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ARGOS EL CIEGO

8.5
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Portada de ARGOS EL CIEGO

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Autor: GESUALDO BUFALINO
ISBN/ASIN: 9788433966971
Género: Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha de edición: 2001
Número de páginas: 192

Sinopsis:
El narrador, asediado por el invierno en un hotel de Roma, evoca, para curarse de sus accesos de angustia, antiguas aventuras en el corazón del Sur, en tiempos de su juventud. Un soberbio diario-novela que puede leerse como balada de las damas de antaño o como de un viaje que vanamente se obstina a promover en leyenda su pobre «vita nuova» .

Ficha creada por Hamlet

 
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LAS PALABRAS NO BASTAN
5 con 2 votos

“Se escribe para recordar, para ser recordado, para vencer la amnesia, el silencio, el agujero oscuro del tiempo. Se escribe también para no morir, para durar. Se escribe como medicina, para consolarse, para consolar. Para volver inofensivo al dolor. Se escribe para ser feliz, se escribe para testimoniar, para dejar testamento de uno. Se escribe para jugar. Se escribe para darle un sentido a la insensatez del mundo. Para evocar. Para bautizar las cosas, para prorrogar la vida, para persuadir, para seducir. Para profetizar. Para lavarse el corazón. Para conocerse, para saber quién somos” (Gesualdo Bufalino).

Muchas razones para escribir y aun así no queda agotado el catálogo. Sospechoso que haya tantas; descorazonador, esa es mi impresión, el escaso éxito que se obtiene en la consecución de tan ambiciosos objetivos; y conmovedor el entusiasmo que mantiene activo a tanto Sísifo.

Bufalino deja bien a la claras sus intenciones en el párrafo inicial de esta hermosa novela:

“Perdida por timidez la ocasión de morir, un escritor infeliz decide curarse escribiendo un libro feliz. Pide su argumento, según costumbre, a los cien ojos de la memoria y a las lisonjas de la juventud. Ocurre, empero, que a medida que avanza el relato, y se adorna con fábulas, y hormiguea de luminarias, más surcos deja entre líneas al aliento negro del presente. Al escritor no le resta sino diferir sine die la salud, satisfecho de haber sacado de la aventura alguna momentánea e ilusoria esperanza de amar la inverosímil vida.”

De esta bella manera el autor explica el título, define el tema y exhibe su estilo, un torrente léxico y lírico con el que un tal Gesualdo rememora, adorna y fantasea desde la vejez y la soledad de una habitación de hotel su único tiempo feliz.

Al igual que en mi otra lectura del autor, Perorata del apestado, su prosa, culta y barroca, está poblada (¡Ay de mí!) de refinadas palabras, de innumerables referencias, que no se apiadan de mi ignorancia ni de mi pereza ante el uso del diccionario sin que ello reste ni un ápice del placer que obtengo en su lectura. Una prosa que exige reposo y relecturas continuas pero que recompensará sobradamente al paciente lector que gozará así de la expresividad de sus imágenes, del ingenio en la combinación, no pocas veces insólita, de las palabras, que se deleitará con la sutileza e inteligencia de sus metáforas, con la sagacidad y cercanía de sus reflexiones nacidas de un variado origen que oscila entre la hipocondría de los sesenta años, la inmediatez de la última audiencia sin estar en posesión de alegato satisfactorio y la infame mirada de las muchachas que hace tiempo le relegaron a mueble que esquivar.

El tono es aquí, no obstante, más irónico, su prosa más cantarina y juguetona que en aquella otra obra. Gesualdo, autor y personaje, construye aquí una “impostura, una bagatela cómica” sobre la memoria más o menos idealizada de sus amores y desamores en tiempos “en los que se bailaba a dos, y se hablaba mucho bailando”. El objetivo, alejar “el ánimo de lo archinegro, del archicero, de la archinada” y disuadirse así de cortarse la muñeca “débilmente, cada cuatro meses”, porque “no solo es hermoso vivir la vida. Es casi tan hermoso fingir y mentirse vivirla”. O eso llega a expresar el personaje mientras piensa lo contrario, uno de esos duelos entre opuestos tan del gusto del autor que ni el título se vio privado de tan expresiva afición. Un juego de la memoria y de la literatura que busca menos rememorar que perpetuar y dar sentido; un juego en el que siempre pierde el mismo, porque, ya se sabe, “Las palabras no han bastado, no bastan”.

Aunque no albergo duda alguna de que Bufalino tiene garantizada la permanencia en la memoria de muchos, echo en falta en su lista de razones la única que en realidad me parece válida: se escribe porque no se puede hacer otra cosa. En cuanto a la vida, no me parece mala cosa seguir su consejo que, parafraseando al mandamiento Kantiano, dice así: “Obra de tal modo que cada uno de tus actos sea digno de convertirse en un recuerdo”. Que ustedes la disfruten.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 9