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ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

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Portada de ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

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Autor: FRIEDRICH NIETZSCHE
Título original: Also sprach Zarathustra
ISBN/ASIN: 9788477025207
Género: Ensayo
Editorial: VALDEMAR
Fecha de publicación: 1883
Fecha de edición: 2005
Número de páginas: 520

Sinopsis:
Es una de esas obras universales, tan escasas en número, que han trascendido disciplinas, géneros, fronteras e idiomas, y que han llegado a formar parte de eso que se llama confusamente cultura general. Su profunda influencia en el ámbito cultural europeo, indica que una investigación de su impacto en las distintas naciones de nuestro continente, tiene que convertirse necesariamente en una historia de la cultura europea del siglo XX. Con esta obra Nietzsche abandonó el proyecto de una Nueva Ilustración y apostó por una superación del nihilismo con la ayuda de tres conceptos fundamentales: la voluntad de poder, el superhombre y el eterno retorno. Para expresar esta superación Nietzsche experimentó con una nueva forma que consistía en una dramatización de de la filosofía.

 
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LA FILOSOFÍA DEL MARTILLO, ¡PAM! ¡PAM!
5 con 7 votos

“Así habló Zaratustra” es un libro duro. Es duro como un martillo, pues fue escrito para amartillar conciencias y aún hoy las amartilla muy bien y muy fuerte. Es la filosofía del martillo.

Nietzsche era un destructor y un valiente. Uno puede estar de acuerdo o no con él, pero hemos de reconocerle su valentía. Cada frase, cada párrafo, cada palabra del libro está empapada de voluntad leonina. Su ambición es derribar cada ídolo, cada convicción moral, cada dios, cada farsante, cada norma: no hay normas. Es necesario crear nuevos valores, nuevos placeres, nuevas formas de hacer las cosas, de pensar, en fin, de vivir. Es necesario un giro en la existencia humana: hay que enfilar el sendero del superhombre. Pero para crear hay que destruir. Empezando por dios: “Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado”. El propio Nietzsche lo expone en la primera parte de la obra, a través de su teoría de las tres transformaciones: la del hombre en camello, la del camello en león y la del león en niño. Al principio, el hombre es cobarde, desea someterse, pues esto le resulta más cómodo, más fácil y más seguro. Desea, como el camello, soportar pesada carga, echarse a la espalda pecados imaginarios y someterse a un amo imaginario que dice “Tú debes”. Pero entonces la voluntad leonina grita: “Yo quiero”. Y el camello se transforma en león. El león aún no puede crear nuevos valores, pero puede crearse la libertad para crearlos, y para eso ha de revelarse contra su señor y contra las normas de su señor. Debe usar toda su fuerza, toda su valentía, toda su voluntad, para enfrentar a su señor y matarlo. Ya no hay normas, ni deseo de obedecer. Entonces surge la necesidad de sustituir lo destruido por algo más nuevo, más hermoso, más elevado y más digno de ser admirado. Es entonces cuando el león se transforma en niño, pues el niño es el creador más libre que existe: no conoce normas, su imaginación no tiene límites y aún no diferencia entre el bien y el mal. Para el niño, tan solo hay una ley: “Yo quiero”. El niño todavía es amoral. A esto quería yo llegar.
Hará un par días, para variar, aprendí algo en el instituto. No directamente del instituto, eso sería mucho pedir, sino a partir de una reflexión sobre algo que oí en clase de Ética. La profesora nos hablaba de la condición moral del hombre, de que el hombre, a diferencia de los animales, puede y debe diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, el señor del gran bigote nos propone una nueva filosofía, más allá del bien y del mal. He aquí mi gran revelación: el hombre es moral, ¡pero el hombre debe ser superado! ¡Entonces la moral debe ser superada! ¡El bien y el mal deben ser superados también! El superhombre es… ¡amoral! No debe distinguir entre lo bueno y lo malo, sino entre lo hermoso y lo feo, lo superior y lo inferior, entre lo que es fuerte y dominador y lo que es débil y despreciable. Aún me queda mucho para entender a Nietzsche, pero estoy más cerca desde que caí en esto, que por otra parte estaba bastante claro, pero bueno, el verlo de la forma tan repentina y violenta como lo vi, la verdad es que me gustó mucho, fue como una especie de éxtasis mental.
Pero, ¿qué es la moral? Quien mejor para definir la moral que el hombre cuya obra, por su carácter satírico y profundamente despreciador de las convicciones sociales de su época, está muy por encima de ella: El gran Oscar Wilde. “\"La moral es simplemente una actitud que adoptamos hacia las personas que personalmente no nos gustan.” –dice Oscar. Es cierto que tengo cierta tendencia a relacionarlo todo con Oscar Wilde, pero en este caso no podía resistirme, además, siempre es buen momento para nombrar a Oscar Wilde, o robarle alguna frase ingeniosa de las suyas (el pobre es una fuente inagotable de estas). Sí, pobre, ¡pobre Oscar Wilde, que tuvo que sufrir en sus propias carnes primero la cárcel y después el exilio por culpa de los defensores de la moral! Una última frase suya: “El mundo divide las acciones en tres clases: buenas acciones, malas acciones que pueden cometerse y malas acciones que no pueden cometerse. Si os atenéis a las buenas acciones, los buenos os respetan. Si os atenéis a las malas acciones que pueden cometerse, los malos os respetan. Pero si acometéis las malas acciones que nadie puede cometer, los buenos y los malos se confabulan para caer sobre vosotros, y en verdad que podéis daros por perdidos”. ¡Cuánta razón, Oscar! Y es que, ¿acaso no se han cometido infinidad de crímenes e injusticias en nombre y defensa de la moral, y lo que es peor, en nombre de dios? “Hay que romper las viejas tablas” –dice Nietzsche. Sí, es necesario romper esas guardianas y dictadoras de la moral, de lo que es bueno y malo. En realidad, no hay nada más inmoral que ellas. ¿Acaso es moral suprimir la voluntad de uno, para someterla o adaptarla a la de un ser “superior”? Pues no. ¿Se puede obligar a alguien a amar a otro, aunque no quiera? No, claro que no. ¿Y qué hay de lícito en tachar a alguien de pecador y amenazarlo con el sufrimiento eterno si se niega a amarte? Nada, pero, ¿acaso no dice el primer mandamiento que has de amar a dios sobre todas las cosas, con toda tu alma? Y ya sabemos lo que le pasa al que incumple los mandamientos: directo al fuego eterno, el gran castigo. No es mi intención ofender a nadie, pero, siempre en mi opinión, que puede estar equivocada, la religión compra la libertad de las personas. Trabaja en dos frentes: el primero, el más hermoso, es el de la Gran Recompensa, el cielo, el paraíso. “Si me obedeces, si anulas tu voluntad por la mía, tendrás el cielo, y serás feliz para siempre”-dice la religión. La verdad es que resulta difícil resistirse. Pero aún hay quien no se somete, y entonces se le amenaza con el Gran Castigo. “Si no me obedeces, irás al infierno, sufrirás eternamente” –así es como se coacciona a estos. Pero Nietzsche rompe el mito: “No hay recompensa. No hay castigo”. Yo creo que la libertad en la Tierra ya es un tesoro lo suficientemente valioso: no hay que esperar el cielo, hay que ejercer esa libertad. Esto me recuerda a algo que siempre se nos repite, año tras año, en clase de religión (mi instituto es católico): “Dios nos ha hecho libres de escoger entre el bien y el mal, pero si escogemos el mal, somos esclavos del pecado”. Y a esto que a mí se me ocurre preguntarme: “Y si escogemos el bien, ¿somos esclavos del bien?” “¿No es un camino de dos senderos?” “¿Por qué uno es válido y otro no?”. Pues resulta que no, que dios te ha hecho libre para que escojas entre el bien y el mal, pero si escoges el mal vas al infierno. ¡Vaya libertad! No digo que haya que hacer el mal, tampoco el bien. “Bien” y “Mal” no existen como resultado de una verdad objetiva, bien y mal no existen, o en todo caso, son muy relativos. Pero la religión es objetiva. . Quien tenga ojos, que vea; quien tenga oídos, que oiga; y quien tenga pies danzarines… que baile.
Conclusión: la religión no es para mí… pero Nietzsche me gusta. Aunque hay algo en lo que discrepo un poco con el señor bigotudo. Me refiero a la moral de siervos y señores. Para empezar, no creo que, en una hipotética realización del individualismo, la sociedad deba dividirse en clases de ningún tipo. Y además, creo que la compasión, la bondad o la piedad son algo más que actitudes que la gente pequeña acepta como buenas para no sentirse inferiores ante los señores. Son inclinaciones naturales del hombre, como también lo son el amor, la violencia, el afán por destruir, por crear o por poseer. Quiero decir que son igual de lícitos. Aunque la exaltación incondicional de estos valores y su aceptación general como “buenos”, frente a los valores “malos”, sí que me parece una exageración, una moral falsa e incompleta. La compasión, la piedad, la caridad… son una opción válida, no una obligación.

Sobre el supuesto antisemitismo de Nietzsche: es cierto, aunque no desde un punto de vista racial ni totalitario. Nietzsche es antirreligioso, por tanto es antijudío y anticristiano, en bastante mayor medida. La tergiversación de sus ideas por parte del régimen nacionalsocialista, aunque él siempre criticó el nacionalismo alemán, es fruto de la simpatía de su hermana, quien se encargó tras su muerte de poner sus escritos al servicio del régimen, por las ideas de Hitler.

Sobre su antisocialismo: también es cierto. Y esto nace de su rechazo hacia el concepto de igualdad. Yo también rechazo el concepto de igualdad: no somos iguales, no valemos lo mismo y desde luego, si somos todos distintos, no merecemos un sistema que nos trate como si fuésemos iguales. Pero tampoco merecemos un sistema que distribuya la desigualdad sin atender a nuestras cualidades individuales, sino en función de condiciones económicas y arbitrarias, ni vivir sometidos a unos señores invisibles, un tanto abstractos, pero todopoderosos y omnipresentes llamados “mercados”. Lo cierto es que ningún sistema político puede ni podrá jamás medir objetivamente las cualidades que nos diferencian y tratarnos en función de ellas, de ahí que yo, como Nietzsche, como Borges, rechace cualquier sistema de organización política. Yo creo, como Oscar Wilde propone en su ensayo “El alma del hombre bajo el socialismo” que las personas poseen cualidades suficientes para diferenciarse unas de otras sin necesidad de tener unos más que otros, ni ser unos ricos y otros pobres. El individualismo solo puede realizarse si uno dispone de unas condiciones dignas para vivir, y sin que nadie obtenga ventaja sobre otro por su mejor situación económica, sino por sus diferencias individuales, por sus cualidades propias, es decir, en situación de igualdad económica. Por tanto, el argumento capitalista de que el liberalismo económico es el sistema que mejor permite la realización individual del ser humano es completamente falso. Qué les pregunten a los obreros asiáticos explotados, que son los que de verdad sostienen, y cada vez más, este sistema criminal de producción y consumo, si se sienten libres y realizados, ¡qué tontería! “El socialismo solo es viable porque conducirá al individualismo” –dice Oscar y, como siempre, tenía parte de razón. Por lo tanto, coincido con Nietzsche en rechazar la igualdad, con la excepción de la igualdad económica, que considero necesaria para la realización del individualismo.

Sobre su machismo: pues sí. Esto es un poco innegable, y un poco indefendible. Bien es cierto que las mujeres poseen una gracia natural para arrodillarse, al contrario que los hombres, como también es cierto que poseen una gracia natural para casi todo lo que hagan, al contrario que los hombres. Considero absurdo el machismo. Aún más absurdo que la misoginia. El machista se cree superior a la mujer, el misógino las odia porque sabe que no lo es. En realidad, siendo absurdas las dos posturas, hay muchas más razones para odiar a las mujeres que para creerse superior a ellas. Ahí se equivocaba el señor del gran bigote, pero bueno, no dejemos que esto empañe su obra.

Dios ha muerto –Nietzsche.
Nietzsche ha muerto –Dios.
Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo no me encuentro muy bien -Woody Allen.

Escrito por _926_ hace mas de un año, Su votacion: No ha votado

UNO DE LOS MEJORES LIBROS DE LA HISTORIA; ASÍ DE SIMPLE.
4.38 con 8 votos

Hace unos quince años, un amigo me prestó un libro de nombre extraño. No se trataba de un libro de versos, ni de relatos, ni de una novela. Las primeras palabras me llamaron la atención, pero más allá de esta incipiente curiosidad, nada pude, en aquel momento y bajo la atenta mirada, expectante de mi amigo, decir al respecto. Me llevé el libro a mi casa, y lo leí hasta donde pude; luego de un par de semanas, me lo pidió o se lo devolví, ya no recuerdo. La cosa es que no había llegado ni a la mitad. Dentro de esa mitad leída, un poco a las apuradas, sólo pude comprender o descifrar algunos párrafos, que me habían impresionado de una manera inusitada. Pero todo llega y todo tiene su tiempo y su hora justa. Tres años después, trabajando en un puesto de flores plantado en plena vereda, sobre la avenida Cabildo (una de las avenidas más ruidosas y transitadas de la Capital de Buenos Aires) compré, con la mísera suma que cobraba por día, un ejemplar usado de la editorial Rueda de "Así habló Zaratustra" de Friedrich Nietzsche.
Por cuestiones personales, o tal vez debiera decir, en un momento de debilidad emocional, este libro "cayó" en mis manos en el momento en que más precisaba de sus palabras mágicas y tremendamente corrosivas, que actuaron como un tónico furioso y cuyas palabras y cuya música aun resuenan en mi alma y en mi corazón. Desde el principio, hasta el final, espléndido y sabio, este libro me ha deparado los momentos más emotivos de mi vida. ¿Y como, se preguntarán, podría ocurrir esto con un escritor como Nietzsche, cuyos mensajes ardientes queman el cerebro y el veneno que destilan por momentos sus ideas podrían contaminar la mente más sana?; pues porque es lo que necesitaba en ese momento y nada más. Sí, algo más en verdad, y fundamental además: pude apreciar también la dulzura de su poesía, la prosa exquisita, intensa, profunda, que se pega como miel en nuestra memoria. Aparte de ser este libro el mejor exponente de un genial analista de la psiquis humana, con todo sus laberintos infernales, sus patéticas y abyectas miserias, y sus estúpidas contradicciones, es un libro poético; ¿y donde más se puede conseguir algo semejante? ¿que obra contiene todo el orbe inmensurable del pensamiento vivo y puro? ¿en que otra obra, me pregunto, la filosofía, la psicología y la poesía pueden convivir tan armoniosamente como en el Zaratustra de Nietzsche?; yo respondo: en ninguna.
Las palabras de Zaratustra son como una patada en el estómago, como un brutal golpe en la mandíbula, son un despertar, un tónico, un veneno, un éxtasis, son como un grupo de rosas perfumadas sobre un cuenco de agua cristalina, frescas y tiernas como una manzana jugosa, duras como el hueso de una fruta; hiere y cura a la vez, aterra y emociona a un tiempo.
¡¡Que hable en mi lugar el mismo Zaratustra y levante el ánimo de los caídos, de los tristes, de los vencidos!!:

"¿Tenéis valor hermanos? ¿Sois intrépidos? ¿No el valor de vivir ante testigos, sino un valor de lobo solitario y águila al que ni aún un dios mira ya? Yo no llamo intrépidos a las almas frías, las mulas, los ciegos ni a los ebrios. Sólo puede ser intrépido quien conoce el miedo, pero lo supera; quien ve el abismo, pero con orgullo. Quien ve el abismo, pero con ojos de águila; quien con garras de águila agarra el abismo – ése tiene valor".

"¡Si aspiráis a las alturas, usad vuestras propias piernas!¡No os dejéis llevar arriba; no os encaraméis en hombros y cabezas ajenos!
¿Has montado a caballo? ¿Subes a caballo briosamente a tu meta? ¡Muy bien amigo mío! ¡Pero ha montado también tu pie cojo!
Cuando hayas llegado a tu meta y desmontes, justamente en tu altura, hombre superior, - ¡darás traspiés!"

"Haced como el viento cuando se precipita desde sus cavernas de la montaña: quiere bailar al son de su propio silbar, los mares tiemblan y dan saltos bajo sus pasos.
El que proporciona alas a los asnos, el que ordeña a las leonas, ¡bendito sea ese buen espíritu indómito, que viene cual viento tempestuoso para todo hoy y toda plebe, -
- que es enemigo de las cabezas espinosas y cavilosas, y de todas las mustias hojas y yerbajos: alabado sea ese salvaje, bueno, libre espíritu de tempestad, que baila sobre las ciénagas y las tribulaciones como si fueran prados!
El que odia los tísicos perros plebeyos y toda cría sombría y malograda: ¡bendito sea
ese espíritu de todos los espíritus libres, la tormenta que ríe, que sopla polvo a los ojos de todos los pesimistas, purulentos!
Vosotros hombres superiores, esto es lo peor de vosotros: ninguno habéis aprendido a bailar como hay que bailar - ¡a bailar por encima de vosotros mismos! ¡Qué importa que os hayáis malogrado!
¡Cuántas cosas son posibles aún! ¡Aprended, pues, a reíros de vosotros sin preocuparos de vosotros! Levantad vuestros corazones, vosotros buenos bailarines, ¡arriba!, ¡más arriba! ¡Y no me olvidéis tampoco el buen reír!
Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: ¡a vosotros, hermanos míos, os arrojo esta corona! Yo he santificado el reír; vosotros hombres superiores, aprend - ¡a reír!"

En aquellas tórridas noches de verano, con el corazón retorcido por un amor equivocado, entre el perfume mareante de nardos, jazmines, azucenas y liliums de hojas encendidas como flamas anaranjadas, Nietzsche puso, en esos días de desesperación, un bálsamo en mi alma, creó un oasis donde proyectar mi alegría y olvidar el dolor; a él, a él y a Moliere, pero más que nada a él entonces le debo los momentos de luz y tranquilidad. Lloré en plena avenida, repleta de gente, con SU CORONA DE ROSAS Y SU BENDICIÓN DE LA RISA; lloré y no me importó; y luego reí...

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10

EL BAILE DE LA TARÁNTULA
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Hoy me rindo a tus pies, pródigo aventurero,
hemos sido capaces de utilizar nuestras manos
para alcanzar nuestros sueños.
El infierno me llama, el infierno me espera,
he de acudir ahora o tal vez iré mañana,
pues hoy he de seguir
convirtiendo el verso en magia
convirtiendo el verso en magia.

Hoy caerás a mis pies, dulce estela del recuerdo,
hoy habré sido capaz de utilizar estas manos
para acabar con tus sueños.
El infierno me llama, el infierno me espera,
he de acudir ahora o tal vez iré mañana,
pues hoy he de seguir
convirtiendo el verso en magia
convirtiendo el verso en magia.

Hoy decido mademoiselle, cuáles son tus sentimientos,
tu temblor y tu fatiga evidencian tu carencia:
la falta de sufrimiento.
El infierno me llama, el infierno me espera,
he de acudir ahora o tal vez iré mañana,
pues hoy he de seguir
convirtiendo el verso en magia
convirtiendo el verso en magia.

Hoy espero descender de una estrella hasta tu lecho,
para así poderte ver y tomarte en mis brazos
y llevarte a mi universo.
El infierno me llama, el infierno me espera,
he de acudir ahora o tal vez iré mañana,
pues hoy he de seguir
convirtiendo el verso en magia
convirtiendo el verso en magia.

Hoy miradme todos bien, puedo ser el mensajero
que os revele la verdad latente con este rezo.
Arañas de la miseria, herederos del desastre,
el infierno me llama -a vosotros os espera.
He de acudir ahora mas ahora ya es mañana,
tan sólo debéis seguir
convirtiendo el verso en magia
convirtiendo el verso en magia.

Escrito por Kaldero hace mas de un año, Su votacion: 9