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BARTLEBY EL ESCRIBIENTE

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Portada de BARTLEBY EL ESCRIBIENTE

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Autor: HERMAN MELVILLE
Título original: Bartleby the Scrivener
ISBN/ASIN: 9788493557867
Género: Literatura contemporánea
Editorial: NÓRDICA
Fecha de publicación: 1853
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 120

Sinopsis:
Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo XIX, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta la historia de un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: "Preferiría no hacerlo". Nadie sabe de dónde viene este escribiente, prefiere no decirlo, y su futuro es incierto pues prefiere no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el propio Bartleby.

 
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LOS INCURABLES DESOLADOS
4.71 con 7 votos

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Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 8

¡OH BARTLEBY! ¡OH HUMANIDAD!
4.63 con 8 votos

Nathaniel Hawthorne, escritor americano del siglo XIX fundamental para la historia de la literatura universal; puritano calvinista seguidor de la doctrina de la predestinación; hombre inquieto aunque silencioso y frío; compartió con Herman Melville, durante no pocos años, una amistad cercana y fructífera aunque extremadamente dolorosa y compleja por sus diferentes naturalezas y maneras de afrontar el mundo [*1]. Esta relación, en la que no voy a profundizar aunque me gustaría, ha permitido que lectores estudiosos o aficionados a su obra, gracias a las cartas y diarios que escribían, se acerquen de forma satisfactoria y fidedigna a las personalidades de ambos escritores. Por no alargar esta introducción sin razón alguna diré, sin más, que soy uno de esos lectores que ha podido acercarse a la personalidad de Melville a través de un escrito de Hawthorne. Un escrito que me permitió corroborar ideas hasta entonces simplemente sospechadas.

Cuando leía “Bartleby el escribiente” no podía esquivar la sensación de encontrarme ante una obra nihilista: -Dios ha muerto-, una de las sentencias más famosas de Nietzsche, me parecía el tema sobre el que giraba Bartleby como obra y como personaje. ¿Había caído Herman Melville, por tanto, en el escepticismo filosófico propio de su época: la desacreditación de los valores supremos, el absurdo de la existencia carente de creador y director? He aquí el momento en que entra en escena Hawthorne y sus diarios.

En 1864, después de un largo distanciamiento, Hawthorne y Melville se reunieron en una playa de Liverpool (donde Hawthorne trabajaba como cónsul) para caminar e intercambiar pensamientos y el humo de sus pipas. Tras la que a la postre sería su última conversación, Hawthorne anotó en su diario un pequeño esbozo de las ideas que se discutieron durante aquel paseo por las orillas del océano Atlántico:
“Melville, como siempre, comenzó a razonar acerca de la Providencia y el futuro, y sobre todo lo que está más allá del conocimiento humano... Es extraño cómo persiste – y ha persistido desde que lo conozco, y probablemente desde mucho antes- en divagar de un lado para otro sobre esos desiertos, tan deprimentes y monótonos como las colinas de arena sobre las cuales estábamos sentados. Él no puede creer, pero tampoco sentirse cómodo en su falta de fe, y es demasiado honesto y valiente como para hacer ni una ni otra cosa.. Si fuera un hombre religioso, sería uno de los más religiosos y reverentes; tiene una naturaleza grande y noble, más trascendente que la mayoría de nosotros” [*2]

Si bien con este texto no se puede deducir que Herman Melville no fuera religioso pues un hombre tan puritano como Hawthorne podría dudar de la devoción del mismísimo Pio IX (el por entonces Sumo Pontífice de la iglesia católica), si se puede atisbar la duda, la reflexión sobre la existencia, el miedo a la falta de socorro de los hombres a manos de Dios, en definitiva, la incertidumbre sobre la Divina Providencia. Es decir, Melville desconfiaba del dogma, primera condición para dudar de la existencia de Dios y por tanto del sentido de la vida tal y como se entendía en occidente: la eternidad como fin.

Esto no es, sin embargo, sorprendente en su contexto. El siglo XIX fue la fragua que permitió la forja definitiva de esta reflexión tan humana, la puesta en claro de esta idea, la creación de teorías y obras de arte que se basaran en este concepto presente en el ser humano desde épocas lejanas. Ahora bien, la problemática que surge de asumir la muerte de Dios es muy variada. ¿Qué motivos puede tener el ser humano occidental para continuar en el absurdo?, ¿cómo recomponer una sociedad que ha perdido su objetivo? Nietzsche lo tiene claro: el Übermensch ocupará el lugar de Dios. La voluntad de poder ocupará el lugar de la moral de los siervos. De lo contrario, el mundo occidental se derrumbará: Bartleby no es sino la muestra de este derrumbamiento.

Antes de continuar, y tal vez un poco tarde, resumiré de forma muy breve, pues lo considero necesario, el argumento de la obra que nos ocupa. Un abogado contrata a un escribiente: Bartleby. Un buen día, Bartleby decide dejar de realizar su trabajo. Pronto extrapolará esta decisión a todas las facetas de su vida. Decide dejar de vivir ante la desesperación de su jefe pues, simplemente, “preferiría no hacerlo”. A través del abogado, incapaz de comprender la idiosincrasia de Bartleby, se irá destejiendo un drama ¿surrealista? sobre la vida y el significado de ésta que desembocará en un final convenientemente trágico.

Entiendo por tanto, la actitud de Bartleby como una alegoría sobre el hombre que se percata de la muerte de Dios pero es incapaz de sobreponerse: destruido el significado, el hombre se abandona, “prefiere” no vivir. Actitud que, sin duda, se manifestó en el espíritu de no pocas personas del siglo XIX. Otras, sin embargo, prefieren continuar con el engaño, seguir su vida: son aquellas que consideran despreciable el comportamiento de Bartleby. Un tercer tipo de actitud lo encarna el abogado: no entiende a Bartleby, le desespera la situación; sin embargo siente fascinación por su resolución y hará lo posible por comprender aunque sea por el camino de la locura. “Parecía solo, absolutamente solo en el universo”, dice el abogado en una de sus reflexiones sobre Bartleby. Y es verdad, estaba solo, Dios ha muerto.

El comportamiento de Bartleby, lo critica Nietzsche en su obra filosófica. Si el hombre se deja ganar por el nihilismo existencial, está condenado. Hay que asumir la muerte de Dios y conducir al hombre por caminos de superación no relacionados con la religión. Alcanzar la “supravivencia” por un camino distinto, pero nunca abandonarse. Desafortunadamente, su filosofía, al menos desde mi punto de vista, ha sido demasiadas veces incomprendida.

Para terminar, sólo me queda una pregunta: ¿quién es Melville en esta obra? Aunque lo más seguro es que sea una suma de ambos personajes, le veo más como abogado: Bartleby no duda, su posición está muy clara, el abogado, sin embargo, muta a lo largo de la obra, sus dudas le hacen reflexionar y buscar significados. Es una actitud más propia del Melville que dibuja Hawthorne en su diario.

Gracias Melville por mostrarnos al hombre sin voluntad de poder. Gracias por enseñarnos a un Ahab sin Moby Dick. Gracias por crear a Bartleby.





[*1]Melville amaba a Hawthorne con pasión y éste era incapaz de devolver esa pasión por su naturaleza distante y fría.

[*2] http://www.telegraph.co.uk/culture/books/bookreviews/8257013/Jay-Parini-on-Herman-Melville.html

Escrito por SokraM hace mas de un año, Su votacion: 8

SI LO BORGES LO DICE....
3.83 con 6 votos

Acabo de leer esta pequeña (tan sólo por dimensión ) obra de Melville y qué decir que el olfato de Borges sigue sin fallarme. Libro que él recomienda o encuentra interesante, libro que merece la pena arriesgarse a leer, con la confianza de que a buen seguro uno no perdera el tiempo. En este caso, incluso porque es un relato muy breve de no más de 80 páginas y que se devora sin interrupciones. Es una historia bien narrada, con un lenguaje meticuloso y preciso, pero también sugerente (como no podía ser menos del autor de MOBY DICK) y cuya historia no tiene desperdicio en su tremenda originalidad. Aún me impresiona que es de 1853!!! la literatura del absurdo, Kafka y tantos otros sin duda encuentran un precursor en esta fabulosa historia. Una historia que hará que nos planteemos provechosas preguntas sobre su significado y sobre su inescrutable protagonista. Preguntas que en gran medida se mantendran incluso después de leída la novela, siendo una más de sus multiples riquezas. Si en MOBY DICK Melville ya ponía de manifiesto su talento para crear metáforas, simbolos y personajes de enorme riqueza significativa, dentro de una historia y acciones explicitas, en este caso lleva ese facultad hasta sus limites!!

Escrito por Hamlet hace mas de un año, Su votacion: 8

BARTLEBY, PRECURSOR DE JOSEPH K.
3.25 con 8 votos

No conocí este libro gracias a J.L. Borges, como si en cambio tantos otros, y por lo que estoy eternamente agradecido. Lo leí hace muchos años, fue uno de los primeros libros que cayó en mis manos, y recuerdo perfectamente la pena y la angustia que me dió el protagonista. La observación de J.L. Borges es notable y no puede ser más acertada; este relato breve de Melville es una de las primeras obras sobre la soledad; trata sobre la depresión y la enfermedad espiritual, que deviene en una suerte de autismo, en una terrible timidez, en profundo hastío. Hasta que al final, la incapacidad de relacionarse con los demás seres, y sobre todo, una vez que se pega al alma como una sanguijuela, la lacerante sensación de angustia de la existencia, terminan por destruirnos, definitivamente.

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10

TAN ABSURDO QUE RESULTA ABSURDO LEERLO
2 con 5 votos

No entiendo porque dicen que esto es una obra maestra y lo comparan con Moby Dick. No veo ninguna razón para leer esto (salvo que se lee en menos de 1h y para algún viaje viene bien).

El relato no tiene sentido, tiene un final absurdo que no hace justicia al desarrollo del escrito.

El libro va bien hasta que llega al final, parece como si el escritor dijese "bah me he cansado de escribir esto, ¿cómo lo termino?, pués venga escribo esto y que se jod*** los lectores que quieren saber que pasa"

Escrito por tazguy00 hace mas de un año, Su votacion: 3

EXCELENTE
1.67 con 3 votos

Muy, muy bueno. Inquietante, perfectamente elegido el narrador, breve y acertado. Una pequeña obra de arte que se lee rápido pero te hace pensar mucho.

Escrito por marielbri hace mas de un año, Su votacion: 8