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AMULETO

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Autor: ROBERTO BOLAÑO
ISBN/ASIN: 9788433973559
Género: Narrativa
Editorial: ANAGRAMA
Fecha de publicación: 1999
Fecha de edición: 2009
Número de páginas: 154

Sinopsis:
La voz arrebatada de Auxilio Lacouture narra, e indaga, un crimen atroz y lejano. Auxilio, uruguaya de mediana edad, se oculta en los lavabos de mujeres durante la toma de la universidad por la policía, en México, en septiembre de 1968. Recluida allí por varios días, podrá avizorar los años ya vividos en México y los años por vivir. Rememora entonces a la poetisa Lilian Serpas, que hizo el amor con el Che, y a su infortunado hijo, a los poetas españoles León Felipe y Pedro Garfias a quienes Auxilio sirvió como doméstica voluntaria, y también aparece Arturo Belano, personaje central en Los detectives salvajes, de la que esta novela es una digresión fractal. Pero sobre todo se narra un viaje por un mundo, el Polo Norte de la memoria que se extiende por doquier.

 
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LA MAGA DE BOLAÑO
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Es posible que no alcance la altura de Estrella distante, novela que leí recientemente, y sin embargo el atractivo y el encanto con el que Bolaño dota a su personaje, Auxilio Lacouture, convierte la lectura en puro gozo.

Auxilio es el precioso homenaje que Bolaño hace a Alcira Soust Scaffo, poeta uruguaya que sobrevivió a la ocupación por el ejército mejicano de la Ciudad Universitaria gracias a que pudo esconderse en los baños de la UAM y permanecer en ellos durante doce días con sus doce noches hasta ser rescatada medio muerta.

Este suceso ignominioso de la historia mexicana es el centro sobre el que gravita todo el “delirio aterrorizado” que es la novela, tal y como tan acertadamente la califica Rodrigo Fresán, aunque lo que la hace inolvidable es la voz de Auxilio, la libertad que de ella emana, su delicioso juego con las palabras que es una verdadera fiesta del lenguaje que me trajo a la mente no pocas veces la genial y exuberante novela de Fernando del Paso, Palinuro de México, la cual también tiene como eje central la masacre de la Plaza de Tlatelolco, pero sobre todo me la recordó por párrafos como este:

“El tiempo o no se detiene nunca o está detenido desde siempre, digamos entonces que el contínuum del tiempo sufre un escalofrío, o digamos que el tiempo abre las patotas y se agacha y mete la cabeza entre las ingles y me mira al revés, unos centímetros tan sólo más abajo del culo, y me guiña un ojo loco, o digamos que la luna llena o creciente o la oscura luna menguante del DF vuelve a deslizarse por las baldosas del lavabo de mujeres de la cuarta planta de la Facultad de Filosofía y Letras, o digamos que se levanta un silencio de velatorio en el café Quito y que sólo escucho los murmullos de los fantasmas de la corte de Lilian Serpas y que no sé, una vez más, si estoy en el 68 o en el 74 o en el 80 o si de una vez por todas me estoy aproximando como la sombra de un barco naufragado al dichoso año 2000 que no veré.”

Desde esos lavabos, Auxilio anda pendiente de cado sonido, de cada sombra, intentando exorcizar el horror con esa luna que se refleja en las baldosas y le permite leer poemas de Pedro Garfias, con esa luna que salta de baldosa en baldosa y las derrite “hasta abrir un boquete por donde pasan imágenes, películas que hablan de nosotros y de nuestras lecturas y del futuro rápido como la luz y que no veremos”. Auxilio recuerda, reinventa y recrea un pasado, un presente y un futuro, sin atenerse a ningún orden, sin trama a la que ceñirse, sin tema que no pueda tocarse, sin poeta, real o ficticio, que no pueda imaginar, sin encuentro en bares, calles y salones que no pueda producirse. Auxilio siente y expresa un amor profundo por la poesía y por los poetas y ella misma se convierte en poeta en el recuerdo de personas y episodios, de esas personas y episodios que no deben caer en el olvido, porque hay una responsabilidad del recuerdo, una obligación contra el olvido que entierra a personas y episodios, que, como los libros, son presas fáciles del polvo. Lo exige toda una generación de poetas y no poetas que asistieron al final del sueño revolucionario.

“Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta.”

Y hay que agradecerle y mucho a Bolaño la creación de esta voz encantadora que cuenta, esta Auxilio tan cercana a la Maga de Cortázar que siente pero no sabe, que ignora el porqué de la tristeza que desprende un simple florero pero es capaz de sentir el infierno que se encierra en su boca y llorar y casi desmayarse. Asidua a las mil tertulias de poetas es incapaz de entender el glílico que allí se habla, abierta a todos para los que siempre tiene cien palabras o mil, vagabunda por el DF convertida en murciélago o duende. Auxilio la testigo, Auxilio la memoria, Auxilio visionaria del futuro y visionaria también del pasado, Auxilio madre de la poesía mexicana, Auxilio la que se nutre de literatura hasta quedar desdentada y triste, la poseedora de la poesía, del canto que protege, del canto que es nuestro amuleto.

Escrito por Guille hace 20 días, Su votacion: 9