un sentido amplio. Este es un tema muy presente en el western crepuscular que alumbró magníficas películas como por ejemplo "Duelo en la Alta sierra" de Sam Peckimpah. Y es que el tema de la vejez, en el sentido de agotamiento, de caducidad, de ocaso, no sólo de las personas y personajes si no del sistema entero, de sus valores, de sus métodos, de las formas narrativas, etc, es el que impulsa ese nuevo renacer. Es esa eterna sucesión entre lo viejo y lo nuevo, en la que uno necesita y requiere del otro, en el que uno se erige sobre los restos y las cenizas del otro, para trascender e ir más allá en busca de lo original.

En "Batman: el regreso del caballero oscuro" Miller nos propone, siguiendo ese patrón, asistir a la última aventura de un envejecido y ya retirado Batman, como de forma similar haría años después Clint Eastwood en su "Sin Perdón".

En un futuro indeterminado, un sexagenario Bruce Wayne, que sustituye la adrenalina de la lucha por el crimen por la de las carreras de bólidos al límite del suicidio, comienza a tomar conciencia de que la presencia de Batman es más necesaria que nunca. La violencia sigue azotando las calles, sobretodo desde que un numeroso grupo de jóvenes, conocidos como los "mutantes", campan a sus anchas por Gotham, causando el terror y cometiendo impunemente un sinfín de crímenes a cual más atroz. Para más inri el comisario Gordon se encuentra al borde la jubilación y su sucesora, la capitana Yindel, no valora tan positívamente como él ni sus métodos ni la aportación de Batman en la lucha con el crimen. Los justicieros son cosa del pasado. Únicamente Superman se mantiene en activo pero de una manera prácticamente "invisible" y siempre a expensas de los deseos del gobierno. Un gobierno que debiera ser el imperio de la ley pero que es más bien la pura imagen de la corrupción y la degeneración.

En este contexto tan decadente es en el que el Caballero Oscuro decide reaparecer tan fuerte como sus doloridos huesos se lo permitan. Su reaparición conllevará necesariamente también el regreso de sus antítesis, el Joker y Dos Caras, para desgracia de decenas de ciudadanos. Pero en sus nuevas aventuras Batman no estará sólo. Para la ocasión contará con la ayuda de un nuevo Robin, una hábil jovencita llamada Carrie Kelley. Y la necesitará, ya que Batman no sólo tendrá que enfrentarse a los "mutantes", al Joker y Dos Caras, a la policía que lo considera un símbolo anárquico que debe ser frenado, ...si no también a su viejo amigo Clark Kent, Superman.

Con este cóctel tan fuerte de ingredientes, Miller corría el grave peligro de conseguir una narración ambiciosa pero terriblemente deslavazada, incapaz de encontrar la suficiente fluidez narrativa para conjugar tantos y tantos elementos con acierto. Eso probablemente hubiera sucedido con otro, pero no con Miller. Al igual que el Caballero Oscuro, éste se creció ante la adversidad y acabó regalando a los lectores una de las narraciones corales más complejas e inquietantes del medio.

Miller recurre magistralmente en Dark Knight a los textos de apoyo para dar voz a los pensamientos de todos y cada uno de los personajes de la historia, de forma que es sobre estas voces en "off" sobre las que se erige principalmente la narración. Una narración con un tempo logradísimo, que nos retrotrae al cine negro, a Hammett, a Chandler, y a toda una tradición de artistas que hicieron del juego de luces y sombras el estilo de una realidad. Además, para no desorientar al lector, cada texto tiene un color que lo identifica con el personaje del cual es voz, por ejemplo el verde del Joker o el azul de Superman. Un recurso inteligente, además de gráfico y exclusivo del medio, para una historia donde nada sobra, donde cada perspectiva es necesaria y absorvente. Y es que Miller consigue dotar a cada personaje de una voz propia, consiguiendo uno de los mayores logros a que puede aspirar un guionista: diluirse tanto en cada una de sus creaciones que no quede ni atisbo de él, si no tan sólo el grupo de personalidades perfectamente caracterizadas a las que ha dado voz. Pero no tan solo eso si no que además construye un sin fin de jugosas e inolvidables escenas y situaciones que vienen rubricadas con unos textos realmente magistrales.

En cuanto al aspecto gráfico, independientemente de que el estilo de Miller pueda gustar más o menos, hay que reconocer que a esta historia le viene como anillo al dedo. Es un estilo brusco pero tremendamente vigoroso, que junto a la brillantez de lo escrito, construye un omnipresente climax que impide que el lector pueda escapar ni un momento a la pesadilla que se ha tejido con esmero para él .

El Batman de este regreso es, pese a su vejez, más grandioso y monumental que nunca. Al lado de una pequeña Robin parece un Titan venido directamente del Averno.Y es que, desde el primer momento, Miller renuncia al realismo visual en favor de un expresionismo narrativo donde lo que se busca es el impacto visual en cada viñeta. Y vaya si lo consigue. Sus figuras desprenden vehemencia por todos los lados.

También destaca su habilidad narrativa en la composición de página. Miller distribuye las viñetas de manera variada pero siempre óptima para la narración, intercalando páginas atiborradas de pequeñas ventanas con otras donde apenas hay unas pocas o directamente una que ocupa toda la página. El resultado es una agilidad visual maravillosa que contribuye a la perfección a sostener el ritmo del guión. Su atrevimiento narrativo es tal que intercala de manera asombrosa, y a un ritmo vertiginoso, escenas con diferentes personajes. Lejos de perder el climax con tanto salto y cambio , Miller consigue que unas escenas refuercen cabalmente a las otras en una concatenación ininterrumpida en vistas a una macro-visión general superior.

Destacables son otras aportaciones, como el entintado de Klaus Janson, que respeta y embellece a la perfección el vigoroso dibujo de Miller, y el esmerado tratamiento del color de la premiada Lynn Varley.

Resumiendo, que el apartado gráfico de este Dark Knight Returns lo es todo menos convencional. Puede que haya lectores más cercanos al dibujo tradicional de tinte realista que hubieran preferido otro tipo de ilustrador, pero pienso que una obra de vanguardia como ésta merecía todo menos algo convencional. Pienso que Miller, en ese sentido, siempre se ha mostrado bastante acertado. Ahí están sus obras junto a Sienkiewicz o Mazzuchelli para corroborarlo. La verdad es que se me hace la boca agua imaginando que hubieran hecho Dave Mc Kean ( "Arkham Asylum") o el mismo Sienkiewicz con este sórdido guión.

Aún con todo, y le pese a quién le pese, Miller nos regala algunas de las imágenes más memorables y duraderas del hombre murciélago, como las de su enfrentamiento con Superman o su liderazgo, a lomos de un caballo, de su grupo de encendidos seguidores. Son imágenes con mucha fuerza. De esas que siempre quedan en la memoria del lector, pese al paso de los años.

Cambiando de tercio. Mucho se ha hablado de la lectura política que se puede hacer de esta obra, que la tiene. Está claro que los años ochenta fueron unos años importantes dentro de la llamada Guerra Fría, que de manera velada, ideológica, tecnológica, económica y social, enfrentaba a las dos mayores potencias del mundo. Era la época de Reagan y su proyecto Guerra de las Galaxias, de Gorbachov y la Perestroika, etc. Autores jovenes como Miller, que no permanecían en una burbuja de espaldas a la realidad, trasladaron sus inquietudes políticas, yo casi diría que filosóficas, a los cómics, planteando una serie de cuestiones hasta la fecha poco transitadas en el maniqueo mundo de los héroes con mallas. Así no ha de sorprendernos en este cómic la esperpéntica aparición del presidente de los Estados Unidos (parodia descarada de Reagan), la amenaza nuclear soviética, y otros tantos elementos normalmente ajenos a este tipo de historias. En Elecktra Assassin, Miller volverá a hacerlo, al entender que el cómic no debe permanecer de espaldas a la historia, como si se encontrara en una paradisíaca isla, aislada de todo.

A partir de aquí la lectura que uno pueda hacer de la postura personal de Miller es personal e intransferible. También pienso que es lo menos interesante, ya que lo que importa es el retrato que Miller hace de diferentes posturas ante una misma situación, ejemplificadas a la perfección en los dos héroes por antonomasia de DC Cómics: Batman y Superman. Su enfrentamiento no sólo es físico si no ideológico. Ambos representan dos formas muy diferentes de enfrentarse a la villanía y el mal. Es el enfrentamiento entre dos seres que debieran estar en el mismo bando pero al que sus métodos llevan a enfrentarse. Uno representa la luz, el otro las tinieblas. Uno es el mártir inhumanamente misericordioso, como sólo un Dios indestructible puede serlo, el otro tan sólo un hombre, ansioso de una justicia muy humana, que incluye el castigo inmediato y rehuye el perdon. Y aunque se note claramente la predilección de Miller por personajes tortuosos como Batman y Daredevil, que tontean con planteamientos políticamente incómodos o directamente reaccionarios, tampoco deja de reconocer algunas virtudes y aportaciones de Superman; también defectos ( su suma docilidad con el gobierno).

El enfrentamiento entre ambos en mayúsculo. El mejor que recuerdo entre dos super-héroes. Y su final tampoco tiene desperdicio. ¿Cómo se resolverá el enfrentamiento definitivo entre estos dos campeones, también amigos? Ya tardáis los que no lo hayáis leído.

Batman es más que nunca en Dark Knight Return ese lado oscuro de la lucha contra el mal, que a pocos les gusta reconocer y mirar de frente, sobretodo a los bien pensantes, pero que en el fondo se sabe más necesario y propio de lo que gustaría. Batman representa ese lado más oscuro, indómito y primario de nuestra consciencia, que a muchos les aterra liberar o tan siquiera respetar.

Al empezar el cómic, a modo de atmosférico prólogo, aparece un artículo periodístico firmado por Jimmy Olsen, que habla del papel de los héroes, de su recuerdo, y que definirá todo el tono del cómic. Entre otras cosas en él se dice: " Hablan sobre el Hombre de Acero. Sobre la Princesa Amazona. Pero nunca hablan del malo. Del cruel. El que no podía volar ni doblar acero con sus manos. El que asustaba a todos y se reía de todos nosotros por ser unos cobardes envidiosos. No, nunca hablan de él...ni uno de ellos quiere oír hablar de Batman".

También destaca en este cómic la utilización y continua referencia de Miller a la televisión, a la que dicho sea de paso no deja muy bien. Las continuas apariciones de informativos, que se reconocen por su diseño de viñeta a lo pantalla de televisión ochentera, contribuyen enormemente al clímax de caos y desconcierto que preside todo el cómic. Los noticiarios son retratados como una frívolo y desquiciado medio de generar opinión con desconocimiento, en aras del espectáculo y las audiencias, más que de la razón. Su ritmo y aparición es frenético, continuo, alienante.

Son fantásticas, por ejemplo, las apariciones de ridículos "entendidos" o de psiquiatras que se creen con la llave para curar psicopatias como la del Joker o Dos Caras, y que son continuamente burlados por éstos.

A los amantes de las referencias les encantará también ver a Lois Lane, como directora del Daily Planet, haciendo una firme defensa de Batman o a Selina como madame de un negocio de prostitución, pero sobretodo la reaparición de un providencial y otoñal Green Arrow. Y hablando de referencias, me ha hecho mucha gracia ver el casi imperceptible guiño a otro de los grandes del cómic, Alan Moore, al colocar en una viñeta a un joven vestido de Miracle Man.

Vamos, que Miller no deja títere con cabeza en esta crepuscular historia que nadie debiera perderse y que, con total merecimiento, es ampliamente reconocida como una de las joyas indiscutibles del noveno arte.

Escrito por Hamlet hace mas de un año, Su votacion: 9